La nostalgia es una trampa cálida y confortable

Este fin de semana vi T2: Trainspotting, la secuela de Trainspotting. Esta última es un clásico de los noventa, su continuación no puede ser un clásico de los diez porque ni se lo propone ni lo desea. En realidad, es una manera eficaz de desmontar el mito, de demostrar que aquellos personajes eran lo que parecían: una pandilla de perdedores con un alto concepto de sí mismos. Quizás por eso haya leído tantas críticas negativas sobre T2: a nadie le gusta reconocer que, veinte años después, es imposible seguir viviendo como cuando eras joven. La inmadurez se revela en toda su grandiosidad para mostrarse como lo que es: un fracaso personal.

Este tren ya no volverá a pasar

Es cierto que los lugares cambian, la música evoluciona, las modas se transforman, la sociedad avanza. Hay que asumirlo del mismo modo que uno debe asumir sus propios cambios. Intentar volver al pasado, revisitarlo, resucitarlo, es una trampa tentadora pero fatal: la nostalgia sólo conduce a la irrelevancia. Que sintamos que nuestro presente es peor quizás sea la forma que tiene la vida de revelarnos que somos más sabios y realistas que cuando éramos jóvenes. El esfuerzo es saber combinar esta sabiduría con el idealismo juvenil, las ganas de comerse el mundo, los planes de futuro… Ya sabemos que los sueños no se hacen realidad, asumámoslo, pero ¿quién puede vivir sin ellos?

Así que voy a dejar de sentir nostalgia por los tiempos que ya no volverán y empezaré a sentirla por los tiempos que me esperan.

DIEZ PELÍCULAS PARA ENTENDER LOS NOVENTA

Durante un par de semanas, el reeestreno de la versión en 3D de “El Rey León” se ha colocado como líder de recaudación de taquilla en Estados Unidos, algo que ninguna otra película reestrenada había conseguido antes. Esta semana se ha situado en el tercer lugar del box-office y ya ha recaudado cerca de ochenta millones de dolares (según Box Office Mojo, desde su estreno en 1994, la cinta de animación ha recaudado 882 millones de dolares en todo el mundo). Esto sólo significa una cosa: el revival de los 90 ya está con nosotros.

Y con esta excusa, voy a hacer una selección de diez películas que marcaron aquella década prodigiosa. Aclaro que es una lista completamente subjetiva y que, ni de lejos, pretender reunir los mejores títulos de los noventa. Los comentarios, en la sección del mismo nombre.

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1. “Pretty Woman”, Garry Marshall. El 23 de marzo de 1990 Disney estrenaba una película que había comenzado siendo durante su preproducción un sórdido drama sobre el mundo de la prostitución y acabó convirtiéndose en el cuento de hadas de la década. Como protagonistas, un Richard Gere cuya carrera atravesaba un bache en aquel momento, y una prácticamente desconocida Julia Roberts. A estas alturas no es necesario que os recuerde el argumentos, ni que os cante los temas de su banda sonora, ni que mencione que Julia se convirtió en la novia de América. Todos habéis visto la película y lo volvéis a hacer cada vez que la echan por televisión. Su éxito, sumado al que tuvo “Ghost” unos meses después, hizo que una ola de amor invadiera a los ejecutivos de los estudios y que cada cierto tiempo una nueva comedia romántica llegara a nuestras pantallas. Julia Roberts repitió en “Notting Hill”, “La boda de mi mejor amigo” o “Novia a la fuga”, pero el modelo fue perfeccionado por actrices como Sandra Bullock (“Mientras dormías”) o Meg Ryan (“Algo para recordar”, “French Kiss”, “Adictos al amor”). “Cuatro bodas y un funeral” fue la aportación británica al género. Los hermanos Farrelly estuvieron a punto de destruirlo a golpe de humor grueso en “Algo pasa con Mary”, pero es muy difícil luchar contra el amor. Millones de personas sueñan con vivir románticas historias marcadas por un toque de humor y dificultades fácilmente superables, ambientadas en bonitas ciudades en las que suenan clásicos del pop y canciones de moda. Toda la culpa es de Richard Gere por parar su coche en Hollywood Boulevard.

El silencio de los corderos

2. “El Silencio de los Corderos”, Jonathan Demme. El día de San Valentín de 1991 se estrenó en Estados Unidos este thriller que terminó convirtiéndose en el éxito sorpresa de la temporada. Un año después, la Academia premiaba a la película con sus cinco galardones principales: Película, Director, Actriz Protagonista (Jodie Foster), Actor Protagonista (Anthony Hopkins) y Guión Adaptado. Quizás como forma de compensar los excesos de sacarina provocados por los sucedáneos de “Pretty Woman”, los estudios decidieron dar luz verde a una serie de producciones con guiones enrevesados y truculentas escenas de violencia. En 1992 “Instinto Básico” añadió el sexo a la ecuación y David Fincher terminó de destilar la fórmula con “Seven” en 1995. Los distribuidores españoles recurrieron a todas las combinaciones posibles entre fatal, final, letal y mortal para hacer frente a la avalancha de estrenos del género. Películas como “La mano que mece la cuna”, “Mujer blanca soltera busca” o “Copycat” nos acostumbraron a poner un psicópata asesino en nuestras vidas.

La bella y la bestia

3. “La Bella y la Bestia”, Gary Trousdale y Kirk Wise. En noviembre de 1991 se estrenó en Estados Unidos esta cinta de animación producida por Walt Disney que no llegaría a Europa hasta el año siguiente (Oh, aquellos tiempos en que Internet no existía…). Ni Disney ni el género de animación tuvieron unos buenos ochenta, pero la cosa cambió con el estreno de “La Sirenita” a finales de 1989. Sin embargo, “La bella y la bestia” marcaría un hito al ser la primera cinta de animación en conseguir ser nominada al Oscar a Mejor Película. Los éxitos comerciales siguieron con “Aladdin”, “El Rey León”, “Pocahontas”, “Mulan”, “Tarzan”… Los estudios rivales abrieron divisiones de animación para sumarse a la moda. La Fox lo intentó aliándose con Don Bluth para estrenar “Anastasia” en 1997 (entre nosotros, es un horror de película) y Dreamworks Animation debutó a finales de 1998 con “El Príncipe de Egipto” (entre nosotros, es una gran película). A finales de la década, el modelo de animación tradicional empezaba a mostrar signos de agotamiento, pero el estreno de “Toy Story” en 1995 permitía sospechar que el futuro del género estaba en manos de los genios de Pixar.

Dracula

4. “Drácula, de Bram Stoker”, Francis Ford Coppola. En Noviembre de 1992, Coppola estrenaba uno de sus mayores éxitos de taquilla: una versión cinematográfica de la historia del Conde Drácula que se vendió como la más fidedigna a la historia original que se había hecho hasta entonces. La crítica lo desmintió como ardid publicitario, pero eso no impidió que en años siguientes se estrenaran una serie de películas que se vendieron como las versiones cinematográficas más fieles de novelas que iban desde “Frankenstein” en versión de Kenneth Brannagh a “Mujercitas”. El truco estaba en añadir el nombre del autor al título de la película. El éxito de “Drácula” y sus océanos de tiempo también hizo que los estudios se lanzaran a producir títulos de ambientación gótica como “Entrevista con el vampiro” y adaptaciones literarias exquisitamente ambientadas como “La edad de la inocencia”. Y por supuesto, si no llega a ser por “Drácula”, ni Wynona Ryder ni Keanu Reeves habrían terminado convirtiéndose en rostros icónicos de la década.

Pulp Fiction

5. “Pulp Fiction”, Quentin Tarantino. Tarantino ya había empezado a convertirse en un director de culto gracias a su ópera prima, “Reservoir Dogs”, pero fue el jurado del festival de Cannes de 1994 quien terminó de consagrarle al conceder su máximo galardón a “Pulp Fiction” (o “Tiempos Violentos”, como la bautizaron en Sudamérica). El público se rindió ante este pastiche pop de referencias cinéfilas con aroma de serie B y canciones semiolvidadas donde la violencia se convertía en fuente de risas. “Pulp Fiction” es cine posmoderno, ya que su referencia no es la realidad sino otras películas. Su influencia estética y estilística es evidente en la obra de su colega Robert Rodriguez (“Abierto hasta el amanecer” o “Desperado”) y en cintas como “Four Rooms”, “Tú asesina que nosotras limpiamos la sangre”, “Very Bad Things” o la mismísima “Airbag”, entre otras muchas (y olvidables) películas. Además de resucitar la carrera de John Travolta, “Pulp Fiction” convirtió a Miramax en la compañía de referencia del cine independiente estadounidense… a pesar de que Disney la había comprado ya en el año 1993.

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6. “Independence Day”, Roland Emmerich. El concepto “blockbuster” existe desde el éxito de “Tiburón” en los años 70, pero esta cinta sobre una invasión de alienígenas con escasos conocimientos de seguridad informática estrenada en julio de 1996 es seguramente la que mejor represente las características del género durante los años noventa: guiones flojos, personajes estereotipados, despliegue de efectos especiales generados por ordenador y entretenimiento para las masas. “Independence Day” y sus sucesoras (“Armaggedon”, “Men in black”, “Deep Impact”, “Godzilla”, “Twister”…) son como una atracción de feria en la que se suceden secuencias visualmente espectaculares conectadas entre sí por un argumento casi inexistente. De ahí que sea más cómodo inspirarse en viejas películas, series de televisión o comics para hacerlas. Eso sí, si no llega a ser por la combinación de blockbuster, romanticismo y películas de época, “Titanic” no se hubiera convertido en la película más taquillera de la historia en 1998.

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7. “Trainspotting”, Danny Boyle. En septiembre de 1996 se estrenó en España la polémica “Trainspotting” entre acusaciones de glorificar el consumo de heroína. Cualquiera que haya visto la película y la escena en la que Ewan McGregor combate el mono mientras un bebé cadáver le acecha desde el techo de su dormitorio habrá llegado fácilmente a la conclusión de que las drogas, cuanto más lejos, mejor. “Trainspotting” sería algo así como la aportación del Brit Pop al séptimo arte y la demostración de que había otro cine británico más allá de las sobrias adaptaciones literarias de James Ivory (“Lo que queda del día” o “Regreso a Howards End”) y el realismo social a lo Ken Loach (“Lloviendo piedras”). Con el tiempo, Ewan McGregor terminaría siendo Obi Wan Kenobi y Danny Boyle ganaría el Oscar por “Slumdog Millionaire”.

Rompiendo las olas

8. “Rompiendo las olas”, Lars Von Triers. El cine de arte y ensayo ha existido siempre. Los noventa ya nos habían dado grandes momentos de cine intelectual a través de películas como “El piano” de Jane Campion, la obra de Hal Hartley (“Amateur”, maravillosa) o la trilogía de los colores de Kieslowski. Sin embargo, el universo gafapasta implosionó con el estreno en 1996 de “Rompiendo las olas”. El festival de pretenciosidad y trascendencia prosiguió en la entrega de los Oscars del año siguiente, en el que la Academia nominó y premió a películas como ésta, “Secretos y mentiras”, “Fargo”, “Shine”, “Sling Blade”, “Lone Star” o “El paciente inglés”, la triunfadora de la noche en una edición más parecida al mitificado festival de Sundance que al glamour hollywoodiense. Incluso en años siguientes, la Academia se atrevió a nominar y premiar en sus principales categorías a películas extranjeras como “La vida es bella”, “Estación Central de Brasil”, “Tigre y dragón” o “Hable con ella”. Lars Von Triers, por su parte, volvió a estafarme con la deplorable “Bailar en la oscuridad” y yo ya no me digne ver ninguna de sus otras películas. La industria cinematográfica danesa nunca estará lo suficientemente agradecida a esa ocurrencia del bueno de Lars denominada “Dogma 95”.

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9. “Scream”, Wes Craven. Para competir contra tanto bostezo, nada mejor que una película de terror adolescente que triunfó por sorpresa a finales de 1996 gracias al inteligente trabajo de un guionista novato llamado Kevin Williamson y el buen hacer de un veterano director como Wes Craven. A base de referencias cinéfilas (oh, el posmodernismo ataca de nuevo, gracias Quentin) y logradas escenas de tensión, la película se bastó ella sola para resucitar un género muerto desde finales de los ochenta y generar secuelas e imitadoras que los universitarios de la época disfrutamos con placer, aunque fuera por sus momentos de humor involuntario: “Sé lo que hicisteis el último verano”, “Leyenda Urbana”, “The Faculty”, “Halloween H20″… El mundo descubrió a través de estas películas (y la serie de televisión de Williamson, “Dawson crece”) a actores y actrices como Jennifer Love Hewitt, Sarah Michelle Gellar, Ryan Phillippe, Jared Leto, Joshua Jackson, Michelle Williams o Katie Holmes. En 1999, el estreno de “El proyecto de la bruja de Blair” traería novedades que serían desarrolladas durante la nueva década: actores desconocidos, aire documental, campaña publicitaria en Internet, cámara en mano…

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10. “The Matrix”, Andy y Larry Wachowski. 1999 estaba marcado en el calendario como el año en que se estrenaba una de las películas más esperadas de todos los tiempos: “La Amenaza Fantasma”. Afortunadamente, el trauma que nos causó Jar Jar Binks pudo ser superado gracias a los hermanos Wachowsky. “The Matrix” ofrecía un argumento ingenioso, efectos especiales y movimientos de cámara nunca antes vistos en una gran pantalla y un diseño de vestuario y dirección artística que definiría el sentido de la palabra “cool” durante toda la primera década del siglo XXI. De la mano de Neo, Morfeo y Trinity llegamos al futuro. ¿A qué parece mentira que ya haga más de doce años que se estrenó? ¿A qué es mejor olvidarnos de que hubo un par de secuelas?

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Bonus Track: “Tesis”, Alejandro Amenábar. Durante los noventa, el cine español vivió una corta pero feliz historia de amor con el público. Una hornada de nuevos directores se olvidó de los típicos tópicos de nuestro cine y decidieron dejar de hablar de la Guerra Civil y la posguerra para hacer películas de género o un cine de autor que supo conectar con las corrientes del momento. Isabel Coixet, Julio Medem, Fernando León, Benito Zambrano, Gracia Querejeta, Manuel Gómez Pereira, Álex de la Iglesia o Santiago Segura serían algunos de los nombres claves de la década junto a una generación de actores y actrices que han conseguido un reconocimiento internacional jamás conseguido anteriormente por nuestro cine. Sí, hablo de Penélope y Javier, claro. El alumno estrella de la promoción sería, sin duda alguna, Alejandro Amenábar. Con apenas 24 años, estrenó “Tesis”, una cinta de suspense verdaderamente eficaz que marcaría el inicio de una exitosa carrera cinematográfica. Unos años más tarde, el cine español decidió volver por sus fueros y dar la espalda al público… y así hemos llegado hasta el 2011.

SLUMDOG MILLIONAIRE

Slumdog Millionaire
Hace un año lei “¿Quién quiere ser millonario?”, la novela de Vikas Swarup en la que se basa “Slumdog Millionaire” (aka “Un millonario muy perro” o “Concursa como puedas”). El libro me atrajo por dos cosas: porque la India es un país que me gusta y porque yo también he sido concursante de televisión. Una vez leido, me pareció una historia bastante simplona, no demasiado bien escrita y que, quitando un par de aciertos puntuales y de buenas ideas, no pasaba de ser un libro entretenido más.

Según cuentan, este tipo de libros son los mejores para adaptarlos al cine. De muchas novelas mediocres han surgido excelentes películas, casi tantas como malas películas han salido de novelas brillantes.

En este caso, el aforismo se cumple: la película es mejor que el libro, del que, en realidad, es una adaptación bastante libre. Quitando el hilo conductor del concurso y la primera parte de la película que cuenta la infancia del protagonista, cualquier parecido entre película y novela es pura coincidencia. Con estos cambios, “Slumdog Millionaire” ha perdido parte de la ironía con la que el libro describía algunos aspectos de la sociedad india. Tampoco el protagonista es igual: en el libro quedaba claramente reflejado su carácter de pobre infeliz, un inculto ingenuo que no sabe comprender el mundo que le rodea. El Jamal Malik de la película parece más espabilado, ingenioso y activo, y yo, personalmente, me lo creo menos. En cambio, la película ha ganado en carga sentimental y en coherencia interna. La historia de amor, practicamente ausente en el libro, es la gran baza de la película y es la que termina convirtiéndola en la favorita de las entregas de premios: después de un ligero bajón en su parte central, la última media hora es brillante, bonita y emocionante.

Por lo demás, se nota claramente que “Slumdog Millionaire” es una película de Danny Boyle: colores vivos, montaje rápido, predilección por los primeros planos, gusto por los desenfocados artísticos y una banda sonora muy potente. Da lo mismo que la película vaya sobre los arrabales de Bombay, los heroinómanos de Edimburgo, pijos en una playa, astronautas que viajan al sol o zombies que asolan Inglaterra… su sello personal salta siempre a la vista. Boyle es un gran director, y no me quejaré si le dan el Oscar, pero no me parece que “Slumdog Millionaire” sea mejor que algunos de sus trabajos anteriores. Quizás el secreto esté en que, a diferencia de “28 días después” o “Sunshine”, en esta ocasión el conjunto resulta más equilibrado y el final es redondo, aunque también es una película más convencional y menos arriesgada.

Pero he de decir que, en lo que respecta a los Oscars, tengo la impresión de que Benjamín Botón será el triunfador de la noche…