UNA SEMANA EN EL MOTOR DE UN AUTOBÚS

Bueno, una semana no, sólo fueron cinco horas, pero se me hicieron eternas. El domingo volví a Madrid en autobús, y estuve pensando que, seguramente, hacía más de un año que no lo cogía. Pude ver la nueva y vanguardista estación subterránea que han construido en Pamplona, con sus dársenas numeradas y su galería comercial. No debe de llevar ni un año abierta y algunos locales ya han cerrado, ¿será la crisis? A esas horas sólo estaba abierto un Kentucky Rotten Chicken-Pizza Hut Express y una tienda de chucherías donde compré un puñado de sugus para el viaje. Pocos, que estoy volviendo a los setenta (de hecho, ya estoy en el 79), pero fue por no perder la costumbre. Antes siempre me compraba una buena bolsa para hacer más corto el viaje.

Me acordé de coger unos auriculares para ver las películas en el bus. La Conda ha progresado y hemos pasado del vídeo, donde en viajes anteriores pude ver desde “Las uvas de la ira” y “Manhattan” (sí, lo confieso, la obra maestra de Woody Allen la vi en un autobús) hasta infectas películas de los 80 de Chevy Chase, al DVD. De Pamplona a Soria pude ver “Dick & Jane, ladrones de risa” (en efecto, te roban las ganas de reir), y de Soria a PamplonaMadrid, “La verdad oculta”, que, quitando los planos donde sale JakeG, no tiene demasiado interés.

Soria sigue siendo para mí una estación de autobús, aunque cada vez está rodeada de más bloques de apartamentos. La máquina de chocolatinas sigue siendo la misma, y aun conserva una pegatina escrita a mano que advierte de que admite “sólo euros”. Llamé a Diego para pasar el rato y convencerle de que me viniera a recoger, y me acordé de que, hace ya más de diez años, utilicé los teléfonos públicos de la estación para decirle a mi jefe en Canal4 que ese día no iría a trabajar, que tenía que ir a Madrid a hacer la última prueba de admisión en la ECAM. Sonreí al pensar en lo incoscientemente huevón que puedo llegar a ser/parecer y comprendí que no era extraño que no quisieran contratarme al terminar mis meses de becario. La verdad es que hago demasiadas cosas sin pensarlas lo suficiente y me dejo llevar por la corriente o por los impulsos. No soy de los que se comen la cabeza demasiado. Seguramente, si no hubiera tenido esa inconsciencia casi adolescente de los veinte años, no hubiera tenido ciertas ilusiones y ciertas fantasias, ni hubiera creido que se iban a hacer realidad. Me acordé de como los primeros viajes a Madrid tenían un punto de aventura, de descubrimiento de nuevos territorios, y eché de menos aquel sentimiento de despreocupación optimista.

Pero cuando iba entrando a Madrid y veía el paisaje urbano de luces de neón y torres de hormigón que ya es mío, me sentí a gusto. Puede que mi vida no se parezca nada a la que imaginaba hace diez años y hay ocasiones en que siento nostalgia de lo que podría haber sido, pero en esta ciudad he encontrado la felicidad. Y no hay nada mejor que eso. Todo lo demás son pequeños detalles sin importancia.

13 thoughts on “UNA SEMANA EN EL MOTOR DE UN AUTOBÚS”

  1. A mi me busca mi Sevi al bus y tengo que despegarme las bragas con cincel :) Y mola tanto eso de sentirse arropado al llegar… Ains! Oye, que si, que un poco jevi lo de los avisitos de becario, no? Juasjuasjuas… En fin, chico, que ya hasta tienes tu casa en Madrid :)

  2. Yo nunca consigo ver una peli entera en un bus, acabo quedandome dormida con el cuello casi descolocado, con lo que al día siguiente tengo un dolor tremendo.

    Debería optar por ver la pelicula pero… me puede siempre el sueño.

    Bss

  3. Bueno, algún día hablaré de mis desventuras como becario para que os podáis reir a gusto…

    Di, yo soy incapaz de dormir en un bus, para mí es como una tortura china. Bueno, los viajes nocturnos en avión también tienen lo suyo… Pero Will, a veces no hay más remedio!

    Y sí, la verdad es que da gusto que te vayan a recoger… o que te esperen en casa.

  4. Yo vi en el tren “Kramer vs. Kramer”, y he de decir que la experiencia no fue del todo mala. Eso sí, desde que tengo iPod e iPhone me he vuelto semiautista en transportes públicos. Al menos, hasta que saquen el iTrain.

  5. Dick y Jane es terrible.
    Entiendo que La Verdad Oculta la viste en el camino entre Soria y Madrid, y que no te diste vuelta atrás para volver a Pamplona :-P

    Por cierto, ¡discazo! :D

  6. A mí me pasaba lo mismo cuando iba a Madrid y, quién lo iba a decir, ahora es mi ciudad, donde me siento más a gusto y estoy en mi salsa (porque en CPH tb estoy a gusto, pero no es lo mismo, la gente no habla castellano y yo no hablo danés como quisiera).

  7. Que fria, fea, aburrida y sobre todo cara es la puta estación de autobuses de Soria. Al igual que la parada de Esteras de Medinaceli (o algo así) cuando vas a Zaragoza…. Son los sitios mas aburridos del mundo…

    Algun dia contaré mis comienzos en Madrid. Pero he dicho que fuera dramas y tal (aunque en muchos casos son solo dramas para ellector :P)

  8. De crisis nada, es sólo cuestión de madurez, jejeje… Que en el fondo uno sigue siendo un adolescente con una edad media de 26 años.

    Creo que a mí también me pusieron en un tren “Kramer contra Kramer”. No la vi, pero una chica que tenía al lado acabó llorando a moco tendido (y nada más enbarazoso que llorar en el tren por una peli, lo digo por experiencia propia).

    No conozco ninguna estación de autobuses que sea bonita, la verdad. A mí me agobian muchísimo… Me quedo con la marquesina gigante de San Sebastián. Y Jose, me gustaría mucho saber cuales fueron tus comienzos en Madrid, que no creo que, a estas alturas, sean tan dramáticos.

    La verdad, Nils, es que Madrid puede resultar bastante acogedor, esto es como un pueblo grande.

    En el fondo, está bien que la vida no salga tal y como lo planeamos. Tiene sus momentos buenos y sus momentos malos, pero así es más… ¿entretenida?

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