¡Rompe Ralph!

Rompe Ralph

En mi última visita al cine, mientras esperaba a comprar las entradas, me fijé en que estaban exhibiéndose a la vez cuatro o cinco películas de animación. Pensé en cómo ha cambiado ese mercado respecto a mi infancia ochentera, en la que las únicas cintas de dibujos animados que llegaban a las salas eran alguna de las poco memorables películas de la Disney de la época, reestrenos de sus clásicos y alguna rareza aislada a cargo de Don Bluth. Dos décadas y pico después se estrenan una docena de títulos animados al año y de estilos y géneros muy diferentes para alegría y disfrute de los niños de todas las edades.

Gran parte de este auge se lo debemos a la aparición de compañías especializadas en el género como Pixar, Dreamworks Animation, Blue Sky, Ilumination… Entre tantas propuestas parece que Disney ha quedado en un segundo plano en las mentes de los aficionados. Y sin embargo, en estos últimos años nos han ofrecido un homenaje a la animación clásica especialidad de la casa tan brillante como Tiana y el Sapo, una propuestas tan divertida y estimulante como Rapunzel y ahora, ¡Rompe Ralph!, nuestra favorita para llevarse el Oscar a la Mejor Película de Animación en unas semanas.

¡Rompe Ralph! es el resultado de una combinación de talentos. Ahí están el impecable trabajo técnico de los animadores de Disney, la aportación de John Lasseter como productor ejecutivo y la labor creativa de su director Rich Moore (Futurama, Los Simpsons) y un equipo de guionistas entre los que destaca el nombre de Jim Reardon (candidato al Oscar por su trabajo en Wall-E, por ejemplo). Es precisamente este apartado el que hace que ¡Rompe Ralph! brille con luz propia: no sólo su acabado técnico, su diseño de personaje y escenarios y su banda sonora (en la que destacan los nombres de Owl City, Skrillex y la girlgroup Japonesa AKB48) son excelentes, también tiene la suerte de contar con un guión casi perfecto.

Y eso que, en el fondo, el punto de partida de la película no es demasiado original: la película cuenta la historia de Wreck-it Ralph, el villano de un videojuego de los ochenta, que, cansado de ser el malo, decide salir de su máquina en búsqueda de una medalla de héroe. Aquí podemos pensar en una mezcla de Tron (el universo que hay más allá de la pantalla del recreativo), Toy Story(los personajes de los juegos tienen vida propia cuando nadie les ve) y hasta de títulos como Gru, mi villano favorito (la historia contada desde el punto de vista del “malo”). Pero nada más lejos de la realidad y de lo que ha vendido la campaña de publicidad de la película: entre decenas de guiños a los aficionados a los videojuegos (y a las golosinas), los guionistas han sabido elaborar una historia con unos personajes excelentemente construidos y un argumento tan bien estructurado como abierto a las sorpresas, muy por encima de la media. Llegan a conseguir, incluso, que el product placemente más descarado se integre perfectamente en el conjunto.

Y por si fuera poco, la película viene acompañada por Paperman, un excelente cortometraje de animación que te pone en el estado de ánimo adecuado para ver una historia tan divertida como emocionante.

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