SPLASH!

El domingo, al final, fuimos al Aquopolis dispuestos a pasar un día en remojo deslizándonos por toboganes sin fin. Al llegar, nos llevamos nuestra primera decepción al comprobar que la entrada al parque acuático cuesta 23 euros. Menos mal que ser socio del Círculo de Lectores, además de hacer que tus amigos te miren como si fueras un anciano señor, te da descuentos en actividades culturales como ésta. Eso sí, una vez entras no te sorprende comprobar que te cobren diez euros por un menú de hamburguesa de plástico con patatas de corcho y refresco de cola, o que el precio de los helados sea incluso superior al de los puestos del Retiro. Y eso que nosotros no alquilamos flotadores… No quiero pensar lo que se gastará una familia completa en un domingo de Aquopolis. Bueno, sí que lo pensamos, y llegamos a la conclusión de que el futuro no está ni en el porno ni en las redes sociales. El secreto para hacerse rico es poner un parque acuático. Sobre todo ahora que con el calentamiento global sólo habrá dos estaciones al año: el crudo invierno y el bello verano.

Haciendo cálculos aproximados, creo que dediqué el 90% del tiempo que estuve en el recinto a hacer colas. Hacer cola es una actividad de ocio tan entretenida como cualquier otra. Mientras uno habla con sus amigos, puede dedicarse a comprobar que el número de adolescentes que llevan calzoncillo debajo del bañador aumenta de año en año sin que sus madres, padres, tutores legales o la policía haga nada por evitarlo, distraerse contemplando torsos ajenos y bikinis variados o hacer estudios sociológicos de gran relevancia intelectual. Además, esperar al sol que más calienta garantiza que al final del día lucirás un hermoso moreno uniformegracioso color sonrosado… o del tono langosta asada si no te has puesto crema factor 50plus.

Todos esos esfuerzos y sacrificios se ven recompensados cuando llega, por fin, el turno de deslizarse por el tobogán. Durante esos breves segundos de subidones de adrenalina y diversión, uno se olvida de todo, se abstrae del entorno y se olvida de pensar para limitarse, simplemente, a dejarse llevar por la inercia de la caída o sentir el agua en tu piel. Felicidad simple y pura.

7 thoughts on “SPLASH!”

  1. en Badajoz, 12 euros y sin colas en los toboganes ;D La verdad es que cada día los precios de Madrid me sorprenden más…bienvenidos a la capital del robo sin violencia, debían decir ;D

  2. 23 euracos es un montón de euros, y encima masificados… Confío en que entre semana haya menos gente.

    Por otra parte, ejem:
    ¡¡¡¡TOBOGAN GIGANTEEEEEEEEEEEEERL!!!!

  3. 1, 2, 3 … splash!!!

    :-)

    A mí es que no me gusta nada los parques acuáticos …

    Ah, que qué grima lo de los calzoncillos, joder!!!!

    Besicos!
    :-)

  4. Jajaja, con lo divertido que es tirarse por un tobogán. Vale, reconozco que puede ser algo parecido al paraíso choni… pero España es asín! :-D

    La próxima vez nos vamos a Badajoz! Y sí, yo me pregunto también si entre semana habrá tanta gente…

    Lo de ponerse el bañador con los calzones por debajo es para mí un misterio… y una guarrada.

  5. A lo mejor es una estrategia de las madres, pa evitarse tener que lavarle los calzoncillos a los niños, o algo … :-p
    Y sí, es una guarrada asquerosísimaaaaa!!!

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