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Canciones para una Space Opera: “Sabotage”

Star Trek: Más Allá es la decimotercera película de la saga, la tercera desde el lujoso reboot de JJ Abrams de 2009, y el enésimo producto audiovisual relacionado con la serie que se estrenó ahora 50 años y que tan buenos ratos nos ha hecho pasar. Siendo una entrega impar, ya se sabe que la película de Justin Lin, director de unas cuantas entregas de The Fast & The Furious (A todo gas en España), es de las poco memorables de Star Trek. En efecto, la historia no tiene la más mínima lógica, los personajes tienen confictos simplones, las escenas de acción están montadas a un ritmo endiablado (si parpadeas, te pierdes tres planos) y, en general, nada tiene sentido a pesar de los diálogos explicativos nada sutiles que pueblan la película. La palma se la lleva el momento en que Sabotage, de Beastie Boys, se convierte en un arma de destrucción masiva. No tiene ni pies ni cabeza, pero mola mucho. Es la más clara demostración de lo que se llama Rule of Cool.

Editado en enero de 1994, Sabotage fue el primer sencillo del cuarto trabajo de Beastie Boys, Ill Communication, y pronto se convertiría en su mayor éxito desde su ya legendario tema de 1987, You gotta fight for your right to party. Su videoclip, una parodia de las series policiacas de los 70 dirigida por Spike Jonze, volvió locos a los directivos de la MTV, que lo echaban a todas horas. Eso sí, luego los premios de ese año fueron para Crying, de Aerosmith, y Everybody Hurts, de REM (Un gran año para la historia del video, está claro). Con Sabotage, el hip hop comenzaba a invadir el mundo más allá del mercado anglosajón, además de demostrar que el rap estaba madurando y diversificando para combinarse con otros estilos como el rock. Y así es como, pocos años después, artistas como Eminem o Kanye West pudieron convertirse en estrellas globales y dioses en la Tierra.

Star Trek: En la oscuridad

En 2009 J.J. Abrams recibió el encargo de “resucitar” la veterana saga de Star Trek -la serie de televisión que dio origen al fenómeno se estrenó en 1966- y adaptarla a los gustos cinematográficos de las nuevas generaciones. Los guionistas Roberto Orci y Alex Kurtzman, que habían trabajado con Abrams en Alias y Fringe, tuvieron la idea genial de, en vez de hacer un remake, construir la historia en un universo paralelo al de la saga original. Esto les permitió tanto ser fieles a la mitología trekkie como introducir todos los cambios que necesitaran, una ventaja de la que se aprovecha también Star Trek: En la Oscuridad. Quien conozca las películas originales reconocerá situaciones, personajes y escenas, pero también se sorprenderá al ver los cambios introducidos por Abrams, Orci, Kurtzman y el inevitable (y terrible) Damon Lindelof, que en la entrega anterior se conformó con ser productor y en ésta también firma como coguionista.

Aunque estas nuevas entregas de Star Trek tienen un presupuesto y un despliegue de efectos especiales con el que sus predecesoras sólo podían soñar, Abrams y su equipo saben que el secreto de la longevidad de la saga está en el carisma de unos personajes ya de sobra conocidos por sus seguidores, nuevos y veteranos. Como en un capítulo más de una serie, la película no pierde el tiempo en presentaciones y arranca directamente mostrándonos a la tripulación al final de una de sus misiones en el espacio en la que Kirk desobedece las normas de la Flota Espacial para rescatar a Spock de una peligrosa situación. Arranca así la trama de una película cuyo guión funciona como un mecanismo de relojería, donde los engranajes encajan a la perfección haciendo avanzar la historia por vericuetos a veces previsibles, a veces sorprendentes. Y como ocurría en la Star Trek del 2009, a pesar de hablar de temas candentes como el terrorismo y ciertas maneras de combatirlo, lo sabe hacer con sencillez y sin darle al conjunto esa gravedad impostada tan típica de las producciones del sobrevalorado Christopher Nolan.

Precisamente por la importancia que tienen los personajes en la historia, el trabajo de sus actores es fundamental para obtener un buen resultado final. En este sentido, Chris Pine y Zachary Quinto se han hecho ya con sus papeles, convertidos ya en los Kirk y Spock de una nueva generación. Otros miembros de la tripulación como el Scotty de Simon Pegg o el Doctor McCoy de Carl Urban tienen también momentos para lucirse, mientras que la Uhura de Zoe Saldaña aparece un poco más desdibujada que en la anterior entrega. Eso sí, el que más se luce es Benedict Cumberbatch, sacándole todo el jugo a uno de los mejores villanos que se han visto últimamente en la gran pantalla.

La película termina con el famoso monólogo de la serie y los protagonistas de Star Trek dirigiéndose “a donde ningún hombre ha estado jamás”, todo un indicativo de que aun quedan muchas historias por contar de la Enterprise, ya sea en manos de un Abrams enfrascado en la nueva entrega de Star Wars o en las de otro equipo creativo… cosa que quizás fuera lo más recomendable, una vez que las bases de estos nuevos episodios están más que establecidas.

Los anuncios son lo mejor de la tele

Y esto es verdad, sobre todo, cuando se trata de los anuncios de la Superbowl. Marcas y agencias se esfuerzan al máximo para elaborar sus piezas -muchas de ellas pensadas especialmente para las cuatro pausas publicitarias del partido- ya que se aseguran una audiencia y una repercusión enormes… si el anuncio es bueno, claro. El resultado suelen ser pequeñas películas de entre 30 segundos y un minuto de duración en las que uno acaba viendo cosas que nunca creyó posibles en televisión.

Como, por ejemplo, a Psy cantando y bailando su Gangnam Style a unos pistachos de piernas sensuales.

O a Willem Dafoe en el papel de un demonio con su tradicional propuesta: tu alma a cambio de un coche con el que te harás famoso, conocerás a Kate Upton y bailarás con Usher. ¿La banda sonora? Sympathy for the Devil de The Rolling Stones, claro que sí.

No son los únicos famosos que han aparecido este año en los anuncios de la Superbowl. Entre otros, hemos podido ver a Bar Refaeli besando a un gordito friki, a Paul Rudd y Seth Rogen compitiendo por anunciar móviles, a Amy Poehler aturdiendo a preguntas a un dependiente de una tienda de electrodomésticos, a Naya Rivera interpretando a la novia del MyM rojo, a Stevie Wonder y Zoe Saldaña practicando el vudú o a The Rock vendiendo las virtudes de la leche.

Y si no tienes a una estrella famosa, siempre puedes utilizar una canción de éxito: Taco Bell ha utilizado una versión en español del We Are Young de Fun. (“Esta noche, nosotros somos jóvenes, así que vamos a poner el mundo en fuego”) como melodía para uno de los anuncios más surrealistas de la jornada.

Algunos anuncios no son más que chistes más o menos divertidos o derroches de efectos especiales, mientras que otras marcas prefieren emplear historias entrañables de criadores de caballos que se reencuentran con su amigo equino o apostar por la épica, el patriotrismo y Oprah.

Sin embargo, es curioso que uno de los anuncios con más fuerza de este año sea una pieza que no tiene música, ni estrellas, ni grandes efectos especiales: sólo una narración y una serie de imágenes espectaculares de paisajes rurales.

Y entre estas pequeñas grandes películas publicitarias, los estudios de Hollywood aprovechan para incluir adelantos de algunas de las películas más esperadas de la temporada: Oz the Great and Powerful, Iron Man 3, Fast & Furious 6 o Star Trek: Into Darkness.

SOY UN TREKKIE

Ayer fui a ver la precuela de “Star Trek” que ha hecho el gran JJ Abrams y disfruté como el niño que aun soy con esta historia de viajes interestelares a través del hiperespacio, motores de curvatura, vulcanos y romulanos, capitanes vestidos con skyjamas de colores, paradojas espaciotemporales, materia roja y planetas implosivos. Nunca había pensado que tenía un trekkie escondido en mi interior hasta que me di cuenta de que me emocionaba ver a la Enterprise en pantalla. Ahora mismo diría que es la nave espacial cinematográfica más bonita que se haya diseñado nunca, con permiso de los cruceros del Imperio y del Discovery One.

enterprise star trek

Además, cada vez que aparecía uno de los miembros de la tripulación tradicional de la Enterprise se lo comentaba a Diego: “Eh, mira, el doctor”, “el chino”, “el ruso”… También le comentaba tópicos de la serie, como el hecho de que el personaje que lleva el uniforme rojo siempre muere (¿sucederá también en la película? Ah, misterio). A mí el capitán Kirk siempre me cayó un poco mal, soy más fan de Spock y de la glamourosa Uhura. Interpretados ahora por Zachary Quinto y Zoe Saldana, también son de lo mejor de la película.

uhura

Lo mejor de Star Trek es que tiene un cierto encanto naïf y, quitando algunos momentos de la primera entrega cinematográfica, prefiere apostar por las aventuras espaciales y huir del toque místico-trascendente-filosófico de otras películas de ciencia ficción, saga de Star Wars incluida. Por muy fan que sea de Luke, Anakin, Han y la princesa Leia, hay que reconocer que la serie de Star Trek es mucho más Pop. JJ Abrams lo sabe y ha hecho una película que es puro entretenimiento sin pretensiones intelectuales.

Star Trek Original Crew

Además, tenemos un guiño a los noventa: Winona Ryder deja de ser la musa de la Generación X para convertirse en la madre de Spock. ¿Quién se lo hubiera imaginado en 1994? ¿La directora de vestuario se encargaría de hacerle un seguimiento especial para que la chica no se llevara el trabajo a casa?