Woodkid: The Golden Age

Woodkid - The Golden Age (Deluxe)

“in the beginning was the relation”. Así comienza la historia narrada en la edición limitada de The Golden Age, el disco de debut de Woodkid. El proyecto del realizador de videoclips Yoann Lemoine resulta ser así una conjunción entre sus composiciones, las imágenes de los vídeos que las acompañan y la narración que Lemoine ha escrito junto a su prima Katarzyna Jerzak con ilustraciones de Jillian Tamaki.

The Golden Age es, por tanto, una obra multidimensional en la que hay que tener en cuenta las relaciones complementarias entre música, estética y narración para poder apreciarlo en su conjunto. Con esa apariencia de Biblia o libro religioso, en The Golden Age se nos cuenta la historia de un niño de madera que se convierte en un adulto petrificado, en un sentido metafórico pero a la vez muy real. Temas como la nostalgia por la infancia y la importancia de la figura materna -Lemoine dedica el libro a todas las madres de su familia- son parte esencial del texto. Las canciones incluidas en el disco se convierten así en la banda sonora de una historia donde, como nos permitía sospechar la poderosa percusión que acompañaba a Run Boy Run, la épica cobra un papel muy importante. Este carácter de banda sonora queda especialmente de manifiesto en pistas como Shadows, una pieza instrumental que plasma a la perfección ese aire entre medieval e irreal que envuelve todo el proyecto. Sin embargo, también hay sitio para piezas más intimistas como Stabat Mater, con su aíre de marcha funeraria, la melancólica Boat Song o I Love You, tema escogido para ser el tercer sencillo del disco.

The Golden Age es un proyecto cuidado hasta el extremo y sus canciones son como obras de orfebrería sonora. Aunque el disco fue grabado con la Orquesta Nacional de Francia, todos los instrumentos fueron después manipulados en el estudio, añadiendo nuevos sonidos y duplicando percusiones. El resultado es una colección de canciones que suenan orgánicas pero a la vez demasiado perfectas, un carácter irreal que provoca cierta extrañeza muy adecuada para las intenciones de su creador. El hecho es que el primer disco de Woodkid ha sido lo que esperábamos: una propuesta musical única y atemporal, situada más allá de modas, un universo artístico con tantos matices por descubrir que a veces puede resultar un tanto inhóspito -e incluso llegar a agotar-. En todo caso, el resultado no está nada mal para un proyecto que nació como un pequeño divertimento con el que Lemoine sólo quería experimentar con mayor libertad con el lenguaje del videoclip.

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