¿Qué se puede esperar de The Vaccines?

Parece que no son buenos tiempos para el rock. Comercialmente, el pop y la música electrónica parecen haberle desplazado de las emisoras y las listas de ventas. Los escándalos de las aspirantes a divas hace tiempo que desplazaron de las noticias y los cotilleos a las aventuras de las estrellas del rock, desde Amy hasta Miley, pasando por Lady Gaga y Britney. Y como la música, en general, ha perdido su poder como parte identificativa de movimientos sociales, el rock como elemento movilizador y aglutinador de masas parece haber desaparecido de la cultura popular. ¿Qué banda puede presumir hoy de estar a la altura de unos Rolling Stones, Led Zeppelin, Deep Purple, U2, Metallica, Guns’n’Roses o Nirvana? ¿Muse? ¿Linkin Park? ¿Green Day?

Quizás al rock le perdieron su grandilocuencia y el mirar por encima del hombro al resto de estilos musicales. Afortunadamente, también sabemos que el rock no morirá y como ejemplo de ello, basta con ver un concierto como el que dieron The Vaccines en la Riviera el pasado viernes. El cuarteto inglés, autor de tres buenos discos y un bonito EP, demostraron sobre el escenario que son dignos herederos del rock más clásico de las islas, con momentos que recuerdan a las bandas que tocaban en garajes y sotanos (la contundente Radio Bikini) y otros más sofisticados, cercanos a los sonidos de los años 70 (la maravillosa Dream Lover y muchos de los temas de su tercer disco, English Graffiti). Desde el arranque del concierto con Handsome y Teenage Icon, pudimos ver a una banda que transmite buen rollo sobre el escenario, encabezados por un muy entonado Justin Hayward-Young que consiguió ganarse al público sin necesidad de grandes aspavientos de estrella. Con un sonido sorprendentemente limpio, The Vaccines fueron desgranando su repertorio, formando básicamente por temas de corta duración y largo disfrute. Detalles como el de invitar a un fan a tocar con ellos Post Break-Up Sex como regalo por su 18 cumpleaños no hacen más que convencerme de que The Vaccines son una banda que sabe molar sin darse demasiada importancia por ello. Gracias a ellos, uno todavía puede seguir confiando en que al rock puro le quedan muchos años de buena vida por delante.

La fiesta (afónica) de Mika

Aun quedaba una hora para que se abrieran las puertas de La Riviera y la cola de personas que esperaban para entrar comenzaba a convertirse en una espiral sobre sí misma. Aunque pasar del Palacio de los Deportes en su último concierto en Madrid a la sala a orillas del Manzanares es un indicativo de la caída de su popularidad, creo que Mika conserva el tirón suficiente para poder llenar un recinto algo mayor.

Una vez dentro de La Riviera se notaba que el público tenía ganas de pasárselo bien. Algunos fans comenzaron a lanzar caramelos y a inflar globos mientras sonaban el Into the Groove de Madonna o el Meddle de Little Boots, entre otros temas. Pocos minutos después de las nueve se apagaron las luces y la banda salió al escenario, todos uniformados con pantalones grises, camisas blancas, tirantes y gorras. Con Relax, take it easy comenzó la fiesta pop de un Mika que no dejó de bailar y sonreír en toda la noche. Antes de empezar la segunda canción, tuvo que disculparse ante el público en su más que aceptable español por no estar en las mejores condiciones para cantar y explicó que había estado a punto de suspender el concierto, pero que había preferido arriesgarse y contaba con nuestra ayuda para salir airoso. Aunque hubo momentos en que temí que Mika tuviera que poner fin al concierto antes de lo previsto al verle sufrir con temas como Rain o Stardust, el chico que sabía demasiado suplió sus problemas vocales con su encanto personal y esa complicidad que consigue crear tanto con sus seguidores como con los músicos que le acompañan sobre el escenario, al que subieron también una veintena de fans para hacer una especie de coro en algunos momentos de la noche.

Al igual que The Origin of Love, el concierto fue un claro reflejo de que Mika está atravesando un buen momento en lo personal. La noche fue una fiesta en la que apenas hubo lugar para las canciones más tristes o melancólicas de su repertorio: no hubo Over my shoulder, ni Happy Ending, ni tampoco (inexplicablemente) Overrated o Make you happy. El repertorio se centró principalmente en las canciones de su último disco y en los temas más famosos de su ópera prima, mientras que The boy who knew too much sólo estuvo representado por Blue Eyes, Rain y We Are Golden, que tuvo el honor de cerrar el concierto. Era el punto final a una noche que tuvo grandes momentos como una versión prolongada hasta los diez minutos de Love Today, un tema que cada vez me parece mejor; un Love you when I’m drunk con el estribillo adaptado al español (“sólo te quiero, sólo te quiero, yo te quiero con una copa, una copa de más”) y un Elle Me Dit cantado en francés, como corresponde. Con canciones así y con la fidelidad a prueba de bombas (y afonías) de sus seguidores, Mika no debería preocuparse demasiado por su futuro en la industria.

Amaral en La Riviera: Estrella de Rock

Después de grabar su disco doble Gato Negro, Dragón Rojo, Amaral concluyeron su contrato con EMI y decidieron hacer el camino de vuelta hacia la independencia, produciendo ellos mismos el que es su sexto disco de estudio, Hacia lo Salvaje, publicado en su propio sello. Quizás sentirse liberados de las imposiciones de una gran multinacional les ha permitido ser más ellos mismos que nunca y hacer un disco más intenso, directo y oscuro que sus anteriores trabajos. Esta evolución se nota claramente en su directo: basta comparar cómo Estrella de Mar deja de ser una etérea canción de pop electrónico en su versión grabada para transformarse en una canción rockera, contundente y casi sucia, una metamorfosis que también experimentan otros temas de su repertorio como No sé qué hacer con mi vida, cantado por una sinuosa Eva Amaral enroscada al micrófono.

Eva ya lo había dejado claro al inicio del concierto: había llegado el momento de poner fin a la gira de presentación de Hacia lo Salvaje, así que tocarían las doce canciones del disco “y otras cosas”. Fue precisamente la canción que da título al disco con la que arrancó el concierto, seguida de Esperando un resplandor, El Universo sobre mí y Kamikaze. Tanto los temas nuevos como los viejos fueron coreados por igual: hubo momentos en que toda la Riviera cantaba al unísono junto a Eva, en una especie de sing-along colectivo. Daba la impresión de que en vez de en una sala de fiestas estábamos en un gran estadio escuchando a los zaragozanos.

No faltaron otros clásicos de la banda como Días de Verano, Como Hablar o Moriría por Vos. A estas alturas Amaral tiene un repertorio suficientemente amplio como para que un concierto suyo no decaiga en ningún momento, canciones que uno podía considerar quemadas a golpe de radiofórmula y que en directo vuelven a revelarse como pequeñas joyas entre el rock y el folk. Entre las sorpresas que nos dio la banda estuvo la interpretación de Tardes a cargo de Juan y las versiones de Have you ever seen the rain de Creedence Clearwater Revival y un homenaje a Chavela Vargas, Rogaciano. También hubo guiños a otros clásicos durante el bis: Sin ti no soy nada se fundió por momentos con el Only the Lonely de Roy Orbison y Revolución con el Heroes de David Bowie. Cuando suba la marea puso fin a más de dos horas de concierto que dejaron claro por qué Amaral son de los pocos grupos de este país que han vendido millones de copias sin haber perdido ni un ápice de credibilidad.