TANTAS COSAS QUE CONTARTE

Esta historia empieza como otras miles. Análisis, pruebas médicas, diagnósticos ambiguos que se ven sustituidos por todo tipo de eufemismos bienintencionados. Aun hay gente a la que le da miedo llamar a la enfermedad por su nombre: cáncer.

Esta historia termina como otras miles, pero por desgracia no termina bien. Un viernes te acuestas lleno de optimismo para que, a primera hora del sábado, te despierte una llamada telefónica a destiempo. Como siempre pasa en estas situaciones, sabes que son malas noticias antes de que descuelgues. Hemorragia cerebral, coma irreversible, desenlace inminente.

Esta historia es como otras miles pero también es mi historia. Nunca antes había vivido tantas horas de espera sin esperanza en los pasillos de un hospital. Nunca antes me había sentido tan unido a otras personas que, sin que compartamos lazos de sangre, ya considero mi familia. Nunca abrazar a Diego fue tan triste. Nunca pensé que íbamos a llorar tanto, tan pronto.

El tiempo en el tanatorio pasa como en una nube. Yo siempre me acordaré del color de las flores que la rodeaban y de como el cristal que nos separaba me impedía respirar su aroma. En esa pequeña habitación, la pena ocupaba todo el espacio. En el exterior era más sencillo respirar. Vinieron muchos amigos comunes, hubo momentos en que llegabas a olvidarte del dolor e incluso podías sonreír. Te sorprendías a ti mismo haciendo humor sobre los modelos de urnas funerarias -todos ellos oscilando entre lo horrendo y lo cursi- expuestos en una vitrina a la entrada del negocio funerario. Será que el visionado de “A dos metros bajo tierra” me ha enseñado a ver “the fun in the funeral” o simples mecanismos de autodefensa. Unos lloran, otros se encierran en el silencio, algunos estuvieron horas en la cafetería del tanatorio bebiendo cañas y cubatas, yo me refugio en la ironía hasta que afloran las lágrimas.

Por la mañana, antes del entierro, llegó el momento de hablar del funeral. ¿Alguien querrá decir algo en la ceremonia? ¿Alguien se anima a escribir unas palabras? ¿Alguien conoce algún texto apropiado para la ocasión? Paseando al sol entre tumbas y flores de plástico, con los aviones sobrevolando nuestras cabezas en el cielo despejado de Madrid, Diego se acordó del arranque de la canción de Nena Daconte: “Prometo guardarte en el fondo de mi corazón/prometo acordarme siempre de aquel raro diciembre/prometo encender en tu día especial una vela/y soplarla por ti/prometo no olvidarme nunca/Tenía tanto que darte/tantas cosas que contarte/Tenía tanto amor/guardado para ti”.

El tío de Diego leyó por él estas frases. Es difícil que durante los próximos meses (¿O años? ¿O siempre?) consiga escuchar esta canción sin que los ojos se me llenen de lágrimas. Yo también tenías tantas cosas que contarle, así que unos días después le escribí una carta. Pero lo que le dije se queda entre ella, Diego y yo.

Ya he sido capaz de contar la historia. Poco a poco vamos llenando el agujero.

9 comentarios en “TANTAS COSAS QUE CONTARTE”

  1. yo sigo llorando cada vez que pienso en mis dos tíos muertos de cáncer. no soy capaz de hablar de ellos sin llorar. Han sido las primeras personas a las que he visto sufrir y luchar y es la rabia y la impotencia de ver que no han podido ganar a la enfermedad y la pena lo que me hacen pasarlo fatal cada vez que se habla de ellos.

  2. Ros, una de las cosas que me tranquiliza un poco en estos momentos es pensar que ella estuvo bien, contenta, tranquila y convencida de que iba a salir adelante hasta el último momento. Pensar que no sufrió me consuela… Pero te entiendo perfectamente.

  3. Yo nunca he hablado de la muerte de mi padre, de lo ilusorio que me pareció el funeral, de la peor de las tristezas que me embargó durante algún tiempo y de lo mal que me hace sentir no recordar qué fue lo último que le dije.

    Aunque la causa fue un infarto repentino, el resultado es el mismo: te arrebatan a un ser querido.

    Con el tiempo, el dolor se convierte en otra cosa y aunque ese vacío no se llenará jamás, aprenderéis a recordarla con una sonrisa.

    Os mando el más cálido y afectuoso de los abrazos a los dos.

  4. Puf… me imaginaba que era malo.. pero no tan malo.

    Yo pasé por lo mismo que Diego hace 13 años aunque en el caso de mi madre ella no sabía que tenía cáncer y nosotros sabíamos que iba a morir 6 meses antes de que ocurriera… fue muy duro. Sin duda lo más duro que me ha pasado en la vida… y que me pasará.

    Empecé psicología al año siguiente pensando que quizá yo mismo podría curarme…. pero no, esas heridas no se curan nunca, aunque uno aprende a vivir con ellas.

    Tampoco nadie vino a decirme nada que me pareciera bien:
    los “te acompaño en el sentimiento”, los “te doy el pésame”, .. todo me parecía una burla hacía mí… ¿cómo me podía acompañar en el sentimiento?

    Pero como dice Proudstar, con el tiempo se aprende a recordarla con una sonrisa y creo que lo único que se puede hacer en estos momentos es abrazaros y acompañaros. Yo aunque no os conozco lo hago desde la distancia, pero seguro que teneis un montón de gente que puede hacerlo por mí.

  5. Proud, no conocía esa parte de tu vida. Muchas gracias por compartirla. Y sí, las sonrisas volverán, estoy seguro.

    Orni, yo creo que las palabras se quedan huecas en estos casos. Un abrazo dice mucho más. Y gracias también por tu historia. Siempre viene bien ser consciente de que otras personas han pasado por experiencias parecidas.

    Tony, besos para ti también. No pienses todavía en el “cuando te toque”, aun no ha llegado ese momento.

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