Stoker

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Los títulos de crédito de Stoker interactúan con los elementos del decorado y la protagonista de la historia mientras van apareciendo en la pantalla. Es la primera indicación que tiene el espectador de que en esta película la forma va a tener la misma importancia -o incluso más- que el fondo. La estética de la cinta juega tanto a la confusión como su argumento: aquí nada es lo que parece. La historia de una adolescente extraña que intenta superar la repentina muerte de su padre en un accidente de tráfico en compañía de una madre distante y su enigmático tío está ambientada en la actualidad, pero su estética recuerda en ocasiones a los años 60 o incluso al siglo XIX. En la amplia y aislada casa donde viven siguen tocando el piano para amenizar la noche después de cenar y escuchan viejas canciones de Nancy Sinatra en aparatos de radio de otra época. Como en una historia gótica de terror (no olvidemos que la familia se apellida Stoker, como el autor de Drácula), la casa se convierte en el lugar donde las tensiones sexuales emergen a la superficie al igual que los más oscuros secretos del pasado.

Stoker

Stoker es una conjunción atípica de talentos. Por un lado, están Ridley y Tony Scott como productores. Por otro, se trata de un guión escrito por Wentwoth Miller, actor conocido por su papel protagonista en la serie Prison Break. Por último, es la primera película rodada en inglés por el director surcoreano Park Chan-wook, responsable de películas como Old Boy, Soy un Cyborg o Simpathy for Mr. Vengeance donde violencia y emociones van casi siempre de la mano. Gracias a su trabajo, a una banda sonora a cargo de Clint Mansell y con temas de Philip Glass y a un extraordinario montaje a cargo de Nicolas De Toth, Stoker se convierte en una fascinante experiencia visual, con un ritmo entre musical e hipnótico y planos de estética depurada y estilizada. En otras manos, el guión de Miller, que homenajea directamente al clásico de Hitchcock, La sombra de una duda, podría haberse convertido en un thriller rutinario y risible al más puro estilo telefilm de mediodía.

Mia Wasikowska

Destacable es también el trabajo de Mia Wasikowska, la Alicia de Tim Burton, quien carga sobre sus hombros con el peso de la película sin ningún problema, construyendo un personaje inquietante con el que, sin embargo, resulta fácil identificarse. La acompañan en el reparto Matthew Goode, en un trabajo donde muestra un carisma que quizás le ha faltado en otros papeles, una Nicole Kidman cuya cara de porcelana le sienta muy bien a su personaje, el siempre soso Dermot Mulroney y Jacki Weaver, que aprovecha su breve papel para demostrar por qué ya ha sido dos veces candidata al Oscar a Mejor Actriz Secundaria en los últimos años.

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