New York, New York

Hoy es un día para homenajear a Nueva York. Grabado el 7 de septiembre de 2001, éste es seguramente el último videoclip en el que aparece la emblemática silueta de las Torres Gemelas.

New York, New York era el sencillo de presentación de Gold, el segundo disco del prolífico (quizás demasiado) cantautor estadounidense Ryan Adams, y el destino quiso que se convirtiera en un homenaje a la ciudad de los rascacielos. Pero ésta no fue la única canción que ha terminado relacionada con los atentados. Hero, de Enrique Iglesias, también se convirtió en una especie de himno para recordar a los policías y bomberos fallecidos ese día. Lo mismo sucedió con Only Time, un tema que Enya había incluido en su disco A Day Without Rain, publicado en noviembre de 2000: un internauta lo utilizó como banda sonora de una presentación con fotos del ataque al World Trade Center que se difundió rápidamente por la red. Enya publicó un remix de la canción, destinando todos los beneficios de su venta a asociaciones de víctimas del 11S. Only Time se convirtió así en la canción más exitosa de la irlandesa en el mercado estadounidense.

Otras canciones, en cambio, no corrieron la misma suerte: Clear Channel Comunications, una empresa que posee más de un millar de emisoras en Estados Unidos, publicó una lista con canciones “no adecuadas” para ser radiadas durante esos días, ya que hacían referencia, aunque fuera muy tangecialmente, a accidentes aéreos, atentados, aviones, fuego, muerte, explosiones o, simplemente, eran demasiado violentas. Entre ellas se encontraban It’s the end of the world as we know it, de REM; Walk like an egyptian, de The Bangles; Black is Black, de Los Bravos; War, de Edwin Starr; Sunday Bloody Sunday, de U2; o toda las discografía de Rage Against The Machine.

QUE EL VASTO MUNDO SIGA GIRANDO

El siete de agosto de 1974, a las siete y cuarto de la mañana, Philippe Petit subió a la terraza de la Torre Sur del World Trade Center y atravesó el cielo de Manhattan caminando por un cable de acero hasta la Torre Norte. Fue un paseo de cuarenta y tres metros de longitud a más de cuatrocientos metros de altura que el funámbulo repitió ocho veces delante por encima de las cabezas de miles de personas que pudieron ver como su ciudad se convertía, por un día, en la pista de circo más grande del mundo.

QUE EL VASTO MUNDO SIGA GIRANDO

Este episodio de la historia de Nueva York sirve como elemento conductor, o más bien como leit-motif, para el escritor Colun McCann en su novela “Que el vasto mundo siga girando” (“Let the great world spin” es su título original), publicada el año pasado y galardonada con algunos de los principales premios del panorama literario estadounidense. Aparte de Phillip Petit y su paseo por el cielo, en sus páginas encontramos historias de prostitutas enganchadas al caballo y mujeres de la alta sociedad, artistas bohemios y emigrantes irlandeses, dibujantes de grafittis y pioneros de Arpanet, vidas diversas que terminan entrecruzándose durante unos instantes o confluyendo para siempre.

Sin embargo, cuando ayer terminé de leerlo, me dio la impresión de que la auténtica protagonista del libro es Nueva York, desde el Bronx hasta Park Avenue, un universo de personas con sus pequeñas y grandes tragedias y alegrías, una ciudad de ciudades que es fácil imaginar, para lo bueno o para lo malo, como capital de nuestro planeta. Y qué mejor símbolo de la evolución, los cambios, el drama, de Nueva York que sus Torres Gemelas…

ALBUM DE FOTOS

Cuando viajo, a veces me gusta sentarme un rato y mirar a mi alrededor. Así me doy cuenta de que verdaderamente estoy ahí y no en una especie de parque temático de rascacielos, museos y tiendas. Sin hacer nada, sin fotografiar nada, sólo estar y sentir que formo parte, aunque sea sólo por unos días, de ese lugar.

ace76

Sería difícil escoger mi lugar favorito de Nueva York, pero si tuviera que elegir, me quedaría con el Ferry que va a Staten Island y desde el que se ven Manhattan, New Jersey, la Estatua de la Libertad… mientras decenas de neoyorquinos vuelven a casa o van a trabajar sin hacerle demasiado caso al paisaje.

Ahora es difícil no ver Manhattan con algo de melancolía y pensar en el día en que se derrumbaron las Torres Gemelas. Impresiona un poco ver en Battery Park los restos de la estatua que antes se encontraba entre los dos edificios.

Quizás por haber conocido en su momento las Torres Gemelas y haber subido hasta el piso más alto del World Trade Center, el Empire State Building no me atrae tanto y podría prescindir de su mirador. Sobre todo, desde que he descubierto la existencia del Top of the Rock. De noche, NY impresiona.

Top of the rock

Tampoco me resulta sencillo decir cuál es mi edificio favorito de Nueva York. Hoy me voy a quedar con la inconfundible silueta del Flatiron, cuya construcción terminó hace ya más de un siglo, en 1902.

Otro de mis rincones favoritos de Nueva York está en el Central Park. Me gusta comprobar que Alicia sigue celebrando el NoCumpleaños con la Liebre Marcera y el Sombrerero Loco mientras el gato de Cheshire les contempla, sonriente.

Alicia, Central Park

Esta vez también he podido comprobar que, quitando algunos cambios de iluminación y de orden en algunas salas, el Museo de Historia Natural sigue siendo el mismo que vi de pequeño y que los dinosaurios siguen siendo igual de grandes.

American Museum of Natural History

Eso sí, la próxima vez que vaya a NY, me gustaría ver un musical de Broadway cada noche. Incluso hasta volvería a ver éste:

Y ya está, no volveré a hablar de NY en una temporada, que no os quiero agotar. Pero antes, un par de detalles para los mitómanos. Éste es el portal de la casa de Carrie Bradshow.

Y ésta es la fachada del edificio donde estaban los apartamentos de Rachel y Monica y de Joey y Chendler.

Si no os habéis hartado de fotos, hay muchas más en Flickr.

LA NOCHE CAE SOBRE MANHATTAN

La noche cae sobre Manhattan y millones de bombillas se iluminan.

Una de las cosas que más me apetecía de Nueva York era disfrutar de las vistas nocturnas de la ciudad. Hubiera podido prescindir de la excursión al mirador del Empire State, pero sí quería subir al Top of the Rock, de cuya existencia me enteré gracias a Joserra. Para mí, el Rockefeller Center era el sitio donde se patina sobre hielo en invierno a la sombra de la estatua dorada de Prometeo. No sabía que se podía subir hasta la terraza del edificio más alto y contemplar la jungla de asfalto en todo su esplendor. La metáfora más fácil es la de las miles de estrellas que brillan en una galaxia, o la de los diamantes en un joyero, pero en realidad se quedan cortas. A mí, particularmente, me sorprendieron dos cosas: la cantidad de aviones y helicópteros que circulan por encima de Manhattan (como luciérnagas voladoras en la noche); y el incesante ruido del tráfico y las sirenas de las ambulancias, los camiones de bomberos y los coches de policía, la banda sonora perfecta para la ciudad que nunca duerme (como si fuera el latido de su corazón y el zumbido metálico de sus venas urbanas).

No fue la única cosa que hice por primera vez en Nueva York. Por fin pude ir al auténtico MOMA (antes era demasiado pequeño para apreciarlo, y en el 2003 estaba cerrado por reforma y hubo que conformarse con el MOMA de Queens), paseé por el puente de Brooklyn, entré en la Grand Central Station y en el vestíbulo del Chrysler Building y vi la fachada de las Naciones Unidas, un lugar donde no me importaría trabajar algún día. Para mi próxima visita, querría ir a Ellis Island, visitar The Cloisters, caminar por el Brooklyn de Paul Auster y subirme a la noria de Coney Island (si es que sigue abierta). Y ver muchos más musicales en Broadway.

SENSES WORKING OVERTIME

Como dice Madonna, “I don’t like cities, but I like New York. Other places make me feel like a dork”.

Times Square sería algo así como la Puerta del Sol en Madrid, sólo que aquí sí que está permitido colocar rótulos luminosos sin valor histórico. Me da la impresión de que cada año hay más y que el despliegue de pantallas y luces de neón se va extendiendo por las calles vecinas. Los sentidos quedan sobreexcitados por tanto estímulo visual. Cada vez que pasaba por ahí me fijaba en algún detalle nuevo en el que antes no había reparado. El resultado es que uno tiene la sensación de que Nueva York le invade sin remedio, aunque sea a golpe de publicidad. Al fin y al cabo, ésta es la inagotable capital del capitalismo, donde todo se hace a lo grande y la actividad nunca se detiene. Desde claustros románicos hasta pagodas budistas, no hay nada que no se pueda encontrar en La Ciudad. Todas las demás son pueblos comparados con ella. Menos Madrid, claro, que es como NY, pero en pequeñito.