Vivir es fácil con los ojos cerrados

En la última edición de los Premios Goya, entre las candidatas a llevarse el premio a Mejor Película estaban una comedia dramática que ha sido un gran éxito de taquilla (La Gran Familia Española), la cinta seleccionada por la Academia para representarnos en los Oscar (15 años y un día) y dos propuestas arriesgadas de cine de autor (Canibal y La Herida). Sin embargo, el galardón fue a parar a la que, seguramente, sea la peor de todas ellas: Vivir es fácil con los ojos cerrados, una película de David Trueba cargada de buenas intenciones y fallidos resultados.

Basada en el personaje real de Juan Carrión, un profesor que utilizaba las canciones de The Beatles para enseñar inglés a sus alumnos, rebautizado aquí como Antonio e interpretado por Javier Cámara, Vivir es fácil con los ojos cerrados cuenta como se fue hasta Almería para hablar con John Lennon cuando éste vino a España en 1966 a grabar la película de Richard Lester Como gané la guerra. En su camino recoge a una chica embarazada fugada de un centro para jóvenes “en dificultades” y un adolescente que se ha escapado de casa después de discutir con su padre por culpa de un corte de pelo. Con este material de partida, Trueba podría haber conseguido firmar un retrato sobre la España franquista de los 60, una reflexión sobre la importancia de la música pop en nuestras vidas o un homenaje a John Lennon, pero desgraciadamente en ningún momento consigue ir más allá de la mera anécdota. A Vivir es fácil con los ojos cerrados le faltan elementos esenciales: los personajes que la pueblan no experimentan ningún arco de transformación por mucho que la película tenga la intención de contar una especie de viaje iniciático, con su experiencia sexual incluida (en una escena que parece completamente fuera de lugar). No parece que ninguno de sus tres protagonistas aprenda algo de una experiencia que en muchos casos resulta inverosímil, una aventura sin peripecia donde los personajes malos parecen casi caricaturescos y los personajes buenos resultan casi increíbles. Parece mentira que una película inspirada por Strawberry Fields Forever y con referencias explícitas a una película tan sesentera y brillante como La Chica de la Maleta termine siendo tan sosa.

Puestos a salvar restos del naufragio, podemos destacar el trabajo de Javier Cámara, que sabe aportar dimensión a un personaje que tiene (o podría tener) muchas más aristas y sombras de los que la película quiere mostrar, así como la ambientación general de la película, que sí que llega a retratar esa España empobrecida del franquismo, con esos pequeños coches, esas estrechas carreteras, esos niños pidiendo para comer o esos hoteles donde se exije el Libro de Familia. Lástima que las referencias y las críticas a la situación política española sean tan poco sutiles como innecesarias. Quizás el error de David Trueba haya sido ser demasiado fiel al personaje de Juan Carrión y no haberse atrevido a dar más giros y densidad a una historia que pedía más carga dramática y más complicaciones argumentales. O quizás quería hacer una película sencilla, intimista y naturalista al estilo de Eric Rohmer… sin conseguirlo en absoluto. Vivir es fácil con los ojos cerrados podría haber sido una buena película, pero apenas llega a la categoría de correcta.

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