SONIDOS DE PRIMAVERA EN VIERNES

Prácticamente nada recuerda que en el recinto del Parc del Forum se celebró, hace ya ocho años, el ambicioso Foro Universal de las Culturas (y que tuve la suerte de visitar): mucho hormigón, agonizantes zonas verdes y algunas estructuras de tamaño desmesurado en su contexto actual. Sin embargo, como pude comprobar en la primera edición del Summercase, el lugar resulta ideal para la organización de festivales de música. Y después de seis horas de coche, ahí estábamos Diego y yo, dispuestos a disfrutar del programa del Primavera Sound para el viernes.

La jornada comenzó agradablemente entre las sombras y los cómodos asientos del Auditori del Forum escuchando a Laura Marling, una cantante británica con tres discos ya a sus espaldas y que sabe combinar sonidos intimistas y melancólicos con ciertos ecos medievales en sus dos primeros trabajos y un cierto aire country en el último. El público escuchó en respetuoso silencio alguna de sus mejores canciones (Rambling Man) y echó en falta otras (The Beast). Cuando terminó, llegamos a tiempo para ver casi todo el concierto de Other Lives, un quintento de Oklahoma cuyo estilo es descrito por la Wikipedia como folk, pero que por actitud y sonido podrían convertirse en los próximos Arcade Fire. O al menos, eso comentamos cuando terminamos de escucharles.

Después vimos el final del concierto de The Chameleons, una veterana banda británica de post-punk, en el escenario vecino y nos dimos una vuelta por el recinto. Descubrimos los escenarios dedicados a los artistas del metal, el hardcore y otros estilos que no pueden estar más alejados del pop: grupos que repiten el mismo riff de guitarra durante minutos disfrazados de monjes ortodoxos y con la cara tapada por una capucha que sólo tenía aperturas para los ojos (sí, el cantante cantaba a través de la tela) o que actúan rodeados de antorchas, cráneos de cabra colgados del escenario y con una cruz invertida a modo de micrófono. El infierno hecho música. Entre alucinados y divertidos, ascendimos hacia la luz para ver salir al escenario a Rufus Wainwright, todo un divo, y después irnos a uno de los conciertos que más nos apetecía ver, el de Girls. Este dueto de San Francisco (cuyo cantante nació en el seno de la secta de los Niños de Dios, por cierto) parecen venir directamente de finales de los años 60, con un sonido a pop californiano con toques quizás psicodélicos y una actitud en el escenario entre despreocupada y espontánea. Vomit es, a pesar de ese título, una de las canciones más emocionantes del 2011.

Mientras sonaba Afrocubism a lo lejos, nos dispusimos a cenar algo antes del concierto de The Cure. Apostamos por la comida tex-mex y, aunque la chica le puso empeño, sus burritos no llegan ni a la suela de los zapatos de los de la cadena Taco del Mar. Poco antes de las diez, nos sentamos en la zona verde para ver a Robert Smith y sus chicos, al igual que otros miles y miles de festivaleros. A diferencia de otras viejas glorias de los ochenta, su sonido es brillante y el repertorio es generoso: tres horas estuvieron sobre el escenario, repasando su larga y fructífera carrera: Llullaby, High, Friday I’m in love, Just like heaven, The walk, Friday I’m in love, Boys don´t cry… Quizás un tanto excesivo para un festival en el que el resto de los artistas dispusieron de menos de una hora para hacer sus conciertos, pero también es cierto que eran el plato fuerte del día (menos para los amantes del metal de los escenarios inferiores, que seguramente disfrutaron mucho con Napalm Death). Diego y yo decidimos dar una vuelta por las tiendas del festival y terminamos en el stand de Ray-Ban viendo un miniconcierto acústico de Joe Crepúsculo. Sonaron sus éxitos Suena brillante y Enséñame a amar (yo eché en falta Batalla de Robots) y la cincuentena de personas que estaban escuchándole terminaron bailando como locas y provocando la desesperación de los encargados de vigilar el stand cuando empezaron a usar los puffs publicitarios de la marca como balones hinchables de los que se lanzan en los conciertos.

Y así llegamos al concierto de The Drums. Nadie me había advertido de que su cantante baila como Leonardo Dantés, así que cuando comenzó a dar saltitos y moverse como una vedette me quedé bastante boquiabierto. La banda tiene dos discos que siguen una misma formula que puede terminar resultando repetitiva, pero que les ha permitido hacer una serie de canciones de sonido eficaz como Best Friend, Forever and Ever, Amen, How it ended y el ya clásico Let’s go surfing, que tocaron esa noche después de haberla retirado de su repertorio.

Eran ya las dos cuando llegó la hora de disfrutar de The Rapture. Aunque How deep is your love me parece una de las mejores canciones del 2011, el resto del disco no me había llamado especialmente la atención. Sin embargo, el directo del grupo les hizo ganar muchos enteros en mi apreciación. Su mezcla de sonidos guitarreros con elementos electrónicos puede hacer pensar en unos Delorean estadounidenses, pero con un cantante infinitamente más carismático. También me hicieron pensar en la ELO cuando el teclista se puso a tocar el saxo. Al final de su actuación, empezaron a sonar los teclados noventeros de How deep is your love y todos nos pusimos a bailar. Fue la manera perfecta para cerrar nuestro paso por este viernes del Primavera Sound.

One thought on “SONIDOS DE PRIMAVERA EN VIERNES”

  1. Jo, que ganas tengo de un festivalillo…
    Anda que no aguantar las tres horas de The Cure… y aun peor… cambiar a Robert Smith por Joe Truñusculo… no tenéis perdón…

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