TIROLINAAAAAAAAAAAAA

Pues no, al final no hubo ni miedaco, ni grititos, ni ataques al corazón, ni vértigo, ni humillación pública, ni nada. Sencillamente, no nos montamos en la tirolina. El Acompañante dijo que iba demasiado despacio y que no molaba nada. Yo respiré aliviado al ver que no tendría que poner mi vida en manos de un cable de acero y un arnés situado a miles de metros de altura…

…así que nos dimos una vuelta por ese centro comercial llamado “Ciudad del Rock”, donde, de vez en cuando, hay algún concierto. El chill out era del Corte Inglés, la pista de snow era de Colgate, la noria era de Moviestar y la Oficina de Turismo de Brasil. De hecho, sólo podías montar en la noria si eras cliente de esa compañía telefónica y mandabas un SMS. ¿Cutre? No, lo siguiente, es decir, el stand de la empresa de trabajo temporal Randstad con su karaoke para que te sintieras como una auténtica estrella del rock. Para compensar, en el stand de Snickers Extreme nos regalaron varias de mis chocolatinas artificiales favoritas.

A las seis y media vimos un poco de la rumbita porrera buenrollista de Los Delinquentes antes de que empazaran a tocar los Stereophonics, un grupo que suena como si Oasis tuviera un buen cantante y no un dios del rock al frente. Ruido guitarrero y voz masculina. Para mí, la combinación perfecta. Air guitar y saltos mientras el grupo tocaba canciones desconocidas para prácticamente todos los asistentes, incluyéndome a mí. Por suerte, no faltaron “Have a nice day”, “Maybe tomorrow” en versión acústica y para cerrar el concierto, “Dakota”. You made me feel like the one…

Entonces comenzó el suspense. ¿Aparecería Amy Winehouse o no? Yo estaba convencido de que, aunque estuviera borracha, dando tumbos e incapaz de articular media frase, la organización la sacaría al escenario para que la viéramos. Llegaron las nueve y la excelente banda de la Winehouse salió al escenario para anunciar, ladys and getlemen, que Amy iba a salir. Y en efecto, salió con su vestido, su peluca y sus corazoncitos con el nombre de Blake en la cabeza, borracha, dando tumbos e incapaz de articular media frase. A cada lingotazo que se metía, cada amago de caerse, cada tocamiento de teta, el público aullaba y vitoreaba enloquecido. Incluso le cantaron esa pegadiza coplillla que dice “Alcohol, alcohol, hemos venido a emborrasharnos…”. ¿Patético? No, lo siguiente. A pesar de todo, de que Amy estaba ausente y cantaba las canciones sin ser verdaderamente consciente de lo que hacía, se podía vislumbrar algun brillo y alguna emoción en medio de la catástrofe. Acompañante no piensa lo mismo y considera que Amy nos tomó el pelo de mala manera y que no se mereció ni un solo aplauso y sí varios tomatazos. Esto dio lugar a una pequeña gran discusión que seguramente retomemos de vez en cuando hasta que compartamos habitación en la residencia de ancianos.

Llegó la hora de comer algo y después de aguantar colas y marabuntas para masticar un wrap con sabor a queso y plástico, nos sentamos en la hierba falsa para ver de lejos el concierto de Jamiroquai. Cuando sonó “Cosmic Girl” me olvidé del dolor de piernas, me levanté y me puse a bailar. She´s cosmic! A mí un disco completo de Jamiroquai se me hace un tanto repetitivo, pero hay varias canciones suyas que me gustan. Entre ellas, la que cerró el espectáculo, “Deeper Underground”, que sonó perfecta y poderosa.

Por último, llegó la hora de ShakiraShakira, simpática, guapa y más delgada que nunca. Shakira siempre se entrega al máximo en los conciertos y nunca se olvida de cantar sus hits: “Te dejo Madrid”, “Inevitable”, “Pies descalzos, sueños blancos”, “Ciega, sordomuda”, “Suerte”, “Las de la intuición”, “Ojos Así”. Hubo sonidos árabes y bailes del viente, dedicó “Hay amores” a Ingrid Bethancourt, y sospecho que hubo algo de playback en “Hips don´t lie”, pero se lo perdono por lo bien que me lo hizo pasar.

Dos horas y media depués de salir de la Ciudad del Rock, conseguí llegar a casa para dormir un poco y estar preparado para el resto de acontecimientos del fin de semana, que se resumen en comidas de cumpleaños en el Vips, sesiones de terapia en el Patatín Company, alguna carroza vislumbrada de lejos y un largo domingo de piscina, casi tan largo como la final de Wimbledon que ganó Nadal. Pero esta vez las masas no volvieron a ocupar la Castellana.

¡YO VOY!

Ya que parece que este año el Summercase ha decidido suicidarse, tendré que sustituirle con una ración de Rock&Río. Lo que al principio parecía una propuesta de las de “mucho ruido y pocas nueces” ha resultado ser mucho más interesante de lo que pensaba. Especialmente el día 4 de julio en el que coincidirán: Shakira y sus caderas; Jamiroquai y sus sombreros; Amy Winehouse y su eyeliner (esperemos que no sus borracheras); y James Morrison, sus bonitas canciones y su calida voz.

¿Quién se apunta?