PARADAS EN EL CAMINO

Trujillo fue nuestra primera parada en el camino a Badajoz. En la Plaza Mayor la escultura ecuestre de Pizarro nos recordaba que estábamos en tierra de conquistadores. Mientras mi hermano desayunaba tostadas con cachuela ante la sorpresa de mi madre, yo me daba un paseo por la plaza con la cámara Diana+ de mi futura cuñada. Lomografié la monumental fachada de un palacio con un enorme blasón en el extremo y cigüeñas en lo alto, así como a Pizarro y la fachada de la iglesia. Después me di cuenta de que no había hecho avanzar el carrete después de cada instantánea, así que no sé cuál será el resultado de mi trabajo.

Recorriendo callejuelas repletas de iglesias y murallas subimos hacia el castillo situado en la parte más alta de la localidad. Era mediodía y hacía calor. Al volver al coche, bebí agua templada con sabor a botella de plástico como si hubiera brotado del más fresco manantial de una montaña. Fue una visita breve. Habrá que volver.

Por la tarde nos acercamos a Mérida. Yo siempre había pensado que las ruinas romanas estaban fuera de la ciudad, pero me equivocaba. Entramos primero en el Museo Nacional de Arte Romano, con ganas de disfrutar de su aire acondicionado. Obra de Rafael Moneo, el edificio es un ejemplo de lo que debería ser un museo: luminoso, diáfano y diseñado en función del contenido que se expone en el mismo. La colección de esculturas, mosaicos, monedas, restos arquitectónicos y otros objetos resulta más que interesante. Después entramos en el recinto donde se encuentran el famoso teatro de Mérida y el anfiteatro. Me sorprendió su tamaño y el buen estado de conservación en el que se encuentran. Paseamos por murallas y gradas como antiguos gladiadores o espectadores de tragedias de Sofocles y Esquilo.

Como ya me pasó cuando conocí León, me sorprende lo poco que sé sobre el patrimonio cultural que tenemos en España y el poco partido que le sacamos a la hora de vender nuestro país de cara al turismo. No tenemos nada que envidiar a la Toscana y a la Provenza y, sin embargo, nos conformamos con ser para el extranjero un país de playas, discotecas, alcohol y fiesta perpetúa. Somos mucho más que eso y no lo sabemos.

6 thoughts on “PARADAS EN EL CAMINO”

  1. Por un momento te he imaginado en el viaje con dos azafatas del Un Dos Tres en plan de estos especiales que hacían que eran de viajes y cogían souvenires para llevar al plató, jajaja

  2. en Badajoz tuvo otras experiencias hace un par de años … digamos que la palabra snob no se ajusta a las mismas…y de mi Lobón? no te cuentas nada????

  3. El palacio que fotografiaste es el de el marqués de la conquista, y si miras a ese palacio, en el lateral izquierdo de la misma plaza, está la casa en la que nació y vivió mi abuela hasta que se casó con mi abuelo. me ha encantado esta entrada, se parece mucho a los planes que hacía de pequeño con mi familia cuando íbamos a la finca de mi abuela. me alegro mucho de que te haya gustado mi medio-tierra!!!!!

    :D

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