Resumen cinéfilo anual

2016 fue un año variado en lo cinematográfico. Aunque seguimos dominados por las secuelas, los remakes, los reboots, los blockbusters o las películas de superhéroes y aunque parece que el cine ha dejado de ser un fenómeno cultural de masas porque “el mejor cine actual se hace en la televisión” (il mijir cini icitiil si hici in li tilivisiiiin), al final uno siempre acaba encontrando sobradas razones para ir al cine. Por ejemplo, estas quince películas, mis favoritas de las que vi en salas durante el pasado año.

Mark Zuckerberg y Bella Swan en “Amanece en Central Park”

15. Café Society, Woody Allen
Este año la cita con Woody Allen fue satisfactoria, no tan redonda como Blue Jasmine pero sí desde luego más interesante que las propuestas de Irrational Man o Magia a la luz de la Luna. Nostalgia por los tiempos pasados y el Hollywood dorado, chistes sobre el judaísmo y mujeres fascinantes, entre otras constantes de la obra de Woody Allen, protagonizan este película donde brillan con luz propia Kristen Stewart y, sobre todo, la impecable fotografía de Vittorio Storaro, que sabe atrapar el amanecer en Central Park más bello que se haya visto últimamente en una pantalla de cine.

Somos Nuevos Románticos y no nos avergonzamos

14. Sing Street, John Carney
Después de Once y Begin Again, el irlandés John Carney completa una especie de trilogía del musical contemporáneo con Sing Street. Su originalidad tiende a cero y su final es más que discutible, pero como homenaje a la música y a la estética de los ochenta está más que conseguido.

“I think we are alone now…”

13. 10 Cloverfield Lane, Dan Trachtenberg
Con J.J. Abrams como productor y Damien “LalaLand” Chazelle entre los guionistas, 10 Cloverfield Lane es un pequeño ejercicio de cine de suspense rodado prácticamente en un único decorado con tres actores. Con estos elementos basta para jugar con las expectativas del espectador hasta el último minuto, así como para demostrar que Mary Elizabeth Winstead debería ser una estrella y que John Goodman es un excelente actor.

A pesar de las apariencias, no es una peli porno gay,

12. Todos queremos algo, Richard Linklater
Quizás sorprenda que después de la nominadísima pero poco oscarizada Boyhood, Richard Linklater firmara una película tan aparentemente fácil(ona) como Todos queremos algo. Sin embargo, la historia del primer fin de semana de un novato en la universidad en el fabuloso año 1980 es plenamente coherente con las inquietudes que Linklater ha mostrado a lo largo de su filmografía: gente guapa que habla de la vida.

¡¡¡Es la hora de las tortas!!!

11. Capitán América: Civil war, Anthony y Joe Russo
Mientras que DC no termina de encontrar una fórmula que haga que sus películas dejen de ser estrepitosas, incoherentes, y lo que es peor, aburridas y provocadoras de vergüenza ajena, Marvel sigue destilando la suya en su camino hacia la brillantez. Más una nueva entrega de los Vengadores que de Capitán América, Civil War es equilibrada en fondo y forma, maneja a la perfección a su docena de personajes en una trama donde todo funciona y, sobre todo, es un entretenido espectáculo. Por favor, que alguien encargue pronto a los Russo re-resucitar la saga Bond.

La familia que reza unida permanece… Bueno, no.

10. La bruja, Robert Eggers
El cine de terror sigue llegando con frecuencia a las pantallas. Seguramente la propuesta más original del año haya sido el debut en el largometraje de Robert Eggers, una historia ambientada en la Nueva Inglaterra de 1630 y que puede que sea uno de los retratos sobre la brujería clásica más respetuosos con la tradición y el folkore que se hayan visto en el cine. Más cerca del minimalismo de Dreyer y el cine nórdico que del terror made in Hollywood, La bruja contiene momentos de una gran austeridad formal pero que ponen la piel de gallina.

Mi nombre es Paesa, Francisco Paesa.

9. El hombre de las mil caras, Alberto Rodríguez
Después de la goyizada La Isla Mínima, Alberto Rodríguez aceptó el encargo de llevar al cine la historia de la fuga y captura de Luis Roldán. Nadie hubiera pensado que una de las páginas más esperpénticas de la España de los noventa se podría convertir en un relato de intriga y espionaje a la altura de una novela de John le Carré. En su reparto destacan un brillante Carlos Fuentes como Luis Roldán y un colosal Eduard Fernández como Francisco Paesa. 2016 ha sido un buen año para el cine español gracias a éste y otros títulos como Julieta o Tarde para la ira, entre otros.

Ja. Ja. Ja.

8. Zootrópolis, Byron Howard, Rich Moore y Jared Bush
La penúltima y muy exitosa entrega animada de la factoría Disney demuestra que sus profesionales se encuentran en buena forma. Lo que podría haber sido una película más de anímales antropomorfos acaba convertida en una buddy movie de policías y detectives al más puro estilo Arma Letal o 48 horas, con mucho sentido del humor y una trama de investigación con un par de puntos de giro que ya querrían para sí unos cuantos dramas “para adultos”. Una nueva demostración de que productoras como Disney o Pixar saben que, además de cuidar el envoltorio hasta la perfección técnica, la clave de un buen producto está en su guión.

Girls just wanna have fun

7. Anomalisa, Charlie Kaufman y Duke Johnson
El inclasificable Charlie Kaufman es el alma de este proyecto de cine de animación alternativo, dirigido estrictamente a un público adulto. El síndrome de Fregoli, una enfermedad mental que hace que quien la sufra vea a todos los que le rodean como una misma persona, da nombre al hotel en el que se aloja su protagonista, un hombre permanente insatisfecho con la vida que, por unas horas, sueña con un futuro mejor junto a una mujer diferente. Y a pesar de ser una cinta de animación por stop motion, Anomalisa contiene algunas de las escenas sexuales más sinceras y auténticas que se han visto en el cine reciente.

Sí, ésta es la película con los planos más bonitos del año. Y el montaje. Y la dirección artística. Y la música. Y…

6. La doncella, Park Chan-Wook
Convertido en el gran maestro del cine surcoreano actual, Park Chan-Wook plantea un refinado juego de espejos, engaños y cascabeles donde todo tiene segundas y terceras lecturas. La Doncella es un intrincado guion protagonizado por dos actrices entregadas en cuerpo y alma a sus personajes, todo ello envuelto en la sinuosa y elegante puesta en escena que siempre caracteriza a Chan-Wook y que hace que sus películas sean tan estéticas como perturbadoras.

Amy Adams, mirando las nominaciones a los Oscars de este año

5. Animales nocturnos, Tom Ford
Tom Ford diseña, más que dirige, esta ficción que encierra otra ficción con la que desarrolla concomitancias y paralelismos para terminar contando una historia de venganza y amores perdidos. Amy Adams da todo un recital interpretativo como protagonista de la función.

¡Apropiación cultural, allá vamos!

4. Kubo y las dos cuerdas mágicas, Travis Knight
Después de Coraline, Paranorman y Los Boxtrolls, la productora Laika, especializada en animación por stop motion, ha dado otro paso hacia la excelencia con Kubo y las dos cuerdas mágicas. Con ese toque oscuro marca de la casa y su original diseño de personajes, esta historia inspirada en diversos elementos del folklore japonés quizás sea la película con la que por fin su productora gane un Oscar en la categoría de mejor largometraje animado.

Podría filmar los planos más intensos esta noche

3. Neruda, Pablo Larraín
Con Jackie el director chileno Pablo Larraín ha dado el salto a Hollywood después de firmar en su país natal películas tan originales como El club o Neruda. Ésta última es una especie de thriller poético basado en la persecución policial a la que Pablo Neruda fue sometido por las autoridades de su país a finales de los cuarenta. Las reflexiones políticas se mezclan sin problema alguno con lo lírico gracias a una brillante puesta en escena y el trabajo interpretativo de Gael García Bernal y Luis Gnecco.

Periodismo en 2017: Redactores de “Sálvame” esperando que alguien llame al teléfono de aludidos.

2. Spotlight, Tom McCarthy
Spotlight ganó casi por sorpresa el Oscar a Mejor Película en la última entrega de los premios. Meses después, uno se da cuenta de que más que por sorpresa lo ganó por pura lógica: Spotlight es cine clásico, elegante, sutil y eficaz, un drama que no carga las tintas sobre lo escabroso o melodramático del asunto que trata, un pulcro retrato de la investigación por parte de un equipo de periodistas de los abusos a niños por parte de sacerdotes en el Boston de principios del siglo XXI. Spotlight es una película de las que se suelen tildar como “necesarias” y que nos hace añorar tiempos no tan lejanos pero que ya parecen prehistóricos en los que tanto Hollywood como el periodismo funcionaban de otra manera.

“Mira, estos son todos los premios que voy a ganar por La La Land”

1. La gran apuesta, Adam McKay
Con mucho humor (negro), La gran apuesta trata de explicar los entresijos de la crisis de las hipotecas subprime que acabarían provocando el colapso de Lehman Brothers en 2008 y la crisis económica que todos conocemos. Para conseguirlo, sus cartas son un guion que sigue las peripecias de un variopinto grupo de personajes y que no teme explicar directamente al espectador los conceptos económicos más complejos a través de cameos de Selena Gómez o Margot Robbie, un montaje dinámico, una ágil puesta en escena y un entonado reparto en el que destacan Ryan Gosling, Steve Carrell y Christian Bale. Quizás un director más experimentado a lo Scorsese o Paul Thomas Anderson habría conseguido una película más grandilocuente, pero la ópera prima de Adam McKay seguramente sea la mejor explicación de todo lo que ha pasado en el mundo en los últimos años. ¿Nos servirá para tomar nota de cara al futuro?

Selena Gomez: The Heart Wants What It Wants

De entre las docenas de artistas infantiles surgidos de la cantera de Disney Channel que lo mismo cantan, bailan, protagonizan una serie o ingresan en una clínica de rehabilitación, pocos han conseguido labrarse algo parecido a una carrera. Miley sería una excepción, Selena Gómez podría ser la otra. Para terminar su contrato con Hollywood Records, el sello discográfico propiedad de Disney, y poder fichar con Interscope, la protagonista de Los magos de Waverly Place y Spring Breakers publicará a finales de noviembre un recopilatorio de grandes éxitos titulado For You. Y como es tradición en su carrera, el sencillo con el que lo presenta, la inédita The Heart Wants What It Wants, es una brillante muestra de pop comercial por cortesía, como no, de Rock Mafia.

Es curioso como, a pesar de una tormentosa relación sentimental con Justin Bieber y un par de pasos por centros de rehabilitación, Selena Gomez ha conseguido mantener una imagen pública prácticamente impecable mientras que Miley Cyrus se lleva toda la mala fama.

Frozen: El reino del hielo

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Cuando Pixar estrenó Toy Story en 1995 comenzó una nueva etapa en la historia del cine de animación, en la que los tradicionales dibujos eran sustituidos por los gráficos generados por ordenador. Disney, que venía de acumular una trayectoria de grandes éxitos comerciales como La bella y la bestia o El rey león, vería como sus siguientes largometrajes de animación tradicional no conseguían atraer a las masas como antaño, sumergiéndose a principios de la primera década del siglo XXI en un cierto desconcierto, con películas claramente fallidas como Zafarrancho en el rancho. Sus primeros intentos de producir largometrajes de animación digital tampoco se saldaron con buenos resultados. Ni Dinosaurio, ni Chicken Little, ni Descubriendo a los Robinsons son especialmente memorables. Mientras productoras como Pixar, Dreamworks o Blue Sky se hacían con el mercado, la veterana productora de cine de animación parecía haber perdido el norte.

Pero todo eso fue cambiando con el estreno de películas como Tiana y el Sapo, Bolt, Enredados o Rompe Ralph. Puede que la incorporación de John Lasseter a la plantilla de Disney haya tenido algo que ver, pero quizás se deba también a que la empresa ha dejado de preocuparse por la competencia y ha decidido volver a sus propias raíces. El secreto del éxito de Enredados reside en gran parte en su recuperación de los elementos clásicos del canon Disney y su adaptación a la animación digital (un cuento de hadas, una princesa en problemas, un villano carismático, animales como personajes secundarios y canciones), mientras que Rompe Ralph demostraba la importancia decisiva que un buen guión y un buen diseño tienen a la hora de conseguir un resultado brillante. Digna heredera de ambas, Frozen: El reino del hielo está a la altura de ambas, pero no consigue superarlas.

Adaptar al cine el cuento de La Reina de las Nieves de Hans Christian Andersen ha sido un proyecto largamente acariciado por la Disney. Después de múltiples intentos y cancelaciones, la producción se puso en marcha por fin a comienzos del 2012. El argumento final tiene muy poco que ver con la narración original del autor danés, aunque en cierto punto respeta su esencia: nieve, frío y un corazón helado. Jennifer Lee, guionista también de Rompe Ralph y codirectora de Frozen junto a Chris Buck (director de Tarzán o Locos por el surf), ha construido una historia en torno a dos hermanas: Elsa y Anna. Cuando Elsa accede al trono y sus poderes mágicos se descontrolan sumergiendo al reíno en un invierno eterno, Anna saldrá en su búsqueda con la ayuda de un muñeco de nieve con vida propia, un vendedor de hielo de anchas espaldas y carácter rudo llamado Kristoff y su reno Sven. Estamos, en efecto, ante una historia tradicional de Disney, protagonizada por princesas, donde la magia hace acto de presencia en cada momento y el amor verdadero termina triunfando… Es lo que Disney sabe hacer mejor, pero eso no significa que la fórmula funcione por sí sola. En Frozen hay aspectos que se salen de la norma, como el hecho de que no exista un villano claro o que el protagonismo de la historia esté bastante dividido entre un cuarteto de personajes centrales, rodeados de unos secundarios perfectamente definidos en un par de brochazos… o píxeles. Como sucedía en Rompe Ralph, las cosas no son tan sencillas como parecen a simple vista y Frozen reserva un par de interesantes sorpresas en su argumento.

Cierto es que por momentos le falta la chispa que tenía Enredados o la complejidad en el retrato de personajes que hacía de Rompe Ralph una gran película, pero Frozen suple esa “frialdad” con un acabado técnico exquisito. La labor de dirección artística, inspirada en motivos artísticos escandinavos -entre otras referencias- es espectacular, tanto como el aspecto técnico y esa minuciosa recreación digital de la nieve y el hielo. Mención aparte merece la banda sonora, heredera de la tradición musical de Disney, con una vibrante y variada partitura a cargo de Christophe Beck (autor de la banda sonora de Buffy Cazavampiros, el corto Paperman y películas como Resacón en las Vegas, Crazy Stupid Love o Los Muppets) y canciones compuestas por Robert Lopez (compositor del musical Avenue Q, entre otros trabajos) y su mujer Kristen Anderson-Lopez, que le dan a la película cierto aire de espectáculo de Broadway… aunque quizás la inclusión de las canciones en la banda sonora esté un tanto desequilibrada, echándose de menos alguna de ellas en su parte final. En este sentido, Let it go, cantada por Idina Menzel cuando Elsa se aleja del castillo y da rienda suelta a sus poderes, tiene todos los números para convertirse en un clásico de las canciones con sello Disney.

Como demuestra Get a Horse! el simpático cortometraje que precede a Frozen, Disney sabe perfectamente que el éxito de sus propuestas reside en respetar los cimientos establecidos a lo largo de décadas de trabajo pero sin tener miedo a ponerlas al día con los últimos avances tecnológicas y los gustos del público de cada momento. Disney tiene una historia brillante detrás y un futuro cercano que los amantes del cine de animación esperamos con ansia, con Big Hero 6 como su próximo estreno.

¡Rompe Ralph!

Rompe Ralph

En mi última visita al cine, mientras esperaba a comprar las entradas, me fijé en que estaban exhibiéndose a la vez cuatro o cinco películas de animación. Pensé en cómo ha cambiado ese mercado respecto a mi infancia ochentera, en la que las únicas cintas de dibujos animados que llegaban a las salas eran alguna de las poco memorables películas de la Disney de la época, reestrenos de sus clásicos y alguna rareza aislada a cargo de Don Bluth. Dos décadas y pico después se estrenan una docena de títulos animados al año y de estilos y géneros muy diferentes para alegría y disfrute de los niños de todas las edades.

Gran parte de este auge se lo debemos a la aparición de compañías especializadas en el género como Pixar, Dreamworks Animation, Blue Sky, Ilumination… Entre tantas propuestas parece que Disney ha quedado en un segundo plano en las mentes de los aficionados. Y sin embargo, en estos últimos años nos han ofrecido un homenaje a la animación clásica especialidad de la casa tan brillante como Tiana y el Sapo, una propuestas tan divertida y estimulante como Rapunzel y ahora, ¡Rompe Ralph!, nuestra favorita para llevarse el Oscar a la Mejor Película de Animación en unas semanas.

¡Rompe Ralph! es el resultado de una combinación de talentos. Ahí están el impecable trabajo técnico de los animadores de Disney, la aportación de John Lasseter como productor ejecutivo y la labor creativa de su director Rich Moore (Futurama, Los Simpsons) y un equipo de guionistas entre los que destaca el nombre de Jim Reardon (candidato al Oscar por su trabajo en Wall-E, por ejemplo). Es precisamente este apartado el que hace que ¡Rompe Ralph! brille con luz propia: no sólo su acabado técnico, su diseño de personaje y escenarios y su banda sonora (en la que destacan los nombres de Owl City, Skrillex y la girlgroup Japonesa AKB48) son excelentes, también tiene la suerte de contar con un guión casi perfecto.

Y eso que, en el fondo, el punto de partida de la película no es demasiado original: la película cuenta la historia de Wreck-it Ralph, el villano de un videojuego de los ochenta, que, cansado de ser el malo, decide salir de su máquina en búsqueda de una medalla de héroe. Aquí podemos pensar en una mezcla de Tron (el universo que hay más allá de la pantalla del recreativo), Toy Story(los personajes de los juegos tienen vida propia cuando nadie les ve) y hasta de títulos como Gru, mi villano favorito (la historia contada desde el punto de vista del “malo”). Pero nada más lejos de la realidad y de lo que ha vendido la campaña de publicidad de la película: entre decenas de guiños a los aficionados a los videojuegos (y a las golosinas), los guionistas han sabido elaborar una historia con unos personajes excelentemente construidos y un argumento tan bien estructurado como abierto a las sorpresas, muy por encima de la media. Llegan a conseguir, incluso, que el product placemente más descarado se integre perfectamente en el conjunto.

Y por si fuera poco, la película viene acompañada por Paperman, un excelente cortometraje de animación que te pone en el estado de ánimo adecuado para ver una historia tan divertida como emocionante.

DIEZ PELÍCULAS PARA ENTENDER LOS NOVENTA

Durante un par de semanas, el reeestreno de la versión en 3D de “El Rey León” se ha colocado como líder de recaudación de taquilla en Estados Unidos, algo que ninguna otra película reestrenada había conseguido antes. Esta semana se ha situado en el tercer lugar del box-office y ya ha recaudado cerca de ochenta millones de dolares (según Box Office Mojo, desde su estreno en 1994, la cinta de animación ha recaudado 882 millones de dolares en todo el mundo). Esto sólo significa una cosa: el revival de los 90 ya está con nosotros.

Y con esta excusa, voy a hacer una selección de diez películas que marcaron aquella década prodigiosa. Aclaro que es una lista completamente subjetiva y que, ni de lejos, pretender reunir los mejores títulos de los noventa. Los comentarios, en la sección del mismo nombre.

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1. “Pretty Woman”, Garry Marshall. El 23 de marzo de 1990 Disney estrenaba una película que había comenzado siendo durante su preproducción un sórdido drama sobre el mundo de la prostitución y acabó convirtiéndose en el cuento de hadas de la década. Como protagonistas, un Richard Gere cuya carrera atravesaba un bache en aquel momento, y una prácticamente desconocida Julia Roberts. A estas alturas no es necesario que os recuerde el argumentos, ni que os cante los temas de su banda sonora, ni que mencione que Julia se convirtió en la novia de América. Todos habéis visto la película y lo volvéis a hacer cada vez que la echan por televisión. Su éxito, sumado al que tuvo “Ghost” unos meses después, hizo que una ola de amor invadiera a los ejecutivos de los estudios y que cada cierto tiempo una nueva comedia romántica llegara a nuestras pantallas. Julia Roberts repitió en “Notting Hill”, “La boda de mi mejor amigo” o “Novia a la fuga”, pero el modelo fue perfeccionado por actrices como Sandra Bullock (“Mientras dormías”) o Meg Ryan (“Algo para recordar”, “French Kiss”, “Adictos al amor”). “Cuatro bodas y un funeral” fue la aportación británica al género. Los hermanos Farrelly estuvieron a punto de destruirlo a golpe de humor grueso en “Algo pasa con Mary”, pero es muy difícil luchar contra el amor. Millones de personas sueñan con vivir románticas historias marcadas por un toque de humor y dificultades fácilmente superables, ambientadas en bonitas ciudades en las que suenan clásicos del pop y canciones de moda. Toda la culpa es de Richard Gere por parar su coche en Hollywood Boulevard.

El silencio de los corderos

2. “El Silencio de los Corderos”, Jonathan Demme. El día de San Valentín de 1991 se estrenó en Estados Unidos este thriller que terminó convirtiéndose en el éxito sorpresa de la temporada. Un año después, la Academia premiaba a la película con sus cinco galardones principales: Película, Director, Actriz Protagonista (Jodie Foster), Actor Protagonista (Anthony Hopkins) y Guión Adaptado. Quizás como forma de compensar los excesos de sacarina provocados por los sucedáneos de “Pretty Woman”, los estudios decidieron dar luz verde a una serie de producciones con guiones enrevesados y truculentas escenas de violencia. En 1992 “Instinto Básico” añadió el sexo a la ecuación y David Fincher terminó de destilar la fórmula con “Seven” en 1995. Los distribuidores españoles recurrieron a todas las combinaciones posibles entre fatal, final, letal y mortal para hacer frente a la avalancha de estrenos del género. Películas como “La mano que mece la cuna”, “Mujer blanca soltera busca” o “Copycat” nos acostumbraron a poner un psicópata asesino en nuestras vidas.

La bella y la bestia

3. “La Bella y la Bestia”, Gary Trousdale y Kirk Wise. En noviembre de 1991 se estrenó en Estados Unidos esta cinta de animación producida por Walt Disney que no llegaría a Europa hasta el año siguiente (Oh, aquellos tiempos en que Internet no existía…). Ni Disney ni el género de animación tuvieron unos buenos ochenta, pero la cosa cambió con el estreno de “La Sirenita” a finales de 1989. Sin embargo, “La bella y la bestia” marcaría un hito al ser la primera cinta de animación en conseguir ser nominada al Oscar a Mejor Película. Los éxitos comerciales siguieron con “Aladdin”, “El Rey León”, “Pocahontas”, “Mulan”, “Tarzan”… Los estudios rivales abrieron divisiones de animación para sumarse a la moda. La Fox lo intentó aliándose con Don Bluth para estrenar “Anastasia” en 1997 (entre nosotros, es un horror de película) y Dreamworks Animation debutó a finales de 1998 con “El Príncipe de Egipto” (entre nosotros, es una gran película). A finales de la década, el modelo de animación tradicional empezaba a mostrar signos de agotamiento, pero el estreno de “Toy Story” en 1995 permitía sospechar que el futuro del género estaba en manos de los genios de Pixar.

Dracula

4. “Drácula, de Bram Stoker”, Francis Ford Coppola. En Noviembre de 1992, Coppola estrenaba uno de sus mayores éxitos de taquilla: una versión cinematográfica de la historia del Conde Drácula que se vendió como la más fidedigna a la historia original que se había hecho hasta entonces. La crítica lo desmintió como ardid publicitario, pero eso no impidió que en años siguientes se estrenaran una serie de películas que se vendieron como las versiones cinematográficas más fieles de novelas que iban desde “Frankenstein” en versión de Kenneth Brannagh a “Mujercitas”. El truco estaba en añadir el nombre del autor al título de la película. El éxito de “Drácula” y sus océanos de tiempo también hizo que los estudios se lanzaran a producir títulos de ambientación gótica como “Entrevista con el vampiro” y adaptaciones literarias exquisitamente ambientadas como “La edad de la inocencia”. Y por supuesto, si no llega a ser por “Drácula”, ni Wynona Ryder ni Keanu Reeves habrían terminado convirtiéndose en rostros icónicos de la década.

Pulp Fiction

5. “Pulp Fiction”, Quentin Tarantino. Tarantino ya había empezado a convertirse en un director de culto gracias a su ópera prima, “Reservoir Dogs”, pero fue el jurado del festival de Cannes de 1994 quien terminó de consagrarle al conceder su máximo galardón a “Pulp Fiction” (o “Tiempos Violentos”, como la bautizaron en Sudamérica). El público se rindió ante este pastiche pop de referencias cinéfilas con aroma de serie B y canciones semiolvidadas donde la violencia se convertía en fuente de risas. “Pulp Fiction” es cine posmoderno, ya que su referencia no es la realidad sino otras películas. Su influencia estética y estilística es evidente en la obra de su colega Robert Rodriguez (“Abierto hasta el amanecer” o “Desperado”) y en cintas como “Four Rooms”, “Tú asesina que nosotras limpiamos la sangre”, “Very Bad Things” o la mismísima “Airbag”, entre otras muchas (y olvidables) películas. Además de resucitar la carrera de John Travolta, “Pulp Fiction” convirtió a Miramax en la compañía de referencia del cine independiente estadounidense… a pesar de que Disney la había comprado ya en el año 1993.

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6. “Independence Day”, Roland Emmerich. El concepto “blockbuster” existe desde el éxito de “Tiburón” en los años 70, pero esta cinta sobre una invasión de alienígenas con escasos conocimientos de seguridad informática estrenada en julio de 1996 es seguramente la que mejor represente las características del género durante los años noventa: guiones flojos, personajes estereotipados, despliegue de efectos especiales generados por ordenador y entretenimiento para las masas. “Independence Day” y sus sucesoras (“Armaggedon”, “Men in black”, “Deep Impact”, “Godzilla”, “Twister”…) son como una atracción de feria en la que se suceden secuencias visualmente espectaculares conectadas entre sí por un argumento casi inexistente. De ahí que sea más cómodo inspirarse en viejas películas, series de televisión o comics para hacerlas. Eso sí, si no llega a ser por la combinación de blockbuster, romanticismo y películas de época, “Titanic” no se hubiera convertido en la película más taquillera de la historia en 1998.

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7. “Trainspotting”, Danny Boyle. En septiembre de 1996 se estrenó en España la polémica “Trainspotting” entre acusaciones de glorificar el consumo de heroína. Cualquiera que haya visto la película y la escena en la que Ewan McGregor combate el mono mientras un bebé cadáver le acecha desde el techo de su dormitorio habrá llegado fácilmente a la conclusión de que las drogas, cuanto más lejos, mejor. “Trainspotting” sería algo así como la aportación del Brit Pop al séptimo arte y la demostración de que había otro cine británico más allá de las sobrias adaptaciones literarias de James Ivory (“Lo que queda del día” o “Regreso a Howards End”) y el realismo social a lo Ken Loach (“Lloviendo piedras”). Con el tiempo, Ewan McGregor terminaría siendo Obi Wan Kenobi y Danny Boyle ganaría el Oscar por “Slumdog Millionaire”.

Rompiendo las olas

8. “Rompiendo las olas”, Lars Von Triers. El cine de arte y ensayo ha existido siempre. Los noventa ya nos habían dado grandes momentos de cine intelectual a través de películas como “El piano” de Jane Campion, la obra de Hal Hartley (“Amateur”, maravillosa) o la trilogía de los colores de Kieslowski. Sin embargo, el universo gafapasta implosionó con el estreno en 1996 de “Rompiendo las olas”. El festival de pretenciosidad y trascendencia prosiguió en la entrega de los Oscars del año siguiente, en el que la Academia nominó y premió a películas como ésta, “Secretos y mentiras”, “Fargo”, “Shine”, “Sling Blade”, “Lone Star” o “El paciente inglés”, la triunfadora de la noche en una edición más parecida al mitificado festival de Sundance que al glamour hollywoodiense. Incluso en años siguientes, la Academia se atrevió a nominar y premiar en sus principales categorías a películas extranjeras como “La vida es bella”, “Estación Central de Brasil”, “Tigre y dragón” o “Hable con ella”. Lars Von Triers, por su parte, volvió a estafarme con la deplorable “Bailar en la oscuridad” y yo ya no me digne ver ninguna de sus otras películas. La industria cinematográfica danesa nunca estará lo suficientemente agradecida a esa ocurrencia del bueno de Lars denominada “Dogma 95”.

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9. “Scream”, Wes Craven. Para competir contra tanto bostezo, nada mejor que una película de terror adolescente que triunfó por sorpresa a finales de 1996 gracias al inteligente trabajo de un guionista novato llamado Kevin Williamson y el buen hacer de un veterano director como Wes Craven. A base de referencias cinéfilas (oh, el posmodernismo ataca de nuevo, gracias Quentin) y logradas escenas de tensión, la película se bastó ella sola para resucitar un género muerto desde finales de los ochenta y generar secuelas e imitadoras que los universitarios de la época disfrutamos con placer, aunque fuera por sus momentos de humor involuntario: “Sé lo que hicisteis el último verano”, “Leyenda Urbana”, “The Faculty”, “Halloween H20″… El mundo descubrió a través de estas películas (y la serie de televisión de Williamson, “Dawson crece”) a actores y actrices como Jennifer Love Hewitt, Sarah Michelle Gellar, Ryan Phillippe, Jared Leto, Joshua Jackson, Michelle Williams o Katie Holmes. En 1999, el estreno de “El proyecto de la bruja de Blair” traería novedades que serían desarrolladas durante la nueva década: actores desconocidos, aire documental, campaña publicitaria en Internet, cámara en mano…

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10. “The Matrix”, Andy y Larry Wachowski. 1999 estaba marcado en el calendario como el año en que se estrenaba una de las películas más esperadas de todos los tiempos: “La Amenaza Fantasma”. Afortunadamente, el trauma que nos causó Jar Jar Binks pudo ser superado gracias a los hermanos Wachowsky. “The Matrix” ofrecía un argumento ingenioso, efectos especiales y movimientos de cámara nunca antes vistos en una gran pantalla y un diseño de vestuario y dirección artística que definiría el sentido de la palabra “cool” durante toda la primera década del siglo XXI. De la mano de Neo, Morfeo y Trinity llegamos al futuro. ¿A qué parece mentira que ya haga más de doce años que se estrenó? ¿A qué es mejor olvidarnos de que hubo un par de secuelas?

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Bonus Track: “Tesis”, Alejandro Amenábar. Durante los noventa, el cine español vivió una corta pero feliz historia de amor con el público. Una hornada de nuevos directores se olvidó de los típicos tópicos de nuestro cine y decidieron dejar de hablar de la Guerra Civil y la posguerra para hacer películas de género o un cine de autor que supo conectar con las corrientes del momento. Isabel Coixet, Julio Medem, Fernando León, Benito Zambrano, Gracia Querejeta, Manuel Gómez Pereira, Álex de la Iglesia o Santiago Segura serían algunos de los nombres claves de la década junto a una generación de actores y actrices que han conseguido un reconocimiento internacional jamás conseguido anteriormente por nuestro cine. Sí, hablo de Penélope y Javier, claro. El alumno estrella de la promoción sería, sin duda alguna, Alejandro Amenábar. Con apenas 24 años, estrenó “Tesis”, una cinta de suspense verdaderamente eficaz que marcaría el inicio de una exitosa carrera cinematográfica. Unos años más tarde, el cine español decidió volver por sus fueros y dar la espalda al público… y así hemos llegado hasta el 2011.