TODOS LOS AÑOS LA MISMA FIESTA

Me gusta mucho el anuncio de un coche de nombre impronunciable que se burla de las fiestas de empresa. Sí, el de “¿puedes pasarme el soufflé?” y la chica del vestido increible con la Tocata y Fuga de Bach sonando de fondo. Mola.

Las fiestas de Navidad de las empresas son como bodas, pero sin regalos ni ceremonia religiosa. Mi primera vez fue con la siniestra empresa productora, integrada por aquel entonces en un grupo de empresas más siniestras aun. El evento tuvo lugar en un restaurante en El Pardo y es la única vez en mi vida que he comido langosta. El resto de la velada fue digno de una película de Todd Solondz. En los discursos, el jefe supremo se congratuló por los millones que “habíamos” ganado durante ese año sin mencionar nuestros contratos ilegales por obra y nuestro sueldo de cien mil pesetas mensuales. Después, un grupo de animadoras puso en marcha un concurso karaoke en el que tuvimos que vestirnos con ridículas pelucas y trajes. Uno de los accionistas mayotitarios se disfrazó de Pedro Marín en los 80 y cantó “Aire” para a continuación, entre visita y visita al cuarto de baño para empolvarse la nariz, perseguir a la chica guapa oficial de la empresa. Entre los asistentes se sortearon premios como botellas de vino o aceite de oliva virgen, cenas para dos en restaurantes (que nunca vimos), una cantidad indeterminada de dinero que el jefe sacó del bolsillo e introdujo en una cajetilla de tabaco y un viaje a Praga con todos los gastos pagados. Sí, pequeñas limosnas para el proletariado. Terminamos todos borrachos cantando el “A por ti” de Tamara.

Al año siguiente los aviones se habían estrellado contra las Torres Gemelas y el sector de la aviación cayó en una profunda crisis. La comida fue en el mismo lugar, pero en vez de langosta, hubo que elegir entre carne o pescado. No hubo discursos, ni karaoke, ni nada… Pero la cosa podía ser peor (para la empresa, no para los trabajadores), y año siguiente la comida de Navidad consistió en unos canapés que encargó la hija del jefe y devoramos en la oficina.

Comparado con todo esto, la fiesta de anoche fue un derroche de glamour, estilo y buen rollo. Y si calificáramos las fiestas por el dolor de piernas y las ojeras del día siguiente, podemos darle un notable muy alto. Enhorabuena a los DJs, por cierto!

17 comentarios en “TODOS LOS AÑOS LA MISMA FIESTA”

  1. Yo tampoco soy mucho de langosta :-)
    Y oye, que has contado muchas cosas de las cenas de las navidades pasadas, pero de ésta nada de nada, a ver, qué pasó anoche eh!!!!???
    ;-)

    Besicos!

  2. Yo conozco una empresa en la que en los discursos de la cena de Navidad alaban las bondades de despedir empleados, incluso con los empleados afectados presentes.
    En mis cenas de empresa abundan las empleadas enseñando tetas

  3. Este año como hay crisis, y somos una empresa “publica”, y hay que dar ejemplo nos han cancelado la copa de navidad.. cachis, con lo que era tol Kapital pa nosotros.

    Pero ya veo que lo de intentar desmentir la crisis es hasta pa la fiesta del grupo, por todo lo alto en hotelazo!

  4. Bueno, este año, en comparación con el pasado, la cantidad de comida disminuyó notablemente. Y en vez de camareros paseando con bandejas, hubo mesas laterales para servirse.

    Personalmente, no creo que una empresa se arruine por tener un detalle con sus empleados…

    Y la langosta, pues ni fu ni fa, la verdad.

  5. Si mi empresa se arruina, el país cierra.

    Sí, las cenas organizadas por los empleados tienen su punto. Y el traje hay que lucirlo, nada de pereza.

    Tendréis que empezar a pinchar en baretos otra vez, corredero. Yo me divertí mucho bailando a Bananarama, Rick Astley y Bon Jovi.

  6. está claro que todos queremos lo que no tenemos. a mi me pasa como el del anuncio de movistar de la zona autónomos, que me dáis envidia los que tenéis cena de empresa y cesta de navidad y toda la pesca…

    por cierto, el actor al que le tiran el suflé en el anuncio del que hablas era compañero mío de corazza, fíjate tú qué cosas….
    bss grandes

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