Oh, verano cruel

¿Ya habéis vuelto todos de vuestras vacaciones? Pues los que nos hemos quedado todo el verano trabajando en Madrid tenemos algo que deciros:

A principios de los ochenta, Bananarama ya habían conseguido colocar varios sencillos en el Top10 británico, pero fue Cruel Summer la canción que les consiguió colarse en el mercado estadounidense al sonar en la BSO de -no se puede ser más ochentero- Karate Kid, alcanzando un puesto noveno en el Billboard en el 1984. Curiosamente, las Bananarama de esa época jugaban más a ser una banda New Wave, con un look más cercano a Kim Wilde o los Dexys Midnight Runners que al glamour ochentero de su época posterior, cuando cayeron en las garras de comenzaron a trabajar con los fabricantes de churrosproductores de éxito Stock Aitken & Waterman a partir del exitazo de su versión de Venus.

Sin embargo, seguramente muchos de los que fuimos adolescentes en los noventa conocemos esta canción gracias a la versión que hicieron de ella Ace of Base en 1998, publicada como segundo sencillo de su tercer disco, Flowers.

Y si a Bananarama la canción les sirvió como carta de presentación en Estados Unidos, para los suecos de oro de los noventa fue su despedida del Billboard y su carrera internacional: Cruel Summer fue su último sencillo en colarse en el Top10 y Flowers, el último disco de la banda publicado en ese mercado. Algún día se aceptará que el fracaso de los discos de Ace of Base posteriores a Happy Nation fue una de las grandes injusticias pop de los 90.

Canciones para el Orgullo Gay: Smalltown Boy

Los ochenta fueron una década en la que grupos como Culture Club o Dead or Alive estaban liderados por cantantes masculinos que usaban tanta bisutería y maquillaje como Cyndi Lauper y Madonna y sólo un poco menos que los líderes de Duran Duran o Spandau Ballet. Los ochenta vieron nacer y triunfar a grupos como Pet Shop Boys, Erasure o Soft Cell. Vistos con perspectiva, los ochenta fueron una década muy marica. Pero también eran un tiempo en que George Michael protagonizaba sensuales vídeos junto a espectaculares modelos y en que Elton John estaba casado… con una mujer. Aunque tuvieran una puerta de cristal, los armarios seguían siendo la norma habitual en el Pop, por lo que canciones y videoclips como Smalltown Boy, de Bronski Beat ( y recientemente sampleada por Brandon Flowers en el corte I can change de su The Desired Effect, por cierto), eran especialmente valientes al visibilizar lo problemático que era ser gay en esa época.

Dirigido por Bernard Rose -quien después dirigiría películas tan variadas como Candyman, Amor Inmortal o una versión de Anna Karenina protagonizada por Sophie Marceau, el vídeo de Smalltown Boy relata la historia de un chico gay que tiene que abandonar su hogar tras ser atacado por el nadador por el que se siente atraído y sus amigos. Así debutaban Bronski Beat en 1984, trío liderado por Jimmy Sommerville cuyos miembros eran abiertamente homosexuales, alcanzando un notable tercer puesto en las listas británicas. Además de en este tema, volvieron a comprometerse con la defensa de los derechos de los gays en sencillos como Why? y en The Age Of Consent, su primer disco y titulado así en referencia al hecho de que en Reino Unido la edad legal para mantener relaciones homosexuales era de 21 frente a los 16 para las heterosexuales: aunque sería reducida a los 18 años en 1994, esta discriminación legal permaneció vigente hasta el año 2001.

Jimmy Sommerville alcanzaría un par de años después un formidable éxito gracias a las versiones que su grupo The Communards hizo de clásicos del Disco como Don’t Leave Me This Way o Never Can Say Goodbye. Sin embargo, Smalltown Boy permanece en el tiempo como una pieza de perfecto synthpop en la que el característico falsete de Sommerville y la melodía de los sintetizadores se combinan brillantemente, además de ser una muestra de que el Pop, tantas veces acusado de frivolidad e intrascendencia, puede ser un excelente vehículo para reivindicar y visibilizar problemas sociales como la homofobia imperante en los años ochenta.

Nunca te prometí un jardín de rosas

Hoy es el día de San Jorge (o Sant Jordi), así que siguiendo la tradición catalana, hoy todo gira en torno a libros y rosas. Seguramente ésta sea la flor que más canciones ha inspirado en la historia de la música, como este tema de Lynn Anderson que puede venir muy bien a todo aquel que se haya olvidado de hacer hoy un regalo a su pareja.

“I beg your pardon, I never promised you a rose garden. Along with the sunshine, there’s gotta be a little rain sometimes”. En realidad, la canción puede interpretarse como un reproche: “I could sing you a tune or promise you the moon, But if that’s what it takes to hold you, I’d just as soon let you go, but there’s one thing I want you to know. You better look before you leap, still waters run deep”. Al final, el amor no está en las rosas, la luna o los anillos de diamante, sino en lo más profundo.

Rose Garden fue compuesta por Joe South para su disco de debut Introspect, publicado en 1969, sin que tuviera el más mínimo eco. Sin embargo, en octubre de 1970, la cantante de country Lynn Anderson la publicó como sencillo y consiguió uno de los mayores éxitos comerciales para el género en todo el mundo. Curiosamente, el productor de su disco (y también marido) no quería que Anderson cantara el tema por considerarla “una canción de hombres” y dijo que la grabarían si tenían tiempo libre en alguna de las sesiones… Por suerte, hubo tiempo y el resultado fue más que brillante, además de ser recompensado con un Grammy en la categoría country y una candidatura a Canción del Año para Joe South, un artista que tuvo que ver como composiciones suyas como ésta o Games People Play sólo conseguían vender cuando las cantaban otros.

Rose Garden ha sido versionada y sampleada hasta la saciedad por artistas como k.d. lang, Loretta Lynn, Martina McBride, The Three Degrees y, como no, nuestros Duncan Dhu para su disco Canciones, rebautizada como Jardín de Rosas y convirtiéndose en uno de los éxitos del patio de mi colegio en 1987.

Canciones para una película gamberra: Give it up

En Kingsman, Mattew Vaughn demuestra un sentido del humor negro e iconoclasta durante todo su metraje, alcanzando uno de los momentos cumbres en una explosiva secuencia ejecutada al son de Pompa y Circunstancia, además de rodar escenas de acción y violencia de ritmo frenético y claramente planificadas. Quizás le falte algo de la inteligencia que sí tenía Kick Ass para ser algo más de un chiste a costa de las películas de espías, pero el buen rato está más que asegurado. Lo que sí tienen en común ambas películas es una banda sonora igualmente iconoclasta, al estilo de los caprichos musicales de Tarantino. Sólo así se entiende que la canción escogida para acompañar su clímax sea un clásico de KC and the Sunshine Bang: Give it up. El videoclip puede dar pesadillas, aviso.

KC and the Sunshine Band fue uno de los grandes grupos del sonido disco, combinando letras intrascendentes y toques de funk en las guitarras para firmar algunos himnos de las pistas de baile de finales de los 70 como Get Down Tonight, That’s The Way I Like It o I’m Your Boogie Man. Give it up fue su último éxito, publicado en 1983 cuando la música disco era un neblinoso recuerdo de flecos y lentejuelas. Aun y todo, consiguió ser número uno en el Reino Unido durante tres semanas después. Sin embargo, muchos adolescentes de los noventa conocemos la canción por la versión eurodance que hizo el grupo danés Cut ‘N’ Move en 1993 y que sonó hasta la saciedad en radiofórmulas y todo tipo de recopilatorios. El videoclip, como todos los de su estilo de la década, está hecho con cuatro duros.

No sé cuál de las dos versiones del tema da mayores ganas de matar…

¿Qué fue de Tanita Tikaram?

El programa de Nochevieja de Cachitos de hierro y cromo fue una buena manera de poner a prueba nuestra memoria musical o de recordar/descubrir qué aspecto tenían los intérpretes de algunas de estas canciones que han acabado siendo más famosas que sus artistas. Aunque hay que reconocer que para que los que ya estábamos escuchando música en los ochenta, la larga melena morena de Tanita Tikaram y esa voz profunda con la que cantaba Twist in my sobriety son bastante inolvidables.

Aunque uno piensa en los ochenta y lo primero que le viene a la mente son sintetizadores, estilismos imposibles, pelos cardados y algo de absurdo heavy metal, la verdad es que los últimos años de la década fueron bastante sobrios e imprevisibles, un tiempo en el que podían triunfar solistas como Black, Sam Brown o Suzanne Vega al mismo tiempo que la Lambada se convertía en la canción del verano. Tanita Tikaram pertenece al primer grupo. Nacida en Alemania, con antepasados de Fiji y Malasia, afincada en Inglaterra desde la adolescencia, apenas tenía 19 años cuando publicaba Ancient Heart, su disco de debut que terminaba despachando unas tres millones de copias en todo el mundo, principalmente en Europa. En 1990 publicaba su segundo trabajo, The Sweet Keeper, y aunque no conseguía las mismas cifras de ventas, la consolidaba como una de las favoritas de los oyentes amantes de la calidad.

Sin embargo, como le sucedería después a Felicity, Tanita Tikaran se cortó la melena en 1991 para editar Everybody’s Angel y fue como si hubiera perdido sus poderes.

"No tenía que haber ido a esa peluquería"
“No tenía que haber ido a esa peluquería”

Esto, unido a que la aparición de Nirvana, el grunge y el auge de la música alternativa hizo que toda la música inmediatamente anterior envejeciera diez años en un mes, hizo que la carrera de Tanita Tikaram empezara a declinar. En 1992 publicaba Eleven Kinds Of Loneliness en le que se estrenaba como productora y ni siquiera conseguía entrar en la lista británica. Después llegarían los intentos de modernizarse estéticamente de Lovers in the city, en 1995, y The Capuccino Songs, en 1998. Tendrían que pasar siete años hasta la edición en un sello francés de Sentimental, disco en el que canta en un par de canciones el mítico Nick Lowe, y otros siete años hasta la publicación del que hasta la fecha es su último disco, esta vez con una discográfica alemana: Can’t Go Back.

Parece que el siguiente disco de Tanita Tikaram no tardará otros siete años en publicarse. Mientras tanto, ella sigue dando conciertos de vez en cuando y mantiene una presencia activa en las redes sociales. Aunque parezca que ha quedado reducida a una cantante con un solo tema para recopilatorios de los ochenta y emisoras nostálgicas, Tanita es, en realidad, una de esas raras artistas que prefiere ser fiel a sí misma en vez de al mercado.

Videoclips para una noche de miedo

Hay toda una serie de géneros musicales a los que siempre les ha gustado jugar con una iconografía cercana al género terrorífico en sus muy distintas vertientes. Ahí están los grupos de heavy metal y rock duro o aquellos que tienden más a lo gótico, siniestro, escandinavo o todo a la vez. Podemos encontrar un amplio repertorio de ejemplos que van desde la mascota de los Iron Maiden hasta los disfraces de Slipknot o Lordi (el guiño eurovisivo nunca puede faltar), pasando por las evanescentes portadas de Evanescence. Si hasta existe un grupo llamado Helloween…

Estas calabazas no las encontrarás en los chinos
Estas calabazas no las encontrarás en los chinos

Pero el feliz y luminoso mundo del Pop tampoco se ha resistido a juguetear en ocasiones con una estética más oscura y siniestra. Por supuesto, el primer y fundamental ejemplo que nos viene a la mente es el legendario videoclip para Thriller, de Michael Jackson. Dirigido por John Landis, responsable de títulos como Granujas a todo ritmo o Un hombre lobo americano en Londres, el séptimo y último sencillo que se publicó del disco del mismo nombre vino acompañado de un vídeo de 14 minutos de duración en el que el Rey del Pop bailaba con zombies mientras aterrorizaba a los niños que por aquel entonces teníamos siete años recién cumplidos… que de adolescentes descubrirían que la voz y risa final del tema pertenecen al mítico Vincent Price, protagonista de multitud de clásicos de Roger Corman, y al que los más jóvenes del lugar pueden recordar por su papel de constructor de Eduardo Manostijeras.

En 1984 Michael Jackson se reunía con sus hermanos para grabar Victory, el único disco grabado en su totalidad por los seis componentes que llegó a tener el grupo familiar. Decididos a seguir traumatizando a los niños que se empeñaban en ver Tocata y otros programas musicales de la época, el videoclip de Torture nos muestra a uno de los Jackson atravesando una serie de estancias futuristas -futuristas al estilo de los ochenta, todo hay que decirlo- para rescatar a ¿una princesa del espacio? Entre medias, bailarines que hacen de arañas devoradoras de hombres, un siniestro personaje con capucha de lentejuelas, esqueletos a lo Harryhausen que bailan y un bonito momento en el que el protagonista mete la mano en un ojo gigante para descubrir que le brota un ojo en la palma de la misma. ¿Curiosidades de la Wikipedia? La coreografía del videoclip fue el primer trabajo en el sector de Paula Abdul y como Michael Jakcson tenía cosas mejores que hacer y no quiso participar en el rodaje del videoclip, el realizador decidió alquilar el muñeco de cera del cantante del Museo de Madame Toussaud y utilizarlo en dos o tres planos…

También en 1984 Duran Duran lanzaron otro de sus videoclips más conocidos. Con un presupuesto de un millón de dolares y dirección de Russell Mulcahy, realizador de docenas de clips y de películas como Los Inmortales, The Wild Boys estaba inspirada en la novela del mismo título de William S. Burroughs, que cuenta la historia de un movimiento juvenil homosexual cuyo objetivo es la caída de la civilización occidental. Con un material de partida así, no podía surgir algo convencional. Entre bailarines con una vestimenta entre disfraz apache y figurante de Mad Max, los miembros de Duran Duran eran sometidos a diversas torturas, ensañándose en especial con Simon Le Bon, atado a una noria que da vueltas en un estanque habitado por criaturas sin ojos pero con muchos dientes. Treinta años después me sigue fascinando el momento en que la cámara comienza a dar vueltas simultáneamente con la noria, dando la impresión de que ésta permanece fija y es el resto del mundo el que gira. También me pregunto por la finalidad narrativa de la cabeza robótica, directamente salida del Uncanny Valley.

ZZ Top, el entrañable grupo de rock de largas barbas, publicó en 1983 el disco más exitoso de su carrera, Eliminator. Uno de sus sencillos, TV Dinners, lanzado a finales de ese año, venía acompañado de un videoclip al que no le faltaba de nada: carteles de películas de terror de serie B, un tablero de Ouija utilizado como bandeja y un monstruito animado por claymotion que se empeñaba en ver a ZZ Top por la tele. Qué cosas tan tontas nos dan miedo cuando somos pequeños.

Para terminar de dejar claro que en 1984 los realizadores de videoclips consumían abundantes psicotrópos o que todos querían llamar la atención en la MTV, Nik Kershaw lanzó a finales de año el clip para The Riddle, inspirado tanto en Alicia en el país de las maravillas como, según el cantante, en movimientos artísticos como el Expresionismo… aunque habría que añadir que también aparece el villano del mismo nombre de Batman. Aquí tenemos paredes llenas de bocas, un espejo de agua, una banda de soldados decimonónicos, un cajón lleno de pasteles y ratones, un anciano en un estanque en el que se baña una mujer semidesnuda… Todo con ese derroche de imaginación, artesanía e ingenuidad tan propia de los ochenta.

Un par de años antes, Alison Moyet y Vince Clarke, se enfrentaban a vampiros y el monstruo de Frankenstein en el videoclip de Don’t Go, el segundo sencillo de Yazoo, el grupo que creo Clarke entre Depeche Mode y Erasure. Da tanto miedo como las películas de Abbot y Costello en casas encantadas.

Corría el año 1988 y Pet Shop Boys conseguían el último número uno en la lista británica de sencillos gracias a Heart, el cuarto sencillo de su exitoso Actually. Para el videoclip, el dúo viajó hasta Eslovenia para rodar su propia versión de Nosferatu, junto a una ganadora del certamen de Miss Yugoslavia y con Ian McKellen en el papel de vampiro. Sí, el mismísimo Gandalf y Magneto.

Y para cerrar esta selección de videoclips terroríficos (o no tanto) de la década de los ochenta, nada mejor que la canción de cuna con arañas de The Cure. Publicado como sencillo de presentación de Desintegration, Lullaby se convertiría, de manera algo inesperada, en uno de los mayores éxitos comerciales de la banda. En su videoclip, dirigido por su Tim Pope, responsable de muchos clips de The Cure y otros grandes nombres de los 80 como Talk Talk, Siouxsie and the Banshees, The Bangles o China Crisis, Robert Smith -el hombre que comparte peluquero con Tim Burton- es asediado en sueños por el hombre araña. Entre los momentos más memorables del videoclip, el instante en que a Smith le brotan extremidades adicionales o todos los planos del resto del grupo, disfrazados con uniformes antiguos y cubiertos de telarañas.

Canciones para una derrota: Another One Bites The Dust

El vencedor de la Copa del Mundo levantará el trofeo mientras a su alrededor explotan miles de fuegos artificiales y por los altavoces suena, estrepitosa y magnífica, la épica voz de Freddy Mercury entonando We Are The Champions. Pero para llegar hasta ahí, una treintena de equipos habrán tenido antes que morder el polvo del estadio. Para ellos, Queen tiene reservada otra melodía.

Another One Bites the Dust es una canción del disco The Game, publicado en junio de 1980. Compuesto por el bajista de la banda, John Deacon, el tema tiene claras influencias del sonido disco omnipresente a finales de la década de los 70. De hecho, la línea de bajo que caracteriza al tema está inspirado en el clásico Good Times, de Chic. Fue Michael Jackson quien, tras asistir a un concierto de Queen, sugirió a la banda que Another One Bites The Dust sería un buen sencillo. Y el Rey del Pop, en efecto, no se equivocaba: el tema fue número uno en la lista del Billboard y vendió en todo el mundo unas siete millones de copias. También les consiguió a Queen una candidatura al Grammy en la categoría de Mejor Interpretación Rock por un grupo o dúo… aunque el premio fue al final para Bob Seger & The Silver Bullet Band por Against the Wind.

Remezclada y versionada en multitud de ocasiones, Another One Bites The Dust ha terminado convirtiéndose en uno de los muchos clásicos de Queen. Incluso tiene el honor de haber sido denunciada por los evangélicos por contener mensajes subliminales: según ellos, si escuchas el estribillo al revés, se escucha algo parecido a “it’s fun to smoke marijuana”. Eso sí, mejor olvidar su traducción en la versión española de We Will Rock You (Sí, sí, sí, el polvo tu morderás…).