Canciones para una campaña de Navidad: Half the world away

Las Navidades publicitarias cada vez comienzan antes. En cuanto las tiendas quitan las calabazas y los murciélagos de Halloween y a la espera de que Acción de Gracias se convierta en una festividad internacional que complemente el Día de los Solteros (qué mundo tan triste el nuestro), las tiendas comienzan a colgar estrellas de papel de plata, espumillón y luces de colores. Y como no, llegan los anuncios emotivos, sentimentales y horteras. ¿El más eficaz? El de la cadena inglesa de grandes almacenes John Lewis, que lleva ya unos años arrancándonos una lagrimita como si fueran películas de Pixar.

El secreto de estas campañas de publicidad reside, en gran medida, en la elección de su banda sonora, versiones etéreas e hipnóticas de clásicos del pop (o casi) Este año, la elegida ha sido AURORA (escrito todo en mayúsculas), una cantante noruega de 19 años que pronto publicará su primer disco, mientras que la canción escogida es Half the world away, una canción acústica de Oasis que apareció como cara B en el sencillo de Whatever (sí, ya dijimos ayer que muchos grupos matarían por las caras B de la primera etapa de Oasis), pero que en el Reino Unido conocen más por ser el tema de la sitcom The Royle Family, emitida por la BBC entre 1998 y 2000. En unos días veremos si a AURORA le va tan bien como a Gabrielle Aplin, cuya versión de The power of love, el clásico navideño de Frankie Goes To Hollywood, fue número uno en la lista británica y sirvió para darla a conocer internacionalmente después de sonar en la campaña de John Lewis de 2012.

También Lily Allen consiguió el número uno con su emocionante versión del tema de Keane Somewhere only we know en 2013, mientras que Ellie Goulding colocó la suya del clásico de Elton John Your Song en el segundo puesto en un segundo puesto. El único solista masculino que hasta la fecha ha sonado en estas campañas ha sido Tom Odell, que cantó el año pasado Real Love, de The Beatles, consiguiendo un séptimo puesto en listas. Y por último, la menos exitosa de todas ha sido la versión que Slow Moving Millie hizo del Please, Please, Please, Let Me Get What I Want de The Smiths, que apenas consiguió un puesto 31.

20 años de Wonderwall

OasisWonderwallSingle

Era 1995, el grunge agonizaba y el britpop conquistaba el mundo. Blur y Oasis se enfrentaban en los tabloides y las listas de ventas. Unos publicaban The Great Escape, después de haberse convertido en estrellas con Parklife; los otros se enfrentaban al desafío del segundo disco con (What’s the stoy) Morning Glory?. La primera batalla la ganaron Damon y sus chicos: Country House conseguía el número uno en la lista de sencillos y Roll with it se quedaba en el segundo puesto. Ambos temas son, seguramente, de los peor de sus repertorios.

Pero quien ríe último ríe mejor: el 30 de septiembre de 1995 se publicaba Wonderwall como tercer sencillo del disco de Oasis y, como se suele decir, el resto es historia. El tema lanzó a Oasis en todo el mundo, triunfando en el mercado estadounidense donde acabarían vendiendo 4 millones de copias de Morning Glory (22 en todo el mundo, según Wikipedia), además de convertirse en uno de los himnos imprescindibles de los 90.

Wonderwall es un hermoso tema pop donde todas las piezas encajan a la perfección, desde el arranque con guitarra acústica de Noel hasta el acompañamiento de cuerda (en realidad, un Mellotron), el ritmo de la percusión y los arreglos al teclado de la parte final. Sus cuatro minutos son una demostración de la importancia de la melodía y que, a veces, menos es más: el sonido limpio de Wonderwall contrasta tanto con la suciedad guitarrera de algunos de sus primeros temas como con la grandilocuencia estirada y sobreproducida de Be Here Now y siguientes. También puede ser la vez que Liam haya cantado mejor: Noel le dejó elegir entre cantar Wonderwall o Don’t look back in anger y el pequeño de los Gallagher supo elegir bien.

Por supuesto, la huella de los Beatles es evidente: Wonderwall es el título de una película de 1968 cuya banda sonora fue compuesta por George Harrison. Wonderwall music es, de hecho, el primer disco publicado en solitario por un miembro de los Beatles. Eso sí, el significado de la palabra “wonderwall” en sí nunca llegará a ser desvelado del todo: Liam dijo que puede referirse a cualquier cosa buena que te suceda, como cuando por fin encuentras ese billete de autobús que estabas buscando. Noel, por su parte, aclaró en 2002 que la canción trata sobre un amigo imaginario que viene a salvarte de ti mismo. Y Urban Dictionary, entre otras acepciones, indica que Wonderwall es esa barrera que separa la realidad del Mundo Trascedente y que a través de una grieta permite echar un vistazo a lo que se esconde más allá del muro maravilloso.

Wonderwall, por supuesto, tiene decenas de versiones. Una de las famosas es la que hizo al estilo easy listening Mike Flowers Pop un par de meses después de la publicación de Wonderwall. Sin embargo, la favorita de Noel es la que hizo Ryan Adams en su EP de 2003, Love is Hell, part 1.

Por si fuera poco, el sencillo de Wonderwall viene acompañado de tres temas por los que cualquier banda mataría: The Swamp Song, la versión completa del tema instrumental del que se oyen dos extractos en (What’s the story) Morning Glory?; el potente y animado Round are way; y, sobre todo, la maravillosa The Masterplan, que después daría nombre al recopilatorio de caras B de Oasis y que bien se merece un artículo dedicado a ella en exclusiva.

Desmitificando los noventa

Para el que escribe esto no hubo otra década como los noventa, pero eso se debe básicamente a que en aquellos años era un tierno adolescente y un joven universitario aficionado a la música, un mundo en el que todo sonaba nuevo y excitante: teníamos grunge, teníamos britpop, teníamos eurodance, teníamos todo lo necesario para ser felices… Pero el tiempo pasa, uno se hace mayor y termina descubriendo que sus héroes no eran unos genios con un inmenso talento creativo, sino que eran continuadores de tradiciones y sonidos que vienen de décadas atrás. Ahora entiendo a quienes decían que los grandes nombres de la música indie de los 90 “no hacían nada nuevo”, porque es lo que yo digo ahora cuando escucho a los grandes nombres actuales de la música alternativa. Nadie hace nada nuevo y para demostrarlo, recopilamos cinco grandes momentos musicales de los 90 que son tan icónicos como inspirados por obras ajenas.

5. The Offspring. Why don’t you get a job?

Comenzamos con una tan evidente que parece mentira que no hubiera una demanda en cuanto la canción fue publicada como sencillo. The Offspring habían arrasado a mediados de los 90 con Smash, vendiendo unas veinte millones de copias en todo el mundo de un disco repleto de himnos punk tan contundentes como fáciles de tararear. El disco que vino después, Ixnay on the hombre, grabado ya con una multinacional, pasó tan desapercibido que uno puede creer que nunca existió y que después de Smash vino directamente Americana. En este disco, The Offspring se abrieron a sonidos más pop y consiguieron algunos de los sencillos más exitosos de su carrera. Que Why don’t you get a job? fuera una simple adaptación de Ob-La-Di, Ob.La-Da, de The Beatles, y Cecilia, de Simon & Garfunkel, no fue ningún problema. Es lo que se llama “un homenaje a los clásicos”.

4. Oasis.Whatever.

Se puede decir que toda la carrera de Oasis es un permanente “homenaje” a The Beatles, pero sus abogados nunca se animaron a denunciar a los hermanos Gallagher. Otros, en cambio, sí que les llevaron a los tribunales acusándoles de esa cosa tan fea llamada plagio. The New Seekers se llevaron medio millón de libras por el parecido entre Shakermaker y I’d like to teach the world to sing, el clásico jingle publicitario de CocaCola… aunque entre nosotros, Shakermaker no es de los mejores temas de Oasis, así que podemos obviarlo. Lo de Whatever es diferente: fue el primer tema de Oasis en colocarse en el Top5 británico y también la primera vez que Oasis demostró, gracias a ese acompañamiento de cuerda y sus más de seis minutos de duración, que eran un conjunto con ambiciones artísticas (o ínfulas) y no un grupo de garrulos ingleses (o algo más aparte de eso). Sin embargo, la melodía de Whatever está parcialmente inspirada en How sweet to be an idiot, un tema de 1973 del músico inglés Neil Innes, colaborador habitual de Monthy Python y compositor de canciones humorísticas y paródicas que, gracias a un acuerdo entre abogados y sellos discográficos, terminó recibiendo un 25% de los royalties de la canción.

3. The Verve. Bitter Sweet Simphony.

En 1997 The Verve publicaron Bitter Sweet Simphony, uno de los momentos musicales más brillantes de los 90 e himno incontestable del BritPop. Utilizada en anuncios y películas y con unas ventas excelentes en todo el mundo, Richard Ashcroft nunca ha visto ni un duro de todos los beneficios generados por este tema. Todo empezó cuando The Verve pidió permiso para samplear una prácticamente desconocida versión orquestal que el productor Andrew Loog Oldham había hecho de The Last Time de The Rolling Stones como base del tema. Sin embargo, cuando la canción fue publicada, ABCKO, poseedores de los derechos de autor del catálogo de los Rolling Stones, demandaron a la banda alegando que el acuerdo inicial había sido vulnerado y que Bitter Sweet Simphony hacía algo más que “samplear” The Last Time. La alternativa que les dieron era retirar la canción del mercado o ceder el 100% de los royalties a Mick Jagger y Keith Richards, lo que llevaría a Richard Ashcroft a decir que Bitter Sweet Simphony era el mejor tema que ambos habían escrito en más de veinte años. Por una parte, es cierto que toda la base musical de la canción surge de esta versión orquestal…

…pero paradójicamente, Keith Richards declaró en 2003 que The Last Time nació como una adaptación de un clásico gospel, This may be the last time, grabado por The Staple Sisters en 1955. ¿Es la historia de la música una continua sucesión de plagios?

2. Radiohead. Creep.

Radiohead llevan años sin tocar Creep en sus conciertos. Puede que se avergüencen de ella, pero fue la canción que les dio a conocer y el mejor corte de un disco, Pablo Honey, que en ningún momento permitía adivinar que sus responsables iban a ser capaces algún día de crear Ok Computer o Amnesiac. Publicado en septiembre de 1992, el tema pasó completamente desapercibido en Reino Unido pero fue consiguiendo fama poco a poco durante los meses siguientes en países como Israel o Nueva Zelanda llegando así hasta las emisoras universitarias de Estados Unidos. En esos tiempos de efervescencia de la Generación X y su gusto por sentirse fuera de lugar en el universo consumista heredado de los ochenta, una canción sobre un inadaptado social que no se atreve a hablar con una chica guapa estaba destinada a convertirse en un éxito. Tampoco se le escapó al abogado correspondiente que la canción copiaba la progresión armónica y la melodía de parte de The air that I breathe -especialmente evidente en la parte en que Thom Yorke canta lo de “she’s running out the door”-. Aunque la canción es conocida principalmente por la versión de 1974 de The Hollies, había sido compuesta un par de años atrás por Albert Hammong y Mike Hazlewood, ambos reconocidos oficialmente como coautores de Creep después de la demanda judicial correspondiente.

1. Nirvana. Smells like teen spirit.

Se puede decir que musicalmente los 90 comenzaron cuando Smells like teen spirit llegó a las emisoras de radio y se convirtió en un éxito internacional a finales de 1991. Con solo una canción, Nirvana consiguió que todo el rock hecho en la década de los 80 pasara de moda instantáneamente y que la música alternativa se convirtiera en el mainstream de los 90. Smells like teen spirit es, seguramente, EL himno musical de los 90… pero como aquí nadie está libre de pecado, es también un tema con “cierta” inspiración en otra canción. La letra, la rabia, la actitud, la distorsión son originales de Nirvana, por supuesto, pero su riff guitarrero se basa directamente en el de un tema tan inocuo como More than a feeling, el clásico de 1976 de Boston.

Al menos, Kurt Cobain era consciente de ello y lo dejó patente en entrevistas como ésta publicada en Rolling Stone en 1994: “Teen Spirit” was such a clichéd riff. It was so close to a Boston riff or “Louie, Louie.” When I came up with the guitar part, Krist looked at me and said, “That is so ridiculous.” (Teen Spirit tenía un riff tan tópico. Estaba cerca de un riff de Boston o Louie, Louie. Cuando aparecí con la parte de la guitarra, Krist me miró y dijo: “Eso es tan ridículo”). Actuaciones como ésta del Festival de Reading de 1992 lo dejan más que patente.

Pero aunque no hubo demanda de plagio, el hecho de que un clásico de los 90 como Smells like teen spirit esté parcialmente inspirado en un tema tan propio de emisoras como M80 no deja de ser un poco doloroso para los que fuimos adolescentes en aquella época. Desconfiad de todo lo que escuchéis.

CHAMPAGNE SUPERNOVA

Ayer fui al concierto de Oasis y fue espectacular. No sé si es porque mis expectativas no eran muy elevadas o porque, dados los antecedentes, no estaba seguro de que el concierto se fuera a celebrar hasta que no viera a Liam y Noel sobre el escenario. De cuatro veces que he tenido en mi mano una entrada para ver a Oasis, se ha suspendido en dos ocasiones. La última vez fue en Salamanca, pocas horas antes de empezar el concierto y cuando ya estábamos en la ciudad. De hecho, la primera vez que pude verles, en Zaragoza en 1997, el concierto estuvo a punto de cancelarse por culpa de una huelga de transportes en Francia. Al final vinieron Oasis, pero no el decorado de la gira.

Tengo muchas anécdotas relacionadas con el que fue mi grupo favorito en mis años universitarios. En mi carpeta llevaba, por un lado, una foto de Oasis y por el otro, una de Blur. Cuando mce79 me regaló “(What’s the story?) Morning Glory”, que salió justo cuando cumplía los 19, no escuché otra cosa durante varios días seguidos. Mi hermano y yo solíamos cantar “Wonderwall” a voz en grito en el coche cuando pasábamos por el pantano de Yesa. No me he comprado ninguno de los discos malos de Oasis (es decir, desde “Be here now” a “Don’t believe the truth”), pero tengo casi todos los singles que han editado. Los primeros fueron “Wahetever” y “Don’t look back in anger”, que compré en mi viaje de estudios a Amsterdam. El último, “The importance of being idle”, me lo traje de Milán. Eso sí, mi favorito es el sencillo de “Wonderwall”, encontrado en el Corte Inglés de Bilbao, que incluye esta maravilla llamada “The Masterplan“. Mi hermano me trajo de su interail por tierras británicas una llavero con el escudo del apellido Gallagher. Y se puede decir que mi corte de pelo habitual sigue estando inspirado en el de Liam y su desprecio por la gomina.

Ayer puede comprobar que las canciones de Oasis se han convertido en clásicos indiscutibles. Siguen sonando con la fuerza de entonces y además, no han perdido frescura. No suenan a antiguo. Los Gallagher han hecho mucho morralla en los últimos años, pero pocos grupos de los 90 habrán firmado tantas buenas canciones. “Champagne Supernova”, penúltimo tema que tocaron ayer, antes de su clásica versión de “I am the walrus”, sonó enorme, apoteósica, épica y no me estoy dejando llevar por el fanatismo. Liam, con sus gafas de sol y su abrigo, sigue mirando hiératico y soberbio al público cuando no le toca cantar. Parece mentira que alguien que apenas se mueve sea capaz de llenar tanto un escenario y conseguir que todo el mundo tenga los ojos clavados en él. Pensándolo bien, no me sorprende tanto que el concierto estuviera lleno de jóvenes veinteañeros y de adolescentes sudorososas cantando a voz en grito lo de “Where were you while we were geting high?”

ALL I WANNA DO

“All I wanna do is have a little fun before I die”, says the man next to me out of nowhere. Apropos of nothing, he says his name is William but I´m sure he´s Bill or Billy, Mac or Buddy. He´s plain ugly to me. And I wonder if he´s ever had a day of fun in his life.

Sheryl Crow, All I wanna do

Éste es uno de mis arranques de canción favoritos. Me imagino el bar cochambroso de carretera, los cercos de los vasos sobre la barra sucia, Sheryl con la guitarra a la espalda y las botas sucias de polvo del desierto y a su lado, el avejentado William, aunque estoy seguro de que era Bill o Billy, Mac o Buddy.

Aunque si tuviera que quedarme con unos primeros versos, me quedaría con estos, que son toda una lección de Literatura.

“Siempre que se hace una historia
se habla de un viejo, de un niño o de sí”.

Silvio Rodríguez, Canción del Elegido

En mi época universitaria, mi grupo de cabecera eran Oasis. Entre todas sus canciones, me quedo con estos versos:

“Some might say they don’t believe in heaven
Go and tell it to the man who lives in hell”

Oasis, Some might say

Y el grupo de cabecera de mi hermano eran U2. Y entre todas sus canciones, me quedo con estos versos:

“In my dream I was drowning my sorrows
But my sorrows, they learned to swim”

Sí, eran los noventa y todos sufríamos mucho. Como todo no va a ser rememorar antiguos ataques de angustia adolescente, termino este artículo con una estrofa que siempre me hace reir. Una chica de clase alta, un pobre diablo, una cita en un supermercado y la gente común.

“I took her to a supermarket,
I don’t know why but I had to start it somewhere,
so it started there.
I said pretend you’ve got no money,
she just laughed and said,
“Oh you’re so funny.”
I said “yeah?
Well I can’t see anyone else smiling in here”.

Pulp, Common People

Y ésta está siendo mi mañana, limpiando, navegando y escuchando música. Sí, a veces presto atención a las letras, pero sólo valen la pena en muy pocas ocasiones.