LAS EMPRESAS NOS NECESITAN

Como buenos españoles, mis amigos y yo llevamos dentro a un seleccionador de fútbol, un proyecto de tertuliano todólogo y un aspirante a presidente de la república y cuando nos reunimos nos dedicamos a diseccionar la realidad de nuestra nación de naciones. Por supuesto, en nuestras últimos reuniones en la cumbreterraza hablamos de la crisis y de la realidad laboral que nos rodea.

Yo he conocido un modelo de empresa. Es aquella que contrata gente en función de un modelo ideal que se crea en la mente de algún directivo y que no se corresponde con la realidad. Se piensa que la actividad de la empresa o el potencial de crecimiento de la misma es mayor de lo que indican las circunstancias. Se idean planes, proyectos y objetivos que no tienen salida real en el mercado. El empresario llega a creer que es dueño de una gran empresa porque tiene una plantilla cada vez más numerosa… aunque su número de clientes permanezca estancado. El resultado es un conjunto de trabajadores sobredimensionado, con un volumen de trabajo escaso, mucho tiempo desperdiciado y una creciente desmotivación. La empresa dilapida dinero en trabajadores que no sabe aprovechar y la situación termina siendo insostenible cuando disminuyen los ingresos de la empresa. El empresario tiene que asumir la realidad y despedir a un buen puñado de personas que, seguramente, nunca debería haber contratado o cuyo potencial debería haber gestionado de una forma radicalmente distinta.

Mis amigos me hablan de otro tipo de empresa. Se trata de aquella que empieza a percibir a sus trabajadores como una carga para la cuenta de resultados de la propia empresa. El empresario se da cuenta, primero, de que una mayor inversión en personal no repercute de manera notable o inmediata en las ganancias de la empresa. El producto final -por ejemplo, una página web de noticias de una cadena de televisión- llega al cliente y consigue prácticamente los mismos ingresos por publicidad con una redacción de cien personas que con un equipo de diez redactores. Evidentemente, la calidad del producto o servicio disminuirá pero el posible descenso de ingresos se verá compensado por la bajada de gastos de personal. El empresario recortará la plantilla y, si puede, cambiará contratos y convenios para contratar a trabajadores que acepten sueldos inferiores y peores condiciones económicas en general. En un mundo ideal, hacer un producto peor debería suponer a medio o largo plazo el fracaso de la empresa. Sin embargo, en el mundo real, cuando toda la competencia de tu sector sigue la misma estrategia, el camino de la mediocridad parece la única salida.

Esto explicaría la razón por la que el sector de los medios de comunicación en España está sumergido en una profunda decadencia. Las empresas no invierten en hacer productos de calidad porque requerirían una inversión extra en talento y recursos humanos que no están dispuestas a hacer. El mercado, además, no premia la excelencia en estos tiempos de crisis económica: medios como Soitu o CNN+ han tenido que cerrar, Cuatro tuvo que fusionarse con Telecinco, Veo7 se va a convertir en un canal más de teletienda y tarot, los periódicos tradicionales no saben adaptarse a Internet y no pueden pretender cobrar al usuario por lo que ofrecen en la red… La cosa no creo que cambie hasta que los empresarios del sector no se den cuenta de que no se puede hacer un medio de comunicación con una plantilla formada por directivos desfasados, un puñado de estrellitas y un grupo de becarios y recién licenciados con sueldos miserables. Pero, claro, hasta que alguien no triunfe con una propuesta diferente, la situación va a seguir estancada.

4 thoughts on “LAS EMPRESAS NOS NECESITAN”

  1. ufff tema peliagudo…en mi humilde opinión, no es tema sólo de directivos, es también un montón de gente de edad media estancada en su puesto de trabajo hace siglos, que ni habla idiomas, que tiene interés 0 en trabajar, etc.
    Se elige al becario, pero también el valor en alza, el que ofrece algo nuevo (eso encajaría más con tu punto de vista). Pero es que a veces el becario trae la visión fresca y las ganas que muchos por desgracia perdieron…
    Lo de los sueldos es otra historia, hoy en día o eres profesión preferente o te comes los mocos, a mi también me pasa. Yo por el mismo trabajo docente que un médico cobro casi la mitad, mismo curso, mismos alumnos… ¿te parece bien? a mi no, pero es la ley de la oferta y la demanda. Triste, pero cierto. Reconvertirse a profesión demandada o darse cabezazos contra la pared.

  2. Es que es un poco la pescadilla que se muerde la cola: en muchas cosas, un becario o recién licenciado va a estar a la última, tiene una buena motivación y una capacidad de adaptación a ciertas condiciones laborales y salariales que otro personal con más experiencia. Quizás tengamos cierta culpa los veteranos por no saber hacer valer esta experiencia como algo a tener en cuenta.

    De todas formas, lo podemos relacionar con el tema de los sueldos. Me da a mí la impresión de que están desapareciendo los cargos intermedios y que las plantillas empiezan a dividirse en grupos estancos de pequeños jefes que cobran grandes sueldos (o a veces ni eso) y el resto de la plantilla con sueldos congelados.

    Yendo un poco más allá, es un reflejo de una sociedad donde la clase media está desapareciendo poco a poco.

  3. ¿Qué están desapareciendo los mandos intermedios?
    jajaja, risas mil

    El exceso de mandos intermedios es la auténtica lacra de las empresas. Gente que no puede subir más porque los puestos de jefazos ya están ocupados, que están demasiado arriba para remangarse y trabajar de verdad por lo que no son productivos, que apenas tienen trabajo porque el trabajo lo hace la gente de abajo, y que cobran demasiado y llevan demasiado tiempo en la empresa como para que sea rentable echarles. Y que además hacen un tapón que impide a la gente de abajo subir.

  4. Pues Mce, en cierto modo, me das la razón, lo que tú describes como “mando intermedio” es lo que yo en realidad pongo en el equipo de los jefes. Vale, podríamos llamarles “jefecillos” para diferenciarlos de los “jefazos”, que esos ya están en otro mundo.

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