Rush

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El cine y el deporte tienen una larga relación de amor y odio. Disciplinas como el boxeo, el beisbol o el fútbol americano han servido como telón de fondo a numerosas películas desde hace décadas, a veces con brillantes resultados. Sin embargo, otros deportes no han tenido tanta suerte. Tenemos a Carros de fuego para el atletismo, a Hoosiers, más que ídolos para el baloncesto y… ¿Evasión o victoria para el fútbol? ¿Bienvenidos a Belleville para el ciclismo? ¿Tin Cup para el golf? ¿Wimbledon para el tenis? Quizás se deba a que la épica del deporte es difícilmente trasladable al cine: ganar o perder un partido, una carrera o un torneo es algo imprevisible, que se escapa a cualquier artilugio y artimañana narrativa. El deporte es real y en la realidad no hay guionistas.

Por eso, una película como Rush, reconstrucción histórica de la rivalidad que los pilotos James Hunt y Niki Lauda mantuvieron a lo largo del campeonato de Formula 1 de 1976, funciona mejor cuanto menos se sepa de ambos personajes y de sus trayectorias deportivas. Prácticamente todo lo que se cuenta en la película sucedió en la realidad y sorprende como se ajusta a los parámetros de una narración cinematográfica: dos personajes opuestos física y mentalmente (el cerebral Lauda contra el impulsivo Hunt) el enfrentados por un único objetivo: ser campeones del mundo, una lucha de titanes llena de momentos dramáticos y tensión hasta el último segundo… para quien no recuerde o no conozca el resultado final. Aquí había una historia y el director Ron Howard y el guionista Peter Morgan lo sabían. Sin embargo, Rush queda muy lejos de los brillantes resultados que ambos consiguieron en la excelente Frost/Nixon. Por momentos, aparece el Howard más sentimental y meramente correcto de Apollo 13 o Una mente maravillosa y Morgan tira de recursos fáciles como una voz en off tan explicativa como poco interesante.

Quizás uno de los principales problemas de Rush sea haber dividido el punto de vista de la historia casi a partes iguales entre Hunt y Lauda… Aunque por momentos parece que el piloto inglés es el que lleva el peso de la trama, ésta se traslada también en numerosas ocasiones a contarnos las hazañas del austriaco. Howard y Morgan quieren ser equitativos con sus dos protagonistas y no se atreven a inclinar la balanza a favor de uno u otro. ¿Es ésta la historia de un piloto que se sabe el mejor y que por eso es capaz de esforzarse y sacrificarse hasta el límite para ganar? ¿O es la historia de un piloto no tan talentoso que aun y todo quiere aprovechar su oportunidad para convertirse en campeón? ¿Son Lauda y Hunt dos enemigos mortales o dos rivales que se respetan? Rush es todas estas historias y a la vez ninguna de ellas, por lo que acaba perdiendo fuerza dramática. A pesar del brillante trabajo de Daniel Brühl y de que Chris Hemsworth consigue que, aunque no sea un actor de muchos registros, no pensemos en Thor al verle en pantalla, la última película de Ron Howard termina quedándose a medio gas en demasiados aspectos.

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