OXÍGENO

Ayer no vi la gala de Operación Triunfo, así que hoy no hablaré de ello. Sí, ya me imagino vuestros suspiros de alivio.

Anoche era el concierto de Jean Michel Jarre en el Palacio Municipal de Congresos del Campo de las Naciones. Empezó con unos veinte minutos de retraso. El músico dedicó unos minutos a presentar el concierto y explicar algunas características del mismo. Por suerte, tanto Miguel como yo entendemos el francés y el inglés, cosa que no se puede decir de la chica encargada de hacer la traducción simultánea. El concierto consistiría en tocar los dos discos de Oxygene, con sus trece partes. Como Jarre no utiliza sonidos pregrabados y los discos se grabaron en ocho pistas, necesitaba « ocho cuatro pares de manos». Presentó a los tres músicos y enchufaron sus maquinitas, sintetizadores que Jarre definió como los Stradivarius de la música digital.

El silencio en la sala era absoluto. La música era limpia y pura. Se podían percibir claramente en toda su trimensionalidad los elementos de la música, las melodías principales, los ritmos de fondo, los arreglos. Una sobria escenografía de luces y efectos creaba la atmósfera perfecta para sumergirte en cada una de las piezas. Miguel definió como «mágicos» los momentos en que Jean Michel Jarre tocaba el Theremin, haciendo movientos con sus manos como un brujo haciendo un sortilegio. Y aunque cuando terminó el concierto me supo a poco y me hubiera quedado otra hora más escuchando otras piezas de Jarre, tengo que reconocer que ha sido uno de los conciertos más bonitos a los que he ido: tuve la sensación de estar dentro de la música.

La portada original de Oxygene, publicado en 1976, me sigue pareciendo una imagen perturbadora y muy poderosa. Aunque he de reconocer que, a pesar de que Jean Michel Jarre la explicó en clave ecologista, yo nunca he terminado de encontrarle una interpretación clara.

oxygene

Y mañana ya hablaré de OT, ¿pensabáis que os ibáis a librar?

¿PERO QUIÉN ES ESE?

Esto es lo que me dijo Diego cuando le conté que Jean Michel Jarre iba a dar un concierto en Madrid.

Así que me voy con mi hermano.

Aunque han sido más de 80 euros por cabeza, así que espero que se traiga todos los laseres, fuegos artificiales, pantallas de proyecciones, músicos disfrazados y sintetizadores que utilizaba en los ochenta, esa década en la que se pensaba que, si no había un holocausto nuclear antes, el año 2000 iba a ser tan futurista. ¿Dónde está mi mono plateado? ¿Y mis pildoras alimenticias? ¿Y mi aerodeslizador? ¿Y mi robot mayordomo?