Regresión

Regression

Desde su debut con Tesis allá por el año 1996, todas las películas de Alejandro Amenábar han optado al Goya a la Mejor Película, premio que se llevaron su mencionada ópera prima, Los Otros y la oscarizada Mar Adentro. Por tanto, no es de extrañar que Regresión, su regreso al cine de género que le encumbró en los comienzos de su carrera y que llega a las pantallas seis años después del estreno de Ágora, generara grandes expectativas.

Expectativas que, vista la reacción imperante en las redes sociales, se han visto claramente defraudadas.

Se dice por ahí que Amenábar tenía otro proyecto en mente, más personal, de cara a su sexta película, pero que sus productores le presionaron para que firmara una película más comercial, un thriller de aire sobrenatural con más atractivo de cara a la taquilla. Sean rumores o verdad verdadera, aquí está entre nosotros Regresión, una película ambientada en un pequeño pueblo de Minnesota a mediados de los noventa donde un padre es acusado por su hija de haberla sometido a abusos sexuales que él no recuerda. El detective encargado de la investigación, Bruce Kenner, recurre a la ayuda de un prestigioso psicólogo para que reviva los recuerdos reprimidos del padre mediante la técnica de regresión. Comienza así a destaparse una trama que implica a una secta satánica en la que pueden estar implicadas muchas más personas de las que parece. Kenner se entregará en cuerpo y alma a resolver el caso, llegando a caer en un estado casi psicótico donde los limites entre realidad y fantasía llegan a confundirse.

Hay películas que recurren a un giro final para sorprender al público y cambiar el sentido de todo lo narrado: ahí está El Sexto Sentido como ejemplo arquetípico, pero es un recurso habitual y facilón, desde Instinto Básico a Sospechosos Habituales pasando por Ciudadano Kane. Regresión podría ser una de ellas… si no fuera porque el propio Amenábar desvela este giro final mucho antes del propio final de la película en una maniobra completamente intencionada. Como sucedía con Babadook, vendida al público como una película de terror, Regresión es más bien una disección del género de terror, esta vez en su vertiente satánica, promocionada como lo que no es. La decepción del espectador, que esperaba asustarse en su butaca, es más que lógica. Regresión es más bien una adaptación a nuestro tiempo de Las brujas de Salem, el clásico de Arthur Miller, un estudio sobre la psicosis colectiva y la facilidad de creer en una mentira pronunciada por la persona adecuada, antes que una nueva vuelta de tuerca a los exorcismos, las posesiones y las casas encantadas. El problema de las películas que juegan a parecer lo que no son es que lo que parecen tiene que ser atractivo por sí mismo para funcionar del todo y aquí eso no termina de suceder.

Quizás el gran problema de Regresión sea su frialdad, algo que ya perjudicaba a otras películas de Amenábar. Todo resulta correcto en ella, desde la dirección de Amenábar hasta la interpretación de sus actores, con Ethan Hawke a la cabeza y una Emma Watson en un papel mucho más secundario del que la publicidad da a entender, pero en ningún momento sorprende o apasiona. Y es que, en el fondo, parece que a Amenábar tampoco le apasionaba lo que estaba contando.

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