SLEEP ALONE

“You know my darling I can’t stand to sleep alone
No sweetheart in the dark to call my own”

Te despiertas en medio de la oscuridad, bañado en sudor, solo en tu cama. No sabes si te ha despertado una pesadilla, el calor de la noche madrileña, el aleteo de un insecto o el eco lejano de una canción, el grito del tiempo que se va. Abres los ojos, la tenue luz de alguna farola se cuela por las rendijas de la persiana. No se oye nada. Nadie diría que tu casa está en medio de una gran ciudad. Cierras los ojos, te abrazas a la almohada, pero ya no duermes. Giras de un lado a otro y parece que la cama se ha convertido en una llanura inmensa y fría, una llanura incómoda y llena de bultos. Te tumbas hacia arriba, te tumbas hacia abajo. Tu mente ya se ha puesto en marcha y no puedes hacer nada para detenerla. Dormir solo es dormir con uno mismo y uno mismo puede ser la peor compañía. Tu mente te ofrece un diálogo inagotable y no puedes taparte los oidos. No puedes negarte a escucharte. Los remordimientos te visitan, lo malo que hiciste se repite una y otra vez, los errores te asaltan, todo aquello que no hiciste y pudiste hacer resulta tan evidente que duele y se confunde con todo lo que harás y pudiste no hacer y que resultará tan evidente que duele ya. El futuro es tan real como el pasado, aunque ninguno exista de verdad. De noche no funciona el tiempo. Faltan cuatro horas para que se vuelva a hacer de día, pero ahora un minuto tiende a infinito.

Te propones no pensar. Pensar que no tienes que pensar te vuelve a arrastrar al torbellino mental.

Vuelves a abrir y cerrar los ojos. Otra vez. Otra vez. Otra más. Estás cansado pero estás despierto. Terminas levantándote. La luz amarillenta de la bombilla, como un sustituto del día, hace que todo parezca más cotidiano. Incluso el silencio parece ser menos silencioso. Apagas y todo vuelve a empezar. Vas al baño, o a la cocina, o te tumbas en el sofá y enciendes la televisión. El gato te maulla, le molesta que le hayas despertado, y se te queda mirando. Si de repente mira a otro lugar, a un rincón en la oscuridad, a un punto en la pared, llegan las ideas extrañas y enloquecidas. A veces piensas que si crees que un fantasma aparecerá reptando al final de las escaleras o entrando por una puerta entreabierta, terminarás viéndolo. ¿Es tan fácil volverse loco como tú piensas? Un ruido imperceptible de día que suena como un estruendo de noche puede ser suficiente. Una corriente de aire fría que procede de algún lugar no identificable te hace sentir un escalofrío. Vuelves a la cama, te escondes bajo las sábanas como si fueran un mágico manto protector e intentas luchar contra las grotescas imágenes que se forman en tu mente. Todas las historias de fantasmas que te han contado a lo largo de tu vida -y han sido muchas- se vuelven en tu contra. Afortunadamente, terminas durmiéndote. A la luz del día, girando en la ruleta de la rutina cotidiana, una mala noche parece un problema trivial, absurdo, pueril. Incluso te puedes reir de tu propio miedo.

Pero si te pones a pensar, no consigues recordar en qué momento dejaste de estar despierto. Nadie sabe en que momento exacto cruza la frontera entre el sueño y la realidad.

Y tampoco sabes explicar por qué nunca sucede nada parecido cuando duermes acompañado. Quizás los fantasmas no sean más que tu soledad materializada adoptando formas informes.

“The dream of love is a two hearted dream”
(Sleep Alone, Bat for Lashes)

8 thoughts on “SLEEP ALONE”

  1. “Y tampoco sabes explicar por qué nunca sucede nada parecido cuando duermes acompañado.”
    Eso no es cierto, al menos en mi caso, mi insomnio es independiente de si duermo con alguien o no.

    Por lo demás, muy bien la entrada del blog, como casi siempre. :D

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