Canciones para San Junipero: Heaven is a place on earth

En el cuarto episodio de la tercera temporada de Black Mirror, el espejo mostró su lado luminoso y nos invitó a conocer San Junipero, un pueblo costero californiano donde en 1987 sonaban las mejores canciones con las que un amante del pop pueda soñar: Walk like an egyptian, de The Bangles; Girlfriend in a coma, de The Smiths; C’est la vie, de Robbie Nevil; Don’t you, de Simple Minds; Wishing Well, de Terence Trent D’Arby; Living in a box, de Living in a box; Need you tonight, de INXS; y por supuesto, Heaven is a place on earth, el gran éxito de Belinda Carlisle e himno perfecto para San Junipero, donde el Cielo es un lugar en la Tierra.

Publicado como primer sencillo de Heaven on Earth, el segundo disco de la californiana Belinda Carlisle, Heaven is a place on earth es una pieza de pop épico ochentero que ha envejecido asombrosamente bien. Quizás se deba al toque mágico de Rick Nowels, compositor del que ya he hablado en otras ocasiones y al que le debemos unos cuantos éxitos de una cuantas divas: Celine, Lana, Madonna… Claro, que Nowels fue también el compositor de Leave a light on, baladón roquero con el que dos años después Belinda quiso repetir la jugada con su siguiente trabajo, Runaway Horses, con resultados mucho menos memorables. Eso sí, Nowels también era el responsable de La Luna, segundo sencillo de aquel disco, y las dos o tres palabras en español de su estribillo llevan sin despegarse de mi cabeza desde 1989…

Curiosamente, España fue uno de los países donde menos éxito tuvo Heaven is a place on earth. Según la Wikipedia, apenas alcanzó el puesto diez en nuestra lista de sencillos. Personalmente, yo no recuerdo que se escuchara mucho en las radios. Eso sí, en el resto del planeta Belinda coleccionó números uno y discos de platino a lo largo de 1987 y 1988. Primero en Estados Unidos, donde ya era conocida como la cantante del grupo femenino The Go-Go’s y después en Europa, Australia y Asia. Curiosamente, a pesar que The Go-Go’s tuvieron mucho éxito en USA durante los primeros años ochente siendo prácticamente desconocidas en el resto del mundo, los discos en solitario de Belinda Carlisle terminaron funcionando mucho mejor en el Reino Unido que en su país natal. De hecho, sus recopilatorios y trabajos publicados a lo largo de los 90 consiguieron entrar en los primeros puestos de la lista británica y alcanzar unas ventas decentes mientras que en Estados Unidos ni siquiera llegaban a editarse.

En los últimos tiempos, Belinda Carlisle se ha dedicado a volver a salir de gira con The Go-Go’s, a publicar en 2007 un disco de versiones de clásicos del pop francés (con el nulo éxito esperable), a ser la primera eliminada de la edición de Dancing with the stars de 2009 y a practicar el yoga y defender la vida vegana. En otoño de 2017 se espera que publique un nuevo disco, Wilder Shores. Pase lo que pase, Heaven is a place on earth seguirá sonando en las emisoras de grandes éxitos durante muchos años más.

Espejos negros

Ayer Cuatro emitió, de un tirón, los tres episodios que componen la primera temporada de Black Mirror (y además, en una decisión más que discutible, cambió el orden de los mismos). Al estilo En los límites de la realidad o Más allá del límite, cada uno de ellos cuenta una historia autoconclusiva con el poder de los medios de comunicación y las pantallas -esos espejos negros que cada uno tiene en su casa- como elementos en común. Los dos últimos son brillantes ejercicios de ciencia ficción ambientada en mundos distópicos, pero el que resulta verdaderamente provocador es el primer episodio, ya que tiene muchas lecturas a muchos niveles.

Titulado The National Anthem (El himno nacional), el episodio arranca con el secuestro de una popular princesa de la familia real británica. Un vídeo en el que la joven explica las condiciones que exige el secuestrador para liberarla aparece en Youtube: será ejecutada a no ser que, en pocas horas, el Primer Ministro de la nación mantenga relaciones sexuales con un cerdo, en directo y por todos los canales de televisión. Mientras los servicios secretos tratan de liberar a la princesa, los medios de comunicación se vuelcan en el seguimiento de la noticia y las redes sociales, con Twitter a la cabeza, debaten cada detalle del suceso entre el horror y el morbo. Escandalizados o no, cuando se cumple el plazo dado por el secuestrador sin que la princesa haya aparecido, todo el mundo está pegado a su pantalla de televisor.

Mientras tanto, en la vida real, escandalizado o no, el espectador del episodio también estaba pegado a su pantalla de televisor esperando que el clímax prometido desde el primer minuto del episodio se hiciera realidad. Varios usuarios de mi timeline de Twitter también comentaban el episodio y no fueron pocas las bromas sobre cerdos y políticos reales, una difuminación entre ficción y realidad que seguramente llenaría de orgullo a Charlie Brooker, el creador de Black Mirror. Al fin y al cabo, lo que debería ser un asunto repugnante se convierte, gracias al poder de las redes sociales, en un chascarrillo morboso donde da igual que se hable de personajes reales o ficticios. Y es que, si lo narrado en este episodio sucediera en la realidad, ¿seríamos espectadores del mismo o apagaríamos el televisor? Cuatro debe de creer que optaríamos por la primera posibilidad, ya que decidió poner su pausa publicitaria justo antes de que el Primer Ministro entrara en el plató…