The Letfovers: Bienvenidos a los tiempos de la esperanza

Cuando se estrenó The Leftovers, hace tres años, parecía que nos encontrábamos ante el próximo gran éxito de la HBO. No fue así: la audiencia le dio la espalda, los premios la han ignorado continuamente y a duras penas consiguió llegar a su tercera temporada. Afortunadamente, Damon Lindelof ha podido darle a la serie un cierre satisfactorio, no como las pobres Wachowski a Sense8.

En realidad, esto va de que a Justin Theroux le crece la barba y le desaparece la ropa

¿Satisfactorio? Pues sí, muy satisfactorio: de hecho, el último episodio de la serie, un salto al futuro marca de la casa con cierto regusto al cine de Clint Eastwood, acaba con una de las escenas más emocionantes que se han visto en televisión desde el final de A dos metros bajo tierra. Pero antes de llegar ahí, esta temporada ha dado un final digno a cada uno de los personajes que han poblado este drama e incluso, podríamos decir que hasta ha dado una explicación a la desaparición del 2% de la población mundial con el que arrancaba la serie. Una explicación disfrazada de verborrea científica y que a ningún espectador de The Leftovers importa lo más mínimo: a estas alturas debería estar claro que ese hecho sólo constituía un McGuffin sobre el que elaborar la trama. O, simplemente, se convertía en un Misterio -así, con mayúsculas- que jamás podría ser resuelto: al fin y al cabo, si un hecho así sucediera en la vida real, tampoco tendría nunca explicación racional. La realidad no tiene guionista y la relación causa y efecto es una burda simplificación mental. The Leftovers habla sobre la culpabilidad y la pena, sobre el remordimiento y la búsqueda de la verdad, sobre la trascendencia y, en muchos casos, sobre la decepción y la muerte de las ilusiones. Pocas veces una serie ha sido tan cruel con sus personajes y, de paso, con sus espectadores a la hora de mostrar el hilo tan débil y sútil del que penden nuestras esperanzas y nuestros deseos. Y sin embargo, al final ha sabido invitarnos a tener esperanza: en este mundo aun hay espacio para la felicidad y el amor.

Quizás la falta de éxito popular haya permitido a Damon Lindelof y sus compañeros de viaje (los directores Peter Berg y Mimi Leder, entre otros) gozar de una libertad que de otro modo no hubieran tenido… y eso que Lindelof sigue utilizando muchos trucos aprendidos en Lost, serie de la que The Leftovers no está tan lejana (los personajes secundarios que reaparecen inesperadamente, el saber dibujar personajes con carácter propio en treinta segundos, el utilizar una tragedia colectiva para hablar de los dramas individuales, Australia como tierra donde sucede la magia…). Han podido jugar a su antojo con la narrativa incluyendo escenas autónomas tan potentes como los arranques de la segunda y tercera temporada o la que sucede en el interior de un submarino nuclear, utilizar una banda sonora donde las canciones se han usado de modo magistralmente irónico en muchas ocasiones (un aplauso al que decidió introducir una inofensiva sitcom como Primos Lejanos dentro de la trama), hablar de algo tan poco actual como espiritualidad y trascendencia sin resultar paulocoelhianos o jugar un poco a ser David Lynch al retratar el pueblo de Jarden en su segunda temporada, muy superior a la primera en todos los aspectos. Y por supuesto, hay que hablar de un reparto que nos ha dado grandes momentos interpretativos y en el que ha brillado con luz propia Carrie Coon, maravillosa como Nora Durst, un personaje tan complejo y contradictorio como esta serie.

Te equivocas, esto va de como dos personajes rotos se recomponen. O no.

Damon, quedas perdonado por el desastre de Prometheus.

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