Verano 1993

La semana pasada supimos que la Academia de Cine había elegido como candidata para representar a España en la categoría del Óscar a Mejor Película en Habla No Inglesa a Verano 1993, la ópera prima de la directora Carla Simón, autora también del guión. Vista la película, no cabe duda de que era la opción más justa y adecuada: hay muchas posibilidades de que Verano 1993 -en realidad, Estiu 1993– sea una de las cinco candidatas a llevarse el premio.

Estiu 1993 es una historia real y transmite verdad por todos sus fotogramas. Carla Simón se ha basado en su propia infancia para contar aquel verano de 1993 en el que Frida, una niña de seis años, se tuvo que ir a vivir con sus tíos y su prima de tres años a un pueblo de La Garrotxa, en la provincia de Girona, después de la muerte de sus padres. La película nos cuenta el proceso de adaptación y duelo de Frida, de una manera sencilla y simple, pero también llena de detalles y sugerencias: en esta historia los mayores no son los protagonistas, sino los niños y su manera de ver, vivir y relacionarse con el mundo.

No es fácil conseguir lo que logra Simón en su primer largometraje. Contar una historia personal es sólo la base de una obra que podría haber caído fácilmente en lo melodramático, lo empalagoso o lo pretencioso. Estiu 1993 habla de temas universales, del dolor, de la pérdida, de la superación del pasado, pero lo hace con frescura y naturalidad, poniendo la cámara a la altura de los ojos de las niñas protagonistas y dejando que la vida transcurra delante del objetivo: travesuras infantiles, bailes a ritmo de Bom Bom Chip, juegos en la bañera, una noche de verbena, un pijama del color equivocado… Por supuesto, si la aventura llega a buen término es gracias a sus pequeñas protagonistas, surgidas de un largo casting y excelentemente llevadas por la directora: Laia Artigas y Paula Robles. Entre los actores adultos brilla especialmente Bruna Cusí en el papel de tía de Marga y madre de Anna: ella también tiene que aprender a adaptarse a la llegada al hogar de la hija de su cuñada, algo que sólo se logra con paciencia y amor infinitos. En un adecuado segundo plano permanece David Verdaguer, quizás el rostro más conocido del proyecto, en el papel de su siempre optimista marido.

¿Y por qué es Estiu 1993 nuestra mejor opción para que el cine español vuelva a brillar en los Oscars? Aparte de por su brillante recorrido en festivales nacionales e internacionales donde ha cosechado excelentes críticas y premios (Berlín, Málaga, Buenos Aires…), la película es una excelente muestra del poder del cine para convertir pequeñas historias individuales y locales en dramas universales a base de talento y honestidad: Estiu 1993 es pura emoción y autenticidad, algo que la Academia espera ver en el cine extranjero, ya que rara vez lo puede encontrar en el que produce Hollywood. Y en estos tiempos en que las series de televisión parecen haber conquistado el corazón de críticos y espectadores, se agradece que una pequeña película nos redescubra la grandeza del cine.

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