VIENNA POP

Austrohungaro es el nombre de un sello independiente en el que hay grupos que son disfraces de tigre y otros que mueren al estilo imperio. Ésta sólo es una de las múltiples cosas que el Pop le debe al Imperio Austrohúngaro. Gracias a ellos tenemos en el imaginario popular a los valses vieneses que tan bien sonaban en «2001, una odisea en el espacio», Mozart no se habría enfrentado a Salieri ganado Oscars a cascoporro en aquella película de Milos Forman y Romy Schneider nunca habría sido Sissi Emperatriz. Vieneses son también los cafés situados en los parques donde sirven capuccinos con mucha, mucha nata. En Viena pasaban una noche inolvidable Julie Delpy y Ethan Hawke en «Antes de Amanecer», una película de Richard Linklater que tanto se puede considerar un bodrio como un clásico del cine independiente de los noventa. Es también la ciudad a la que le debe gran parte de su fama Midge Ure. Y por supuesto, Viena era la ciudad donde Orson Welles era El Tercer Hombre y se subía a la novia noria más famosa del mundo (hasta que llegó el London Eye).

Hungría nos ha dado al director de cine para culturetas István Szabo y al futbolista Puskas. Húngaro era también el conde László Ede Almásy de Zsadány et Törökszentmiklós, aristócrata, aviador y explorador del desierto en el que se basó el personaje interpretado por Ralph Fiennes en «El paciente inglés». Gracias a esa película conocimos a Márta Sebestyén, quien después trabajó con Deep Forest en el disco «Boheme». Y como esta semana no va a haber música dominguera, aquí os dejo «Martha’s Song» y su hermoso videoclip.

Nos vemos la semana que viene en el concierto de Madonna.

AROUND THE WORLD

Hoy se acaban las vacaciones, hace un frío que pela y el spam ataca mi blog. Aun no tengo ganas de escribir, pero el artículo de Sti sobre Matt Harding me ha hecho acordarme del que, en mi opinión, es el videoclip más bonito de la historia: «Sweet Lullaby», de Deep Forest, dirigido por un genio llamado Tarsem. Cada plano es una obra de arte. Y así, dulcemente, aterrizo en la rutina diaria.

Fue también el primer CD que me compré… qué tiempos aquellos.