Animales nocturnos

…y donde encontrarlos

Susan Morrow, dueña de una galería de arte, lee la primera novela escrita por su exmarido y dedicada a ella. Eso es todo lo que debería saber el espectador del argumento de Animales Nocturnos. Es la mejor manera de disfrutar de una película que tanto puede sorprender y cautivar como repeler desde sus impactantes títulos de crédito. En serio, no se os ocurra perderoslos.

El diseñador Tom Ford debutó como director en 2009 con Un hombre soltero. La crítica, preparada para despellejar a un advenedizo, tuvo que guardar sus cuchillos y reconocer que era una ópera prima más que correcta, brillantemente interpretada por Colin Firth y con un acabado estético fascinante. Animales nocturnos comparte con ella varios de sus aspectos, como excelente interpretaciones, una cautivadora fáctura estética y el hecho de ser adaptaciones literarias. En ese caso, se basa en Tony y Susan, novela de 1993 de Austin Wright que ahora ha sido reeditada en Estados Unidos con el título de la película (Wright, fallecido en 2003, debe estar removiéndose en su tumba). Puede que a veces la forma venza al fondo y esto afecta al componente emocional de la película; quizás se pueda decir que Ford, más que dirigir la película, la diseña, pero éste acaba siendo un defecto perdonable. Además, esa cierta frialdad le sienta estupendamente a una película nocturnal como ésta, poblada por personajes que han sepultado sus sentimientos y deseos.

Animales nocturnos, en un juego que encantaría a Almodóvar (que perfectamente podría haber dirigido esta película), funciona como una muñeca rusa, encerrando una ficción dentro de otra y salpicando una de ellas con reveladores flashbacks. Resulta curioso el doble papel de Jake Gyllenhaal: en su mente, Susan coloca a su exmarido como protagonista de la novela que lee. Sin embargo, el papel que le correspondería a ella misma está representado por Isla Fisher, una actriz casi clónica a Amy Adams. Ésta se llevará las nominaciones a los premios por su papel en La Llegada, pero su trabajo aquí es mucho más matizado, contenido y difícil: la escena final, en la que consigue transmitir toda la carga emocional de su personaje sin palabras y casi sin gestos, es antológica. Junto a ella hay que destacar el trabajo de Michael Shannon, Aaron Taylor-Johnson y Laura Linney en un pequeño papel. Jake Gyllenhall, que sale guapo como pocas veces le hemos visto últimamente, se ve superado por algunos excesos melodramáticos… aunque cabe preguntarse si la novela que lee Susan es realmente buena o una historia tópica y convencional, con los defectos que eso conlleva.

Muy bien recibida en el Festival de Venecia, candidata a varios premios en los Globos de Oro, Animales Nocturnos puede ser una de las protagonistas de la temporada de premios que se avecina o terminar ignorada por completo. Es una de esta películas que provoca amores u odios. Eso sí, yo espero que a Abel Korzeniowski le compensen el haber sido ignorado en los Oscars por su arrebatadora banda sonora para Un hombre soltero con una nominación por su trabajo en esta cinta, una partitura más sutil que la anteriormente citada pero en la que por momento suena como un resucitado Bernard Herrmann, compositor fetiche de Orson Welles y Alfred Hitchcock.

Nightcrawler

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Bienvenidos a la noche de Los Ángeles. Bienvenidos al mundo de Louis Bloom, un universo de carreteras perdidas y coches que se mueven por la oscuridad y las luces de neón, ese cosmos con reglas propias en el que tan bien se movía el personaje de Ryan Gosling en Drive, pero donde también habitaban el conductor de ambulancias al que daba vida Nicolas Cage en Al Límite o el mítico Travis Bickle de Robert de Niro en Taxi Driver. Hay ecos de todas estas películas en Nightcrawler, pero no debemos permitir que las apariencias nos engañen: Nightcrawler tiene muy poco de metafísica y nada de angustia existencial. Donde los otros intentaban encontrar el amor o reconciliarse con sus fantasmas, el personaje interpretado con fría intensidad y mirada muerta por un Jake Gyllenhaal más cercano al Donnie Drako de sus orígenes que al Príncipe de Persia sólo busca sobrevivir y triunfar como un depredador, un coyote hambriento de carne y sangre.

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Y esta carne y sangre la ponen las víctimas de los atracos y accidentes que Bloom graba con su cámara para después vender las imágenes al noticiario de una televisión local cuya editora está ansiosa por ofrecer al público contenidos impactantes a la hora del desayuno. ¿Pero es Nightcrawler una película crítica sobre la tendencia al morbo de los medios de comunicación, enfrascados en una lucha por la audiencia donde todo vale para convertir la verdad y la información en un espectáculo voyeurístico? Puede, pero una vez más, no debemos dejar que las apariencias nos engañen.

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Nightcrawler tiene la misma sutileza que un puñetazo en el estómago, pero ésa es la violencia con la que el guionista (Acero Puro, El Legado de Bourne, El Sueño de Alexandria) y director debutante de 55 años Dan Gilroy elabora una metáfora sobre el ultracapitalismo actual. Bloom se relaciona con su empleado y su cliente sin empatía ni humanidad, empleando lemas y teorías propias de cualquier charla de coaching o manual del emprendador triunfador. La frialdad con las que las enuncia y las aplica resulta estremecedora… y no muy lejana a la realidad de unas empresas donde el trepa triunfa y el empleado inútil es sacrificado sin miramientos. En todo caso, ya sea por el recital interpretativo de un Jake Gyllenhaal que nos había hecho olvidar un poco lo buen actor que es a base de portadas de GQ, por rescatar a Rene Russo del ostracismo al que Hollywood condena a las actrices de su edad, por la garra con la que Gilroy rueda las escenas de acción o por las múltiples capas de lectura de su guión, Nightcrawler es la primera película de culto que me he encontrado en este 2015.