DESPEDIDAS

En la última entrega de los Oscars, había dos favoritas en la categoría de Mejor Película Extranjera: la francesa «La Clase» y cinta de animación israelí, «Vals con Bashir», una de las mejores películas de estos últimos años. Sin embargo, acabó llevándose el galardón por sorpresa una película japonesa titulada «Okuribito», consiguiendo la primera estatuilla en esta categoría para el país del Sol Naciente. Si no llega a ser por este premio, seguramente la película no hubiera llegado a estrenarse en España…

…y hubiera sido una pena, porque aunque no es tan brillante y arriesgada como «Vals con Bashir», «Despedidas» es una película notable, sencilla y emocionante. Cuenta la historia de Daigo Koyabashi, un músico que toca el violonchelo en una orquesta de Tokio. Cuando ésta cierra, Koyabashi y su mujer deciden volver al pueblo donde él nació. Aquí empieza a trabajar en un pequeño negocio que se dedica a preparar a los cuerpos de los fallecidos, lavándolos y maquillándolos, un ritual que antes hacían los familiares del difunto y que ahora se encomienda a otras personas. A pesar de la incomprensión inicial de los que le rodean, Daigo irá descubriendo la importancia y la dignidad que tiene su trabajo.

Viendo la película me acordé varias veces de «A dos metros bajo tierra», especialmente en su manera de tratar con naturalidad y cotidianeidad todo lo que rodea a la muerte, salpicando algunas escenas de humor y otras hablando sin miedo con seriedad y trascendencia de un tema que muchas veces parece un tabú en nuestra sociedad: nuestra manera de relacionarnos con la muerte y la forma en que aprendemos a aceptar el hecho de que todas las personas acaban muriendo. No es el único tema del que habla «Despedidas», ya que a través de sus personajes se nos habla de las relaciones entre padres e hijos, de los pequeños sacrificios, del amor… Todo dirigido con gran elegancia por Yojiro Takita y envuelto en la bella música de Joe Hisaishi, el compositor habitual de Miyazaki.