Okay, Radiohead: 20 años de “OK Computer”

Llevaba varios días leyendo artículos en la red sobre el vigésimo aniversario de la publicación de Ok Computer y estaba algo extrañado porque mi memoria relacionaba ese disco con el otoño de 1997 más que con el verano. Pero no, el tercer disco de Radiohead se publicó el 21 de mayo de 1997 en Japón, el 16 de junio en Reino Unido y el 1 de julio en USA (oh, aquellos tiempos sin P2P ni Spotify). Quizás me lo regalaron por mi cumpleaños (es el 11 de octubre) y de ahí mi recuerdo. Total, en 1997 los “discos del momento” tenían vidas largas, aguantaban meses en las listas y de ellos se extraían sencillos y más sencillos, con sus correspondientes videoclips y promoción. Y tampoco había tantos “discos del momento”, no como ahora, que como no escuches el disco de moda la misma semana que se publique/filtre ya se convierte en historia antigua al mes siguiente. Así que, llevado por esa nostalgia por tiempos mejores que nos envenena el presente, saqué mi OK Computer de la estantería para que me acompañe en mis atascos diarios.

I know a place where some cars go…

La leyenda cuenta que el mundo entero se rindió a Radiohead con este disco maravilloso, uno de los mejores de la historia de la música, y que a partir de entonces la banda sólo publicó obras maestras. Yo, que estaba ahí y lo vi con mis propios ojos, os puedo decir que, aunque hay partes que son verdad (OK Computer ES maravilloso), otras no lo son tanto (desde Hail to the thief la carrera de Radiohead está llena de altibajos, con más bajos que altis). Y por supuesto, para entonces Radiohead ya nos había legado Creep, un himno para esa Generación X dominada por el pesimismo en unos tiempos en los que el concepto “orgullo friki” sólo produciría risas de conmiseración, y sobre todo, ya nos había conquistado con The Bends. Al fin y al cabo, ese disco ya contenía temas como My iron lung, Fake plastic trees, (Nice Dream), Street Spirit (Fade out), Black Star o Just, por los que cualquier grupo mataría. OK Computer no supone una ruptura respecto a The Bends sino que es más una evolución lógica, una versión ampliada, corregida y destilada de los aciertos de éste.

Escuchado veinte años después, OK Computer no resulta tan oscuro ni complejo como la leyenda lo hace parecer. Hay momentos guitarreros que le enlazan con el britpop de Oasis (Airbag pero, sobre todo, Electioneering), pero las grandes influencias del disco están más atrás en el tiempo, en Pink Floyd, Beach Boys y The Beatles. Aunque cuentan que un 80% del disco fue grabado en vivo en una gran mansión alquilada a Jane Seymour, Ok Computer da la impresión de ser un trabajo minucioso y muy meditado, donde cada nota, cada acrode, cada arpegio ha sido pensado hasta el último milímetro para que todo ajuste. Es un disco excelentemente producido: hasta las distorsiones electrónicas suena limpias. De hecho, lo más oscuro de disco seguramente sean las letras: no tanto por su contenido sino por lo que cuesta descifrar lo que canta Thom para unos oídos no anglosajones. Claro, que una vez leídas las letras, está claro que en OK Computer lo importante es cómo se canta, no lo que se canta. Quitándole trascendencia a su trabajo, la banda dice que tanto Paranoid Android como Karma Police tienen su origen en bromas privadas entre ellos, divertimentos musicales con los que pasar el rato a los que quizás no deberíamos darles segundas lecturas. Y sin embargo, estas historias sobre airbags, policías del karma y accidentes de avión acaban siendo un buen retrato del estado de ánimo colectivo del fin de siglo, una época en la que la tecnología comenzaba a dominar el mundo, una desazón añadida a la típica angustia existencial que provocan los cambios de milenio. El milenarismo iba a llegar con el efecto 2k, acordaos. Y Thom, además, te lo canta directamente: prácticamente todos los temas de OK Computer te tratan de tú.

Si OK Computer se ha convertido en uno de los grandes discos de la historia es seguramente a lo equilibrado de su contenido: a diferencia de otros discos donde los sencillos más famosos acaban eclipsando al resto de canciones, aquí todos los temas brillan a gran altura. De hecho, casi todos han sido utilizados en algún momento como banda sonora de películas, anuncios o series (yo recuerdo especialmente una escalofriante escena de A dos metros bajo tierra con Lucky de fondo). También es innegable la influencia que ha ejercido en grupos posteriores, desde los Muse de Time is running out hasta los Arcade Fire de Funeral y Neon Bible. Fitter Happier pegaría tanto en el Human After All de Daft Punk como en el English Electric de OMD. No surprises es, seguramente, la canción a la que Coldplay querían parecerse en temas como Trouble o Fix you.

¿Y qué fue después de Radiohead? Pues, como ya he dicho antes, consiguieron el éxito masivo y una masa de seguidores fieles que aplauden todos sus discos incondicionalmente. Y sobre todo, decidieron aplicarse el consejo que cantan en The Tourist, el tema que cierra el disco con un “Hey man, slow down, slow down / Idiot, slow down, slow down”, y sumergirse en el, este sí, oscuro, electrónico y minimalista díptico que forman Kid A y Amnesiac. Pero de ellos ya hablaremos en 2020 y 2021.

Adiós, Robert, adiós

La última casette que me compré, creo recordar que a 200 pesetas en un Simago en liquidación a finales de los noventa fue 23am, el segundo disco de Robert Miles en el que jugaba más a ser un músico New Age que un DJ. Ni las casettes, ni los Simagos, ni las pesetas, ni el propio Roberto Concina conseguirían mantener su popularidad al llegar el siglo XXI.

No puedes hacer fotos de las descargas digitales

2017 no es 2016, pero el 9 de abril moría en Ibiza a los 47 años Robert Miles. Creador del sonido dream, un estilo de trance que devolvía las melodías a las pistas de baile después de los años de ritmo sin límites ni formas del bakalao más duro (y que nació, según cuenta la leyenda, para que a los asistentes a las raves italianas se les pasara el subidón y volvieran a sus casas sanos y salvos), Robert Miles coleccionó números uno y discos de oro gracias a los sencillos de Dreamland, su disco de debut: Children, Fable y One and one, un tema compuesto por Billy Steinber (coautor de Like a Virgin, Eternal Flame y I drove all night, entre otros clásicos), el simpar Rick Nowels (Heaven is a place on earth, The power of goodbye, media discografía de Lana del Rey) y Marie-Claire D’Ubaldo (compositora y primera cantante de Falling into you, de Celine Dion), grabado primero por la polaca Edyta Górniak pero convertido en un éxito en la versión de Roberto con la voz de Maria Nayler. Los 90 no habrían sido lo mismo sin ellos.

Colorado: Yo te siento así

Estos días se ha filtrado en las redes Song for Her, el sencillo que tres de las Spice Girls – Geri, Emma y Mel B- han presentado bajo el nombre de Spice Girls – GEM. Sin embargo, para el adolescente de los 90 que vive en mí, los únicos G.E.M. que existen son los que en los 90 llenaron pistas de baile con dos temas, tanto en sus versiones en inglés como en español: Yo te siento así (I feel you tonight) y Quiero Volar (I wanna fly).

Como es fácil de sospechar, el nombre del grupo estaba formado por las iniciales de sus integrantes: Germano Martucci, Enrico Buatti y Martina Parenti, aunque entre los compositores de este tema destaca el simpar Stefanpo Secchi. Si Italia ya había dominado el panorama del dance durante los 80, no se iba a quedar atrás durante la edad dorada del eurobeat noventero, regalándonos una serie de clásicos tan facilones como imperecederos a cargo de artistas como Double You, Corona, Alexia, Co.Ro feat Taleesa… Música absolutamente denostada en su momento y que, como le ha sucedido al Disco, ha envejecido muchísimo mejor de lo esperable. De hecho, Yo te siento así da para que un grupo indie de Albacete llamado Colorado (por el apellido de su líder, Modesto Colorado, un veterano que ya ha pasado con proyectos anteriores por Elefant y Jabalina) se presente al gran público con una curiosa versión entre acústica, intimista y melancólica que no hace sino subrayar las virtudes melódicas del tema.

Canciones para una Space Opera: “Sabotage”

Star Trek: Más Allá es la decimotercera película de la saga, la tercera desde el lujoso reboot de JJ Abrams de 2009, y el enésimo producto audiovisual relacionado con la serie que se estrenó ahora 50 años y que tan buenos ratos nos ha hecho pasar. Siendo una entrega impar, ya se sabe que la película de Justin Lin, director de unas cuantas entregas de The Fast & The Furious (A todo gas en España), es de las poco memorables de Star Trek. En efecto, la historia no tiene la más mínima lógica, los personajes tienen confictos simplones, las escenas de acción están montadas a un ritmo endiablado (si parpadeas, te pierdes tres planos) y, en general, nada tiene sentido a pesar de los diálogos explicativos nada sutiles que pueblan la película. La palma se la lleva el momento en que Sabotage, de Beastie Boys, se convierte en un arma de destrucción masiva. No tiene ni pies ni cabeza, pero mola mucho. Es la más clara demostración de lo que se llama Rule of Cool.

Editado en enero de 1994, Sabotage fue el primer sencillo del cuarto trabajo de Beastie Boys, Ill Communication, y pronto se convertiría en su mayor éxito desde su ya legendario tema de 1987, You gotta fight for your right to party. Su videoclip, una parodia de las series policiacas de los 70 dirigida por Spike Jonze, volvió locos a los directivos de la MTV, que lo echaban a todas horas. Eso sí, luego los premios de ese año fueron para Crying, de Aerosmith, y Everybody Hurts, de REM (Un gran año para la historia del video, está claro). Con Sabotage, el hip hop comenzaba a invadir el mundo más allá del mercado anglosajón, además de demostrar que el rap estaba madurando y diversificando para combinarse con otros estilos como el rock. Y así es como, pocos años después, artistas como Eminem o Kanye West pudieron convertirse en estrellas globales y dioses en la Tierra.

OBK y el 12 de septiembre

El del centro es el batería
El del centro es el batería

Doce fue el día
septiembre fue el mes.
Contigo aprendía…cómo hay que querer.
Sufro el castigo…
de ver el final.
Nunca es sencillo volver a empezar…

Si Mecano tiene en propiedad el 7 de septiembre, los Celtas Cortos el 20 de abril y La Oreja de Van Gogh el 20 de enero, OBK podrían reclamar para sí el 12 de septiembre gracias a Dulce Final, el tercer sencillo de su tercer disco, llamado Trilogía. Sonó en las radios, pero no llegó a haber videoclip.

Trilogía era el primer disco que OBK grababa con una multinacional después de haber publicado sus dos primeros trabajos con la independiente Blanco y Negro, sello especializado en música dance y recopilatorios que seguramente nunca espero que Llámalo sueño, el debut del dúo, acabara vendiendo unas 400.000 copias. Después del más intimista y oscuro Momentos de Fe, Trilogía iba a ser un éxito comercial… que no fue. Y eso que el grupo intentó modernizar su sonido, intentado ir más allá del mero synthpop de primeros de los 80 al estilo Yazoo, Erasure o Depeche Mode que les había caracterizado hasta entonces (vamos, que querían ser Vince Clarke) adoptando algún toque eurodance. Era 1995, qué menos. Eso sí, las letras siguieron hablando de historias de amor y ojos que miran con ilusión. Unas con alegría (Mi razón de ser, quizás el mejor tema de este disco, de contagiosa alegría) y otras con el dramatismo habitual marca de la casa (En el cielo hablan de mí, Adagio, Nada soy sin ti…).

Si Trilogía vendió menos de lo esperado, Donde el corazón nos lleve, el siguiente disco de OBK, fue un fracaso rotundo. Seguro que ni os acordabáis de su existencia… Casi como un favor -o para terminar contrato-, Hispavox les editó un recopilatorio de grandes éxitos en 1998 que obró el milagro de hacerles recuperar la fama perdida. Después llegarían los videoclips dirigidos por Juan Antonio Bayona, las producciones de Carlos Jean y los himnos gays. Y más tarde, el abandono del grupo por parte de Miguel Arjona y el olvido de nuevo por parte del gran público. Pero quién sabe, ¿habrá una tercera resurrección?

25 años de “El 7 de septiembre”

Mecano-Aidalai

Desde su publicación como primer sencillo de Aidalai, el último disco de Mecano, el 27 de mayo de 1991, llevamos 25 años acordándonos de Ana, Jose y Nacho cada vez que llega el 7 de septiembre.

Compuesta por Nacho Cano y dedicada a la que fuera su pareja durante varios años, la poetisa Coloma Fernandez Armero, El 7 de septiembre es una canción con todas las claves que hicieron de Mecano el grupo de pop español más exitoso de todos los tiempos: el synthpop tan discreto como eficaz, las letras que saben convertir lo cotidiano en trascendente y la susurrante voz de Ana Torroja. Aunque en realidad, si somos sinceros, éstas son las características del Mecano cuando las canciones son composiciones de Nacho Cano y que a la larga son las que más nos vienen a la cabeza cuando recordamos los grandes éxitos del grupo: Maquillaje, Me colé en una fiesta, Barco a Venus, Un año más, La fuerza del destino

Es curioso, porque en aquellos días de 1991 era José María Cano el que era considerado el autor serio, maduro y respetable de Mecano, especialmente gracias a temas como Hijo de la luna, Me cuesta tanto olvidarte, Mujer contra mujer… Sonidos más orgánicos y producciones más ambiciosas, letras más complejas con destellos de humor irónico, y sí, la susurrante voz de Ana Torroja como elemento de cohesión para un grupo con dos almas y dos estilos. Sin embargo, con el paso del tiempo, han sido las canciones de Nacho las que han envejecido mejor y en Aidalai es donde mejor se puede apreciar: el toque electrónico de El 7 de septiembre, El fallo positivo, Dalai Lama, J.C o El lago artificial les ha permitido conservar una frescura de la que carecen las piezas entregadas por su hermano mayor como la grandilocuente Naturaleza Muerta, la muy mediocre El peon del rey de negras o Bailando salsa que, como su nombre indica, es una canción salsera que hace una fotografía precisa de como imaginamos ciertas noches de Madrid de la época con menciones a Pedro Almodóvar incluidas. Podemos salvar Una rosa es una rosa, una rumba flamenca inspirada por el verso de Gertrude Stein y en cuyo videoclip Ana baila con Joaquín Cortés.

Aidalai, el tercer disco que Mecano grabó con BMG-Ariola después de romper con CBS, se puede considerar la última parte de una trilogía de madurez que incluye a Descanso dominical, de 1988, y Entre el cielo y el suelo, de 1986. Cada uno de ellos superó el millón de copias vendidas en nuestro país y unas cuantas más en el extranjero, unas cifras que parecen imposibles para el mercado actual, donde un disco que consigue despachar veinte mil copias ya se considera un superventas. También es un reflejo de la inmensa popularidad de Mecano: estaban en todas partes y todo el mundo conocía sus canciones, les gustaran o no. Mecano es parte de la cultura popular española y la banda sonora fundamental de una generación de niños y adolescentes crecidos en los 80. Nunca habrá nadie como ellos.

Canciones para el mes de septiembre: Papa was a rollin’ stone

It was the third of September
That day I’ll always remember,
Yes, I will
‘Cause that was the day that my daddy died
I never got a chance to see him
Never heard nothin’ but bad things about him
Mama, I’m depending on you
To tell me the truth
Mama just hung her head and said, “Son, ..

Papa was a rolling stone.
Wherever he laid his hat was his home.
And when he died, all he left us was alone.

Era el mes de septiembre de 1972 cuando The Temptations publicaban este sencillo de lo que por aquel entonces se denominaba Soul Psicodélico, una especie de eslabón entre el primigenio Soul de la Motown de los sesenta y el R&B y los sonidos más sofisticados de los años setenta, casi un adelanto del sonido Philadelphia y la música disco que estaban a punto de inundar las emisoras de radio y las pistas de discoteca del mundo. Grabado inicialmente en 1971 por The Undisputed Truth en una versión que apenas alcanzaría un puesto 63 en las listas, el productor Norman Whitfield, quien la había compuesto junto a Barrett Strong, la volvería a grabar para The Temptations convirtiéndola en una extraordinaria pieza dominada por un bajo al que se le van sumando diversos instrumentos a lo largo de doce minutos en los que las armonías vocales del grupo acababan quedando en un segundo lugar. Esto, y las tormentosas sesiones de grabación a las que les sometió el perfeccionista Whitfield, hizo que the Tempations decidieran no trabajar más con él, prefiriendo volver a las baladas de su primera época y dejar de lado los experimentos musicales. El resultado: Papa was a rollin’ stone fue el último número uno para la banda. Eso sí, les hizo ganar tres Grammies.

Papa was a rollin’ stone se ha convertido en un clásico incontestable del soul, el funk y el R&B, una demostración de que la música popular podía ir más allá del típico tema pop de tres minutos de duración: con su versión para radios de siete minutos, es una de las canciones más largas en haber sido número uno del Billboard. Por supuesto, ha sido versionada en múltiples ocasiones, destacando en especial la que publicó George Michael para su EP de 1993 Five Live con Queen y Lisa Stansfield y que se lanzó como sencillo en un mashup con su versión del Killer de Adamsky. El vídeo de la canción, en el que George Michael, como era habitual por entonces, no aparece, combina imágenes en blanco y negro con parodias a todo color de logotipos publicitarios. Es uno de mis clips favoritos de los 90.