Lady Gaga: “Joanne”

Su mejor portada hasta la fecha

Lady Gaga siempre se guarda un as en la manga para utilizarlo en el momento adecuado. Entre estos comodines usados a lo largo de su carrera podemos contar la reedición de The Fame acompañada del EP The Fame Monster, que le ayudó a asentarse como una gran estrella de pop sin tener que lanzar un disco nuevo; su disco Cheek to Cheek junto a Tony Bennet y su actuación en los Oscars de 2015 con un popurrí de temas de Sonrisas y Lágrimas, que le sirvieron para recordarle al mundo que sabe cantar y que puede cultivar otros estilos musicales más allá de la chatarra electrónica de RedOne; su trabajo como actriz en American Horror Story, que le sirvió para ganar un Globo de Oro a la Mejor Actriz; y como no, su reciente actuación en el intermedio de la Superbowl, que le ha venido muy bien para demostrarle al mundo que la Mother Monster sigue viva y recordarnos que puede presumir de tener unos cuantos temas ya icónicos en su repertorio. Por supuesto, todas estas jugadas tienen un objetivo principal: seguir siempre de actualidad en los medios y las redes a pesar de que las ventas de sus últimos trabajos sean un tanto –o un mucho- decepcionantes.

Porque, aunque Joanne ha sido el cuarto disco consecutivo de Lady Gaga en conseguir el número uno del Billboard, sus ventas han estado muy lejos de ser millonarias. En la lista de fin de año de Billboard apenas ocupa el puesto 108, mientras que en la británica se encuentra en el 84. Tampoco los dos sencillos que se han publicado hasta ahora –Perfect Illusion y Million Reasons– han pasado de la parte media de las listas ni se han escuchado mucho en radios. Quizás Million Reasons tenga un poco más de recorrido después de la Superbowl, ya se verá. O puede que sea John Wayne el que cabalgue hacia lo más alto.

Sin embargo, tampoco podemos decir que Joanna haya sido un terrible fracaso, ya que ha cumplido con creces su principal función: permitir que Lady Gaga escape de la trampa en la que se había convertido su carrera después del terrible ArtPop. Jugando a ser una cantante country, una americana de pura cepa (a pesar de que ella es italiana y le gusta la pizza, gracias Desahogada), una chica dispuesta a perderse en las carreteras del Medio Oeste, Stefani Joanne Germanotta ha podido romper con la obligación autoimpuesta de ser electrónica, rompedora y eternamente original. Adiós a los trajes de carne y los chistes sobre Jeff Koons, bienvenidos los sombreros rosas y las historias personales. Lady Gaga ha dedicado su cuarto disco a su tía Joanne Stefani Germanotta, fallecida en 1974 a los 19 años. A pesar de que nunca la conoció, la cantante cuenta que su tía siempre ha sido una figura que ha ejercido una fuerte influencia sobre su familia y su carrera. No hay nada como volver al hogar para recuperar la senda perdida.

Y no hay nada como contar con la ayuda de Mark Ronson y BloodPop (el hombre detrás del Sorry de Justin Bieber, la canción que todos quieren plagiar) como compositores y productores para purificar tu sonido. Y si además en los créditos del disco figuran nombres como Beck, Florence Welch, Kevin Parker (de Tame Impala), Josh Homme (de Queens of the Stone Age), Father John Misty o Hillary Linsey (compositora country que ha trabajado con Carrie Underwood, Lady Antebellum o Keith Urban) en vez de RedOne, Zedd o David Guetta, parece que la apuesta por el cambio de sonido va en serio. Sin embargo, la personalidad (o el personaje) de Lady Gaga acaba prevaleciendo y, en el fondo, Joanne no es un disco tan distinto a los que le preceden. El country-rock de temas como A-Yo o Dancin in circles estaría en realidad más cerca de Shania Twain que de Dolly Parton; canciones como Diamond Heart o John Wayne (cuya letra podría haber firmado perfectamente Lana del Rey: “I crave a real wild man/ I’m strung out on John Wayne”) parecen salidas de una versión acústica de Born this way; y quizás los temas más interesantes del disco son precisamente los que más se distancian de esa apuesta country: ahí están el rock ochentero de Perfect Illusion; esa especie de revisitación del Guilty de Barbra Straisand y Barry Gibb que es Hey Girl, el dueto con Florence Welch; o Come to Mama, una canción a la que le falta un “Christmas” en la letra para haberse convertido en el villancico pop que hubiera asegurado unos ingresos fijos a Lady Gaga cada Navidad venidera.

Y es que Lady Gaga siempre se ha destacado por combinar los aciertos que salvan su carrera con errores garrafales que nos hacen dudar del criterio de sus managers. Ahí están la horrible portada de Born this way, la elección de sencillos como Judas o You & I, las vomitonas de colores de Swine y toda la era ArtPop en general, las pretensiones artísticas de extrema seriedad en las que cae una y otra vez a lo largo de su carrera… Puede que el videoclip de John Wayne estrenado esta semana, en el que vuelven los vestidos estrafalarios y las coreografías torponas, sea uno de estos tropiezos.

En todo caso, ya hemos visto que Gaga es capaz de reinventarse como Madonna y que, en cualquier momento, nos sorprenderá con algún nuevo éxito multiplatino, aunque puede que sea en dos, diez o quince años.

Resumen cinéfilo anual

2016 fue un año variado en lo cinematográfico. Aunque seguimos dominados por las secuelas, los remakes, los reboots, los blockbusters o las películas de superhéroes y aunque parece que el cine ha dejado de ser un fenómeno cultural de masas porque “el mejor cine actual se hace en la televisión” (il mijir cini icitiil si hici in li tilivisiiiin), al final uno siempre acaba encontrando sobradas razones para ir al cine. Por ejemplo, estas quince películas, mis favoritas de las que vi en salas durante el pasado año.

Mark Zuckerberg y Bella Swan en “Amanece en Central Park”

15. Café Society, Woody Allen
Este año la cita con Woody Allen fue satisfactoria, no tan redonda como Blue Jasmine pero sí desde luego más interesante que las propuestas de Irrational Man o Magia a la luz de la Luna. Nostalgia por los tiempos pasados y el Hollywood dorado, chistes sobre el judaísmo y mujeres fascinantes, entre otras constantes de la obra de Woody Allen, protagonizan este película donde brillan con luz propia Kristen Stewart y, sobre todo, la impecable fotografía de Vittorio Storaro, que sabe atrapar el amanecer en Central Park más bello que se haya visto últimamente en una pantalla de cine.

Somos Nuevos Románticos y no nos avergonzamos

14. Sing Street, John Carney
Después de Once y Begin Again, el irlandés John Carney completa una especie de trilogía del musical contemporáneo con Sing Street. Su originalidad tiende a cero y su final es más que discutible, pero como homenaje a la música y a la estética de los ochenta está más que conseguido.

“I think we are alone now…”

13. 10 Cloverfield Lane, Dan Trachtenberg
Con J.J. Abrams como productor y Damien “LalaLand” Chazelle entre los guionistas, 10 Cloverfield Lane es un pequeño ejercicio de cine de suspense rodado prácticamente en un único decorado con tres actores. Con estos elementos basta para jugar con las expectativas del espectador hasta el último minuto, así como para demostrar que Mary Elizabeth Winstead debería ser una estrella y que John Goodman es un excelente actor.

A pesar de las apariencias, no es una peli porno gay,

12. Todos queremos algo, Richard Linklater
Quizás sorprenda que después de la nominadísima pero poco oscarizada Boyhood, Richard Linklater firmara una película tan aparentemente fácil(ona) como Todos queremos algo. Sin embargo, la historia del primer fin de semana de un novato en la universidad en el fabuloso año 1980 es plenamente coherente con las inquietudes que Linklater ha mostrado a lo largo de su filmografía: gente guapa que habla de la vida.

¡¡¡Es la hora de las tortas!!!

11. Capitán América: Civil war, Anthony y Joe Russo
Mientras que DC no termina de encontrar una fórmula que haga que sus películas dejen de ser estrepitosas, incoherentes, y lo que es peor, aburridas y provocadoras de vergüenza ajena, Marvel sigue destilando la suya en su camino hacia la brillantez. Más una nueva entrega de los Vengadores que de Capitán América, Civil War es equilibrada en fondo y forma, maneja a la perfección a su docena de personajes en una trama donde todo funciona y, sobre todo, es un entretenido espectáculo. Por favor, que alguien encargue pronto a los Russo re-resucitar la saga Bond.

La familia que reza unida permanece… Bueno, no.

10. La bruja, Robert Eggers
El cine de terror sigue llegando con frecuencia a las pantallas. Seguramente la propuesta más original del año haya sido el debut en el largometraje de Robert Eggers, una historia ambientada en la Nueva Inglaterra de 1630 y que puede que sea uno de los retratos sobre la brujería clásica más respetuosos con la tradición y el folkore que se hayan visto en el cine. Más cerca del minimalismo de Dreyer y el cine nórdico que del terror made in Hollywood, La bruja contiene momentos de una gran austeridad formal pero que ponen la piel de gallina.

Mi nombre es Paesa, Francisco Paesa.

9. El hombre de las mil caras, Alberto Rodríguez
Después de la goyizada La Isla Mínima, Alberto Rodríguez aceptó el encargo de llevar al cine la historia de la fuga y captura de Luis Roldán. Nadie hubiera pensado que una de las páginas más esperpénticas de la España de los noventa se podría convertir en un relato de intriga y espionaje a la altura de una novela de John le Carré. En su reparto destacan un brillante Carlos Fuentes como Luis Roldán y un colosal Eduard Fernández como Francisco Paesa. 2016 ha sido un buen año para el cine español gracias a éste y otros títulos como Julieta o Tarde para la ira, entre otros.

Ja. Ja. Ja.

8. Zootrópolis, Byron Howard, Rich Moore y Jared Bush
La penúltima y muy exitosa entrega animada de la factoría Disney demuestra que sus profesionales se encuentran en buena forma. Lo que podría haber sido una película más de anímales antropomorfos acaba convertida en una buddy movie de policías y detectives al más puro estilo Arma Letal o 48 horas, con mucho sentido del humor y una trama de investigación con un par de puntos de giro que ya querrían para sí unos cuantos dramas “para adultos”. Una nueva demostración de que productoras como Disney o Pixar saben que, además de cuidar el envoltorio hasta la perfección técnica, la clave de un buen producto está en su guión.

Girls just wanna have fun

7. Anomalisa, Charlie Kaufman y Duke Johnson
El inclasificable Charlie Kaufman es el alma de este proyecto de cine de animación alternativo, dirigido estrictamente a un público adulto. El síndrome de Fregoli, una enfermedad mental que hace que quien la sufra vea a todos los que le rodean como una misma persona, da nombre al hotel en el que se aloja su protagonista, un hombre permanente insatisfecho con la vida que, por unas horas, sueña con un futuro mejor junto a una mujer diferente. Y a pesar de ser una cinta de animación por stop motion, Anomalisa contiene algunas de las escenas sexuales más sinceras y auténticas que se han visto en el cine reciente.

Sí, ésta es la película con los planos más bonitos del año. Y el montaje. Y la dirección artística. Y la música. Y…

6. La doncella, Park Chan-Wook
Convertido en el gran maestro del cine surcoreano actual, Park Chan-Wook plantea un refinado juego de espejos, engaños y cascabeles donde todo tiene segundas y terceras lecturas. La Doncella es un intrincado guion protagonizado por dos actrices entregadas en cuerpo y alma a sus personajes, todo ello envuelto en la sinuosa y elegante puesta en escena que siempre caracteriza a Chan-Wook y que hace que sus películas sean tan estéticas como perturbadoras.

Amy Adams, mirando las nominaciones a los Oscars de este año

5. Animales nocturnos, Tom Ford
Tom Ford diseña, más que dirige, esta ficción que encierra otra ficción con la que desarrolla concomitancias y paralelismos para terminar contando una historia de venganza y amores perdidos. Amy Adams da todo un recital interpretativo como protagonista de la función.

¡Apropiación cultural, allá vamos!

4. Kubo y las dos cuerdas mágicas, Travis Knight
Después de Coraline, Paranorman y Los Boxtrolls, la productora Laika, especializada en animación por stop motion, ha dado otro paso hacia la excelencia con Kubo y las dos cuerdas mágicas. Con ese toque oscuro marca de la casa y su original diseño de personajes, esta historia inspirada en diversos elementos del folklore japonés quizás sea la película con la que por fin su productora gane un Oscar en la categoría de mejor largometraje animado.

Podría filmar los planos más intensos esta noche

3. Neruda, Pablo Larraín
Con Jackie el director chileno Pablo Larraín ha dado el salto a Hollywood después de firmar en su país natal películas tan originales como El club o Neruda. Ésta última es una especie de thriller poético basado en la persecución policial a la que Pablo Neruda fue sometido por las autoridades de su país a finales de los cuarenta. Las reflexiones políticas se mezclan sin problema alguno con lo lírico gracias a una brillante puesta en escena y el trabajo interpretativo de Gael García Bernal y Luis Gnecco.

Periodismo en 2017: Redactores de “Sálvame” esperando que alguien llame al teléfono de aludidos.

2. Spotlight, Tom McCarthy
Spotlight ganó casi por sorpresa el Oscar a Mejor Película en la última entrega de los premios. Meses después, uno se da cuenta de que más que por sorpresa lo ganó por pura lógica: Spotlight es cine clásico, elegante, sutil y eficaz, un drama que no carga las tintas sobre lo escabroso o melodramático del asunto que trata, un pulcro retrato de la investigación por parte de un equipo de periodistas de los abusos a niños por parte de sacerdotes en el Boston de principios del siglo XXI. Spotlight es una película de las que se suelen tildar como “necesarias” y que nos hace añorar tiempos no tan lejanos pero que ya parecen prehistóricos en los que tanto Hollywood como el periodismo funcionaban de otra manera.

“Mira, estos son todos los premios que voy a ganar por La La Land”

1. La gran apuesta, Adam McKay
Con mucho humor (negro), La gran apuesta trata de explicar los entresijos de la crisis de las hipotecas subprime que acabarían provocando el colapso de Lehman Brothers en 2008 y la crisis económica que todos conocemos. Para conseguirlo, sus cartas son un guion que sigue las peripecias de un variopinto grupo de personajes y que no teme explicar directamente al espectador los conceptos económicos más complejos a través de cameos de Selena Gómez o Margot Robbie, un montaje dinámico, una ágil puesta en escena y un entonado reparto en el que destacan Ryan Gosling, Steve Carrell y Christian Bale. Quizás un director más experimentado a lo Scorsese o Paul Thomas Anderson habría conseguido una película más grandilocuente, pero la ópera prima de Adam McKay seguramente sea la mejor explicación de todo lo que ha pasado en el mundo en los últimos años. ¿Nos servirá para tomar nota de cara al futuro?

Animales nocturnos

…y donde encontrarlos

Susan Morrow, dueña de una galería de arte, lee la primera novela escrita por su exmarido y dedicada a ella. Eso es todo lo que debería saber el espectador del argumento de Animales Nocturnos. Es la mejor manera de disfrutar de una película que tanto puede sorprender y cautivar como repeler desde sus impactantes títulos de crédito. En serio, no se os ocurra perderoslos.

El diseñador Tom Ford debutó como director en 2009 con Un hombre soltero. La crítica, preparada para despellejar a un advenedizo, tuvo que guardar sus cuchillos y reconocer que era una ópera prima más que correcta, brillantemente interpretada por Colin Firth y con un acabado estético fascinante. Animales nocturnos comparte con ella varios de sus aspectos, como excelente interpretaciones, una cautivadora fáctura estética y el hecho de ser adaptaciones literarias. En ese caso, se basa en Tony y Susan, novela de 1993 de Austin Wright que ahora ha sido reeditada en Estados Unidos con el título de la película (Wright, fallecido en 2003, debe estar removiéndose en su tumba). Puede que a veces la forma venza al fondo y esto afecta al componente emocional de la película; quizás se pueda decir que Ford, más que dirigir la película, la diseña, pero éste acaba siendo un defecto perdonable. Además, esa cierta frialdad le sienta estupendamente a una película nocturnal como ésta, poblada por personajes que han sepultado sus sentimientos y deseos.

Animales nocturnos, en un juego que encantaría a Almodóvar (que perfectamente podría haber dirigido esta película), funciona como una muñeca rusa, encerrando una ficción dentro de otra y salpicando una de ellas con reveladores flashbacks. Resulta curioso el doble papel de Jake Gyllenhaal: en su mente, Susan coloca a su exmarido como protagonista de la novela que lee. Sin embargo, el papel que le correspondería a ella misma está representado por Isla Fisher, una actriz casi clónica a Amy Adams. Ésta se llevará las nominaciones a los premios por su papel en La Llegada, pero su trabajo aquí es mucho más matizado, contenido y difícil: la escena final, en la que consigue transmitir toda la carga emocional de su personaje sin palabras y casi sin gestos, es antológica. Junto a ella hay que destacar el trabajo de Michael Shannon, Aaron Taylor-Johnson y Laura Linney en un pequeño papel. Jake Gyllenhall, que sale guapo como pocas veces le hemos visto últimamente, se ve superado por algunos excesos melodramáticos… aunque cabe preguntarse si la novela que lee Susan es realmente buena o una historia tópica y convencional, con los defectos que eso conlleva.

Muy bien recibida en el Festival de Venecia, candidata a varios premios en los Globos de Oro, Animales Nocturnos puede ser una de las protagonistas de la temporada de premios que se avecina o terminar ignorada por completo. Es una de esta películas que provoca amores u odios. Eso sí, yo espero que a Abel Korzeniowski le compensen el haber sido ignorado en los Oscars por su arrebatadora banda sonora para Un hombre soltero con una nominación por su trabajo en esta cinta, una partitura más sutil que la anteriormente citada pero en la que por momento suena como un resucitado Bernard Herrmann, compositor fetiche de Orson Welles y Alfred Hitchcock.

Arrival: La llegada

La invasión de las lentillas gigantes del espacio exterior
La invasión de las lentillas gigantes del espacio exterior

En la Universidad aprendí que la comunicación es “un compartir sin pérdida de material espiritual”, una definición que me parece tan exacta como bella. En Teoría de la Información hablábamos también del carácter epifánico del lenguaje, de como el mundo se nos revela y se construye a través de las palabras, signos, simbolos e indicios. “El medio es el mensaje”, decía MacLuhan. Seguramente, a todos mis profesores de la facultad les encantará esa parte de Arrival que trata sobre el encuentro entre dos civilizaciones y el laborioso proceso que conlleva entenderse con una inteligencia alienígena. Porque de eso trata esta película, de la aventura personal de una profesora universitaria de Lingüística encargada de hacer la pregunta esencial a los visitantes llegados del espacio: ¿por qué estáis aquí?

Éste seguramente sea el aspecto más redondo e interesante de la película con la que el director canadiense, Denis Villeneuve, termina de confirmarse como el principal competidor de Nolan en el corazón de algunos cinéfilos. Eso sí, a diferencia de éste, Villeneuve es más sutil, más imaginativo en su puesta en escena y, desde luego, no permite que sus guiones estén llenos de agujeros… aunque recurran igualmente a trucos y artificios que terminan resultando más superficiales que interesantes. El guionista Eric Heisserer, autor de los libretos de películas de terror como No apagues la luz, La Cosa o Destino Final 5, ha sido el encargado de adaptar el relato de Ted Chiang, La historia de tu vida, ganador del premio Nebula al mejor relato corto en el año 2000. Heisserer ha solventado con éxito los aspectos más complejos de la adaptación y Villeneuve se ha encargado de darles un brillante acabado formal, excelentemente ayudado por la fotografía crespúscular de Bradford Young y la banda sonora de Jóhann Jóhannsson (aunque los temas del comienzo y del final son de Max Richter, compositor de la banda sonora de The Leftovers y Vals con Bashir). Todos ellos deberían ser firmes candidatos a los Oscars de este año. Y por supuesto, Amy Adams, estrella indiscutible de la película y que, después de cinco nominaciones, bien se merece ya una estatuilla por un trabajo tan completo como sutil y poco estridente, carente de dramatismos histriónicos a los que otras intérpretes se habrían arrojado sin dudarlo.

A pesar de todo ello, Arrival no termina de resultar redonda. Como sucede con las películas de ciencia ficción que se toman demasiado en serio a sí mismas, no sabe renunciar a hablar de temas “importantes” y no evita trampas narrativas que sólo consiguen darle apariencia de complejidad. De hecho, lo menos interesante de la película son las consecuencias que conlleva aprender el lenguaje alienígena mientras que se echa de menos un mayor desarrollo de algunas ideas sobre las consecuencias que tendría para la humanidad la llegada de una docena de naves extraterrestres y que quedan meramente apuntadas (el miedo, el fanatismo religioso, la tentación de responder con violencia…). Parece que, sin envolverse de trascendencia y hablar de los misterios insondables del alma humana, uno no puede hacer una película de ciencia ficción que tenga apariencia respetable para la crítica.

Bon Iver: 22, A Million

22_a_million_cover

Conocí a Bon Iver gracias a Diego, que me incluyó Skinny Love en un recopilatorio personalizado. Después descubrí su primer disco, For Emma, Forever Ago, y me convertí en fan. En mi mente, me imaginaba a Justin Vernon pasando un largo invierno solo en una cabaña de madera perdida en los parajes de Wiscosin, rodeado de nieve, componiendo canciones para Emma, un amor antiguo de estos que a veces duelen y otras se recuerdan con cariño. Canciones nacidas en medio del frío y que, sin embargo, resultaban cálidas y acogedoras. La música de Bon Iver es un lugar en el que apetece estar aunque uno termine perdido en los bosques.

Bon Iver, Bon Iver, su segundo disco, era como una salida al mundo. O por lo menos, un viaje hasta Calgary pasando por Texas y Michicant. También era una salida del aislamiento en la cabaña perdida, un trabajo en el que Bon Iver seguía siendo Justin Vernon pero también te lo podías imaginar como un grupo. y su música seguía siendo un lugar en el que apetece perderse, dejar pasar el tiempo pasar y el espiritu volar como quien contempla un cuadro de Rothko.

Por eso, la primera sensación que producen las canciones de 22, A Million es de extrañeza. Esos nombres imposibles de unos temas bautizados como 10 d E A T h b R E a s T ⚄ ⚄, 29 #Strafford APTS o 666 ʇ resultan algo hostiles y desde luego, nada cálidos. Parece que hemos pasado de Rothko a Pollock, de la abstracción contemplativa a la expresionista, del blanco de la nieve al negro nocturno. Al fin y al cabo, este disco ha nacido de una depresión y es la forma que Justin Vernon ha tenido de enfrentarse a ella: “It might be over soon” es lo primero que escuchamos, el mantra que abre el disco con un intento de optimismo que, sin embargo, no es ninguna promesa en firme. Los “Why are you so far from saving me?” de 33 “GOD” parecen dejar claro que éste es un disco hecho de dolor y miedo. Quizás sea el disco más íntimo de un artista que siempre ha hecho de su intimidad la base de sus canciones y quizás por eso sea el más experimental: todas esas emociones puras tienen que ser resguardadas por juegos tecnológicos, vocoders llevados hasta paroximos, samplers inesperados de Paolo Nuttini y Stevie Nicks y bases rítmicas que nos hacen pensar que en cualquier momento va a aparecer Kanye West para devolverle la visita que Justin le hizo en My beautiful dark twisted fantasy. Sin esa protección, serían demasiado directas y dolorosas para un artista que, como ya comprobamos al verle en Vistalegre hace unos años, prefiere esconderse entre las sombras.

Tanta complejidad barroca encerrada en apenas 35 minutos hace que 22, A Million no sea un disco sencillo ni fácil. Puede incluso provocar cierto rechazo en una primera escucha. Pero más allá de esa apariencia fría y dura, como un mineral, podemos descubrir una obra desnuda de infinitos matices y profunda belleza, como un rayo de luz que, al atravesar ese mineral, se multiplica en miles de colores. Y al final llegamos a la conclusión de que la música de Bon Iver es un lugar en el que apetece estar aunque terminemos dando vueltas en círculo por un laberinto de arroyos y templos.

Tarde para la ira

tarde-para-la-ira

Tarde para la ira es la opera prima del actor (y atípico sex symbol) Raúl Arévalo. También ha sido la única película española presente en el Festival de Venecía, donde ha cosechado buenas críticas de la prensa internacional y un premio para la actriz Ruth Díaz. Seguramente sea una de las principales candidatas a varias categorías de los premios Goya. Se estrenó el pasado 9 de septiembre, pero como no viene arropada por ninguna televisión privada, parece que el público no se ha enterado de su existencia. Y es una pena, porque es una de las películas más interesantes que nos ha ofrecido el cine patrio en lo que va de año.

Como ronea, como ronea...
Como ronea, como ronea…

Un hombre introvertido en un barrio popular de Madrid, de estos donde a la gentrificación ni se la ve ni se la espera, pasa los días en un bar, jugando al mus con los parroquianos. Se siente torpemente atraido por la camarera del local, cuyo marido lleva varios años en la cárcel por haber participado en el atraco a una joyería. Asi comienza Tarde para la ira, pero en su primer punto de giro nos descubre que nada es lo que parece a primera vista y la película se acaba convirtiendo en un viaje a los infiernos personales de un protagonista marcado por el rencor y la venganza. Directa, sencilla y contundente, Tarde para la ira puede relacionarse tanto con cintas de género del cine español como La isla mínima (una trama criminal) o No habrá paz para los malvados (ese realismo sucio de bares cochambrosos, gimnasios de barrio y hoteles de carretera) como con títulos de autor como Canibal (con la que comparte a Antonio de la Torre y cierta frialdad analítica en el tratamiento de los personajes y sus acciones), Magical Girl (ese tratamiento nada estilizado de la violencia) o clásicos de nuestro cine como La Caza (la ambientación rural de algunas escenas y las cosas que pasan cuando hay una escopeta en pantalla).

Esto es lo que pasa.
Esto es lo que pasa.

Como director y coguionista, Raúl Arévalo tiene muy claro lo que quiere contar. De ahí la concisión seca de una película que apenas supera los 90 minutos de duración, uno de sus grandes aciertos: ni falta, ni le sobra nada a la hora de dibujar una trama que funciona con exactitud y unos personajes llenos de claroscuros. El clímax, por ejemplo, se resuelve de manera tan rápida como certera y realista. Arévalo demuestra también muy buena mano a la hora de aumentar progresivamente la tensión y el suspense gracias a un par de giros de guión y un montaje eficaz y nada historiado. Tarde para la ira es una película que lleva la sinceridad y el naturalismo como banderas, una apuesta ganadora gracias al buen hacer de Antonio de la Torre -que si no es el mejor actor que tiene actualmente el cine español, poco le falta- y de un reparto constuido por rostros habituales de nuestras teleseries que aquí tienen la oportunidad de brillar como Luis Callejo o Ruth Diaz. Id a verla y podréis presumir de haberla descubierto antes de que Raul Arevalo gane este año el Goya a la Mejor Dirección Nóvel.

The Avalanches, Wildflower

16 años esperando...
16 años esperando…

Desde que nos dejaron, después de publicar Since I left you en el año 2000 -seguramente la primera obra maestra de la música del siglo XXI-, muchas cosas han pasado en la vida de The Avalanches. Hubo peleas y abandonos por como el proyecto iba dejando de ser un grupo de ¿rock? para convertirse en un DJ set hasta quedar reducido a dos miembros: Robbie Chater y Tony Di Blasi. Chater, además, estuvo convaleciente durante tres años por un par de enfermedades autoinmunes (que según la Wikipedia se trató con Ibogaína, substancia con alucinantes efectos secundarios). El grupo se dedicó también a colaborar en la composición de un musical sobre King Kong (cuando la obra se estrenó, la aportación de The Avalanches consistió en un tema de 25 segundos) y a preparar una película de animación que describieron como “un Submarino Amarillo de hip hop” (después de dos años de trabajo el dinero se acabó y el trabajo se quedó en nada). Chater, por si fuera poco, tuvo que actualizar su ordenador en 2014, después de años trabajando en un Mac donde tenía instalado el Studio Vision, un programa secuenciador al que se dejó de dar soporte… en 1997.

Y mientras tanto, aunque parezca mentira, The Avalanches decían estar trabajando en la continuación de su primer disco, colaborando con músicos de todo el planeta y consiguiendo los derechos de todo tipo de samplers. Y cuando ya todos pensábamos que nos estaban tomando el pelo y que el-segundo-disco-de-Avalanches era un mito a la altura de la democracia china, llegó Wildflower. Su sencillo de presentación, Frankie Sinatra, no podía estar más lejos de Since I left you. Eso sí, ambos temas son igualmente pegadizos por las razones más distintas.

Al igual que Since I left you, Wildflower se basa en miles de samplers de ruidos, diálogos de películas, fragmentos de otros temas… Se dice que el primer disco contenía unos 3.500, seguramente Wildflower no se quede atrás, mezclando desde el Come Together de The Beatles hasta Sonrisas y Lágrimas. Pero el resultado es muy distinto: mientras que su ópera prima resultaba un conjunto compacto y fluido, donde cuerdas y orquestaciones de todo pelaje se convertían en protagonistas convirtiendo al disco en una onírica pieza de Easy Listening para el nuevo siglo, Wildflower resulta metálico y deslabazado -en especial en su segunda mitad, justo después de la cómica The Noisy Eater (¿una especie de remake de su Frontier Psychiatrist?)-, menos soñador y mucho más directo a golpe de hip hop. Tampoco es de extrañar: seguramente el rap sea el estilo musical que está definiendo los últimos años y es difícil mantener una coherencia interna cuando tratas de resumir dieciseis años de trabajo en un solo disco. Ellos dicen que el disco es como un viaje en coche por su extensa y variada Australia natal, pero creo que sólo se dedican a dar vueltas por el desierto.

Además, The Avalanches no sólo han perdido el efecto sorpresa, sino que en Wildflower juega todo a ser tan referencial, desde la misma portada, que homenajea There’s a Riot Goin’ On, disco de 1971 de Sly & The Family Stone…

slyfam-riot1

…hasta el propósito de reinterpretar los sonidos psicodélicos de los sesenta y setenta a base de samplers que al final Wildflower resulta tan posmoderno y referencial como artificioso. Evidentemente, después de 16 años esperando, las expectativas eran altas. Podemos alegrarnos de que haya llegado este segundo disco de The Avalanches y disfrutar de pistas como Kaleidoscopic Lovers o If I Was a Folkstar, pero es inevitable sentir cierta decepción.