10.000 Km

10000 Km Cartel

Movida por incomprensibles razones, la Academia española ha decidido que la elegida para optar a la nominación al Oscar a Mejor Película en Habla No Inglesa sea la muy mediocre Vivir es fácil con los ojos cerrados. En el camino se han quedado El Niño, el penúltimo éxito comercial para el cine español en un año especialmente propicio para nuestra siempre alicaída cuota de pantalla, y 10.000 Km, una propuesta arriesgada que nos recuerda que en España se hace otro cine más allá del que nos proponen las grandes empresas de televisión y de las periódicas entregas de nuestros directores consagrados, ese conjunto de nombres cada vez más reducido.

Gran triunfadora en la última edición del Festival de Málaga donde se llevó cinco premios -entre ellos, mejor película, mejor director y mejor actriz-, 10.000 Km es un ejemplo de cine radicalmente independiente no muy lejano en espíritu a propuestas como Stockholm o La Herida. Natalia Tena, actriz de padres españolas nacida en Londres y conocida por su paso por la saga de Harry Potter y Juego de Tronos, y el catalán David Verdaguer se entregan en cuerpo y alma para dar vida a una pareja que tiene que separarse durante un año. Ella obtiene una beca para trabajar como fotógrafa en Los Ángeles mientras él se queda en Barcelona trabajando como profesor y preparando unas oposiciones, una historia que en estos tiempos de crisis laboral y económica resulta cercana y familiar.

10000km

Después de un plano secuencia de más de veinte minutos donde se alcanzan niveles de verdad y autenticidad poco frecuentes, las pantallas de ordenadores y móviles ocupan la gran pantalla para analizar la evolución del amor y de la pareja cuando hay diez mil kilómetros de distancia. Los sentimientos y las emociones se van transformando y distorsionando como una imagen pixelada a través de una webcam. Con estos elementos, Carlos Marques-Macet consigue elaborar el retrato de la crisis de una relación hasta su desenlace final, una crisis y un desenlace que quizás estaban ya sembrados en esta pareja desde mucho antes de su separación física. Esperemos que la próxima entrega de los premios Goya recompense el esfuerzo de los responsables de esta pequeña gran película y permita que el gran público, o por lo menos ese público cinéfilo que actualmente parece más entregado a la televisión, pueda descubrirla.

Vivir es fácil con los ojos cerrados

En la última edición de los Premios Goya, entre las candidatas a llevarse el premio a Mejor Película estaban una comedia dramática que ha sido un gran éxito de taquilla (La Gran Familia Española), la cinta seleccionada por la Academia para representarnos en los Oscar (15 años y un día) y dos propuestas arriesgadas de cine de autor (Canibal y La Herida). Sin embargo, el galardón fue a parar a la que, seguramente, sea la peor de todas ellas: Vivir es fácil con los ojos cerrados, una película de David Trueba cargada de buenas intenciones y fallidos resultados.

Basada en el personaje real de Juan Carrión, un profesor que utilizaba las canciones de The Beatles para enseñar inglés a sus alumnos, rebautizado aquí como Antonio e interpretado por Javier Cámara, Vivir es fácil con los ojos cerrados cuenta como se fue hasta Almería para hablar con John Lennon cuando éste vino a España en 1966 a grabar la película de Richard Lester Como gané la guerra. En su camino recoge a una chica embarazada fugada de un centro para jóvenes “en dificultades” y un adolescente que se ha escapado de casa después de discutir con su padre por culpa de un corte de pelo. Con este material de partida, Trueba podría haber conseguido firmar un retrato sobre la España franquista de los 60, una reflexión sobre la importancia de la música pop en nuestras vidas o un homenaje a John Lennon, pero desgraciadamente en ningún momento consigue ir más allá de la mera anécdota. A Vivir es fácil con los ojos cerrados le faltan elementos esenciales: los personajes que la pueblan no experimentan ningún arco de transformación por mucho que la película tenga la intención de contar una especie de viaje iniciático, con su experiencia sexual incluida (en una escena que parece completamente fuera de lugar). No parece que ninguno de sus tres protagonistas aprenda algo de una experiencia que en muchos casos resulta inverosímil, una aventura sin peripecia donde los personajes malos parecen casi caricaturescos y los personajes buenos resultan casi increíbles. Parece mentira que una película inspirada por Strawberry Fields Forever y con referencias explícitas a una película tan sesentera y brillante como La Chica de la Maleta termine siendo tan sosa.

Puestos a salvar restos del naufragio, podemos destacar el trabajo de Javier Cámara, que sabe aportar dimensión a un personaje que tiene (o podría tener) muchas más aristas y sombras de los que la película quiere mostrar, así como la ambientación general de la película, que sí que llega a retratar esa España empobrecida del franquismo, con esos pequeños coches, esas estrechas carreteras, esos niños pidiendo para comer o esos hoteles donde se exije el Libro de Familia. Lástima que las referencias y las críticas a la situación política española sean tan poco sutiles como innecesarias. Quizás el error de David Trueba haya sido ser demasiado fiel al personaje de Juan Carrión y no haberse atrevido a dar más giros y densidad a una historia que pedía más carga dramática y más complicaciones argumentales. O quizás quería hacer una película sencilla, intimista y naturalista al estilo de Eric Rohmer… sin conseguirlo en absoluto. Vivir es fácil con los ojos cerrados podría haber sido una buena película, pero apenas llega a la categoría de correcta.

Premios Goya: estos son los nominados

la gran familia española

El cine español sobrevive a pesar de sí mismo, de la subida del IVA y de los prejuicios de un amplio sector del público que sigue pensando que las películas que se producen en España se reducen a cintas de travestis almodovarianos y dramas de posguerra. Son esas mismas personas que luego van en masa a ver Lo Imposible, El Orfanato o la saga de Torrente, o que regalan audiencias millonarias a Lo que se avecina o El tiempo entre costuras. ¿Incoherencia generalizada? Seguramente. Hecha esta introducción, pasemos a analizar las nominaciones a los Premios Goya de este 2013.

Por primera vez, cinco películas optan al máximo galardón. Se trata de La gran familia española, de Daniel Sánchez Arévalo, la gran favorita de la noche con 11 nominaciones; Caníbal, de Manuel Martín Cuenca, con 8 nominaciones; 15 años y un día, de Gracia Querejeta, con 7 nominaciones, la cinta que la Academia eligió -sin suerte- para representarnos en la próxima edición de los Oscar; Vivir es fácil con los ojos cerrados, de David Trueba, con 7 nominaciones; y La Herida, de Fernando Franco, con 6 nominaciones. A pesar que con 10 candidaturas es la segunda película con más nominaciones de esta edición, Las brujas de Zugarramurdi, de Alex de la Iglesia, se ha quedado fuera de los premios más importantes. Por su parte, Los Amantes Pasajeros, de Pedro Almodóvar opta a un único galardón en la categoría de Mejor Diseño de Vestuario.

De las cinco candidatas a Mejor Película el que se queda fuera de la nominación a Mejor Director ha sido el debutante Fernando Franco, que competirá en la categoría de Dirección Nóvel con Neus Ballús (La Plaga), Jorge Dorado (Mindscape) y Rodrigo Sorogoyen (Stockholm). Querejeta y Trueba ya han estado nominados por su trabajo como directores, mientras que Sánchez Arévalo y Martín Cuenca es la primera vez que optan al Goya en esta categoría. Arévalo, Trueba y Franco junto con Enric Rufas también optan al premio al Mejor Guión Original, así como los guionistas de 3 Bodas de más, Pablo Alén y Breixo Coral. En la categoría de Mejor Guión Adaptado nos encontramos con Caníbal (Manuel Martín Cuenca y Alejandro Hernández), Alacrán enamorado (Santiago A. Zannou y Carlos Bardem), Todas las mujeres (Alejandro Hernández y Mariano Barroso) y Zipi y Zape y el club de la canica (Jorge A. Lara y Francisco Roncal).

En el apartado interpretativo, nos encontramos con cuatro veteranos en esto de los Goya en la categoría de mejor actor protagonista: Tito Valverde (15 años y un día), Javier Cámara (Vivir es fácil con los ojos cerrados), Antonio de la Torre (Caníbal) y Eduard Fernandez (Todas las mujeres). De los cuatro, Cámara es el único que no tiene un Goya en su casa. Entre las nominadas a mejor actriz protagonista, cuatro caras jóvenes: Inma Cuesta (3 bodas de más); Aura Garrido (Stockholm); Nora Navas (Todos queremos lo mejor para ella) y la ganadora de la Concha de Plata en el último Festival de San Sebastián, Mariam Álvarez (La Herida). Ella es la gran favorita y también la única de las cuatro que nunca ha optado a un Goya. En las categorías de interpretación de reparto, volvemos a encontrarnos con nombres habituales de los premios: Carlos Bardem (Alacrán Enamorado), Juan Diego Botto (Ismael), Antonio de la Torre y Roberto Álamo (ambos por La Gran Familia Española) en el apartado masculino; y Terele Pávez (Las brujas de Zugarramurdi), Maríbel Verdú (15 años y un día), Nathalie Poza (Todas las mujeres) y Susi Sánchez (10.000 noches en ninguna parte). Personalmente, echo en falta a Verónica Echegui en la categoría de Mejor Actriz de Reparto por su trabajo en La Gran Familia Española, así como a Miquel Fernández por su trabajo en esa misma película.

En la categoría de revelación, un premio que quizás la Academia debería plantearse eliminar, nos encontramos a Berto Romero -sí, ese Berto- (3 bodas de más); Hovik Keuchkerian (Alacrán Enamorado); Patrick Criado (La Gran Familia Española) y Javier Pereira, que ya está bastante revelado a estas alturas de su carrera (Stockholm); así como a Belén López, un rostro habitual de la televisión española (15 años y un día), María Morales (Todas las mujeres), Olimpia Melinte (Caníbal) y Natalia de Molina (Vivir es fácil con los ojos cerrados).

Como curiosidades variadas, nos encontramos a Emilio Aragón doblemente nominado en las categorías de Mejor Música Original y Canción Original -compuesta junto a Julieta Venegas- por su trabajo en A Night in Old Mexico, su segunda cinta como director. Pat Metheny, prestigioso guitarrista de jazz con veinte premios Grammy en su haber, también opta al Goya por la banda sonora de Vivir es fácil con los ojos cerrados, junto a Oscar Navarro por La Mula y Joan Valent por Las Brujas de Zugarramurdi. La categoría de Canción Original se completa con el tema Rap 15 años y un día, de 15 años y un día (una de sus compositoras es Cecilia Blanco, integrante de La Década Prodigiosa en sus mejores tiempos), De cerca del mar, de Fernando Arduán, para Alegrías de Cádiz, y Do you really want to be in love? del estadounidense Josh Rouse, para La gran familia española.

Aunque 2013 no ha sido un año especialmente brillante para el cine español en lo referente a la taquilla, hay que destacar que entre las candidatas a los diferentes Goyas nos encontramos con mucha mayor variedad que en la edición del año anterior en la que tres o cuatro títulos se repetían en casi todas las categorías. Además de las películas ya mencionadas, nos encontramos con, entre otras, cintas como Los últimos días, que puede ganar el premio en las categorías de Diseño de Producción y Efectos Especiales; Grand Piano, presente en la categoría de Maquillaje y Peluquería; Gloria y El Médico Alemán, entre las candidatas a Mejor Película Iberoamericana; o Justin y la espada del valor y Futbolín, en la categoría de Largometraje de Animación. Los ganadores lso sabremos el próximo 9 de febrero.

Blancanieves vs Lo Imposible

Blancanieves

Hace ya meses que vi Blancanieves, la gran triunfadora de la última entrega de los premios Goya. Diez estatuillas (o mejor dicho, cabezones) se llevó la cinta de Pablo Berger: mejor película, mejor guión original, mejor actriz protagonista (Maribel Verdú), mejor actriz revelación (Macarena García), mejor música, mejor canción, mejor fotografía, mejor dirección artística, mejor vestuario y mejor maquillaje. Se convierte así en una de las películas que más Goyas han conseguido, sólo por detrás de los trece de ¡Ay, Carmela! y los catorce de Mar Adentro.

Esta lluvia de premios servirá para que nuevos espectadores descubran la película. Hay varias recomendaciones que es bueno hacerles: en primer lugar, es una cinta muda y en blanco y negro. Puede parecer que eso hace que sea difícil entrar en ella, pero nada más lejos de la realidad. Los códigos del cine mudo se comprenden y asimilan rápidamente, llegando un momento en que se acepta como natural que no haya sonido (aunque sí música, claro. La partitura de Alfonso de Villaronga y las canciones de Silvia Pérez Cruz son parte fundamental de la propuesta). De hecho, no son pocos los teóricos que afirman que el cine mudo es la manifestación más pura de un arte que se basa en el poder de las imágenes en movimiento y la magia del montaje, rasgos propios del cine que le diferencian de otras manifestaciones artísticas. Es por esto que a un cinéfilo como yo le encanta que haya directores que sigan apostando por explorar todas las posibilidades del lenguaje cinematográfico. En este sentido, Blancanieves es una clara demostración de toda la fuerza expresiva que puede tener una imagen proyectada en una pantalla.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta que aunque Blancanieves es una adaptación del cuento, no es para nada una película infantil, ya que el guión de Berger no tiene miedo a explorar las connotaciones más oscuras, siniestras y desasosegantes del relato. De hecho, aunque todos conocemos la historia de memoria, la película consigue sorprendernos por la forma con que ha sido adaptada. Aquí entra la tercera recomendación: Blancanieves está ambientada en un universo andaluz de flamenco y toros, de cantaoras, patios y alberos. Sin embargo, esta estética tan concreta y local trasciende a los tópicos para mostrar su cara más universal y más alejada de lo que llamamos “españolada”.

Y en cuarto lugar, aunque todo el reparto realiza trabajos brillantes, desde Daniel Giménez Cacho hasta Ángela Molina, pasando por Pere Ponce, Inma Cuesta, la niña Sofía Oria o la joven Macarena García, es evidente que la dueña de la película es Maribel Verdú, cuya madrastra puede terminar convirtiéndose en el papel más icónico de su carrera. Dicho esto, resulta decepcionante que Pablo Berger, director de la muy reivindicable Torremolinos 73, y que ha luchado contra viento y marea para hacer realidad un proyecto tan arriesgado y valiente como éste no haya visto recompensada su labor como director.

Lo imposible

La Academia, en una decisión algo sorprendente, decidió que el premio para el mejor director fuera para Juan Antonio Bayona, quizás una manera salomónica de dar un reconocimiento a una película que ha pulverizado records de recaudación tanto en España como en gran parte del extranjero (en Reino Unido ha recaudado ya más de 20 millones de dolares, por ejemplo). Técnicamente, Lo Imposible es irreprochable y una clara muestra (y ya van unas cuantas) de que nuestro cine ha alcanzado unos niveles técnicos que nada tienen que envidiar a los de las principales industrias cinematográficas del mundo: cuando el talento cuenta con el presupuesto adecuado, el resultado es más que brillante. Los galardones en las categorías de montaje, sonido, efectos visuales y dirección de producción que se llevó anoche están fuera de toda discusión.

También es irreprochable el trabajo de los actores y es innegable que Bayona domina los recursos del lenguaje cinematográfico para narrar una historia y atrapar al espectador con su propuesta, incluso aunque el material del que partan sus películas sea tan endeble como el guión de El Orfanato, su ópera prima. Y aquí reside en gran medida mi principal problema con Lo Imposible: su estructura narrativa es clásica y eficaz, pero también mecánica y artificial. Se podría decir que es un guión de manual. Y aunque son muchos los espectadores que dicen haberse emocionado con la epopeya de una familia separada por el tsunami que arrasó las costas del Índico en 2004, yo eché precisamente de menos emoción y fuerza narrativa que hicieran de la película algo más que una espectacular (aunque no tanto como se puede esperar al ver el trailer) recreación de un hecho real… que al final acaba pareciendo un largo y previsible anuncio de una conocida compañía de seguros.