Canciones para una película gamberra: Give it up

En Kingsman, Mattew Vaughn demuestra un sentido del humor negro e iconoclasta durante todo su metraje, alcanzando uno de los momentos cumbres en una explosiva secuencia ejecutada al son de Pompa y Circunstancia, además de rodar escenas de acción y violencia de ritmo frenético y claramente planificadas. Quizás le falte algo de la inteligencia que sí tenía Kick Ass para ser algo más de un chiste a costa de las películas de espías, pero el buen rato está más que asegurado. Lo que sí tienen en común ambas películas es una banda sonora igualmente iconoclasta, al estilo de los caprichos musicales de Tarantino. Sólo así se entiende que la canción escogida para acompañar su clímax sea un clásico de KC and the Sunshine Bang: Give it up. El videoclip puede dar pesadillas, aviso.

KC and the Sunshine Band fue uno de los grandes grupos del sonido disco, combinando letras intrascendentes y toques de funk en las guitarras para firmar algunos himnos de las pistas de baile de finales de los 70 como Get Down Tonight, That’s The Way I Like It o I’m Your Boogie Man. Give it up fue su último éxito, publicado en 1983 cuando la música disco era un neblinoso recuerdo de flecos y lentejuelas. Aun y todo, consiguió ser número uno en el Reino Unido durante tres semanas después. Sin embargo, muchos adolescentes de los noventa conocemos la canción por la versión eurodance que hizo el grupo danés Cut ‘N’ Move en 1993 y que sonó hasta la saciedad en radiofórmulas y todo tipo de recopilatorios. El videoclip, como todos los de su estilo de la década, está hecho con cuatro duros.

No sé cuál de las dos versiones del tema da mayores ganas de matar…

¿Qué fue de Tanita Tikaram?

El programa de Nochevieja de Cachitos de hierro y cromo fue una buena manera de poner a prueba nuestra memoria musical o de recordar/descubrir qué aspecto tenían los intérpretes de algunas de estas canciones que han acabado siendo más famosas que sus artistas. Aunque hay que reconocer que para que los que ya estábamos escuchando música en los ochenta, la larga melena morena de Tanita Tikaram y esa voz profunda con la que cantaba Twist in my sobriety son bastante inolvidables.

Aunque uno piensa en los ochenta y lo primero que le viene a la mente son sintetizadores, estilismos imposibles, pelos cardados y algo de absurdo heavy metal, la verdad es que los últimos años de la década fueron bastante sobrios e imprevisibles, un tiempo en el que podían triunfar solistas como Black, Sam Brown o Suzanne Vega al mismo tiempo que la Lambada se convertía en la canción del verano. Tanita Tikaram pertenece al primer grupo. Nacida en Alemania, con antepasados de Fiji y Malasia, afincada en Inglaterra desde la adolescencia, apenas tenía 19 años cuando publicaba Ancient Heart, su disco de debut que terminaba despachando unas tres millones de copias en todo el mundo, principalmente en Europa. En 1990 publicaba su segundo trabajo, The Sweet Keeper, y aunque no conseguía las mismas cifras de ventas, la consolidaba como una de las favoritas de los oyentes amantes de la calidad.

Sin embargo, como le sucedería después a Felicity, Tanita Tikaran se cortó la melena en 1991 para editar Everybody’s Angel y fue como si hubiera perdido sus poderes.

"No tenía que haber ido a esa peluquería"
“No tenía que haber ido a esa peluquería”

Esto, unido a que la aparición de Nirvana, el grunge y el auge de la música alternativa hizo que toda la música inmediatamente anterior envejeciera diez años en un mes, hizo que la carrera de Tanita Tikaram empezara a declinar. En 1992 publicaba Eleven Kinds Of Loneliness en le que se estrenaba como productora y ni siquiera conseguía entrar en la lista británica. Después llegarían los intentos de modernizarse estéticamente de Lovers in the city, en 1995, y The Capuccino Songs, en 1998. Tendrían que pasar siete años hasta la edición en un sello francés de Sentimental, disco en el que canta en un par de canciones el mítico Nick Lowe, y otros siete años hasta la publicación del que hasta la fecha es su último disco, esta vez con una discográfica alemana: Can’t Go Back.

Parece que el siguiente disco de Tanita Tikaram no tardará otros siete años en publicarse. Mientras tanto, ella sigue dando conciertos de vez en cuando y mantiene una presencia activa en las redes sociales. Aunque parezca que ha quedado reducida a una cantante con un solo tema para recopilatorios de los ochenta y emisoras nostálgicas, Tanita es, en realidad, una de esas raras artistas que prefiere ser fiel a sí misma en vez de al mercado.

Videoclips para una noche de miedo

Hay toda una serie de géneros musicales a los que siempre les ha gustado jugar con una iconografía cercana al género terrorífico en sus muy distintas vertientes. Ahí están los grupos de heavy metal y rock duro o aquellos que tienden más a lo gótico, siniestro, escandinavo o todo a la vez. Podemos encontrar un amplio repertorio de ejemplos que van desde la mascota de los Iron Maiden hasta los disfraces de Slipknot o Lordi (el guiño eurovisivo nunca puede faltar), pasando por las evanescentes portadas de Evanescence. Si hasta existe un grupo llamado Helloween…

Estas calabazas no las encontrarás en los chinos
Estas calabazas no las encontrarás en los chinos

Pero el feliz y luminoso mundo del Pop tampoco se ha resistido a juguetear en ocasiones con una estética más oscura y siniestra. Por supuesto, el primer y fundamental ejemplo que nos viene a la mente es el legendario videoclip para Thriller, de Michael Jackson. Dirigido por John Landis, responsable de títulos como Granujas a todo ritmo o Un hombre lobo americano en Londres, el séptimo y último sencillo que se publicó del disco del mismo nombre vino acompañado de un vídeo de 14 minutos de duración en el que el Rey del Pop bailaba con zombies mientras aterrorizaba a los niños que por aquel entonces teníamos siete años recién cumplidos… que de adolescentes descubrirían que la voz y risa final del tema pertenecen al mítico Vincent Price, protagonista de multitud de clásicos de Roger Corman, y al que los más jóvenes del lugar pueden recordar por su papel de constructor de Eduardo Manostijeras.

En 1984 Michael Jackson se reunía con sus hermanos para grabar Victory, el único disco grabado en su totalidad por los seis componentes que llegó a tener el grupo familiar. Decididos a seguir traumatizando a los niños que se empeñaban en ver Tocata y otros programas musicales de la época, el videoclip de Torture nos muestra a uno de los Jackson atravesando una serie de estancias futuristas -futuristas al estilo de los ochenta, todo hay que decirlo- para rescatar a ¿una princesa del espacio? Entre medias, bailarines que hacen de arañas devoradoras de hombres, un siniestro personaje con capucha de lentejuelas, esqueletos a lo Harryhausen que bailan y un bonito momento en el que el protagonista mete la mano en un ojo gigante para descubrir que le brota un ojo en la palma de la misma. ¿Curiosidades de la Wikipedia? La coreografía del videoclip fue el primer trabajo en el sector de Paula Abdul y como Michael Jakcson tenía cosas mejores que hacer y no quiso participar en el rodaje del videoclip, el realizador decidió alquilar el muñeco de cera del cantante del Museo de Madame Toussaud y utilizarlo en dos o tres planos…

También en 1984 Duran Duran lanzaron otro de sus videoclips más conocidos. Con un presupuesto de un millón de dolares y dirección de Russell Mulcahy, realizador de docenas de clips y de películas como Los Inmortales, The Wild Boys estaba inspirada en la novela del mismo título de William S. Burroughs, que cuenta la historia de un movimiento juvenil homosexual cuyo objetivo es la caída de la civilización occidental. Con un material de partida así, no podía surgir algo convencional. Entre bailarines con una vestimenta entre disfraz apache y figurante de Mad Max, los miembros de Duran Duran eran sometidos a diversas torturas, ensañándose en especial con Simon Le Bon, atado a una noria que da vueltas en un estanque habitado por criaturas sin ojos pero con muchos dientes. Treinta años después me sigue fascinando el momento en que la cámara comienza a dar vueltas simultáneamente con la noria, dando la impresión de que ésta permanece fija y es el resto del mundo el que gira. También me pregunto por la finalidad narrativa de la cabeza robótica, directamente salida del Uncanny Valley.

ZZ Top, el entrañable grupo de rock de largas barbas, publicó en 1983 el disco más exitoso de su carrera, Eliminator. Uno de sus sencillos, TV Dinners, lanzado a finales de ese año, venía acompañado de un videoclip al que no le faltaba de nada: carteles de películas de terror de serie B, un tablero de Ouija utilizado como bandeja y un monstruito animado por claymotion que se empeñaba en ver a ZZ Top por la tele. Qué cosas tan tontas nos dan miedo cuando somos pequeños.

Para terminar de dejar claro que en 1984 los realizadores de videoclips consumían abundantes psicotrópos o que todos querían llamar la atención en la MTV, Nik Kershaw lanzó a finales de año el clip para The Riddle, inspirado tanto en Alicia en el país de las maravillas como, según el cantante, en movimientos artísticos como el Expresionismo… aunque habría que añadir que también aparece el villano del mismo nombre de Batman. Aquí tenemos paredes llenas de bocas, un espejo de agua, una banda de soldados decimonónicos, un cajón lleno de pasteles y ratones, un anciano en un estanque en el que se baña una mujer semidesnuda… Todo con ese derroche de imaginación, artesanía e ingenuidad tan propia de los ochenta.

Un par de años antes, Alison Moyet y Vince Clarke, se enfrentaban a vampiros y el monstruo de Frankenstein en el videoclip de Don’t Go, el segundo sencillo de Yazoo, el grupo que creo Clarke entre Depeche Mode y Erasure. Da tanto miedo como las películas de Abbot y Costello en casas encantadas.

Corría el año 1988 y Pet Shop Boys conseguían el último número uno en la lista británica de sencillos gracias a Heart, el cuarto sencillo de su exitoso Actually. Para el videoclip, el dúo viajó hasta Eslovenia para rodar su propia versión de Nosferatu, junto a una ganadora del certamen de Miss Yugoslavia y con Ian McKellen en el papel de vampiro. Sí, el mismísimo Gandalf y Magneto.

Y para cerrar esta selección de videoclips terroríficos (o no tanto) de la década de los ochenta, nada mejor que la canción de cuna con arañas de The Cure. Publicado como sencillo de presentación de Desintegration, Lullaby se convertiría, de manera algo inesperada, en uno de los mayores éxitos comerciales de la banda. En su videoclip, dirigido por su Tim Pope, responsable de muchos clips de The Cure y otros grandes nombres de los 80 como Talk Talk, Siouxsie and the Banshees, The Bangles o China Crisis, Robert Smith -el hombre que comparte peluquero con Tim Burton- es asediado en sueños por el hombre araña. Entre los momentos más memorables del videoclip, el instante en que a Smith le brotan extremidades adicionales o todos los planos del resto del grupo, disfrazados con uniformes antiguos y cubiertos de telarañas.

Canciones para una derrota: Another One Bites The Dust

El vencedor de la Copa del Mundo levantará el trofeo mientras a su alrededor explotan miles de fuegos artificiales y por los altavoces suena, estrepitosa y magnífica, la épica voz de Freddy Mercury entonando We Are The Champions. Pero para llegar hasta ahí, una treintena de equipos habrán tenido antes que morder el polvo del estadio. Para ellos, Queen tiene reservada otra melodía.

Another One Bites the Dust es una canción del disco The Game, publicado en junio de 1980. Compuesto por el bajista de la banda, John Deacon, el tema tiene claras influencias del sonido disco omnipresente a finales de la década de los 70. De hecho, la línea de bajo que caracteriza al tema está inspirado en el clásico Good Times, de Chic. Fue Michael Jackson quien, tras asistir a un concierto de Queen, sugirió a la banda que Another One Bites The Dust sería un buen sencillo. Y el Rey del Pop, en efecto, no se equivocaba: el tema fue número uno en la lista del Billboard y vendió en todo el mundo unas siete millones de copias. También les consiguió a Queen una candidatura al Grammy en la categoría de Mejor Interpretación Rock por un grupo o dúo… aunque el premio fue al final para Bob Seger & The Silver Bullet Band por Against the Wind.

Remezclada y versionada en multitud de ocasiones, Another One Bites The Dust ha terminado convirtiéndose en uno de los muchos clásicos de Queen. Incluso tiene el honor de haber sido denunciada por los evangélicos por contener mensajes subliminales: según ellos, si escuchas el estribillo al revés, se escucha algo parecido a “it’s fun to smoke marijuana”. Eso sí, mejor olvidar su traducción en la versión española de We Will Rock You (Sí, sí, sí, el polvo tu morderás…).

25 años de “Like a Prayer”

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Hace 25 años medio planeta estaba escandalizado porque Madonna acababa de estrenar un videoclip que algunos asociaciones religiosas llegaron a calificar de “blasfemo”. Bailes entre cruces en llamas, estigmas en las manos, santos negros que cobran vida para enrollarse con Madonna, una letra llena de dobles sentidos e insinuaciones sexuales… La polémica estaba servida.

Lo que estaba claro es que Like a Prayer suponía un distanciamiento con todo lo que había hecho Madonna hasta entonces, tanto musical como estéticamente. Con el pelo moreno, dejando claras sus raíces italianas, su cuarto disco iba a ser el más intimista y personal en lo que llevaba de carrera. Coproducida por Madonna y Patrick Leonard, Like a Prayer fue la primera canción que se grabó del disco, en otoño de 1988, y sería la que marcara su desarrollo. Con los treinta recién cumplidos, Madonna atravesaba una etapa de crisis personal (fracasos cinematográficos, el divorcio con Sean Penn) y todo ello acabaría reflejándose en el disco con el que alcanzó la madurez artística y que terminaría convirtiéndola en la Reina del Pop.

Un buen ejemplo de esta voluntad de querer ir más allá es el corte que cierra el disco, Act of Contriction, en el que Madonna “reza” para pedir perdón por sus pecados sobre una pista distorsionada de Like a Prayer -al más puro estilo experimental de Radiohead- y la guitarra de Prince, coproductor del tema. Prince es también coproductor y coautor del dueto Love Song, el tema más sexual del disco y un cierto adelanto de los caminos seguidos por Madonna en Erótica. El tema incluye la estrofa “time goes by so slowly for those who wait/those who run seems to have all the fun”, versos que reaparecerían década y media después en Hung Up.

Cuando la polémica causada por el videoclip de Like a Prayer parecía olvidarse, llegó un nuevo escándalo entre las mentes bienpensantes con el estreno del de Express Yourself, en el que la cantante aparecía desnuda y encadenada en una cama. Dirigido por David Fincher, con el modelo Cameron Alborzian de coprotagonista, un presupuesto de 5 millones de dólares y la película Metrópolis como inspiración (de ahí es la cita que lo cierra), Express Yourself es el videoclip y el tema de ritmos bailables y mensaje feminista que toda aspirante a diva del pop sueña hacer algún día. Sí, Lady Gaga, estamos pensando en ti…

Cherish sería el tercer sencillo de Like a Prayer, un tema inspirado musicalmente en el pop de los años sesenta, cercano en espíritu a lo que ya había hecho Madonna con la canción True Blue. Alejándose un poco de la polémica causada por sus dos videoclips anteriores, Madonna escogió al fotógrafo Herb Ritts para dirigir el de Cherish, una obra en blanco y negro y generosas dosis de anatomía masculina al más puro estilo de su autor.

Oh Father fue el cuarto sencillo del disco. La balada, acompañada de un bello videoclip dirigido una vez más por David Fincher, no repitió el éxito de sus predecesores, pero se ha ido convirtiendo en uno de los temas más reivindicados de la carrera de Madonna. En ella hace una especie de ajuste de cuentas con su padre, liberándose de su autoridad y poder. No es el único corte de Like a Prayer de carácter autobiográfico: Promise to try habla de la muerte de su madre, acaecida cuando Madonna tenía cinco años, mientras que Till death do us appart gira en torno a su fracasado matrimonio con Sean Penn.

Keep it together, un tema funk sobre la importancia de mantener a la familia unida, fue el último sencillo de Like a Prayer en Estados Unidos, un privilegio que en Europa tuvo Dear Jessie, canción de aires infantiles e instrumentación que algunos críticos consideran deudora de los Beatles dedicada a la hija pequeña de Patrick Leonard y reflejo, quizás, de las ansias de Madonna por ser madre.

Pray for spanish eyes, un nuevo guiño de Madonna al mundo y los sonidos latinos, fue lanzada como sencillo promocional en algunos mercados, pero la vida comercial de Like a Prayer terminó, quizás antes de tiempo, casi exactamente un año después de su publicación y quince millones de copias vendidas en todo el mundo. En marzo de 1990, Madonna lanzaba Vogue como adelanto de I’m breathless, su siguiente trabajo. El éxito descomunal del tema, unido al de su iconica gira mundial, el Blond Ambition Tour, convertirían a Madonna en la mayor estrella femenina de la música pop, además de confirmarla como una intérprete que había alcanzado su madurez artística, sobreviviendo a unos ochenta que había ayudado a definir y encarando unos años noventa en los que nos ofrecería algunos de los momentos musicales más interesantes de su carrera.

25 años de “101”

101 Depeche Mode

Reducidos actualmente a un mero complemento de los lanzamientos en DVD y BluRay de las giras de los artistas, los discos en directo parecen un recuerdo de otras épocas del pop y del rock. Quizás su último período dorado fue cuando se pusieron de moda los conciertos acústicos en formato “unplugged” de la MTV, pero en los 70 y los 80 había un momento en que todo artista que se considerara importante acababa publicando un disco en directo en condiciones. Era una manera de dejar un testimonio de la madurez artística adquirida por la banda o solista en cuestión, además de acercar su sonido en vivo al público en un tiempo en que ni las giras ni los medios de comunicación llegaban a todas partes. Discos como Frampton Comes Alive, de Peter Frampton, o At Folsom Prison, de Johnny Cash, han acabado convirtiéndose en trabajos esenciales de estos artistas, mientras que en otros casos la grabación en vivo ha terminado superando en fama a la versión de estudio, como sucede con No Woman No Cry, el himno de Bob Marley. Hoy celebramos el 25 aniversario de la publicación de uno de los mejores discos en directo -y el favorito de quien escribe esto- de la historia: 101, de Depeche Mode.

Publicado el 13 de marzo de 1989, 101 es un disco doble que recoge el concierto que Depeche Mode dieron en el estadio Rose Bowl de Pasadena, California, el 18 de junio de 1988. Era el punto final de la gira mundial de presentación de su anterior trabajo, el exitoso Music for the Masses -seguramente su mejor disco hasta esa fecha-, y en una clara demostración de lo acertado del título, más de 60.000 personas fueron a verles actuar aquella noche. Era el concierto número 101 de aquella gira y se nota que la banda estaba en plenitud de facultades: sintetizadores y voces suenan energéticas y brillantes en un repertorio que comenzaba a rebosar de grandes temas. Ahí están, entre otras muchas, Never let me down again, People are people, Behind the wheel, Pleasure Little Treasure, Strangelove, la intimista Somebody a cargo de Martin Gore o Just Can’t Get Enough, su primer éxito. Es un completo repaso a lo mejor del repertorio de una banda que había nacido con el auge del synthpop, pero que había conseguido sobrevivir e ir más allá de la moda de los sintetizadores y que estaba a punto de entrar en los 90 regalando al mundo dos obras maestras como Violator y Songs of Faith and Devotion. Especialmente brillante es el último corte, una versión en vivo de Everything Counts que ha acabado superando en fama a la grabación en estudio de este sencillo de Construction Time Again publicado en 1983. Todo lo mejor de los Depeche Mode de aquel momento está recogido en este videoclip.

Además del disco, 101 es también una película sobre ese concierto en Pasadena. Dirigido por D.A. Pennebaker, autor de documentales protagonizados por Bob Dylan, The Plastic Ono Band, Jimi Hendrix o David Bowie, 101 refleja los entresijos de la gira de Depeche Mode intercalados con el viaje en autobús de un grupo de fans de la banda para verles actuar y con actuaciones en directo del grupo. Grabado de una forma realista y natural, sin nada de glamour, consigue plasmar perfectamente y con mucha credibilidad la vida en la carretera de Depeche Mode y la cotidianeidad de los fans. Curiosamente, el concepto inicial de la banda respecto a la película era reflejar como encajaba su música en los ochenta, una idea que Pennebaker desechó por considerarla infilmable. Sin embargo, 25 años después, 101 parece por momentos una cápsula del tiempo donde se recogen modas, estilismos, objetos y actitudes que nos retrotraen directamente a la década de los excesos y las grandes giras en estadios.

Cualquiera que haya ido a un concierto de Depeche Mode habrá podido comprobar que la banda domina el directo como pocas. La presencia carismática de Dave Gahan en el escenario, el talento musical de Martin Gore, el afinado trabajo de Andy Fletcher y Alan Wilder tras los teclados, la entrega de un público que sigue a la banda con devoción y al que se le siente presente durante todo el disco con sus rugidos y su griterio… Gracias a 101, todo lo que sucedió aquella ya lejana noche de 1988 en la que Depeche Mode parecieron el mejor grupo del mundo permanecerá para siempre en el tiempo.

25 años de “Shaday”

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En verano de 1988 las pistas de baile y emisoras comerciales se volvieron locas con un tema cantado en hebreo e inglés por una artista israelí de raíces yemeníes llamada Ofra Haza. El tema se llamaba Im Nin’alu y era una curiosa mezcla de pop occidental con ritmos orientales que resultaba tan original como pegadiza.

Ofra Haza era una de las mayores estrellas de la música de Israel desde que comenzó su carrera a principios de los 80. De hecho, había representado a su país en el festival de Eurovisión de 1983, quedando en segunda posición. Pero, ¿cómo llega una canción basada en un poema hebreo del siglo XVII a lo más alto de las listas europeas? Todo comienza cuando Ofra Haza publica en 1984 un disco titulado Yemenite Songs, un trabajo donde homenajeaba a sus raíces cantando canciones tradicionales de los judios yemeníes. Abriendo el disco se encuentra Im Nin’alu, en cuyo comienzo Haza canta a capella las estrofas principales de la canción (Im nin’alu daltei n’divim daltei marom lo nin’alu: “Si las puertas de los ricos están cerradas, las del cielo nunca lo estarán”). Esta intro llamó la atención de varios DJs, que la samplearon, por lo que la voz de Haza acabó formando parte de temas como Pump up the volume, de MARRS, o el remix que Coldcut hicieron de Paid in full, de Eric B & Rakim. Así que cuando Haza decidió editar su propia remezcla de Im’ Nin Alu, los DJs de discotecas y bares la recibieron con los brazos abiertos… y de ahí a las emisoras comerciales y las listas de ventas.

Una posible explicación de cómo llegó la primera versión de Im Nin’alu a oídos occidentales puede ser que ésta era la cara B del primer remix de un tema de Yemenite Songs que hizo Ofra Haza: Galbi. Publicado en 1985, este sencillo llegó a Europa sin que el gran público reparara en él hasta el éxito de Im Nin’alu, momento en el que fue remezclado una vez más en la versión que más conocemos para ser incluido en el disco Shaday.

Imitando a Lady Gaga antes de que Lady Gaga naciera
Imitando a Lady Gaga antes de que Lady Gaga naciera

Editado en noviembre de 1988, Shaday incluía estos dos temas así como nuevas grabaciones de viejos temas de Ofra Haza. Escuchado veinticinco años después, la parte más floja del disco son las grabaciones en las que cantante y producción abandonan los sonidos orientales, como la balada My Aching Heart, mientras que otros temas como Da’ale Da’ale o el que da título al disco suenan a una curiosa mezcla de ritmos ochenteros y deje oriental. Sin duda, uno de los cortes más destacados es Love Song, tema en el que Ofra Haza llega a poner la piel de gallina al cantar a capella unas estrofas del Cantar de los Cantares.

Haza no consiguió repetir el éxito comercial de Shaday con su disco siguiente, Desert Wind, aunque consiguió una nominación al premio Grammy en la categoría de World Music con su trabajo de 1992, Kirya. También colaboró con artistas tan variados como Sisters of Mercy o Paula Abdul, además de participar en bandas sonoras como La Reina Margot o El príncipe de Egipto. Ofra Haza moría inesperadamente el 23 de febrero de 2000, a los 42 años, dejando un legado de discos y canciones memorables que demuestran que hay mucha música y mucho pop más allá del mundo anglosajón.

Bonnie Tyler, a Eurovision

En los últimos años, Reino Unido ha dejado de enviar a Eurovisión a cantantes de segunda fila o artistas salidos de concursos de televisión para apostar por grandes nombres y viejas glorias. Hace tres años optaron por una balada compuesta por Sir Andrew Lloyd Weber e interpretada por Jade Ewen, componente en la actualidad de Sugababes. En 2011 escogieron a la boyband Blue como representantes mientras que el año pasado el elegido fue el veterano Engelbert Humperdick. Este año nos han sorprendido designando a una gran estrella de los ochenta: Bonnie Tyler. La canción, una balada compuesta por Desmond Child (colaborador habitual de artistas como Bon Jovi, Cher, Scorpions, Kiss o Ricky Martin), se titula Believe in me.

Bonnie Tyler nació en 1951 en Skewen, un pequeño pueblo de Galés. Trabajó como cajera en un supermercado mientras trataba de abrirse camino en el mundo de la música, tocando en pequeños locales con su propia banda. Su gran oportunidad llegó en 1975, cuando fue contratada por RCA. Su sencillo de debut con este sello, Lost in France, sería su primer éxito en las listas británicas. Fue entonces cuando se sometió a una operación para eliminar unos nódulos en las cuerdas vocales que acabaría dejando a Tyler con su característica voz rasgada. La cantante pensó inicialmente que su carrera estaba acabada, pero se equivocaba. En 1977, la melancólica It’s a heartache se convertía en su primer gran éxito internacional.

Los siguientes discos de Tyler siguieron la línea entre el country y el pop marcada por este tema, aunque se quedaron muy lejos de repetir su éxito. Cansada de las imposiciones de sus managers, Tyler decidió deshacerse de ellos y aliarse con el compositor y productor Jim Steinman, conocido por su trabajo con Meat Loaf. Con él grabaría en 1983 su disco más exitoso, Faster than the speed of night, con la épica balada Total eclipse of the heart como tema estrella.

En 1984 Bonnie Tyler tendría su último gran éxito en las listas internacionales gracias a Holding out for a hero, un tema incluido en la banda sonora de Footloose. A partir de entonces, el mercado anglosajón le dio la espalda, aunque ha seguido vendiendo bastantes discos en varios países europeos. Gracias a sus fans alemanes y escandinavos, Tyler ha sobrevivido durante estos años a base de recopilatorios, algún disco de versiones y regrabando alguno de sus éxitos en francés. También puso voz a uno de los últimos escarceos de Mike Oldfield con el pop antes de volver a grabar y regrabar sus campanas tubulares: la muy reivindicable Islands.


Mike Oldfield feat. Bonnie Tyler Islands por paradixman

La pobre Raquel del Rosario no tiene nada que hacer contra esta competencia…

Canciones para una peli de Almodóvar: I’m so excited

Desde que comenzó la promoción de Los Amantes Pasajeros quedó claro que la canción I’m so excited iba a tener un protagonismo claro durante la misma. De hecho, ése va a ser el título de la película en el mercado internacional. Lo que no esperábamos es que fueran a organizar un lipdub este sábado en la plaza de Callao, a las cinco de la tarde…


I’m so excited es un tema de The Pointer Sisters, un grupo que, como su nombre indica, estaba formado por las hermanas June, Ruth y Anita Pointer cuando en 1982 grabaron esta canción. Aunque habían comenzado su carrera a principios de los setenta fue en los ochenta cuando comenzaron a conseguir sus mayores éxitos gracias a baladas y medios tiempos como Slow Hand o He’s so shy, temas que aun tienen reminiscencias del sonido disco que había dominado poco antes en las listas de éxitos. Sin embargo, aunque I’m so excited no fue su canción más exitosa en términos de ventas, sí que ha terminado siendo su tema más representativo y todo un himno ochentero de las pistas de baile.

Por cierto, las relaciones entre las hermanas Pointer a lo largo de sus años de carrera hacen que Dreamgirls parezca una simpática comedia infantil.

Canciones para un verano: Holiday

Holiday no fue el primer sencillo de Madonna (antes había publicado Everybody y Burning Up), pero sí fue su primer éxito. Compuesta por dos miembros de Pure Energy, un semidesconocido grupo de música disco, y ofrecida a la cantante por su productor y novio de entonces, John “Jellybean” Benitez, la canción se convertiría en la primera aparición de Madonna en el top20 del Billboard, además de ser su primer éxito internacional. Sin embargo, nadie podía imaginar que aquel otoño de 1983 comenzaba el largo reinado en las listas de la mayor estrella femenina que haya dado el pop.

Casi treinta años después, Holiday conserva su encanto naïf y sigue siendo igual de pegadiza. Escucharla es trasladarse a los años ochenta. Y al igual que Madonna, este blog se va unos días de vacaciones. Nos vemos en una semana.