Her

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Es muy fácil hacer chistes sobre Her y reducirla a “la película que cuenta la historia de amor entre un friqui y su Siri”. Escrita y dirigida por Spike Jonze, protagonizada por un Joaquin Phoenix disfrazado de Ned Flanders acompañado de actores como Amy Adams, Rooney Mara, Chris Pratt, una especialmente brillante Olivia Wilde en un breve papel y la voz de Scarlett Johansson, con música de Arcade Fire y canciones de Karen O… Her podría definirse como el prototipo de película hipster o gafapasta, pero eso implicaría que los árboles no nos dejan ver el bosque.

Bajo su apariencia de capricho postmoderno, el cine de Spike Jonze es mucho más que un juguete intelectual y formalista. Proveniente del mundo del videoclip, sus películas siempre tienen un cuidado acabado estético que, como pasó con Donde Habitan Los Monstruos, es copiado después sin ningún pudor en todo tipo de campañas publicitarias de anunciantes con poca imaginación. Sin embargo, sus películas tienen también muy distintas lecturas, estimulando siempre el intelecto del espectador receptivo. Si su adaptación del cuento de Maurice Sendak era una historia de niños y monstruos, pero también una reflexión sobre la psicología infantil y la figura materna, Her también funciona a distintos niveles y toca muchos temas de una manera tan sutil como eficaz.

Gran parte de las críticas y comentarios que suscita Her se centran principalmente en su componente sentimental. En su relación, Theodore y Samantha pasan por diversos estados perfectamente reconocibles, desde las ilusiones del principio hasta las relaciones sexuales plenamente satisfactorias (en una excelente escena en la que la pantalla funde a negro para dejar claro que el sexo es algo que va más allá de lo meramente físico), pasando por los celos, las dudas o los momentos de crisis. A partir de un punto de partida argumental que fácilmente podría haber caído en lo ridículo y lo absolutamente inverosímil, Jonze construye una de las tramas románticas más creíbles, emocionantes y certeras que se hayan visto en la gran pantalla. Sin embargo, Her es más que una historia de amor, es también una gran película de ciencia ficción que plantea un interesante análisis sobre la llamada Inteligencia Artificial. En resumen, a través de Samantha y su evolución como personaje y como persona, de lo que trata Her es de hacernos reflexionar sobre lo que nos hace humanos… y lo que nos hace más que humanos.

Es curioso leer acerca de como se hizo Her, ya que parece que su brillante resultado final ha sido consecuencia de una serie de malas decisiones. Rodada en Los Angeles y Shanghai durante el verano de 2012, la encargada de dar voz a Samantha era la actriz Samantha Morton, que estuvo presente durante todo el rodaje, actuando desde una cabina de sonido localizada en el plató. Sin embargo, durante un largo proceso de montaje que se prolongó durante 14 meses, Jonze se dio cuenta de que el trabajo de Morton no funcionaba, sustituyéndola por una Scarlett Johansson que está simplemente fabulosa. Así mismo, el director Steven Soderbergh colaboró con Jonze para reducir la duración de la película de unos 150 minutos iniciales a los 90 definitivos, eliminando subtramas y personajes como el interpretado por Chris Cooper. Todo esto podría abrir una reflexión sobre hasta qué punto era merecedora Her de ganar el premio al mejor guión original en la última entrega de los Oscars… o aplicar el principio que se estudia en las escuelas de cine de que el guión no se termina de escribir hasta que acaba el montaje de la película.

La gran estafa americana

Con sus tres últimas películas (The Fighter, El lado bueno de las cosas y La gran estafa americana), David O’Russell se ha convertido en uno de los directores favoritos de la Academia a la hora de repartir nominaciones a los Oscars: 25 candidaturas han obtenido entre las tres películas. ¿Merecidamente? Seguramente no. Quizás le estén compensando por haberle ignorado cuando estrenó sus primeras películas a mediados de los 90… o quizás en el caso de La gran estafa americana(American Hustle en su título original) el hype esté, por una vez, justificado.

Inspirada ligeramente en hechos reales -la operación Abscam, en la cual el FBI recurrió a un timador profesional para destapar varios casos de corrupción a finales de los 70-, La gran estafa americana es la historia de Irving Rosenfeld y su socia y amante Sidney Prosser, dos timadores desenmascarados por el agente del FBI Richie DiMaso. Para evitar su condena, ambos tendrán que ayudar al FBI a atrapar a otros estafadores profesionales… pero la operación pronto va alcanzando a objetivos más importantes: el alcalde de Camdem, varios senadores y la mafia. Sin embargo, esta trama policiaca es una mera excusa para que O’Russell haga un estudio de personajes, un enorme McGuffin que sirve de fondo para la historia de amor entre Irving y Sidney, además de las relaciones que se establecen entre ellos y otros personajes, como el impulsivo agente que utiliza rulos para rizarse el pelo, el simpático alcalde corrupto o la esposa de Irving, una mujer tan inestable como incontrolable. De hecho, gran parte de la película ha nacido de las improvisaciones de los actores dejando de lado el guión cofirmado por Eric Warren Singer y O’Russell, un método de trabajo que el director alienta durante sus rodajes… y que puede terminar transmitiendo la sensación de que la historia no avanza con la claridad o el ritmo necesarios en varios momentos.

Con este método de trabajo, se entiende la gran importancia que tiene el reparto a la hora de conseguir que la película no naufrague en la inconsistencia así como la tendencia de O’Russell a volver a contar con determinados actores con los que ya ha trabajado. En este sentido, los miembros del reparto de La gran estafa americana no defraudan. Amy Adams, una de las mejores actrices de la actualidad, da todo un recital de acentos y estados emocionales sin resultar artificial ni excesiva en ningún momento. Frente a ella, Jennifer Lawrence vuelve a recurrir a esas toneladas de carisma que le acabaron sirviendo para ganar el Oscar a Mejor Actriz el año pasado por El lado bueno de las cosas. Christian Bale vuelve a transformarse físicamente para dar vida al protagonista de la película, pero la sutilidad o contención con las que lo interpreta acaban haciéndole pasar más desapercibido que un adrenalítico Bradley Cooper que es cada vez mejor actor. Jeremy Renner, Robert de Niro, Louis C.K., Alessandro Nivola o Elisabeth Röhm son otros de los nombres destacados del reparto aunque se hayan quedado fuera de las entregas de premios.

Parte esencial del éxito de La gran estafa americana es su recreación estética de la moda de finales de la década de los 70 gracias a un trabajo de dirección artística, vestuario y peluquería que podemos calificar fácilmente de “fabuloso”. Elemento clave a la hora de retrotraernos a los años del apogeo de la música Disco es una banda sonora repleta de grandes temas de la época a cargo de artistas como Donna Summer, The Bee Gees, Elton John, Electric Light Orchestra o Wings, entre otros muchos. Afortunadamente, la música está perfectamente integrada en la trama, funcionando como complemento dramático que aporta fuerza y densidad a varios momentos de la película. Son estos elementos estéticos unidos al trabajo del reparto los que hacen de La gran estafa americana una experiencia cinematográfica más que disfrutable… aunque siempre nos quedará la duda de si este material podría haber dado más de sí en manos de un director más ambicioso o arriesgado que un o’Russell que, aunque en ocasiones juega a ser un Martin Scorsese o un Paul Thomas Anderson, termina siendo más contenido de lo necesario.

Nebraska

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Título a título, Alexander Payne se está convirtiendo en el retratista de los Estados Unidos contemporáneos, de la América real que no sale en las grandes producciones de Hollywood: esos pueblos y ciudades olvidados del interior del país, esos paisajes donde lo vulgar, lo decadente y lo bello van de la mano. Sería fácil calificar a los personajes que pueblan las películas de Payne de perdedores y mediocres, pero quizás sea más adecuado verlos como seres humanos de carne y hueso, con las mismas debilidades y fortalezas que el espectador que les contempla en su devenir. No sé si Nebraska es su mejor película hasta la fecha, pero quizás sí que sea la más emotiva y contenida.

No es de extrañar que Payne se sintiera inmediatamente atraído por el guión del debutante Bob Nelson, cuyos derechos adquirió ya en 2003. Esta “road movie” que lleva a un padre y a su hijo desde Montana hasta Nebraska era un material ideal para el cineasta, introduciendo apenas algunos cambios como las profesiones de los hijos o la parada en el Monte Rushmore, uno de los pequeños grandes momentos de esta pequeña gran película. Todo comienza cuando Woody, un anciano aficionado a la bebida al que se le empieza a ir la cabeza, recibe una carta de una editora de revistas que le informa que ha ganado un millón de dolares, un vulgar ardid promocional que Woody malinterpreta. Decidido a ir hasta Nebraska para cobrar su premio, su hijo David acabará por acompañarle en un viaje en coche por las infinitas carreteras de Estados Unidos. Cuando un pequeño percance les haga retrasarse, ambos tendrán que pasar unos días en Hawthorne, (ficticia) localidad de origen de Woody donde tendrán una serie de reencuentros con las gentes y lugares de su pasado.

Con una banda sonora de profundo sabor americano y rodada en blanco y negro con una tan poderosa como directa dirección de fotografía a cargo de Phedon Papamichael que aumenta la destartalada belleza de sus paisajes, Nebraska reincide en alguno de los temas favoritos de Payne como la relación entre familiares y el (re)descubrimiento de nuevas oportunidades y secretos en la realidad que les rodea. Payne siempre consigue que sus personajes -y con ellos los espectadores- pasen por un proceso de catarsis discreta y profunda. No hay mucha diferencia entre Paul Giamatti abriendo su botella de vino favorita en un restaurante de comida rápida en Entre Copas o Margo Martindale aprendiendo a amar París en el corto dirigido por Payne para Paris Je T’Aime y el final de Nebraska, donde un sencillo paseo en furgoneta acaba convirtiéndose en un pequeño triunfo: Payne siempre consigue que los pequeños detalles (un beso de despedida en la cama del hospital, una mirada triste, una casa en ruinas…) revelen toda su importancia. Evidentemente, el resultado final de Nebraska no habría sido el mismo sin su reparto, donde además del veterano Bruce Dern -premiado en Cannes y candidato al Oscar-, destacan Stacy Keatch, la octogenaria June Squibb en el papel de una madre sin pelos en la lengua, y Will Forte, conocido en Estados Unidos por ser unos de los integrantes de Saturdat Night Live y que aquí hace una contenida y melancólica interpretación.

La gran belleza

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Cuentan los libros de historia que hubo un tiempo en que el cine europeo tenía una industria tan potente como la estadounidense. No olvidemos que, al fin y al cabo, el cine fue inventado por unos hermanos franceses a finales del siglo XIX y que antes de que fuera sonoro y de que las guerras mundiales arrasaran con todo, alemanes y rusos estaban en la vanguardia del séptimo arte. No olvidemos tampoco que durante los 50 y los 60 las filmografías europeas alumbraron interesantes movimientos cinematográficos que traspasaron sus propias fronteras y redefinieron el lenguaje cinematográfico clásico. Pero después de aquello llegó la nada, y el cine europeo parece haber quedado relegado a una curiosidad cinéfila, a producciones que intentan seguir el modelo hollywoodense, a las obras de un puñado de autores y a alguna rareza que logra llegar a nuestras pantallas gracias a festivales y distribuidores locos. Con salvedad de la muy subvencionada cinematografía francesa cuyas producciones siguen estrenándose, más o menos, en nuestras salas, ¿qué sabemos del cine de países como Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Grecia o Italia más allá de dos o tres títulos sueltos y el nombre de algún director concreto?

El resultado es que cualquier película europea se nos antoja extraña o diferente y en gran parte se debe a que nos hemos acostumbrado a ver obras audiovisuales al estilo estadounidense, creadores de una fórmula narrativa muy definida y de un paradigma de guión estructurado que se aplica a todas sus creaciones. Sin embargo, del mismo modo que el lenguaje escrito permite crear más allá de la novela, el lenguaje cinematográfico también tiene muchas posibilidades expresivas. Por eso, La gran belleza, candidata por Italia a llevarse el Oscar a mejor película en habla no inglesa es una gran oportunidad para ver otra forma de contar una historia en imágenes. Aparentemente deslabazada, visualmente excesiva, esta obra de Paolo Sorrentino enlaza perfectamente con la tradición cinematográfica italiana: los paseos nocturnos por una Roma solitaria nos remiten evidentemente al Fellini de La Dolce Vita, pero las fiestas de la clase alta que aparecen en la película no son tan diferentes en espíritu a las que retrataba Antonioni en La Notte. La combinación constante de lo vulgar y lo sublime es el eje que utiliza el director para plasmar la vacua existencia de Jep Gambardella, periodista y vividor que tras celebrar por todo lo alto su 65 cumpleaños comienza a replantearse el sinsentido de su vida. Autor en su juventud de una única pero prestigiosa novela, Gambardella ha dedicado su existencia a ir de fiesta en fiesta en el mundo de la alta sociedad romana, supuestamente progresista, supuestamente intelectual, un universo propio de hedonismo y exceso que contrasta con la serena belleza clásica de una Roma que pocas veces ha aparecido tan bella y majestuosa en la pantalla. De la mano de Gambardella y Sorrentino iremos conociendo los entresijos de ese mundo y los secretos de sus habitantes, un viaje en busca de “la gran belleza” tan fascinante como repulsivo en ocasiones que, quizás, no nos lleve a ningún destino.

Con un duración algo alargada y seguramente perjudicada por la repentina aparición de un par de personajes religiosos en su parte final, La gran belleza no es una película redonda y puede resultar desconcertante y desquiciante por momentos. Sin embargo, hasta entra dentro de lo lógico que una película sobre la vacuidad de la vida tenga su toque de imperfección y de inconsistencia. Recurrir al absurdo termina siendo la única manera de hablar de lo absurdo, y si además se hace a través de escenas y planos visualmente potentes y en ocasiones emocionantes, el espectáculo cinéfilo está servido. Estoy seguro de que ningún espectador podrán mantenerse impertérrito ante el gran momento en que los personajes de la película, en medio de una fiesta, se ponen a bailar esa inolvidable pieza musical que dice Mueve la colita, mamita rica

Oscars 2014: estafadores, esclavos y astronautas a la deriva

Ya están aquí las nominaciones a los Oscars, que nos servirán para discutirlas unas cuantas semanas y luego olvidarnos por completo de ellas hasta el año que viene. Este año, tenemos nueve candidatas a mejor película: La gran estafa americana, Gravity, 12 años de esclavitud, Nebraska, El lobo de Wall Street, Capitán Phillips, Dallas Buyers Club, Her y Philomena. Las cinco primeras tienen nominados a sus directores: David O. Russell, Alfonso Cuarón, Steve Mc Queen, Alexander Payne y Martin Scorsese. Russell, Payne y Scorsese son ya rostros habituales en esta categoría; Cuarón y McQueen se estrenan este año, aunque Cuarón ya ha sido candidato a la estatuilla en otras ocasiones por su trabajo como guionista y montador de Hijos de los Hombres y como guionista de Y tu mamá también.

En el apartado interpretativo, nos encontramos a Christian Bale (La gran estafa americana), Bruce Dern (Nebraska), Leonardo DiCaprio (El lobo de Wall Street), Chiwetel Ejiofor (12 años de esclavitud) y Mathew McConaughey (Dallas Buyers Club) en la categoría principal y a Barkhad Abdi (Capitán Phillips), Bradley Coooper (La gran estafa americana), Jonah Hill (El lobo de Wall Street), Michael Fassbender (12 años de esclavitud) y Jared Leto (Dallas Buyers Club). Los grandes ausentes quizás sean Tom Hanks por su trabajo en Capitán Phillips y Daniel Brühl por Rush. Entre las actrices están Cate Blanchett (Blue Jasmine), Meryl Streep (Agosto), Judi Dench (Philomena), Sandra Bullock (Gravity) y Amy Adams (La gran estafa americana) como protagonistas y Julia Roberts (Agosto), Sally Hawkins (Blue Jasmine), Lupita Nyiong’o (12 años de esclavitud), Jennifer Lawrence (La gran estafa americana) y la octogenaria June Squibb (Nebraska). Aquí podríamos echar de menos a Emma Thompson por su papel en Al encuentro de Mr.Banks. Como curiosidad, podemos comentar que de las cinco actrices nominadas como protagonistas la única que no tiene un Oscar es Amy Adams, a pesar de haber sido candidata en cuatro ocasiones en la categoría de actriz secundaria, y que David O’Russell ha vuelto a conseguir, como en El lado bueno de las cosas, tener a intérpretes de su película presentes en las cuatro categorías.

Entre los guiones candidatos al Oscar figuran, en la categoría de Mejor Guión Original, Woody Allen por Blue Jasmine (es la decimosexta ocasión que está nominado por su trabajo como guionista); Spike Jonze por Her; Eric Singer y David O’Russell por La gran estafa americana; Bob Nelson por Nebraska; y Craig Borten y Melissa Wallack por Dallas Buyers Club. Los candidatos al Mejor Guión Adaptado son Richard Linklater por Antes de Anochecer (ya estuvo nominado por Antes del atardecer); Billy Ray por Capitán Phillips; John Ridley por 12 años de esclavitud; Terence Winter por El lobo de Wall Street y Steve Coogan y Jeff Pope por Philomena.

En el apartado musical tenemos a John Williams consiguiendo su nominación número 50 por La ladrona de libros; Steven Price por Gravity; Thomas Newman por Al encuentro de Mr. Banks; Alexander Desplat por Philomena y Arcade Fire por Her. Entre las canciones nominadas no se ha colado Lana del Rey con Young and beautiful, pero sí U2 por su tema Ordinary Love para el biopic de Mandela; Pharrell Williams con Happy para Gru 2; Karen O por The Moon Song para Her; el veterano compositor de bandas sonoras para cine y TV Bruce Broughton por Alone yet not alone para la película del mismo nombre; y el matrimonio Kristen Anderson-Lopez y Rober Lopez por Let it go para Frozen.

Entre las películas en habla no inglesa se encuentran La gran belleza por Italia, La Caza por Dinamarca, Alabama Monroe por Bélgica, Omar por Palestina y L’image manquante, una mezcla de documental y cine de animación sobre las atrocidades de los Jemeres Rojos por Camboya. Los largometrajes animados son Frozen, Los Croods, Gru 2; la francesa Ernest y Celestine y Se levanta el viento, de Miyazaki. El corto que precedía a Frozen, Get a Horse, también está nominado en su categoría. En cambio, ninguna de las producciones de Pixar de este año ha conseguido colarse en los apartados destinados a la animación.

Del resto de categorías podemos destacar que Jackass Presents: Bad Grandpa va a poder presumir de tener una nominación al Oscar a Mejor Maquillaje y Peluquería; que The Grandmaster, la última película de Wong Kar Wai es candidata en las categorías de Vestuario y Fotografía; el fracaso de A propósito de Llewyn Lewys, de los hermanos Coen, sólo presente en las categorías de Montaje de Sonido y Fotografía; la inexplicable ausencia de Pacific Rim en las categorías técnicas; y por supuesto, la aportación española materializada a través del madrileño Esteban Crespo, nominado al Mejor Cortometraje por Aquel no era yo.

Anunciadas las candidaturas para los Independent Spirit Awards

La temporada de premios cinematográficos acaba de comenzar con el anuncio de los candidatos a los premios Independent Spirit que, como indica su nombre, sirven para dar un reconocimiento a las películas independientes más destacadas del año. Éstas son las cinco nominadas a mejor película:

12 Years a Slave (12 años de esclavitud), de Steve McQueen.
All Is Lost (Cuando todo está perdido), de JC Chandor.
Frances Ha, de Noah Baumbach.
Inside Llewyn Davis (A propósito de Llewyn Davis), de los hermanos Coen.
Nebraska, de Alexander Payne.

Aquí encontraréis el listado completo de candidatos. Lo que a nosotros más nos ha gustado ha sido:

Spring Breakers sólo tiene una nominación, pero es para su maravillosa fotografía.

-Cate Blanchett está nominada por Blue Jasmine, claro. Además, entre los actores y actrices nominados nos encontramos a gente que nos cae bien como Julie Delpy, Jared Leto, Bruce Dern, Mathew McCouneghy, Michael Fassbender, Gaby Hoffman, James Galdonfini o Robert Redford. Joseph Gordon Levitt, por su parte, ha sido nominado en la categoría de Primer Guión por su trabajo para Don Jon.

Nebraska y 12 years a slave estarán seguramente en las categorías más importantes de los Oscars.

La vida de Adele y Gloria están entre las candidatas a mejor película extranjera.

Argo

Cuando en octubre se estrenó Argo, la opinión mayoritaria entre quienes la vimos es que era una buena película, un entretenido thriller y la demostración de que Ben Affleck es, seguramente, mejor director que actor. Pero es justo reconocer que nadie pensó en aquel momento que unos meses después se convertiría en la ganadora del Oscar a Mejor Película, mucho menos en un año en el que han estrenado películas directores como Spielberg, Bigelow, Tarantino, Paul Thomas Anderson, Wes Anderson…

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Cierto es que este año los Oscars han estado bastante repartidos, pero el hecho es que el premio más importante de la noche fue para la tercera película de Affleck. Para la historia queda la anécdota de ser la primera cinta que gana el Oscar a la Mejor Película sin que su director estuviera nominado desde Paseando a Miss Daisy (detalle para el Trivial: las otras dos películas que comparten este hecho son Alas y Gran Hotel). ¿Se merecía Affleck la nominación? Seguramente sí. ¿Se merecía llevarse la estatuilla? Ese ya es otro tema.

Premios y polémicas aparte, hay que reconocer que, en efecto, Argo es una buena película. En ella se nos cuenta la operación secreta que la CIA diseñó para sacar de Irán a seis trabajadores de la embajada estadounidense en Teherán que consiguieron escapar del asalto a la misma durante la revolución que en 1979 derrocó al Shah de Persia e instauró el régimen islamista que aun sigue vigente en dicho país. Escondidos en la residencia del embajador canadiense, la manera de sacarles del país fue hacerles pasar por componentes de un equipo de producción en busca de localizaciones para rodar una película de ciencia ficción en Irán, una película llamada “Argo”.

La gran virtud de Argo es que, a pesar de que está basada en una historia real cuyo desenlace es más o menos conocido por todo el mundo, la película logra que el espectador esté pegado a su butaca durante todo su metraje, manteniendo la tensión y el suspense en escenas tan brillantes como las ambientadas en el bazar y en el aeropuerto. Si lo comparamos con otro éxito reciente de crítica y público, éste era el gran defecto de Lo imposible, donde la historia no conseguía ir más allá de la mera recreación de los hechos. Eso sí, puestos a ser estrictos, hay que indicar que ambas escenas son invenciones del guionista Chris Terrio. Y éste es un debate mucho más interesante que el de la no-nominación de Affleck: ¿hasta que punto es lícito alterar lo sucedido en la realidad para construir una narración fílmica? En este sentido, Argo falsea tanto los hechos en aras de la eficacia cinematográfica que más que estar “basada” en una historia real, su cartel debería indicar que está “inspirada”. Es conveniente tener en cuenta que la película simplifica hechos e inventa otros nuevos, elimina personajes y minimiza el papel de los servicios secretos canadienses en la operación de rescate.

La eficacia de Argo no reside sólo en este guión manipulado pero muy efectivo sino también en una brillante dirección artística que consigue llenar la pantalla con la estética de finales de los setenta y en el trabajo de su reparto. Affleck no es un gran actor, pero ha sabido rodearse en Argo de intérpretes del nivel de Bryan Cranston, Victor Garber, Alan Arkin, Kyle Chandler, John Goodman, Alan Arkin, Tate Donovan, Clea Duvall o Scoot McNairy. Todos ellos consiguen que la película sea un intersante thriller que ha permitido que las generaciones actuales redescubran una interesante página de nuestra historia. Sin embargo, por mucho que lo intenta, Argo no consigue tener una dimensión social y política que sí tenía la mucho más humilde adaptación de Persepolis, el comic de Marjane Satrapi que puede funcionar como un excelente complemento para la ganadora del Oscar de Mejor Película de 2013.