The Imitation Game: Descifrando Enigma

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The Imitation Game (Descifrando Enigma) es una de las favoritas para colocarse entre las películas más nominadas a los Oscars en muy pocos días, con Benedict Cumberbatch sonando como gran favorito a llevarse la estatuilla a casa por su interpretación del matemático Alan Turing. Grandes maestros a la hora de promocionar sus películas, los Weinstein se hicieron con los derechos de distribución de esta coproducción entre Estados Unidos y Reino Unido dirigida por el noruego Morten Tyldum, esperando sin duda poder repetir la jugada de El discurso del Rey. No en vano ambas son historias basadas en hechos reales, ambientadas en la Europa de los 40, pulcramente rodadas, brillantemente interpretadas y con una exquisita recreación de vestuarios y decorados.

Sin embargo, con todos sus defectos, El discurso del Rey conseguía profundizar más en las implicaciones de su material de partida, lograba hacer un retrato más profundo y emocionante de sus protagonistas y la puesta en escena de Tom Hooper tenía cierta personalidad. The Imitation Game termina resultando superficial, simplista y tópica. Basta con leer la entrada en la Wikipedia dedicada a Alan Turing para darse cuenta de que la vida y obra del matemático británico daba para mucho más que lo que se cuenta en esta película. Ni su trabajo durante la Segunda Guerra Mundial, ni su condena penal por ser homosexual y su posterior suicidio en los años 50, ni su adolescencia en un internado británico explotan su potencial dramático ni divulgativo, recurriendo en demasiados casos a ardides narrativos y licencias históricas tan facilonas como engañosas: ni Alan Turing tenía una personalidad más próxima al síndrome de Asperger, ni coincidió en el mismo equipo con John Cairncross, ni construyó él mismo la máquina que serviría para descifrar los códigos nazis. De hecho, la máquina ni siquiera se llamaba Christopher… y esto sólo por citar algunas de las inexactitudes de una película que pretende acercar al gran público la figura de Turing y que seguramente sólo conseguirá difundir una imagen equivocada del mismo.

Podríamos perdonar todas estas licencias narrativas si The Imitation Game consiguiera levantar el vuelo y proporcionarnos momentos de autenticidad y emoción verdaderas. Sin embargo, por mucho que el trabajo de su reparto sea brillante, a pesar de que algunos actores como Charles Dance, Matthew Goode o incluso Keira Knightley se las tengan que ver con personajes más o menos desdibujados, la minuciosa dirección artística y las bonitas secuencias de montaje que la adornan, The Imitation Game termina siendo tan tópica y correcta que en ocasiones parece una parodia involuntaria de lo que se considera “una buena película de época aspirante a los Oscars”. Incluso la partitura de Alexander Desplat, autor que nos ha regalado bandas sonoras tan brillantes como la de Moonrise Kingdom, suena bien pero no termina de alcanzar el nivel que podría tener, como si estuviera excesivamente domesticada y controlada, algo que se puede decir de todos los aspectos de la película. Las piezas para hacer algo bueno e interesante están ahí, pero el conjunto no termina de encajar por mucho que su moraleja se repita hasta en tres ocasiones o del mismo modo que la teoría de Turing que da título a la película se explique levemente sin que en ningún momento funcione como el leit-motif que sospecho quería construir su guionista, Graham Moore.

2 pensamientos en “The Imitation Game: Descifrando Enigma

  1. pepis

    muy bueno lo de asperger, jejeje. en la peli lo proyectan que sí era así.

    ahora la máquinita mola infinito, cuando empieza con la carraca, lo más emocionante de toda la peli.

    para la banda sonora podrían haber elegido alguno de los temitas de hidrogenesse dedicados a alan, MANCHESTER UNIVERSITY COMPUTER LOVEEEE <3

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  2. Pingback: La teoría del todo | Vivo en la Era Pop

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