OMD: English Electric

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OMD, Orchestral Manoeuvres in the Dark, Maniobras Orquestales en la Oscuridad, son una de las bandas esenciales para entender qué era el synthpop de principios de los 80. En discos como Organisation y Architecture & Morality supieron combinar experimentación musical con éxitos comerciales como Enola Gay o Maid of Orleans. Sin embargo, como a muchos compañeros de promoción, la llegada de los noventa no les sentó bien. El núcleo de la banda, formado por Paul Humphreys y Andy McCluskey, se separó y, aunque McCluskey siguió publicando discos bajo el nombre de OMD, los resultados artísticos no estaban a la altura del prestigio de la nada. En 1996, después de publicar Liberator, McCluskey decidió poner fin a OMD y dedicarse a otros asuntos… como componer canciones para Atomic Kitten.

Afortunadamente, Humphreys y McCluskey volvieron a reunirse a mediados de los 2000 para dar una serie de conciertos. Eso les animó para volver a grabar un disco juntos: History of Modern, editado en 2010 para alegría de todos sus fans. Tres años después, nos llega English Electric. A diferencia de History of Modern, un compendio de canciones que recogían muchos de los sonidos que ha tenido OMD a lo largo de su trayectoria, este nuevo trabajo ofrece una mayor coherencia estilística y temática, al haber sido compuesto en su mayoría en los dos últimos años mano a mano por McCluskey y Humphreys. Desde su arranque, en el que una voz femenina robotizada nos anuncia que el futuro que habíamos anticipado ha sido cancelado (“The future that you anticipated has been cancelled. Please remain seated and wait for further instruction”) queda claro que el disco gira en torno a la decepción y a la nostalgia por un futuro que ha resultado ser muy diferente al que nos habían prometido, algo que queda de manifiesto en otros de los cortes más experimentales de English Electric como Atomic Ranch (“I want a house, and a car, and a robot wife. I want two kids, and a yard, and a perfect life. I want a job, in a block, that can touch the sky. I want a future so bright, that it burns, my eyes”) o The Future Will Be Silent (“The future is the shadow of today”).

English Electric es un disco melancólico, donde OMD ha sabido no recargar las canciones. La producción reduce los arreglos al mínimo y deja que las melodías se desarrollen con naturalidad. El resultado es un disco electrónico donde los sintetizadores suenan orgánicos. El primer sencillo de este duodécimo trabajo de OMD, Metroland, es un buen ejemplo de este sonido evocador que envuelve también a canciones que, como otros grandes clásicos de la banda, se inspiran en personajes y hechos históricos (Helen of Troy, Dresden…). ¿Y qué otra banda sería capaz de hacer un tema como Our System, donde samplean grabaciones captadas por la sonda Voyager a lo largo de su viaje por el Sistema Solar? En pleno siglo XXI, los hallazgos musicales de los 80 suenan más vanguardistas que nunca.

Lista UK: Ding Dong, la bruja ha muerto

En pocas ocasiones habrá habido tanta curiosidad morbosa por ver cómo quedaba la lista de sencillos más vendidos en el Reino Unido. Ayer supimos que finalmente el tema de la película El Mago de Oz, Ding-Dong, The Witch is Dead, se quedaba en el segundo puesto, a una distancia de alrededor de cinco mil copias del número uno, Need U (100 %), de Duke Dumont ft A*M*E.

Todo ha sido consecuencia de una campaña difundida por las redes sociales para “celebrar” el fallecimiento el pasado lunes de Margaret Thatcher, una iniciativa que ha contado con el apoyo de miles de personas y que ha despertado una fuerte polémica en las islas. BBC Radio One, por ejemplo, en su repaso semanal a la lista de canciones más vendidas decidió emitir apenas unos segundos del tema, diciendo que la campaña era “poco respetuosa” con la difunta Dama de Hierro. Con una duración de menos de un minuto, Ding-Dong The Witch is Dead es el sencillo más corto que jamás haya estado en el Top 10. Además, hay otra canción que ha entrado esta semana en la lista: I’m in love with Margaret Thatcher, de Notsensibles, en el 35, un tema de 1979 que, a pesar de su tono irónico, ha sido elegido por los seguidores de Thatcher para mostrar su apoyo a la fallecida líder conservadora. Ha conseguido vender 8.768 copias.

En la lista de discos más vendidos, Paramore han tenido el honor de desbancar a Justin Timberlake de lo más alto. Con Paramore, su cuarto trabajo, la banda de rock consigue su segundo número 1 en el Reino Unido. Más interesante nos parece el debut en el 8 de Overgrown, el segundo trabajo de James Blake y un disco del que oiremos hablar mucho a lo largo del año.

Otras entradas de la semana son la de Stone Sour, proyecto paralelo de algunos miembros de Slipknot, con House of gold & bones – pt2 en el 11; la de English Electric, de los pioneros del synthpop OMD, en el 12 (un puesto mucho mejor que el conseguido por History of Modern en 2010, que sólo consiguió llegar al 28); y la de los suecos The Knife, en el 31, con Shaking the Habitual.

MANIOBRAS ORQUESTALES EN LA OSCURIDAD

En mi primera educación musical, aparte de Enrique y Ana y las adaptaciones infantiles de canciones de éxito que hacían en “Sabadabada” y “El Kiosko”, tuvieron un gran peso un par de casettes de temas grabados de la radio con las que mi madre amenizaba nuestros viajes en el fabuloso Talbot Horizon. Police, Supertramp, Rod Stewart, Bruce Springsteen, “La noche no es para mí”, “Yo no te pido la luna”… eran parte del repertorio. Dos canciones eran mis favoritas: “Moon Light Shadow” de Mike Oldfield, y “Enola Gay” de OMD. “Maniobras Orquestales en la Oscuridad”, explicaba mi madre.

Entre videoclips de Tocata y teclados Casio, descubrí más canciones de OMD en aquellos años dominados por sintetizadores y maquillajes inverosímiles. Los noventa trajeron grunge y britpop y se encargaron de convertir el synthpop de OMD y compañeros de generación en algo obsoleto, pasado de moda y tan ridículo como “la música de Ross”. Aunque Andy McCluskey seguía publicando discos con el nombre de la banda, estos pasaban completamente desapercibidos.

Pero el tiempo pasa y pone a todo el mundo en su lugar. La buena música no entiende de etiquetas y esto, añadido a la resurrección del synthpop a través de grupos como Hurts, Cut Copy, The Presets y demás, ha hecho que los grupos de los 80 hayan recuperado el reconocimiento que merecían. Andy McCluskey volvió a reunirse con Paul Humphreys a finales de la pasada década para una serie de conciertos que les llevó, por ejemplo, a la edición del Summercase de 2007. En 2010 publicaron “History of Modern”, un disco en el que se homenajean a sí mismos y la excusa para hacer una nueva gira.

Este martes las maniobras orquestales se desarrollaron en la oscuridad de la sala Heineken. El público adulto se mezclaba con jóvenes que han (re)descubierto a OMD. Todos se rindieron a los bailes epilépticos de McCluskey y el sonido impoluto de los teclados Roland de Humphreys y el resto de la banda. Los cuatro temas que tocaron del último disco no desentonaron en un concierto en el que repasaron todos sus grandes clásicos y algunos temas menos conocidos. Ahí estaban “Messages”, “If you leave”, “Locomotion”, “Souvenir”, la energética “Tesla Girls”, la melancólica “Souvenir”… Por supuesto, los temas más ovacionados de la noche fueron “Enola Gay”, “Electricity” -su primer sencillo y la canción que cerró el concierto- y la magistral “Maid of Orleans”.

Sólo eché en falta algunos temas de los discos de OMD de los noventa como “Pandora´s Box” o “Dream of me”, aunque considerando que Humphreys no formaba parte de la banda en aquella época, entiendo que quede un tanto obviada: sólo tocaron “Sailing on the seven seas” y “Walking on the Milky Way”. De todas formas, salí feliz del concierto de un grupo que forma parte de la banda sonora de mi vida desde la infancia. 2011 nunca ha sonado tanto a 1981.