TETRIS

La vieja radio estropeada en la que mi abuelo escuchaba los resultados de la jornada de la Liga. La camiseta que vendimos en el último curso de la facultad para recaudar dinero para el viaje de estudios y la fiesta de la promoción. Una horrible camisa estampada que sirvió para disfrazarme de moderno una temporada. Una década de entradas de cine atadas con una goma y guardadas en un cajón. Una toalla de manos con estampado de flores que me regaló mi madre cuando me vine a vivir a Madrid. Cinco fotos ampliadas de la vista de Estambul desde la torre de Galata. Varias velas de colores que compré en el mercado de Candem. Un bote de tinte azul para el pelo que me traje de Amsterdam. El muñeco de un marinero que me regaló mi madrina cuando nací y que fue mi primer compañero de cama. Tres espejos cuadrados de Ikea que han decorado la pared de mi cuarto durante años. Una docena de posters y camisetas de conciertos, desde U2 hasta Revolver, pasando por Oasis y Ocean Color Scene. Toneladas de discos. Cintas de VHS en las que grabé películas que nunca llegué a ver. Guiones escritos por mis compañeros de la ECAM. Libros de astronomía. Un tren de madera. Recortes de revistas. Papeles y folletos acumulados en viajes. Un mapa del mundo. Varias camisas pasadas de moda, la mayoría de ellas de color azul. Una americana vaquera. Un tablero de ajedrez. Otro de backgammon. Un gato.

Una mudanza es una catarsis.

7 thoughts on “TETRIS”

  1. Bien bonito es mi muñeco marinero!

    Y sí, parece mentira la de chismes inútiles-pero-valiosos-pero-no-tanto-en-realidad acumulamos a lo largo de nuestra vida.

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