Relatos salvajes

relatos-salvajes

Aplaudida a su paso por los Festivales de Cannes y de San Sebastián, seguramente candidata al Oscar a la Mejor Película Extranjera, cinta más taquillera de la historia en Argentina y éxito más que notable en nuestro país, Relatos Salvajes es una de esas películas que aparecen en el lugar adecuado en el momento adecuado. “Todos podemos perder el control”, dice la publicidad argentina. “Este año se acabó el poner la otra mejilla”, dice la española. En una época en la que la sociedad está entre la crispación y la indignación, produce un placer especial contemplar en la gran pantalla una película donde sus personajes se atreven a seguir sus reacciones más primarias cuando se ven en una situación que les afecta profundamente. ¿Quién no tiene en su interior ocultos deseos de venganza hacia aquellos que le han tratado mal?

Seguramente esa llamada a los instintos salvajes de la audiencia sea el secreto del éxito de esta película dirigida por Daniel Szifron, creador de exitosas series como Hermanos y Detectives o Los Simuladores, y con producción por parte española de los hermanos Almodóvar. El acabado técnico y la participación en ella de algunos de los actores argentinos más famosos (ahí están Ricardo Darín, Dario Grandinetti y Leonardo Sbaraghlia, entre otros) nos revelan que no estamos ante la película de un principiante. Szifron articula Relatos Salvajes como una antología de seis historias con un elemento común: los deseos de revancha, los arranques de violencia ¿salvaje pero justificada? Las películas con este tipo de estructura, al estilo Amores Perros o Four Rooms, siempre corren el peligro de ser extremadamente irregulares, pero Szifron consigue que sus seis relatos mantengan alto el listón. De hecho, sabe comenzar la película con una historia tan breve como rotunda para dejar el que seguramente sea el más flojo de ellos en quinta posición y terminar con una de las bodas más divertidas que se hayan visto en el cine, además de ser la única historia de la que podemos decir que tiene “un final feliz”.

Pero debajo de esa capa de humor negro, Relatos Salvajes que no oculta su poso de amargura ante una sociedad donde la mentira, el abuso de poder y la corrupción campan a sus anchas. Después de verla es inevitable reflexionar si Szifron nos invita a dejar de poner la otra mejilla y reaccionar al estilo del personaje de Darin, o si, como refleja el relato protagonizado por Sbaraglia, nos quiere advertir de las consecuencias nefastas de la violencia descontrolada. En todo caso, y como dice Romina, “está todo buenísimo”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *