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Canciones para el mes de septiembre: Papa was a rollin’ stone

It was the third of September
That day I’ll always remember,
Yes, I will
‘Cause that was the day that my daddy died
I never got a chance to see him
Never heard nothin’ but bad things about him
Mama, I’m depending on you
To tell me the truth
Mama just hung her head and said, “Son, ..

Papa was a rolling stone.
Wherever he laid his hat was his home.
And when he died, all he left us was alone.

Era el mes de septiembre de 1972 cuando The Temptations publicaban este sencillo de lo que por aquel entonces se denominaba Soul Psicodélico, una especie de eslabón entre el primigenio Soul de la Motown de los sesenta y el R&B y los sonidos más sofisticados de los años setenta, casi un adelanto del sonido Philadelphia y la música disco que estaban a punto de inundar las emisoras de radio y las pistas de discoteca del mundo. Grabado inicialmente en 1971 por The Undisputed Truth en una versión que apenas alcanzaría un puesto 63 en las listas, el productor Norman Whitfield, quien la había compuesto junto a Barrett Strong, la volvería a grabar para The Temptations convirtiéndola en una extraordinaria pieza dominada por un bajo al que se le van sumando diversos instrumentos a lo largo de doce minutos en los que las armonías vocales del grupo acababan quedando en un segundo lugar. Esto, y las tormentosas sesiones de grabación a las que les sometió el perfeccionista Whitfield, hizo que the Tempations decidieran no trabajar más con él, prefiriendo volver a las baladas de su primera época y dejar de lado los experimentos musicales. El resultado: Papa was a rollin’ stone fue el último número uno para la banda. Eso sí, les hizo ganar tres Grammies.

Papa was a rollin’ stone se ha convertido en un clásico incontestable del soul, el funk y el R&B, una demostración de que la música popular podía ir más allá del típico tema pop de tres minutos de duración: con su versión para radios de siete minutos, es una de las canciones más largas en haber sido número uno del Billboard. Por supuesto, ha sido versionada en múltiples ocasiones, destacando en especial la que publicó George Michael para su EP de 1993 Five Live con Queen y Lisa Stansfield y que se lanzó como sencillo en un mashup con su versión del Killer de Adamsky. El vídeo de la canción, en el que George Michael, como era habitual por entonces, no aparece, combina imágenes en blanco y negro con parodias a todo color de logotipos publicitarios. Es uno de mis clips favoritos de los 90.

Adiós, Glenn, adiós.

Ayer, entre tweet y tweet comentando Un Príncipe Para Tres Princesas, leí la noticia de la muerte de Glenn Frey, fundador y guitarrista de The Eagles. Por si no era suficiente haber perdido en pocos días a Guru Josh, a Natalie Cole, a Lemmy y a David Bowie, ahora tocaba despedir al autor de tantas canciones de rock con sabor country que han acompañado a millones de conductores por carreteras solitarias hasta el Hotel California.


Eagles – Hotel California von hushhush112

Supongo que todo el mundo conoce Hotel California. Es una de esas canciones que seguramente estén sonando siempre en alguna emisora del planeta. Alegoría de las drogas, historia de terror, símbolo de los excesos de 1969, himno de sectas satánicas, Hotel California es uno de los grandes momentos de la historia de la música popular del siglo XX, coronado por un glorioso dueto de guitarras guerreras. Editado en 1976, el disco homónimo que la incluye nunca ha dejado de venderse: mi madre se lo compró entonces en casette y yo en compacto hace unos años. Mientras lo escuchaba esta mañana camino del trabajo, me resultaba evidente que prácticamente todo el rock estadounidense de los 80 está encerrada en los ocho temas que lo componen, desde Journey hasta los GunsnRoses pasando por Bon Jovi y llegando quizás hasta The Killers. El country en New Kid in Town, el rock más macarra de Life in the fast lane (“He was brutally handsome and she was terminally pretty”), los coros de Victim of Love, la balada desesperada a lo Wasted Time o la balada denuncia a lo The Last Resort son casi arquetipos de gran parte de lo que sonaría en los walkmans durante la década siguiente. Después, Glenn Frey y Don Henley, el cantante y cofundador, se irían peleando como lo hacían Billy Crudup y Jason Lee en Casi Famosos hasta separarse para hacer temas de placer culpable en los 80 y temas directamente espantosos cuando se volvieron a juntar en los 90.

Supongo que una de las cosas que tiene hacerse mayor es ir viendo morir a los artistas que le acompañaron en su infancia. No sólo Hotel California sonaba en las cintas que mi madre ponía en el coche en nuestros largos viajes ochenteros, también estaban In the city y la balada I Can’t Tell You Why, uno de sus últimos temas y en el que no cantaban ni Frey ni Henley sino el bajista Timothy B. Schmit.

Nunca te prometí un jardín de rosas

Hoy es el día de San Jorge (o Sant Jordi), así que siguiendo la tradición catalana, hoy todo gira en torno a libros y rosas. Seguramente ésta sea la flor que más canciones ha inspirado en la historia de la música, como este tema de Lynn Anderson que puede venir muy bien a todo aquel que se haya olvidado de hacer hoy un regalo a su pareja.

“I beg your pardon, I never promised you a rose garden. Along with the sunshine, there’s gotta be a little rain sometimes”. En realidad, la canción puede interpretarse como un reproche: “I could sing you a tune or promise you the moon, But if that’s what it takes to hold you, I’d just as soon let you go, but there’s one thing I want you to know. You better look before you leap, still waters run deep”. Al final, el amor no está en las rosas, la luna o los anillos de diamante, sino en lo más profundo.

Rose Garden fue compuesta por Joe South para su disco de debut Introspect, publicado en 1969, sin que tuviera el más mínimo eco. Sin embargo, en octubre de 1970, la cantante de country Lynn Anderson la publicó como sencillo y consiguió uno de los mayores éxitos comerciales para el género en todo el mundo. Curiosamente, el productor de su disco (y también marido) no quería que Anderson cantara el tema por considerarla “una canción de hombres” y dijo que la grabarían si tenían tiempo libre en alguna de las sesiones… Por suerte, hubo tiempo y el resultado fue más que brillante, además de ser recompensado con un Grammy en la categoría country y una candidatura a Canción del Año para Joe South, un artista que tuvo que ver como composiciones suyas como ésta o Games People Play sólo conseguían vender cuando las cantaban otros.

Rose Garden ha sido versionada y sampleada hasta la saciedad por artistas como k.d. lang, Loretta Lynn, Martina McBride, The Three Degrees y, como no, nuestros Duncan Dhu para su disco Canciones, rebautizada como Jardín de Rosas y convirtiéndose en uno de los éxitos del patio de mi colegio en 1987.

La gran estafa americana

Con sus tres últimas películas (The Fighter, El lado bueno de las cosas y La gran estafa americana), David O’Russell se ha convertido en uno de los directores favoritos de la Academia a la hora de repartir nominaciones a los Oscars: 25 candidaturas han obtenido entre las tres películas. ¿Merecidamente? Seguramente no. Quizás le estén compensando por haberle ignorado cuando estrenó sus primeras películas a mediados de los 90… o quizás en el caso de La gran estafa americana(American Hustle en su título original) el hype esté, por una vez, justificado.

Inspirada ligeramente en hechos reales -la operación Abscam, en la cual el FBI recurrió a un timador profesional para destapar varios casos de corrupción a finales de los 70-, La gran estafa americana es la historia de Irving Rosenfeld y su socia y amante Sidney Prosser, dos timadores desenmascarados por el agente del FBI Richie DiMaso. Para evitar su condena, ambos tendrán que ayudar al FBI a atrapar a otros estafadores profesionales… pero la operación pronto va alcanzando a objetivos más importantes: el alcalde de Camdem, varios senadores y la mafia. Sin embargo, esta trama policiaca es una mera excusa para que O’Russell haga un estudio de personajes, un enorme McGuffin que sirve de fondo para la historia de amor entre Irving y Sidney, además de las relaciones que se establecen entre ellos y otros personajes, como el impulsivo agente que utiliza rulos para rizarse el pelo, el simpático alcalde corrupto o la esposa de Irving, una mujer tan inestable como incontrolable. De hecho, gran parte de la película ha nacido de las improvisaciones de los actores dejando de lado el guión cofirmado por Eric Warren Singer y O’Russell, un método de trabajo que el director alienta durante sus rodajes… y que puede terminar transmitiendo la sensación de que la historia no avanza con la claridad o el ritmo necesarios en varios momentos.

Con este método de trabajo, se entiende la gran importancia que tiene el reparto a la hora de conseguir que la película no naufrague en la inconsistencia así como la tendencia de O’Russell a volver a contar con determinados actores con los que ya ha trabajado. En este sentido, los miembros del reparto de La gran estafa americana no defraudan. Amy Adams, una de las mejores actrices de la actualidad, da todo un recital de acentos y estados emocionales sin resultar artificial ni excesiva en ningún momento. Frente a ella, Jennifer Lawrence vuelve a recurrir a esas toneladas de carisma que le acabaron sirviendo para ganar el Oscar a Mejor Actriz el año pasado por El lado bueno de las cosas. Christian Bale vuelve a transformarse físicamente para dar vida al protagonista de la película, pero la sutilidad o contención con las que lo interpreta acaban haciéndole pasar más desapercibido que un adrenalítico Bradley Cooper que es cada vez mejor actor. Jeremy Renner, Robert de Niro, Louis C.K., Alessandro Nivola o Elisabeth Röhm son otros de los nombres destacados del reparto aunque se hayan quedado fuera de las entregas de premios.

Parte esencial del éxito de La gran estafa americana es su recreación estética de la moda de finales de la década de los 70 gracias a un trabajo de dirección artística, vestuario y peluquería que podemos calificar fácilmente de “fabuloso”. Elemento clave a la hora de retrotraernos a los años del apogeo de la música Disco es una banda sonora repleta de grandes temas de la época a cargo de artistas como Donna Summer, The Bee Gees, Elton John, Electric Light Orchestra o Wings, entre otros muchos. Afortunadamente, la música está perfectamente integrada en la trama, funcionando como complemento dramático que aporta fuerza y densidad a varios momentos de la película. Son estos elementos estéticos unidos al trabajo del reparto los que hacen de La gran estafa americana una experiencia cinematográfica más que disfrutable… aunque siempre nos quedará la duda de si este material podría haber dado más de sí en manos de un director más ambicioso o arriesgado que un o’Russell que, aunque en ocasiones juega a ser un Martin Scorsese o un Paul Thomas Anderson, termina siendo más contenido de lo necesario.

Canciones para el día del padre: Father and son

Hoy se celebra el Día del Padre y entre todas las canciones sobre padres e hijos que se han grabado en la historia de la música, nos quedamos con Father and son, el clásico de 1970 de Cat Stevens, nacido Steven Demetre Georgiou, conocido ahora como Yusuf Islam.

Father and son es una canción estructurada como un diálogo entre un padre y un hijo. Éste quiere seguir su camino en la vida y tomar sus propias decisiones, mientras que su padre le recomienda obedecer sus consejos. En resumen, se trata del eterno conflicto entre una generación y la siguiente que se viene produciendo desde el principio de los siglos. Es muy fácil identificarse tanto con los argumentos del padre como los del hijo y de ahí que la canción se haya convertido en uno de los temas más recordados de Cat Stevens, a pesar de que sólo fuera editada como cara B del sencillo Moonshadow y como parte del disco Tea for the Tillerman. Ha habido varias versiones de la misma que han tenido buenos puestos en las listas, como la grabada por Ronan Keating en 2004 en la que no dudó en hacer los coros el propio Yusuf Islam. Sin embargo, no permitió que Baz Lhuhrmann la utilizara en una escena inicial de Moulin Rouge, ya que el argumento de la película iba contra los preceptos de la religión musulmana.

ZABRISKIE POINT

Zabriskie Point Poster

Anoche fui a la Filmoteca a ver “Zabriskie Point”, una película de Antonioni sobre los movimientos contraculturales en la California de finales de los sesenta. En realidad, no pasa gran cosa: un chico huye de los disturbios provocados por los enfrentamientos en la Universidad entre estudiantes y fuerzas policiales, se encuentra con una chica en el desierto, se paran en Zabriskie Point -los restos de un lago desaparecido hace cinco millones de años-, hacen el amor, se separan, el Sistema se impone y Antonioni propone como solución volar por los aires el Capitalismo. Todo muy simbólico, muy ingenuo, muy revolucionario. Me encantan estas películas.

Zabriskie Point Rolling Stone Cover

De Antonioni he visto varios títulos. Las que le han hecho famoso, como “La Noche” o “Blow Up”, tienen un ritmo lento y un argumento liviano que parece lleno de arbitrariedades narrativas. También se destacan por la estética, el encuadre, los movimientos de cámara, el equilibrio entre líneas y colores, el cuidado de los detalles aparentemente secundarios: cada plano es una obra completa en sí misma. En “Zabriskie Point” me llamaron la atención dos detalles: la cantidad de carteles publicitarios que salen en los planos ambientados en la ciudad frente al vacío puro y esencial del desierto, así como el contraste estilístico entre la trama central de la película, rodada con la típica libertad de las Nuevas Olas de los sesenta, y las escenas protagonizadas por Rod Taylor, quien interpreta a un rico constructor que especula con terrenos para llenar de urbanizaciones el desierto, mucho más convencionales. El choque entre la vieja sociedad y las propuestas revolucionarias de los sesenta se plasma también en el propio estilo de la película.

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Otra de las cosas que siempre me llama la atención cuando veo películas de arte y ensayo de los sesenta es que me da la impresión de que el cine alternativo de ahora mismo no se dedica más que a reciclar ideas antiguas con menos valentía. También me pasa con la música: al escuchar los temas de Pink Floyd que forman parte de la banda sonora de la película, uno se da cuenta de que el “Kid A” de Radiohead tiene muy poco de novedoso y menos de radical.

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Leyendo en Imdb sobre la pareja protagonista del film, Mark Frachette y Daria Halprin, uno piensa en que el rodaje debió de ser, como poco, interesante. Él era carpintero y después del estreno se fue a vivir a una comuna a la que donó lo que le habían pagado por su trabajo en la película. Poco después fue detenido por participar en el atraco a un banco y murió en la carcel a los 27 años. Ella se casó con Dennis Hopper y fundó un instituto para la sanación a través del movimiento, donde trabaja como profesora.