SÓLO SE VIVE DOS VECES, DON

Sólo se vive dos veces y tú lo sabes muy bien. Naciste como Dick Whitman y en una trinchera de Corea lo mataste para renacer como Donald Draper: nuevo nombre, nueva vida, nuevos horizontes, nuevas ambiciones. A una primera mujer le siguió una segunda y al final resultó que Megan no era tan distinta de Betty. Tu vida en los suburbios, con esposa rubia entregada a su casa y su familia, con hijos y un coche caro no te hizo feliz. Tu vida en la gran ciudad, con esposa morena entregada a su personalidad artística (pero sin ser una artista, según su madre), sin hijos y con un coche caro, tampoco parece que te haga feliz. Por eso no es de extrañar que mientras te alejas del decorado y te adentras en la oscuridad, suene de fondo una canción que te lo recuerda: You only live twice, tema compuesto por John Barry y que Nancy Sinatra parece cantar para ti en vez de para James Bond.

“¿Cuándo empezó la música a ser tan importante?”, se preguntaba Don Draper en uno de los episodios de esta quinta temporada que acaba de terminar y en la que la música ha tenido una presencia mucho mayor que en temporadas anteriores, como queriendo demostrar que sí, que la música de repente se convirtió en un elemento esencial para definir a la generación de los años sesenta: canciones convertidas en himnos, grupos que eran más famosos que Jesucristo, discos que definían estéticas y marcaban la ruptura con las generaciones anteriores. Esto no quiere decir que no haya habido momentos musicales en las anteriores temporadas (recordemos a Trudy y Pete Campbell bailando el Charleston, o a Peggy yendo a un concierto de Bob Dylan con uno de los Smith), pero nunca como en esta última tanda de capítulos ha habido tantos momentos memorables en los que la música ha sido un elemento primordial, empezando por la canción que interpreta Megan Draper en la fiesta de cumpleaños de Don, el intento de entrevistarse con los Rolling Stones después de uno de sus conciertos o la tan comentada escena en la que Don Draper deja de escuchar Tomorrow never knows y que ha sido la primera ocasión en la que los Beatles han autorizado el uso de una de sus canciones en una serie de televisión. Sin embargo, yo me quedo con el final del undécimo episodio, en el que Peggy abandona Sterling Cooper Draper Pryce para irse a otra agencia. Es una escena que está planteada como una ruptura amorosa, cargada de dramatismo, pero en el momento en que se abre el ascensor, Peggy sonríe, comienzan a sonar los guitarrazos del You really got me de The Kinks y lo que era un fracaso se convierte en una liberación. Son estos pequeños momentos cargados de detalles los que hacen que Mad Men sea un placer para la mente y el alma del telespectador. Y ahora, a esperar a la sexta temporada.

7 comentarios en “SÓLO SE VIVE DOS VECES, DON”

  1. De repente Don ha visto en esta temporada como se ha convertido en un Roger Sterling, vamos, que ha pasao a darse cuenta que está en otra generación, en una generación que ya no marca el ritmo de los tiempos. Lo malo es que a Roger eso no le importa nada, pero a el si.

    Muero por esta crónica.

  2. El pobre Don está atravesando la crisis de los cuarenta años y no le está sentando nada bien. De todas formas, al final de la temporada le hemos visto volver a sacar el animal que lleva dentro… Veremos qué pasa en la sexta temporada.

  3. Ros, te habías ido al spam!

    Yo creo que “Mad Men” es una serie que se puede disfrutar plenamente te sepas o no el argumento de lo que vas a ver. Siempre hay detalles que se descubren y se redescubren… Y siempre hay cosas que te sorprenden.

  4. Mad Men es de esas series que te cautivan desde el primer momento y después ya no te dejan ir, siempre hay nuevos secretos, respuestas más preguntas, más embrollos de pronto algo en lo que creías resulta que no es, en fin, es una serie que se disfruta en cada capítulo.

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