Star Trek: En la oscuridad

En 2009 J.J. Abrams recibió el encargo de “resucitar” la veterana saga de Star Trek -la serie de televisión que dio origen al fenómeno se estrenó en 1966- y adaptarla a los gustos cinematográficos de las nuevas generaciones. Los guionistas Roberto Orci y Alex Kurtzman, que habían trabajado con Abrams en Alias y Fringe, tuvieron la idea genial de, en vez de hacer un remake, construir la historia en un universo paralelo al de la saga original. Esto les permitió tanto ser fieles a la mitología trekkie como introducir todos los cambios que necesitaran, una ventaja de la que se aprovecha también Star Trek: En la Oscuridad. Quien conozca las películas originales reconocerá situaciones, personajes y escenas, pero también se sorprenderá al ver los cambios introducidos por Abrams, Orci, Kurtzman y el inevitable (y terrible) Damon Lindelof, que en la entrega anterior se conformó con ser productor y en ésta también firma como coguionista.

Aunque estas nuevas entregas de Star Trek tienen un presupuesto y un despliegue de efectos especiales con el que sus predecesoras sólo podían soñar, Abrams y su equipo saben que el secreto de la longevidad de la saga está en el carisma de unos personajes ya de sobra conocidos por sus seguidores, nuevos y veteranos. Como en un capítulo más de una serie, la película no pierde el tiempo en presentaciones y arranca directamente mostrándonos a la tripulación al final de una de sus misiones en el espacio en la que Kirk desobedece las normas de la Flota Espacial para rescatar a Spock de una peligrosa situación. Arranca así la trama de una película cuyo guión funciona como un mecanismo de relojería, donde los engranajes encajan a la perfección haciendo avanzar la historia por vericuetos a veces previsibles, a veces sorprendentes. Y como ocurría en la Star Trek del 2009, a pesar de hablar de temas candentes como el terrorismo y ciertas maneras de combatirlo, lo sabe hacer con sencillez y sin darle al conjunto esa gravedad impostada tan típica de las producciones del sobrevalorado Christopher Nolan.

Precisamente por la importancia que tienen los personajes en la historia, el trabajo de sus actores es fundamental para obtener un buen resultado final. En este sentido, Chris Pine y Zachary Quinto se han hecho ya con sus papeles, convertidos ya en los Kirk y Spock de una nueva generación. Otros miembros de la tripulación como el Scotty de Simon Pegg o el Doctor McCoy de Carl Urban tienen también momentos para lucirse, mientras que la Uhura de Zoe Saldaña aparece un poco más desdibujada que en la anterior entrega. Eso sí, el que más se luce es Benedict Cumberbatch, sacándole todo el jugo a uno de los mejores villanos que se han visto últimamente en la gran pantalla.

La película termina con el famoso monólogo de la serie y los protagonistas de Star Trek dirigiéndose “a donde ningún hombre ha estado jamás”, todo un indicativo de que aun quedan muchas historias por contar de la Enterprise, ya sea en manos de un Abrams enfrascado en la nueva entrega de Star Wars o en las de otro equipo creativo… cosa que quizás fuera lo más recomendable, una vez que las bases de estos nuevos episodios están más que establecidas.

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