SIGAMOS HABLANDO DE AUTOBUSES

Cuando yo estudiaba en la ECAM solía coger el cercanias que va de Embajadores a Aluche, y ahí me montaba en un bus que llevaba hasta la Ciudad de la Imagen. Creo que era el 574. Pasaba uno cada cuarto de hora, así que me imagino que habría cuatro autobuses con sus cuatro conductores y un 25% de posibilidades de que mi mañana empezara mejor. La razón era muy sencilla: uno de los cuatro era un veinteañero moreno, con su perilla, cara afilada, mentón marcado y gafas de sol que le daban un aire chulesco pero no excesivamente macarra. Yo procuraba sentarme en un lugar desde el que pudiera verle reflejado en el espejo retrovisor y así el trayecto se me hacía más corto. Una mañana cogí el bus a una hora más temprana de lo habitual. De hecho, aun no había amanecido. En lugar de llevar gafas de sol, mi conductor llevaba una gafas de montura negra que le hacían parecer aun más interesante. Ahí fue cuando terminé de hacerme fan del hombre que me llevó a clase durante tres años. Para mí era algo así como el ideal de belleza masculina real.

Al final uno se acaba dando cuenta de que su informático, diputado, compañero de gimnasio o concursante de reality favorito acaba correspondiendo, por lo general, a un mismo tipo. Pelo negro, cara rectangular, gafas, unas buenas espaldas, sonrisa habitual… La perilla suele ser un plus, así como el aire entre despistado y cercano o la manera adecuada de mirar. Supongo que cada uno tenemos nuestra idea particular de chico o chica ideal sin que sepamos muy bien por qué.

Mi conclusión es clara: Diego, cuando te digo que eres moreno es que lo eres, por mucho que te empeñes en negarlo. :-)

19 thoughts on “SIGAMOS HABLANDO DE AUTOBUSES”

  1. Soli, no sé yo, los morenos tienen que ser genuinos, si no, no es lo mismo, jajaja…

    No entiendo, ¿la biología me arrastra hacia cierto arquetipo físico? ¿Hay algo en mis genes que me lleva hacia los morenos guapos? ¿Estoy condicionado desde la cuna a acabar en los brazos de Diego? Eso estaría bien, jejeje

    Ángel, tú eres muy mono por ti mismo, no necesitas las espaldas.

    Tiernísima, jajaja… Bueno, sí, es que aquella epoca yo era tierno, puro e inocente.

  2. En los míos o en los de cualquier otro moreno!!!!! JJ!M!!!! O más bien, en los de cualquier otro, por que lo del moreno es muy subjetivo, por lo que se ve…! jajaja

  3. Que no, que tú eres mi moreno, Diego… :-)

    Y uno ha intentado diversificar sus gustos, pero siempre se acaba fijando en lo mismo.

    Chulo era el conductor, jajaja

  4. Me gusta la cancion de Virginia. Al menos no es OTera, ni en los arreglos ni en na. Ñoña dicen, claro estos que van de popis ingleses y acaban comiendo ketchup con mortadela!

  5. Una declaración en toda regla el post de hoy :-)

    Yo tengo una fijación con los autobuseros que pa qué. En la puerta de la cafetería hay una parada de bus y 2 de los conductores que bajan de vez en cuando a tomarse un café, ir al baño, fumarse un cigarrito y esas cosas, me llevan por el camino de la amargura, ains qué guapos!

    Ah, en cuanto a Virgina, ¿soy yo o la canción es una versión (por no decir otra cosa y meter la pata, que a lo mejor lo han hecho a conciencia, por eso pregunto) de “La mentira” que cantaba Ana Belén?
    Chico no sé, pero últimamente no paro de asociar canciones recién salidas con canciones antiguas … se estará acabando la inspiración o algo?

    ;-p

    Besicos!

  6. Sí, todo el mundo dice que las dos canciones tienen un aire. Y sí, algo se parecen. Pero hay que reconocer que la canción de Virginia Labuat tiene algo, no sé… Sí, no es la tipica canción de OT. A mí me gusta.

    Y las espaldas de Diego son fabulosas.

  7. Qué bonita la entrada… de ñoña nada!
    Yo soy mucho de idolatrar platónicamente. Me parece una idea muy pura eso de “admirar” a alguien a quien no conoces, un regreso a la adolescencia…

    Yo no tengo un prototipo ideal de chico, en eso soy bastante ecléctico.
    Pero vamos, superafavor de que os gusten los morenos :P

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