Twin Peaks, Odessa y la niñita que vivía calle abajo

Is it the story about the little girl who lives down the lane?

Dos personajes preguntan esto durante la tercera temporada de Twin Peaks sin que esperen respuesta. La verdad es que nadie en Twin Peaks espera respuestas… Pero al final resulta que sí, que durante estos 27 años que han pasado entre el estreno de la serie y su ¿cierre?, lo que hemos podido ver es la historia de Laura Palmer, la niñita que vivía calle abajo. Twin Peaks es un cuento donde se enfrentan las fuerzas del bien y del mal, y como buen cuento, tiene sus momentos siniestros y sus detalles sublimes. E incluso cuando nada parece tener sentido, de alguna manera lo tiene. Sólo hay que estar atento a los detalles que David Lynch y Mark Frost van poniendo en el relato, frases e imágenes aparentemente inconexas que terminan resultando tremendamente significativas en el conjunto del relato. Podéis leer este artículo para comprobarlo.

Pero no pasa nada, se puede disfrutar de Twin Peaks sin entenderla. Tampoco entendemos nuestros sueños y sin embargo, los disfrutamos cada noche.

Ahora estamos acostumbrados al tópico de que “el mejor cine actual se hace en la televisión”. Las series de la HBO, Netflix o AMC despiertan pasiones entre críticos y espectadores como lo hacía el cine independiente y el de arte y ensayo en tiempos remotos. Pero en 1990, cuando Twin Peaks se estrenó en la ABC, el concepto “televisión de autor” era tan absurdo que ni siquiera existía. Pensad en que aquel año, Twin Peaks perdió el Emmy a mejor serie dramática frente a La ley de Los Angeles, serie que seguramente sólo recordaremos los mayores de 35. Recordar también que las series míticas los 80 son más por su componente pop que por su calidad: desde Falcon Crest hasta El equipo A pasando por El coche fantástico o MacGyver. Por la televisión sí que habían pasado grandes sitcoms (Las chicas de oro, Cheers…), clásicos del género fantástico (Star Trek, The twilight zone) y grandes miniseries (Raíces, Holocausto…), pero a nadie se le ocurriría sugerir en 1990 que la televisión era comparable al cine, ni en calidad, ni en estética, ni en ambición.

Pero llegó David Lynch con su serie y cambió todo el panorama. La televisión podía aspirar a ser más que la caja tonta y además dirigirse a todos los públicos. Twin Peaks fue un éxito de audiencia fulgurante durante sus primeros episodios, pero el público pronto descubrió cómo se las gasta Lynch y salió huyendo. Los ejecutivos de la ABC perdieron los nervios, la identidad del asesino de Laura en el episodio 16… y la docena de capítulos restantes hasta el final de la segunda temporada podemos hacer como que nunca existieron. De hecho, viendo la tercera temporada, está claro que, excepto el último, Lynch y Frost los han obviado casi por completo a la hora de elaborar esta nueva entrega, recuperando en cambio muchos elementos de Twin Peaks: Fire walk with me, especie de precuela/secuela que Lynch estrenó en los cines en 1992, siendo en aquel momento un gran fracaso crítico y comercial. Sin embargo, a pesar de que en 1991 todos ya parecían haberse olvidado de Twin Peaks, la semilla de una nueva televisión ya estaba ahí. Sin ella, seguramente no habríamos tenido ni Expediente X ni Picket Fences y por consiguiente, la televisión de los 90 habría sido muy diferente… y no digamos la del siglo XXI. Pero ya hablaremos de eso otro día.

Y cuando nadie lo esperaba, llegó la noticia: Lynch y Frost preparaban una nueva temporada de Twin Peaks. Ya se lo había dicho Laura al agente Cooper: “Nos veremos dentro de 25 años”. Al final, fueron 27, pero es que la producción y el rodaje de esta temporada ha debido de ser un drama continuo. Afortunadamente, los ejecutivos de Showtime decidieron firmar cheques en blanco y dejar a Lynch a su bola. ¿El resultado? 16 episodios relucientes que pueden fascinar o desquiciar a partes iguales.

Esta tercera entrega de Twin Peaks retoma la acción 25 años después de los acontecimientos del último episodio emitido en 1991. Pero el escenario ya no se limita a ese encantador pueblos perdido en las montañas del estado de Washington sino que la acción transcurre por todo Estados Unidos: Nueva York, Las Vegas, Nuevo México, Dakota del Sur, Odessa… Conocemos también a multitud de nuevos personajes, interpretados por medio Hollywood (Naomi Watts, Laura Dern, Tim Roth, Jennifer Jason Leigh, Michael Cera, Ashley Judd, Monica Bellucci o Amanda Seyfried son algunos de los rostros que aparecen en esta temporada), además de reencontrarnos con casi todos los que nos acompañaron durante la segunda temporada.

Impresiona un tanto ver a estos actores más de dos décadas después: sus rostros reflejan claramente los 25 años que han pasado desde que los vimos por primera vez. Algunos de ellos, como Miguel Ferrer o Warren Frost fallecerían meses después del rodaje. Especialmente emocionante es la despedida a Catherine Coulson, quien da vida a la mujer del leño y que rodó sus escenas poco antes de morir. Desgraciadamente, como esta temporada se centra en el agente Cooper y sus desventuras, las tramas de estos personajes acaban sabiendo a poco: especialmente decepcionante es la dedicada a Audrey Horne, interpretada por la cautivadora Sherylin Fenn. Hubiéramos querido verla mucho más tiempo. Espero que estos nuevos episodios sirvan para redescubrir a intérpretes que, como ella o Sheryl Lee, hubieran merecido tener mejor suerte en sus carreras… pero es que en 1990 aun era prácticamente imposible para los actores de televisión dar el salto a la gran pantalla.

Seguramente esta tercera temporada no era lo que esperaban los seguidores de Twin Peaks, ya que no es un relato fácil movido por la nostalgia de los noventa. Y sin embargo, a la vez es todo lo que uno puede esperar de la obra de David Lynch, esa manera inconfundible de convertir la realidad cotidiana y una puesta en escena clásica en un mundo absurdo y surrealista, una narración aparentemente inconexa pero dotada de una coherencia profunda. Una cosa está clara: no hay nada actualmente en televisión que se le parezca. ¿Tendremos una cuarta temporada?

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