Oscars 2014: estafadores, esclavos y astronautas a la deriva

Ya están aquí las nominaciones a los Oscars, que nos servirán para discutirlas unas cuantas semanas y luego olvidarnos por completo de ellas hasta el año que viene. Este año, tenemos nueve candidatas a mejor película: La gran estafa americana, Gravity, 12 años de esclavitud, Nebraska, El lobo de Wall Street, Capitán Phillips, Dallas Buyers Club, Her y Philomena. Las cinco primeras tienen nominados a sus directores: David O. Russell, Alfonso Cuarón, Steve Mc Queen, Alexander Payne y Martin Scorsese. Russell, Payne y Scorsese son ya rostros habituales en esta categoría; Cuarón y McQueen se estrenan este año, aunque Cuarón ya ha sido candidato a la estatuilla en otras ocasiones por su trabajo como guionista y montador de Hijos de los Hombres y como guionista de Y tu mamá también.

En el apartado interpretativo, nos encontramos a Christian Bale (La gran estafa americana), Bruce Dern (Nebraska), Leonardo DiCaprio (El lobo de Wall Street), Chiwetel Ejiofor (12 años de esclavitud) y Mathew McConaughey (Dallas Buyers Club) en la categoría principal y a Barkhad Abdi (Capitán Phillips), Bradley Coooper (La gran estafa americana), Jonah Hill (El lobo de Wall Street), Michael Fassbender (12 años de esclavitud) y Jared Leto (Dallas Buyers Club). Los grandes ausentes quizás sean Tom Hanks por su trabajo en Capitán Phillips y Daniel Brühl por Rush. Entre las actrices están Cate Blanchett (Blue Jasmine), Meryl Streep (Agosto), Judi Dench (Philomena), Sandra Bullock (Gravity) y Amy Adams (La gran estafa americana) como protagonistas y Julia Roberts (Agosto), Sally Hawkins (Blue Jasmine), Lupita Nyiong’o (12 años de esclavitud), Jennifer Lawrence (La gran estafa americana) y la octogenaria June Squibb (Nebraska). Aquí podríamos echar de menos a Emma Thompson por su papel en Al encuentro de Mr.Banks. Como curiosidad, podemos comentar que de las cinco actrices nominadas como protagonistas la única que no tiene un Oscar es Amy Adams, a pesar de haber sido candidata en cuatro ocasiones en la categoría de actriz secundaria, y que David O’Russell ha vuelto a conseguir, como en El lado bueno de las cosas, tener a intérpretes de su película presentes en las cuatro categorías.

Entre los guiones candidatos al Oscar figuran, en la categoría de Mejor Guión Original, Woody Allen por Blue Jasmine (es la decimosexta ocasión que está nominado por su trabajo como guionista); Spike Jonze por Her; Eric Singer y David O’Russell por La gran estafa americana; Bob Nelson por Nebraska; y Craig Borten y Melissa Wallack por Dallas Buyers Club. Los candidatos al Mejor Guión Adaptado son Richard Linklater por Antes de Anochecer (ya estuvo nominado por Antes del atardecer); Billy Ray por Capitán Phillips; John Ridley por 12 años de esclavitud; Terence Winter por El lobo de Wall Street y Steve Coogan y Jeff Pope por Philomena.

En el apartado musical tenemos a John Williams consiguiendo su nominación número 50 por La ladrona de libros; Steven Price por Gravity; Thomas Newman por Al encuentro de Mr. Banks; Alexander Desplat por Philomena y Arcade Fire por Her. Entre las canciones nominadas no se ha colado Lana del Rey con Young and beautiful, pero sí U2 por su tema Ordinary Love para el biopic de Mandela; Pharrell Williams con Happy para Gru 2; Karen O por The Moon Song para Her; el veterano compositor de bandas sonoras para cine y TV Bruce Broughton por Alone yet not alone para la película del mismo nombre; y el matrimonio Kristen Anderson-Lopez y Rober Lopez por Let it go para Frozen.

Entre las películas en habla no inglesa se encuentran La gran belleza por Italia, La Caza por Dinamarca, Alabama Monroe por Bélgica, Omar por Palestina y L’image manquante, una mezcla de documental y cine de animación sobre las atrocidades de los Jemeres Rojos por Camboya. Los largometrajes animados son Frozen, Los Croods, Gru 2; la francesa Ernest y Celestine y Se levanta el viento, de Miyazaki. El corto que precedía a Frozen, Get a Horse, también está nominado en su categoría. En cambio, ninguna de las producciones de Pixar de este año ha conseguido colarse en los apartados destinados a la animación.

Del resto de categorías podemos destacar que Jackass Presents: Bad Grandpa va a poder presumir de tener una nominación al Oscar a Mejor Maquillaje y Peluquería; que The Grandmaster, la última película de Wong Kar Wai es candidata en las categorías de Vestuario y Fotografía; el fracaso de A propósito de Llewyn Lewys, de los hermanos Coen, sólo presente en las categorías de Montaje de Sonido y Fotografía; la inexplicable ausencia de Pacific Rim en las categorías técnicas; y por supuesto, la aportación española materializada a través del madrileño Esteban Crespo, nominado al Mejor Cortometraje por Aquel no era yo.

Anna Karenina

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“Todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera”. Así comienza Anna Karenina, la famosa novela del escritor ruso León Tolstoi. Sin embargo, la frase no es citada en ningún momento durante la última adaptación al cine de esta historia de amor y adulterio ambientada en el mundo de la aristocracia rusa de finales del siglo XIX, a caballo y tren entre Moscú y San Petersburgo. El guión corre a cargo de Tom Stoppard, ganador del Óscar por su trabajo en Shakespeare in Love y autor de los libretos de películas como Brazil o El imperio del sol y obras de teatro como Rosencrantz y Guildenstern han muerto. Stoppard es un brillante escritor y ha sabido concentrar todo el drama de una novela de más de ochocientas páginas en una película de dos horas de duración, un trabajo que ha consistido en ir a la esencia de la historia, seleccionando las frases y momentos más adecuados para profundizar en la evolución psicológica de los múltiples personajes que pueblan las páginas y las imágenes de Anna Karenina.

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Y vale la pena empezar esta crítica destacando el trabajo de Stoppard porque sin su buen hacer, sin su depuración del material original, la labor de puesta en escena del director Joe Wright no funcionaría tan bien como lo hace. El director de Orgullo y Prejuicio y Hanna ha optado por llevar a la pantalla la historia de Anna Karenina de una forma tan original como espectacular: gran parte de la película se ambienta en un teatro, donde los personajes representan la historia tanto para el espectador como para ellos mismos, moviéndose en ocasiones más como bailarines que como actores. Candilejas, telones, trenes de juguete, escenarios pintados se mueven a su alrededor a un ritmo tan controlado al milímetro como vertiginoso, creando un mundo propio que se mueve al compás de la magnífica banda sonora de Dario Marianelli. Wright ya había demostrado su dominio del ritmo narrativo y su capacidad para que la imagen cinematográfica cobre un carácter sensorial que traspasa la pantalla en la prácticamente perfecta primera hora de Expiación, y aquí lo vuelve a demostrar. Las escenas en las que Anna y Vronsky se entregan a su pasión y hacen el amor no son nada explicitas, resueltas como están en primerísimos primeros planos de las caras y cuerpos de los actores, pero son extremadamente sensuales.

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Wright ha explicado que esta puesta en escena, que puede recordar a experimentos cinematográficos de directores como Peter Greenaway o Lars Von Triers, tiene su razón de ser en la crisis de identidad que sufría la clase alta rusa en ese período histórico. Esa sociedad que se movía entre el respeto a la tradición y la apertura hacia la cultura occidental era un mundo de apariencias e hipocresía, una inmensa obra de teatro donde una pasión desbocada y enloquecida como la que siente Anna Karenina es un escándalo que la condena al ostracismo. Nada más lógico que plasmar ese fingimiento convertido en forma de vida que transformar a quienes lo pueblan en actores de una perpetua representación teatral. Sólo en ocasiones puntuales, cuando no hay actuación, cuando los personajes son ellos mismos, el entorno que les rodea es el mundo real. A este respecto, el vestuario diseñado por Jacqueline Durran y ganador del Óscar en su categoría, es suntuoso y elegante, pero a la vez está concebido como una trampa que encierra y domina a sus personajes, casi como una especie de sudario.

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La actriz fetiche de Wright, Keira Knightley, sucede a mitos como Greta Garbo y Vivien Leigh para dar vida a Anna Karenina. Su trabajo seguirá sin convencer a sus detractores y encantará a sus seguidores, quienes, en este caso, son los que llevan razón. Pero Knightley sólo es un engranaje más en la delicada maquinaría de esta película-caja de música. Las piezas no terminarían de encajar sin la entrega física de Aaron Taylor-Johnson, la contención de Jude Law y el buen trabajo de secundarios como Kelly MacDonald, Matthew MacFayden, los jóvenes Alicia Vikander y Domhnall Gleeson y rostros como los de las siempre eficaces Olivia Williams y Emily Watson y el de Michelle Dockery, la Lady Mary Crawley de Downton Abbey.

Bestias del sur salvaje

Bestias del Sur Salvaje

Cuando se anunciaron las nominaciones a los Oscars de este año, seguramente una de las mayores sorpresas fue la inclusión del debutante Benh Zeitlin en la categoría de mejor director en detrimento de nombres como los de Kathryn Bigelow o Ben Affleck. Su ópera prima, Bestias del Sur Salvaje (Beasts of the Southern Wild), conseguía también candidaturas a los premios de mejor película, mejor guión adaptado y mejor actriz protagonista para Quvenzhané Wallis, quien a sus nueve años de edad se ha convertido en la nominada a esa categoría más joven de la historia. La pregunta es: ¿Son merecidos todos estos reconocimientos, además de los conseguidos en Sundance y Cannes? La respuesta es: Sí, sin dudarlo.

Hushpuppy

Bestias del Sur Salvaje es la historia de Hushpuppy, una niña de seis años que vive con su padre en una isla de los bayous de Luisiana a la que sus habitantes llaman “La Bañera”. La comunidad vive apartada del mundo, pero sus miembros son gente feliz. Como dice Hushpuppy, “en La Bañera hay más vacaciones que en el resto del mundo”. La llegada de una fuerte tormenta pone en peligro la isla y muchos de sus habitantes la abandonan. Sin embargo, Hushpuppy, su padre y un reducido grupo de personas se negarán a abandonar sus hogares aunque tengan que afrontar todo tipo de dificultades para sobrevivir. No es una historia compleja, pero sabe jugar bien con dos cartas. La primera es guardar lo mejor para el final: en sus últimos minutos, la película despliega todo su potencial dramático de una manera natural y casi imperceptible, regalando al espectador imágenes tan bellas y emocionantes como las protagonizadas por Hushpuppy y sus bestias salvajes. La segunda es haber dado a una historia local un toque universal y alegórico: Benh Zeitlin consigue que Bestias del Sur Salvaje hable de conceptos cosmológicos de una forma sencilla y mucho más eficaz que la pretendida por Terrence Malick en El árbol de la vida. Y esto a pesar de (o gracias a) contar con un presupuesto de menos de un millón y medio de dolares y un reparto formado por actores sin experiencia ni formación.

Bestias del Sur Salvaje

Es curioso también comprobar cómo Hollywood ha construido a lo largo de las décadas una imagen determinada de los Estados Unidos en nuestras mentes, tanto de sus grandes ciudades como de su mundo rural, que cuando uno ve cintas como ésta o Winter’s Bone, donde la acción transcurre en lugares deprimidos y sucios, cuesta creer que se trate de historias ambientadas en ese país. Bestias del Sur Salvaje nos muestra paisajes y personajes muy alejados de los tópicos y arquetipos establecidos tanto por las películas de los grandes estudios como por el llamado cine independiente que llega a nuestras pantallas. Es una sorpresa narrativa y estética en todos los sentidos que quienes aprecien el buen cine no deberían perderse.

EL TOPO

Hay una escena de “El Topo” en la que coinciden en pantalla Benedict Cumberbatch y Laura Carmichael. Él es el Sherlock Holmes contemporáneo de la BBC y ella es Lady Edith Crawley, la hermana fea de “Downton Abbey”. El teléfilo en su vertiente más británica se alegra al verlos y reconocerlos y se congratula de la facilidad con la que los actores pueden saltar actualmente de la pequeña a la gran pantalla, algo que en los 80 y en los 90 era prácticamente inconcebible. Éste es sólo un indicio más de que el tópico de que “el mejor cine se hace ahora en televisión” es una Gran Verdad Incuestionable.

Pero “El Topo” (en su versión original “Tinker Tailor Soldier Spy”, un título que hace referencia a una canción infantil inglesa) es precisamente una de esas películas que pueden reconciliar al público con el cine actual, una propuesta cinematográfica para el espectador maduro y exigente que sabe disfrutar con una propuesta excelentemente escrita, dirigida e interpretada. “El Topo” es la adaptación a la gran pantalla de la novela escrita en 1974 por John le Carré y ambientada, lógicamente, en el mundo de los espías de la Guerra Fría. Gary Oldman, nominado por primera vez al Oscar gracias a su trabajo en esta película, interpreta a George Smiley, un agente encargado de descubrir al topo que los soviéticos han conseguido infiltrar en la cúpula de los servicios secretos británicos. ¿Quién será el traidor?

Desde el arranque de la película, ambientado en un café de Budapest, el director sueco Tomas Alfredson -quien dio el salto internacional con su anterior cinta, “Déjame Entrar”- sumerge al espectador en una espiral de intriga y tensión sin descuidar la caracterización de cada uno de los personajes principales de la acción, envolviéndolos en una sutil ambigüedad moral. “El topo” es una película de suspense, pero también una disección de un grupo de personajes que dan la oportunidad de lucirse a un brillante conjunto de actores, desde los veteranos como Ciaran Hinds, Colin Firth, John Hurt o Toby Jones hasta lo más jóvenes como Tom Hardy o el ya mencionado Cumberbatch, tan feo que resulta irresistiblemente atractivo.

En resumen, si sólo vais al cine a ver una película al año, “El topo” sería una de las opciones más recomendables. Ah, y con su partitura para ella, el español Alberto Iglesias ha conseguido su tercera candidatura al Oscar.

EL SECRETO DE KELLS

El secreto del libro de Kells

En 2010, en la categoría de Mejor Largometraje de Animación, junto a títulos tan brillantes (y de estilos y tonos muy variados) como “Up”, “Tiana y el Sapo”, “Coraline” y “Fantástico Mr.Fox”, se coló por sorpresa una producción europea llamada “The secret of Kells” (traducida en España como “El secreto del libro de Kells”). Hace poco la vimos Diego y yo y a los dos nos pareció una pequeña joya del cine de animación en particular y del séptimo arte en general.

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Ambientada en la Irlanda medieval, “El secreto de Kells” cuenta la historia de Brendan, un niño que nunca ha salido de la Abadía de Kells. Su tío, el abad Cellach, dedica todos sus esfuerzos a construir una muralla fuerte y poderosa que impida que el lugar sea arrasado por los vikingos, una misión en la que involucra a toda la comunidad.

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Un día llega al poblado un viejo monje junto con su gato, los dos únicos supervivientes del ataque vikingo a un pueblo vecino. El viejo monje trae consigo un libro maravilloso que sólo podrá terminar con la ayuda de Brendan. Pero para ello, Brendan deberá enfrentarse a su tío y adentrarse en el bosque, donde se encontrará con espíritus protectores y terribles dioses primitivos.

Brendan y Aisling

“El secreto de Kells” es una película bastante más compleja de lo que parece a simple vista. El público infantil disfrutará con el tono mágico con el que se cuenta la relación entre Brendan y Aisling, el espíritu que protege el bosque y que le ayuda a encontrar los elementos necesarios para terminar el libro de Kells, y seguramente también pase miedo con los vikingos y los malignos seres mitológicos a los que ambos se enfrentan. Pero, ¿qué película de dibujos animados que se precie no tiene algún momento terrorífico?

Monstruos!

El público adulto, en cambio, podrá disfrutar de una historia donde se reflexiona sobre la importancia de algo tan aparentemente insignificante como un libro en una época donde parece que la supervivencia de la comunidad es la cuestión fundamental. El resultado del enfrentamiento entre ambas posturas está lleno de matices y no termina de resolverse a favor de ninguna de ellas. Asimismo, el espectador disfrutará con una animación de líneas claras y sencillas y de una clara inspiración medieval, algo que tiene una evidente razón de ser.

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Muchos de los fotogramas de la película parecen miniaturas medievales porque el libro del que se habla en la película es una obra real, un manuscrito realizado por monjes celtas de la abadía de Iona y continuado por los de la Abadía de Kells a principios del siglo IX. En él se recogen los cuatro evangelios (aunque faltan las últimas páginas del de Juan), adornados profusamente con viñetas e intrincados motivos ornamentales que alcanzan su máxima expresión en la elaboración del “Xi Ro”, el monograma de Cristo, que ocupa la totalidad de la página 34 del libro. Por todo ello, el Libro de Kells es considerado uno de los principales tesoros artísticos y culturales de Irlanda.

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Y además, por si fuera poco, es una película donde sale un bonito gato llamado Pangur Ban, nombre sacado del poema que un monje dedicó a su mascota en el siglo VIII.

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EL DISCURSO DEL REY

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Cuando eran los dueños de Miramax, los Weinstein se acostumbraron a coleccionar nominaciones y estatuillas en la ceremonia de los Oscar gracias a títulos como Pulp Fiction, El Paciente Inglés, Shakespeare in Love, Las Normas de la Casa de la Sidra o Chocolat. Establecidos desde 2005 en una nueva compañía, The Weinstein Company, los controvertidos hermanos han vuelto a ser un nombre a tener en cuenta en la temporada de premios después del resbalón de Nine gracias a El Discurso del Rey,la película con mayor número de candidaturas en la presente edición de los premios de la Academia.

De estas doce nominaciones, la que parece que con toda seguridad se convertirá en premio es la de Mejor Actor para Colin Firth, quien da vida a Jorge VI, quien subió al trono cuando su hermano mayor, Eduardo VII, tuvo que abdicar para poder casarse con la divorciada estadounidense Wallis Simpson. Sin embargo, los entresijos de la política palaciega son sólo una trama secundaria (aunque no por ellos menos importante e interesante) para El discurso del Rey, que se centra en la relación entre el futuro rey y Lionel Logue, el profesor de logopedia que le ayudó a superar su tartamudez. A éste le da vida otro actor estupendo, Geoffrey Rush, ganador del Oscar por la olvidada Shine y más conocido por el gran pública por su papel de Barbossa en la trilogía de Piratas del Caribe. Completan el reparto nombres como los de Helena Bonham Carter (a quien más le valdría dejar de lado las películas de su marido y dedicarse a títulos más interesantes como éste), Guy Pearce, Michael Gambon o Claire Bloom.

El discurso del Rey es, por una parte, una película pequeña e intimista, basada en la relación de amistad que se va tejiendo entre alumno y profesor. Pero, como comentaba antes, también es una película que analiza la situación política en la Inglaterra de entreguerras en una Europa que se precipitaba hacia una nueva guerra y el papel que desempeñaba la monarquía británica en ese panorama, así como una reflexión sobre el creciente papel de la imagen en una sociedad en la que los medios de comunicación de masas iban ganando en presencia e importancia. Que el conjunto resulte equilibrado e interesante es tanto mérito de su reparto como de Tom Hopper, director que firma con éste su segundo largometraje después de una interesante y galardonada trayectoria en el mundo de la televisión, y David Seidler, veterano guionista que, personalmente, espero se lleve el Oscar en su categoría por encima de los fuegos de artificio de Nolan.

SLUMDOG MILLIONAIRE

Slumdog Millionaire
Hace un año lei “¿Quién quiere ser millonario?”, la novela de Vikas Swarup en la que se basa “Slumdog Millionaire” (aka “Un millonario muy perro” o “Concursa como puedas”). El libro me atrajo por dos cosas: porque la India es un país que me gusta y porque yo también he sido concursante de televisión. Una vez leido, me pareció una historia bastante simplona, no demasiado bien escrita y que, quitando un par de aciertos puntuales y de buenas ideas, no pasaba de ser un libro entretenido más.

Según cuentan, este tipo de libros son los mejores para adaptarlos al cine. De muchas novelas mediocres han surgido excelentes películas, casi tantas como malas películas han salido de novelas brillantes.

En este caso, el aforismo se cumple: la película es mejor que el libro, del que, en realidad, es una adaptación bastante libre. Quitando el hilo conductor del concurso y la primera parte de la película que cuenta la infancia del protagonista, cualquier parecido entre película y novela es pura coincidencia. Con estos cambios, “Slumdog Millionaire” ha perdido parte de la ironía con la que el libro describía algunos aspectos de la sociedad india. Tampoco el protagonista es igual: en el libro quedaba claramente reflejado su carácter de pobre infeliz, un inculto ingenuo que no sabe comprender el mundo que le rodea. El Jamal Malik de la película parece más espabilado, ingenioso y activo, y yo, personalmente, me lo creo menos. En cambio, la película ha ganado en carga sentimental y en coherencia interna. La historia de amor, practicamente ausente en el libro, es la gran baza de la película y es la que termina convirtiéndola en la favorita de las entregas de premios: después de un ligero bajón en su parte central, la última media hora es brillante, bonita y emocionante.

Por lo demás, se nota claramente que “Slumdog Millionaire” es una película de Danny Boyle: colores vivos, montaje rápido, predilección por los primeros planos, gusto por los desenfocados artísticos y una banda sonora muy potente. Da lo mismo que la película vaya sobre los arrabales de Bombay, los heroinómanos de Edimburgo, pijos en una playa, astronautas que viajan al sol o zombies que asolan Inglaterra… su sello personal salta siempre a la vista. Boyle es un gran director, y no me quejaré si le dan el Oscar, pero no me parece que “Slumdog Millionaire” sea mejor que algunos de sus trabajos anteriores. Quizás el secreto esté en que, a diferencia de “28 días después” o “Sunshine”, en esta ocasión el conjunto resulta más equilibrado y el final es redondo, aunque también es una película más convencional y menos arriesgada.

Pero he de decir que, en lo que respecta a los Oscars, tengo la impresión de que Benjamín Botón será el triunfador de la noche…