VENEZIA

Durante mi Interail pasé tres noches y dos días en Venecia. Llegué a última hora de la tarde procedente de Verona. De repente, el tren se metió en el mar. En sus últimos kilómetros la vía del ferrocarril discurría por una estrecha franja de tierra rodeada de agua hasta llegar a su destino. Cuando salí de la estación me encontré, de golpe y sin previo aviso, con Venecia. Delante de mí tenía un canal por donde pasaban góndolas y un vaporetto. En la otra orilla, a mi derecha, había una iglesia marmórea. A la izquierda, un puente trazaba un arco de piedra sobre el agua. No había ni coches, ni calles. La luz dorada del atardecer no hacía más que aumentar la extraña sensación de encontrarse dentro de una postal o un decorado. Un tanto aturdido, me monté en un vaporetto para ir al hostal. Creo recordar que se hizo de noche rápidamente y que la ciudad pareció desaparecer. Cuando llegué al albergue hacía frío. Pocos minutos después, comenzó a llover. La tormenta duró toda la noche. Los rayos iluminaban Venecia intermitentemente.

A la noche siguiente también hubo tormenta, así que si tuviera que guiarme por mi experiencia personal, diría que en Venecia el tiempo es una sucesión de sol y lluvia y que todos los días pueden ser primavera, verano, otoño e invierno simultáneamente. Esta foto que hice al mar Adriático es la prueba de que digo la verdad.

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Hay otro detalle que me hace relacionar Venecia con las tormentas. Cuando a la mañana siguiente visité la Galería de la Academía, me pasé varios minutos contemplando el cuadro de Giorgione titulado “La Tempestad”. Los libros lo describen como uno de los cuadros más enigmáticos de la Historia del Arte, ya que se desconoce cuáles son el significado de la escena y la identidad de sus personajes. Lo que sí puedo decir es que las tormentas de Venecia son idénticas a la que rompe las nubes al fondo del paisaje.

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No todo es antiguo en Venecia. En la ciudad se encuentra el museo de Peggy Guggenheim en un edificio inacabado junto al Gran Canal. Da la sensación de que han cortado los pisos superiores del palacio con un cuchillo gigante. Ahí la extravagante heredera de la familia de millonarios, además de enterrar a sus perros en el jardín y coleccionar artistas y amantes, fue reuniendo una interesante colección de arte contemporáneo. Las salas del museo son pequeñas, así que uno se siente como si estuviera caminando por una casa elegante decorada con obras de Kandinsky, Mondrian y Chirico, entre otros muchos. A las doce aparecieron unos camareros y repartieron vasos de Campari en una pequeña terraza junto al Canal. Para que todo fuera perfecto, en aquel momento la vida debería haber sido en blanco y negro, del mismo modo que debería haber sido en Technicolor al estilo de los años sesenta cuando fui a la playa del Lido.

A veces Venecia parece un parque temático del turismo. A las ocho de la mañana, la plaza de San Marcos estaba desierta, y una brisa fresca hacía que las góndolas amarradas se balancearan suavemente. Me atrevería a decir que es uno de los lugares más hermosos que he visto nunca. Era emocionante. Pocas horas después volví a pasar por la plaza y me encontré con hordas de turistas con gorritos y cámaras. Sentí lástima por la ciudad y prácticamente salí corriendo hacias las callejuelas traseras, así que no entré ni en la Basílica, ni en el Palacio Ducal, ni atravesé el Puente de los Suspiros. Esto, unido a la sospecha de que aun me faltan muchos secretos venecianos por descubrir, son buenas razones para volver a la que seguramente es la ciudad más famosa del mundo… con permiso de Nueva York, claro.

10 pensamientos en “VENEZIA

  1. RMN

    Venecia es uno de esos sitios que en diez o veinte años no sabremos muy bien cómo estará. O si estará. Aprovecha y ve antes de que se hunda!

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  2. Proudstar

    Es ciurioso que todos los que habéis estado allí describáis la ciudad como un decorado.
    A mí particularmente sólo me atrae Venecia por el carnaval. Me encantaría ir a un baile de máscaras!!

    Pero me ha encantado sentirme allí mientras leía tu post….

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  3. ace76 Autor

    Me compraré un jersey a rayas!

    Supongo que un baile de máscaras acrecentaría aun más la sensación de decorado que da la ciudad.

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