Utopia: el mejor dance llega a Madrid

Madrid estrena un nuevo festival que reunirá a las mayores estrellas del dance actual: el 4 y 5 de junio nacerá Utopia, una interesante propuesta para el calendario musical de la capital.

Con David Guetta, Nicky Romero o Alesso como grandes estandartes del EDM más comercial junto a propuestas tan interesantes como las de Diplo, Martin Solveig o Rudimental y algunos de los nombres favoritos de la crítica especializada como Dixon, Maceo Plex y Tale of Us, Utopia se celebrará en el campus de la Universidad Complutense, un recinto de más de 40.000 m2 que contará con tres escenarios y todos los servicios necesarios. Las entradas ya están a la venta, a un precio de 69,99€ el abono y de 37,50€ el pase para un día.

Maroon 5 en el Palacio de los Deportes

En 2010, Maroon 5 editaron Hands all over, su tercer trabajo. El disco, encabezado por el sencillo Misery, no fue bien recibido por el público y las cosas no pintaban bien para Adam Levine y sus chicos. Él se refugió en The Voice donde coincidió como juez con otra artista que venía de darse un buen batacazo comercial, Christina Aguilera. En 2011 los dos se juntaban para publicar un sencillo que, por estos misterios del mercado musical que lo hacen tan interesante, se convertía en el mayor éxito de sus carreras: Moves like Jagger. No hay nada como silbar en el momento justo.

Cuatro años después de MLJ, Adam Levine es el hombre vivo más sexy del planeta y Maroon 5 han publicado dos discos de pop eficaz e instantáneo que les han hecho ganar nuevos y, sobre todo, nuevas seguidoras. El grupo llevaba ocho años sin actuar en Madrid y se notaba que había ganas de verles: el Palacio de los Deportes -ahora rebautizado Barclaycard Center- había colgado hacía tiempo el cartel de “No hay entradas”. Después de escuchar como teloneros a Nick Gardner -que hizo un interesante mashup entre el Like a Prayer de Madonna y el Take me to church de Hozier- y el curioso reggae canadiense de Magic! -que hicieron una oportuna versión del Message in a bottle de Police-, Maroon 5 salió al escenario abriendo el concierto con Animals mientras que centenares de móviles grababan cada uno de los movimientos de su cantante.

Daba comienzo un recital de cerca de hora y media en el que el grupo repasaba casi todos los sencillos de su carrera, sepultando Hands all over en el olvido y casi prestando más atención a Overexposed que a V, su disco más reciente y, supuestamente, el protagonista de esta gira. En esos momentos se notaba que la mayoría de los asistentes eran fans ganados a raíz de MLJ, ya que temas como Harder to Breathe o Sunday Morning, de su primer disco y algunos de los momentos musicales más brillantes de la banda, fueron recibidos con cierta frialdad por el público que, sin embargo, se volcaba con temas como Sugar, One more night, MapsThis Love y un She will be loved en formato acústico. Claramente el repertorio del concierto está pensado para estos últimos seguidores, yendo a lo seguro, obviando temas desconocidos y momentos más intimistas. Sólo así se entiende que canten Stereo Hearts, el tema en el que Adam Levine colaboró con Gym Class Heroes (a pesar de que sus dotes para rapear sean algo discutibles), mientras que prescinden de Lost Stars, la canción de la banda sonora de Begin Again por la que Levine fue nominado al Oscar. Y aunque convertir el concierto en una sucesión de grandes éxitos hace que uno no se aburra en ningún momento también hace que el conjunto resulte un poco deslabazado e incoherente, carente de alguna progresión o sentido interno.

I'm sexy and I know it
I’m sexy and I know it

Es innegable que Maroon 5 es Adam Levine a pesar de los intentos de éste por darles algún protagonismo al resto de los músicos, dejándoles cantar con él el arranque de Payphone a capella. Levine es de estos hombres que atrae todas las miradas sin necesidad de hacer gran cosa, incluso en noches en las que el cantante no parece especialmente comunicativo ni animado. Adam Levine apenas bailó ni habló con el público. También es verdad que no lo necesita: basta con que camine por el escenario arrastrando el pie de micro enfundando en una camiseta y pantalones vaqueros para que miles de corazones se derritan mientras suben sus fotos a Instagram. Y por supuesto, deslumbrar con ese dominio del falsete a pesar de que sea difícil de apreciar en un recinto como el del Palacio de los Deportes.

Maroon 5 nunca será un grupo alabado por los críticos a pesar de que nos han regalado sencillos tan perfectos como This Love, Makes me wonder o el reciente This summer’s gonna hurt like a motherfucker. Ellos parecen ser conscientes de ello e incluso Adam Levine se permite bromear con ello preguntando cuantos hombres solteros había en el público y recibiendo como respuesta un silencio convertido en griterío cuando preguntó por las mujeres solteras. Maroon 5 es un grupo que hace pop, a veces más elegante, a veces más facilón, para cantar a voz en grito letras como “I really wanna love somebody/
I really wanna dance the night away”. Y en un momento en el que este estilo está dominado por chicas de todo tipo acompañadas de sus DJs escandinavos y en el que los grupos masculinos intentan disimular que hacen pop con tics de falso rock, la apuesta clara por el Pop que hacen Maroon 5 es más que necesaria.

Miley Cyrus, Bangerz Tour

A pesar de tretas promocionales de última hora (entradas de pista a precio reducido para los socios del Club Fnac, por ejemplo), Miley Cyrus no consiguió llenar el Palacio de los Deportes de Madrid. Se hacía extraño ver un espectáculo pensado evidentemente para grandes recintos sin aglomeraciones de gente entre el público. Seguramente no fue el día más exitoso para una gira que, sin embargo, ya ha conseguido dejar para la posteridad dos o tres imágenes icónicas, como esa reproducción a escala titánica de su recientemente fallecido perro Floyd o la imagen de la cantante sobrevolando sobre el público cabalgando sobre un perrito caliente. No sé qué pasará con el futuro con la carrera de Miley, pero está claro que 2013 fue su año y este Bangerz Tour no es más que el colofón que rubrica su conquista del mundo pop.

Hay algo que distingue a Miley de otras compañeras de generación y de profesión y es su capacidad para no tomarse a sí misma en serio, evitando así seguir el camino que ha llevado a otras como Lady Gaga a la perdición. Desde el comienzo del espectáculo, en el que un primer plano de su cara llena toda la pantalla y ella desciende al escenario por un tobogán con forma de lengua al son de ese imposible dueto con Britney Spears que es SMS (Bangerz), arranca una fiesta al estilo de la mostrada en el videoclip de We Can’t Stop donde golosinas, peluches y dibujos animados se mezclan con porros y sexualidad descarada. Miley Cyrus ejerció de anfitriona de un botellón donde los adolescentes juegan a ser mayores sin perder el descaro de su edad. Como dice la canción con la que se inauguró esta era: “es nuestra fiesta y hacemos lo que queremos”. Y aunque es evidente que todo está milimétricamente estudiado hasta el último detalle, el espectáculo transmite una continua sensación de frescura y desparpajo poco habitual en los conciertos de las grandes divas donde todo es sorprendente (y en ocasiones fríamente) perfecto.

Musicalmente, el grueso del concierto está centrado en el disco que da nombre a la gira, un ecléctico recorrido por las últimas tendencias de la música negra que en directo acaba contagiándose de unas raíces country de las que Miley Cyrus no parece avergonzarse en ningún momento. Sólo dos temas pertenecen a su repertorio anterior a Bangerz: Can’t be tamed y ese Party in the USA que sirve para cerrar el concierto con bailarinas disfrazadas de Monte Rushmore, un Abraham Lincoln que parece oriundo del Bronx, su bailarina enana vestida de Liberty Bell, su bailarina gigante de estatua de la libertad, confetti y fuegos artificiales. A pesar de los problemas de sonido del Palacio de Deportes, pudimos disfrutar de un concierto en el que Miley Cyrus quiere demostrar que, aparte de jugar a la provocación, ella es también una artista. De ahí esos momentos acústicos en los que su banda de músicos le roba el protagonismo en el escenario a los bailarines, ese FU en el que Cyrus se crece como intérprete despechada y vengativa, esos Adore You y Drive en los que da rienda suelta a sus capacidades vocales y la inclusión de versiones como el clásico de The Beatles, Lucy in the Sky with Diamonds, Summertime Sadness, de Lana del Rey y Jolene, uno de los himnos de su madrina, Dolly Parton. En estos momentos, Miley Cyrus hace lo que le apetece y, mientras siga por ese camino, nos tiene conquistados.

La fiesta (afónica) de Mika

Aun quedaba una hora para que se abrieran las puertas de La Riviera y la cola de personas que esperaban para entrar comenzaba a convertirse en una espiral sobre sí misma. Aunque pasar del Palacio de los Deportes en su último concierto en Madrid a la sala a orillas del Manzanares es un indicativo de la caída de su popularidad, creo que Mika conserva el tirón suficiente para poder llenar un recinto algo mayor.

Una vez dentro de La Riviera se notaba que el público tenía ganas de pasárselo bien. Algunos fans comenzaron a lanzar caramelos y a inflar globos mientras sonaban el Into the Groove de Madonna o el Meddle de Little Boots, entre otros temas. Pocos minutos después de las nueve se apagaron las luces y la banda salió al escenario, todos uniformados con pantalones grises, camisas blancas, tirantes y gorras. Con Relax, take it easy comenzó la fiesta pop de un Mika que no dejó de bailar y sonreír en toda la noche. Antes de empezar la segunda canción, tuvo que disculparse ante el público en su más que aceptable español por no estar en las mejores condiciones para cantar y explicó que había estado a punto de suspender el concierto, pero que había preferido arriesgarse y contaba con nuestra ayuda para salir airoso. Aunque hubo momentos en que temí que Mika tuviera que poner fin al concierto antes de lo previsto al verle sufrir con temas como Rain o Stardust, el chico que sabía demasiado suplió sus problemas vocales con su encanto personal y esa complicidad que consigue crear tanto con sus seguidores como con los músicos que le acompañan sobre el escenario, al que subieron también una veintena de fans para hacer una especie de coro en algunos momentos de la noche.

Al igual que The Origin of Love, el concierto fue un claro reflejo de que Mika está atravesando un buen momento en lo personal. La noche fue una fiesta en la que apenas hubo lugar para las canciones más tristes o melancólicas de su repertorio: no hubo Over my shoulder, ni Happy Ending, ni tampoco (inexplicablemente) Overrated o Make you happy. El repertorio se centró principalmente en las canciones de su último disco y en los temas más famosos de su ópera prima, mientras que The boy who knew too much sólo estuvo representado por Blue Eyes, Rain y We Are Golden, que tuvo el honor de cerrar el concierto. Era el punto final a una noche que tuvo grandes momentos como una versión prolongada hasta los diez minutos de Love Today, un tema que cada vez me parece mejor; un Love you when I’m drunk con el estribillo adaptado al español (“sólo te quiero, sólo te quiero, yo te quiero con una copa, una copa de más”) y un Elle Me Dit cantado en francés, como corresponde. Con canciones así y con la fidelidad a prueba de bombas (y afonías) de sus seguidores, Mika no debería preocuparse demasiado por su futuro en la industria.