MÚSICA DOMINGUERA

Hace unos días, Diego me dijo que había escuchado una canción de Bananarama con «la letra más hortera que te puedas imaginar». No me costó mucho tiempo adivinar que se refería a «Love in the first degree». Atención al vestuario de los bailarines y a la «coreografía» de las chicas.

Según el Libro Guiness, Bananarama posee el record de ser el grupo femenino con mayor número de apariciones en las listas de venta de la historia. Curiosamente, sólo una de sus canciones, su versión del «Venus» de Shocking Blue, alcanzó el número uno. Sin embargo, su sencillo más vendido en el Reino Unido es nuestra canción dominguera de hoy, publicada a finales de 1987 y con el sello inconfundible de Stock, Aitken y Waterman. Este equipo de compositores definió gran parte del sonido pop más comercial de finales de los ochenta, produciendo a artistas como Jason Donovan, Sonia, Big Fun, Rick Astley y su alumna más aventajada, Kylie Minogue.

«Love in the first degree» fue también el último sencillo cantado por las tres componentes de Bananarama: Siobhan Fahey, Keren Woodward y Sara Dallin. Poco después de su lanzamiento, Fahey, quien se había casado por entonces con Dave Stewart, de Eurythimics, abandonó el grupo para crear, años después, Shakespeare Sister con Marcella Detroit. Su puesto en Bananarama fue ocupado por Jacquie O’ Sullivan hasta 1991. Desde entonces, Bananarama ha quedado reducido a un duo que ha seguido grabando discos que, salvo pequeños éxitos puntuales, han pasado más que desapercibidos.

MÚSICA DOMINGUERA

En 1989 un productor belga llamado Jo Bogaert publicó un single de música house bajo el nombre de The Pro 24s llamado «Technotronic». Más tarde lo volvió a lanzar, anadiéndole en esta ocasión un rap a cargo de Ya Kid K, quien por aquel entonces apenas tenía 16 años, y rebautizando como la canción «Pump the Jam». El resto es historia.

Aunque Ya Kid K era la compositora de la letra y la cantante, en el video aparecía en su lugar una modelo congoleña llamada Felly Kilingi, quien no sólo no cantaba sino que tampoco hablaba una palabra de inglés. Fue en el videoclip del segundo single de Technotronic, «Get up (before the night is over)», cuando el mundo conoció el rostro de la auténtica cantante del grupo.

«Pump up the jam» fue la primera canción de estilo House que consiguió llegar al gran público, alcanzando los puestos más altos de las listas de todo el mundo y abriendo el camino a otros muchos proyectos del mismo estilo. El disco de debut del grupo también alcanzó buenos cifras de ventas y la casette fue todo un éxito en las excursiones escolares de quien escribe estas líneas. Era primavera de 1990 y aunque los 90 sean los años del grunge y el britpop, no podemos negar que también nos pasamos gran parte de la década bailando.

…Y YA QUE HABLAMOS DE JUEGOS

La primera vez que jugué con un ordenador fue con el ahora mítico Sprectrum de 48K. En realidad, se limitaba a ser un trozo de plástico negro duro con teclas de goma que se conectaba a un radiocasette y al televisor. Tecleabas LOAD «», pulsabas el botón de play y a esperar a que el juego se cargara después de varios minutos de ruidos indescifrables, siempre que no sucediera el temible Tape Loading Error, que obligaba a rebobinar y volver a empezar. Mi primer juego fue el Manic Miner y, como el primer amor, nunca se olvida.

Manic Miner - Central Cavern

Ésta era la primera pantalla de las veinte que componían el juego. Había que recoger todas las llaves, raquetas, jabones, tinteros u objetos que brillaran en la pantalla para poder llegar a la siguiente. Con el tiempo, conseguí superarlas todas. ¿Y qué pasaba cuando llegabas al final? ¿Descubrías una lección de la vida? ¿El minero maniaco salía a la superficie y disfrutaba de una merecida jubilación? No, señores, como en una fantasía de Nietzche, se volvía a comenzar desde la primera pantalla sumergidos en un eterno retorno sin fin. Las últimas veces que he jugado (sí, a veces vuelvo a conectar el Spectrum aunque ahora se pueda jugar al Manic Miner en las webs) he descubierto que ya no sé cómo se hace la galería número 19 y no consigo terminarlo.

Por cierto, aunque el protagonista es un minero con nariz puntiaguda y gorra de minero, a mí siempre me pareció un osito de gominola.

Poco a poco fuimos acumulando más juegos que íbamos grabando de cinta en cinta gracias a los radiocasettes de doble pletina. La SGAE, en aquellos tiempos, no decía nada al respecto y los juegos se limitaban a recordarnos que no nos drogáramos: Winner don’t use drugs. Los juegos tenían nombres como Dark Fusion, Nonamed, Jetpac, Altered Beast, Golden Axe, Arkanoid o cualquier palabreja pseuodinglesa, y ya que los gráficos no daban para mucho, se curraban las portadas de las cintas. Por ejemplo, teníamos el Phantis, protagonizado por una sensual amazona intergaláctica de escueto vestuario.

Phantis

Una vez cargado el juego, la sensual amazona se convertía en… bueno, en algo. Sí, es el muñeco de la izquierda de la imagen.

La verdadera Phantis

Vamos, que no se puede decir que los videojuegos primitivos no sirvieran para estimular la imaginación de los adolescentes. Con el tiempo, de todas formas, los gráficos fueron mejorando y los tiempos de carga de la casette iban aumentando con ellos. Personalmente, creo que el Rainbow Islands fue el más conseguido de todos los que yo jugue. De hecho, la versión que hay en el recopilatorio para Playstation2 de juegos de Taito es prácticamente idéntica a la que yo jugaba en el Spectrum. En aquel tiempo, eso sí, habíamos renovado y ascendido a los 124k. También es cierto que las siete islas de las que constaba el juego tardaban casi una media hora en cargarse.

Rainbow_islands

Entonces llegó el verano de 1990 y nos fuimos de vacaciones a Estados Unidos. En el sotano de su casa, mi primo tenía un artefacto que nunca habíamos visto: una consola Nintendo. Los juegos se cargaban al momento y los gráficos eran iguales que las máquinas de los recreativos y de los bares que nos tenían terminantemente prohibidas. Eso era una R E V O L U C I Ó N, y nos pasamos el verano explorando nuevos horizontes. Cuando volvimos a España, las consolas no tardaron en llegar junto con los primeros episodios de los Simpsons y el Spectrum se convirtió en algo tan vetusto y obsoleto como una cinta VHS en el reino de los DVDs… o un compacto comprado en una tienda en el mundo del mp3.

¿Y a que jugábamos en la consola? Eso me lo guardo para otro artículo nostálgico de batallitas de abuelo treintañero.

MÚSICA DOMINGUERA

Ya falta menos de una semana para comenzar mis vacaciones, así que es una buena excusa para recordar al artista pop austriaco más exitoso de todos los tiempos: Falco.

«Rock me Amadeus» fue número 1 en todo el mundo en 1986. A los guionistas de Los Simpsons les encanta.

MÚSICA DOMINGUERA

Cómo eran los ochenta: «The Safety Dance», de Men Without Hats.

Men Without Hats era un grupo originario de Quebec y aunque en Canadá tuvieron varios éxitos a lo largo de los ochenta, el resto del mundo los recuerda por este tema de 1983 y sus videoclip de ambiente medieval. ¿Por qué medieval? Porque sí, claro.

MÚSICA DOMINGUERA

Cuando yo era pequeño, mi madre solía ponernos en los viajes unas tres o cuatro cintas con canciones que había grabado de la radio. Así conocí a Mike Oldfield, Rod Stewart, Bruce Srpingtseen, OMD, Alans Parsons Project, Police o Supertramp, entre otros grandes grupos. El problema es que a mi madre se le solían olvidar los títulos de las canciones o el nombre de los artistas, así que con los años he tenido que ir recomponiendo el puzzle musical. La última pieza en encajar era una canción en alemán de la que no había manera de encontrar referencia alguna, hasta que hace un par de semanas, escuchando un disco de tecno-pop, sonó.

Como eran los ochenta…

MÚSICA DOMINGUERA

Hoy he dormido bastante mal por culpa de una cena pesada. De hecho, hasta me he levantado y me he ido al sofá a ver un rato la tele. En la VH1 he visto este vídeo: «The Riddle», de Nik Kershaw.

Cuando era pequeño, me encantaba ver videoclips en «Tocata» y éste era uno de mis favoritos, aunque he de reconocer que también me daba un poco de miedo, lleno de detalles misteriosos. Ahora lo veo y me parece bastante «naïf», con unos efectos especiales bastante poco especiales, pero sigue conservando su encanto. La canción sigue siendo genial.