Videoclips para una noche de miedo

Hay toda una serie de géneros musicales a los que siempre les ha gustado jugar con una iconografía cercana al género terrorífico en sus muy distintas vertientes. Ahí están los grupos de heavy metal y rock duro o aquellos que tienden más a lo gótico, siniestro, escandinavo o todo a la vez. Podemos encontrar un amplio repertorio de ejemplos que van desde la mascota de los Iron Maiden hasta los disfraces de Slipknot o Lordi (el guiño eurovisivo nunca puede faltar), pasando por las evanescentes portadas de Evanescence. Si hasta existe un grupo llamado Helloween…

Estas calabazas no las encontrarás en los chinos
Estas calabazas no las encontrarás en los chinos

Pero el feliz y luminoso mundo del Pop tampoco se ha resistido a juguetear en ocasiones con una estética más oscura y siniestra. Por supuesto, el primer y fundamental ejemplo que nos viene a la mente es el legendario videoclip para Thriller, de Michael Jackson. Dirigido por John Landis, responsable de títulos como Granujas a todo ritmo o Un hombre lobo americano en Londres, el séptimo y último sencillo que se publicó del disco del mismo nombre vino acompañado de un vídeo de 14 minutos de duración en el que el Rey del Pop bailaba con zombies mientras aterrorizaba a los niños que por aquel entonces teníamos siete años recién cumplidos… que de adolescentes descubrirían que la voz y risa final del tema pertenecen al mítico Vincent Price, protagonista de multitud de clásicos de Roger Corman, y al que los más jóvenes del lugar pueden recordar por su papel de constructor de Eduardo Manostijeras.

En 1984 Michael Jackson se reunía con sus hermanos para grabar Victory, el único disco grabado en su totalidad por los seis componentes que llegó a tener el grupo familiar. Decididos a seguir traumatizando a los niños que se empeñaban en ver Tocata y otros programas musicales de la época, el videoclip de Torture nos muestra a uno de los Jackson atravesando una serie de estancias futuristas -futuristas al estilo de los ochenta, todo hay que decirlo- para rescatar a ¿una princesa del espacio? Entre medias, bailarines que hacen de arañas devoradoras de hombres, un siniestro personaje con capucha de lentejuelas, esqueletos a lo Harryhausen que bailan y un bonito momento en el que el protagonista mete la mano en un ojo gigante para descubrir que le brota un ojo en la palma de la misma. ¿Curiosidades de la Wikipedia? La coreografía del videoclip fue el primer trabajo en el sector de Paula Abdul y como Michael Jakcson tenía cosas mejores que hacer y no quiso participar en el rodaje del videoclip, el realizador decidió alquilar el muñeco de cera del cantante del Museo de Madame Toussaud y utilizarlo en dos o tres planos…

También en 1984 Duran Duran lanzaron otro de sus videoclips más conocidos. Con un presupuesto de un millón de dolares y dirección de Russell Mulcahy, realizador de docenas de clips y de películas como Los Inmortales, The Wild Boys estaba inspirada en la novela del mismo título de William S. Burroughs, que cuenta la historia de un movimiento juvenil homosexual cuyo objetivo es la caída de la civilización occidental. Con un material de partida así, no podía surgir algo convencional. Entre bailarines con una vestimenta entre disfraz apache y figurante de Mad Max, los miembros de Duran Duran eran sometidos a diversas torturas, ensañándose en especial con Simon Le Bon, atado a una noria que da vueltas en un estanque habitado por criaturas sin ojos pero con muchos dientes. Treinta años después me sigue fascinando el momento en que la cámara comienza a dar vueltas simultáneamente con la noria, dando la impresión de que ésta permanece fija y es el resto del mundo el que gira. También me pregunto por la finalidad narrativa de la cabeza robótica, directamente salida del Uncanny Valley.

ZZ Top, el entrañable grupo de rock de largas barbas, publicó en 1983 el disco más exitoso de su carrera, Eliminator. Uno de sus sencillos, TV Dinners, lanzado a finales de ese año, venía acompañado de un videoclip al que no le faltaba de nada: carteles de películas de terror de serie B, un tablero de Ouija utilizado como bandeja y un monstruito animado por claymotion que se empeñaba en ver a ZZ Top por la tele. Qué cosas tan tontas nos dan miedo cuando somos pequeños.

Para terminar de dejar claro que en 1984 los realizadores de videoclips consumían abundantes psicotrópos o que todos querían llamar la atención en la MTV, Nik Kershaw lanzó a finales de año el clip para The Riddle, inspirado tanto en Alicia en el país de las maravillas como, según el cantante, en movimientos artísticos como el Expresionismo… aunque habría que añadir que también aparece el villano del mismo nombre de Batman. Aquí tenemos paredes llenas de bocas, un espejo de agua, una banda de soldados decimonónicos, un cajón lleno de pasteles y ratones, un anciano en un estanque en el que se baña una mujer semidesnuda… Todo con ese derroche de imaginación, artesanía e ingenuidad tan propia de los ochenta.

Un par de años antes, Alison Moyet y Vince Clarke, se enfrentaban a vampiros y el monstruo de Frankenstein en el videoclip de Don’t Go, el segundo sencillo de Yazoo, el grupo que creo Clarke entre Depeche Mode y Erasure. Da tanto miedo como las películas de Abbot y Costello en casas encantadas.

Corría el año 1988 y Pet Shop Boys conseguían el último número uno en la lista británica de sencillos gracias a Heart, el cuarto sencillo de su exitoso Actually. Para el videoclip, el dúo viajó hasta Eslovenia para rodar su propia versión de Nosferatu, junto a una ganadora del certamen de Miss Yugoslavia y con Ian McKellen en el papel de vampiro. Sí, el mismísimo Gandalf y Magneto.

Y para cerrar esta selección de videoclips terroríficos (o no tanto) de la década de los ochenta, nada mejor que la canción de cuna con arañas de The Cure. Publicado como sencillo de presentación de Desintegration, Lullaby se convertiría, de manera algo inesperada, en uno de los mayores éxitos comerciales de la banda. En su videoclip, dirigido por su Tim Pope, responsable de muchos clips de The Cure y otros grandes nombres de los 80 como Talk Talk, Siouxsie and the Banshees, The Bangles o China Crisis, Robert Smith -el hombre que comparte peluquero con Tim Burton- es asediado en sueños por el hombre araña. Entre los momentos más memorables del videoclip, el instante en que a Smith le brotan extremidades adicionales o todos los planos del resto del grupo, disfrazados con uniformes antiguos y cubiertos de telarañas.

SONIDOS DE PRIMAVERA EN VIERNES

Prácticamente nada recuerda que en el recinto del Parc del Forum se celebró, hace ya ocho años, el ambicioso Foro Universal de las Culturas (y que tuve la suerte de visitar): mucho hormigón, agonizantes zonas verdes y algunas estructuras de tamaño desmesurado en su contexto actual. Sin embargo, como pude comprobar en la primera edición del Summercase, el lugar resulta ideal para la organización de festivales de música. Y después de seis horas de coche, ahí estábamos Diego y yo, dispuestos a disfrutar del programa del Primavera Sound para el viernes.

La jornada comenzó agradablemente entre las sombras y los cómodos asientos del Auditori del Forum escuchando a Laura Marling, una cantante británica con tres discos ya a sus espaldas y que sabe combinar sonidos intimistas y melancólicos con ciertos ecos medievales en sus dos primeros trabajos y un cierto aire country en el último. El público escuchó en respetuoso silencio alguna de sus mejores canciones (Rambling Man) y echó en falta otras (The Beast). Cuando terminó, llegamos a tiempo para ver casi todo el concierto de Other Lives, un quintento de Oklahoma cuyo estilo es descrito por la Wikipedia como folk, pero que por actitud y sonido podrían convertirse en los próximos Arcade Fire. O al menos, eso comentamos cuando terminamos de escucharles.

Después vimos el final del concierto de The Chameleons, una veterana banda británica de post-punk, en el escenario vecino y nos dimos una vuelta por el recinto. Descubrimos los escenarios dedicados a los artistas del metal, el hardcore y otros estilos que no pueden estar más alejados del pop: grupos que repiten el mismo riff de guitarra durante minutos disfrazados de monjes ortodoxos y con la cara tapada por una capucha que sólo tenía aperturas para los ojos (sí, el cantante cantaba a través de la tela) o que actúan rodeados de antorchas, cráneos de cabra colgados del escenario y con una cruz invertida a modo de micrófono. El infierno hecho música. Entre alucinados y divertidos, ascendimos hacia la luz para ver salir al escenario a Rufus Wainwright, todo un divo, y después irnos a uno de los conciertos que más nos apetecía ver, el de Girls. Este dueto de San Francisco (cuyo cantante nació en el seno de la secta de los Niños de Dios, por cierto) parecen venir directamente de finales de los años 60, con un sonido a pop californiano con toques quizás psicodélicos y una actitud en el escenario entre despreocupada y espontánea. Vomit es, a pesar de ese título, una de las canciones más emocionantes del 2011.

Mientras sonaba Afrocubism a lo lejos, nos dispusimos a cenar algo antes del concierto de The Cure. Apostamos por la comida tex-mex y, aunque la chica le puso empeño, sus burritos no llegan ni a la suela de los zapatos de los de la cadena Taco del Mar. Poco antes de las diez, nos sentamos en la zona verde para ver a Robert Smith y sus chicos, al igual que otros miles y miles de festivaleros. A diferencia de otras viejas glorias de los ochenta, su sonido es brillante y el repertorio es generoso: tres horas estuvieron sobre el escenario, repasando su larga y fructífera carrera: Llullaby, High, Friday I’m in love, Just like heaven, The walk, Friday I’m in love, Boys don´t cry… Quizás un tanto excesivo para un festival en el que el resto de los artistas dispusieron de menos de una hora para hacer sus conciertos, pero también es cierto que eran el plato fuerte del día (menos para los amantes del metal de los escenarios inferiores, que seguramente disfrutaron mucho con Napalm Death). Diego y yo decidimos dar una vuelta por las tiendas del festival y terminamos en el stand de Ray-Ban viendo un miniconcierto acústico de Joe Crepúsculo. Sonaron sus éxitos Suena brillante y Enséñame a amar (yo eché en falta Batalla de Robots) y la cincuentena de personas que estaban escuchándole terminaron bailando como locas y provocando la desesperación de los encargados de vigilar el stand cuando empezaron a usar los puffs publicitarios de la marca como balones hinchables de los que se lanzan en los conciertos.

Y así llegamos al concierto de The Drums. Nadie me había advertido de que su cantante baila como Leonardo Dantés, así que cuando comenzó a dar saltitos y moverse como una vedette me quedé bastante boquiabierto. La banda tiene dos discos que siguen una misma formula que puede terminar resultando repetitiva, pero que les ha permitido hacer una serie de canciones de sonido eficaz como Best Friend, Forever and Ever, Amen, How it ended y el ya clásico Let’s go surfing, que tocaron esa noche después de haberla retirado de su repertorio.

Eran ya las dos cuando llegó la hora de disfrutar de The Rapture. Aunque How deep is your love me parece una de las mejores canciones del 2011, el resto del disco no me había llamado especialmente la atención. Sin embargo, el directo del grupo les hizo ganar muchos enteros en mi apreciación. Su mezcla de sonidos guitarreros con elementos electrónicos puede hacer pensar en unos Delorean estadounidenses, pero con un cantante infinitamente más carismático. También me hicieron pensar en la ELO cuando el teclista se puso a tocar el saxo. Al final de su actuación, empezaron a sonar los teclados noventeros de How deep is your love y todos nos pusimos a bailar. Fue la manera perfecta para cerrar nuestro paso por este viernes del Primavera Sound.