WAR!

Era casi mediodía. El sol caía sobre la pradera. Entre la hierba alta, centenares de flores silvestres, amarillas y blancas, eran mecidas ligeramente por el viento. Las miré y sentí que eran mis únicas amigas en aquellos momentos. También serían los únicos testigos de mi destino. Entre en el bosque y bajé por un sendero hasta un pequeño arroyo. Pensé en lo bien que me vendría beber algo fresco en aquellos momentos, tumbarme en una cómoda cama, estar con aquellos a quienes quiero, sentir su piel una vez más… Todo aquello parecía lejano en aquellos momentos. Miré a mi alrededor mientras me aseguraba de que mi arma estaba preparada. Revisé el cargador: el depósito estaba medio vacío, pero aun me quedaba munición suficiente para salir de aquel embrollo. De repente, algo sonó en el silencio del bosque. Un griterío lejano, ruidos entre el bosque y, antes de que pudiera reaccionar, el inconfundible ruido de los proyectiles rompiendo el aire.

Casi instintivamente me tiré al suelo y me protegí detrás de una roca cubierta de musgo. No me atrevía a asomar la cabeza. Esperaba que mis compañeros estuvieran cerca de mí. Desee que mis enemigos estuvieran lejos… pero se aproximaban cada vez más, podía sentirlo. Me pegué a la piedra como si quisiera convertirme en parte de ella o, por lo menos, contagiarme de su dureza. A unos milímetros de mis ojos una hormiga de abdomen rojo se movía sobre el musgo. A esa distancia parecía un gigantesco monstruo mitológico. La imagen me hizo sonreír. Una bala reventó contra la piedra a pocos centímetros de mi cabeza levantando polvo y esquirlas. Ese lugar no era seguro. Tenía que salir de ahí. A pocos metros de distancia, otra roca mayor podría servirme de parapeto. Ahora o nunca. Me levanté, agarré con fuerza mi fusil y eche a correr, casi a ciegas, sin mirar a mi alrededor. Diez metros, siete, cinco… tres…

Sentí un dolor punzante y repentino y me desplomé. Aun tuve fuerzas para arrastrarme por el suelo, entre la hierba y las flores, hasta mi destino. Sentía el líquido fluir por la manga de mi uniforme. Sólo cuando llegué a la gran roca dirigí mis ojos hacia mi brazo. El proyectil había explotado con fuerza, causando un gran estropicio. No quise pensar en las secuelas que habría dejado en mi cuerpo. Sólo me quedaba una oportunidad. Apretando los dientes, trepé por la superficie de la piedra. En cuanto me vieran, ellos podrían dispararme, pero yo contaba con el factor sorpresa. Estaba convencido de que no esperarían que les disparara desde ese punto. Poco a poco, asomé la cabeza por encima del peñasco. Los gritos de mis compañeros sonaban lejanos. Vi a alguno retirarse del campo de batalla, más allá de los árboles, hacía la soleada explanada. Pero de los enemigos, ni rastro.

Entonces le vi. Quizás demasiado lejos. Quizás mis balas no llegaran hasta ahí. Pero había descubierto el escondite del capitán del ejército rival. Estaba agazapado detrás de un muro de rocas y ramas secas, más preocupado de proteger su integridad física que de entrar en combate. Era una ocasión única para zanjar la batalla de una vez por todas. Me erguí y me convertí en un blanco fácil por unos instantes, los que tardé en disparar. Apreté el gatillo una sola vez y nada más hacerlo, supe que no fallaría. Volví a esconderme tras la roca y entonces escuché los gritos que anunciaban nuestra victoria. Mi victoria.

-¡Le han dado al capitán! ¡Le han dado al capitán!

El juego había terminado. Sonriendo satisfecho, salí de mi escondite y me reuní con mis amigos. Mi hermano se quitaba los restos de pintura de la cara con un trapo. Qué mejor excusa que una despedida de soltero para jugar a la guerra como niños pequeños.

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6 comentarios en “WAR!”

  1. Joe tio, estaba super metido en ambiente! Me lo estaba creyendo del todo, de echo esperaba que al final dijeras de que libro lo habías sacado y tal. XD Asique Felicidades! Mas pillao! ^^

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