THERE WILL BE MILKSHAKE

Paul Thomas Anderson es un genio. El problema es que lo sabe y esto hace que sus películas sean tan conscientes de su grandiosidad, algo que le hace parecerse más a Orson Welles y Stanley Kubrick que a Martin Scorsese o Robert Altman, con quienes ha sido comparado en muchas ocasiones. Quizás la excepción sea Punch-Drunk Love, una especie de cura de humildad después del fracaso comercial (que no artístico) de Magnolia.

Pero There wil be blood, o como la han llamado en España, Sin pozos no hay paraiso, no tiene nada de humilde. Y uno no sabe si está ante una gran pelicula, una película grandiosa o una película grandilocuente. Como sucede con No es país para viejos, tiene mucho de western, pero si la película de los Coen es una obra maestra de minimalismo, aquí el tono es épico, y las interpretaciones son tan sobreactuadas que a veces surge el humor involuntario. Daniel Day Lewis y Paul Dano compiten entre sí para ver quien grita y gesticula más, aunque el veterano termina arrollando a la joven promesa como quien hace varios strikes seguidos en una partida de bolos.

Todo en la película termina resultando excesivo. Tanto, que a veces resulta injustificado. There will be blood trata de muchas cosas, pero el eje de la película es el enfrentamiento entre Daniel Plainview, un pionero de la explotación petrolífera de Estados Unidos que poco a poco va creando un gran imperio económico, y Eli Sunday, un reverendo iluminado, hijo del dueño de las tierras en las que aparece el petroleo que enriquece a Plainview. Ambos hombres se odian de una manera tan intensa que sus razones últimas terminan siendo un tanto incomprensibles al espectador, como sucede también con la evolución del personaje principal. Al igual que en las anteriores películas de Anderson, lo que impera es una visión amarga y torturada del ser humano, con un diminuto resquicio para el optimismo, encarnado aquí por el hijo de Plainview.

Pero con todos sus defectos, There will be blood es una película de las que deja huella. A mí, por lo menos, se me han quedado grabadas a fuego unas cuantas escenas. Sí, la verdad es que es las tres cosas a la vez: grande, grandiosa y grandilocuente.

¿EXISTE EL AMOR A PRIMERA VISTA?

Sí, existe. He tenido un flechazo en la FNAC.

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¿PERO QUIÉN ES ESE?

Esto es lo que me dijo Diego cuando le conté que Jean Michel Jarre iba a dar un concierto en Madrid.

Así que me voy con mi hermano.

Aunque han sido más de 80 euros por cabeza, así que espero que se traiga todos los laseres, fuegos artificiales, pantallas de proyecciones, músicos disfrazados y sintetizadores que utilizaba en los ochenta, esa década en la que se pensaba que, si no había un holocausto nuclear antes, el año 2000 iba a ser tan futurista. ¿Dónde está mi mono plateado? ¿Y mis pildoras alimenticias? ¿Y mi aerodeslizador? ¿Y mi robot mayordomo?

CREETELO

Está claro que en esta vida lo que hay que hacer es creerse siempre lo más. Algunos tenemos la suerte de serlo ya por Naturaleza y caminamos por las calles y los pasillos como si siempre nos acompañara la intro de Crazy in love o los guitarrazos de I put a spell on you, versión de la Creedence, según el momento y lugar.

El problema surge cuando uno deja de reirse de uno mismo (como en el párrafo anterior) y empieza a creerse el personaje en serio.

Vale, estoy divagando.

Lo que quería era poner aquí este enlace que descubrí ayer en el fotolog del Tornado, que lo sigo aunque no lo comento. Y si queréis también podéis pinchar aquí. Aunque a mí lo que más me gusta es esto. Estoy por hacer lo mismo… creo que en Fotoprix hay muy buenas ofertas.

SEMANA SANTA

La Semana Santa ha sido un compendio de misas, partidas a la Wii y encuentros familiares.

¿Misas? Sí, porque uno ejerce de cristiano a su manera y tiene ciertas constumbres metidas en el cuerpo. El Jueves Santo es el día de la celebración del Amor, al prójimo y a uno mismo, y éste es el único sacrificio “agradable a los ojos de Dios”. No lo digo yo, lo dice mi párroco, así que, chicos del Opus, repensaos lo de los cilicios, porque no vale para nada. El Sábado Santo se celebra la Resurrección, el nacimiento a una nueva vida, la importancia del cambio y la renovación y la esperanza de un mundo mejor. Mientras encendíamos las velas entre nubes de incienso, bajo las estrellas, alrededor de la hoguera, tan cerca del solsticio de primavera, sentí que no era tan diferente a las viejas ceremonías de los pueblos primitivos. Lo que no celebro desde hace años es el Viernes Santo, porque terminaba siendo una especie de exaltación del sufrimiento inútil.

¿Wii? Sí, porque mi madre descubrió el Brain Academy, le hicimos su propio Mii a su imagen y semejanza y en unas horas se convirtió en una adicta a los exámenes para aumentar el peso de su cerebro y a los desafíos neuronales. Yo estoy orgulloso porque le gané a mi hermano una partida del Mario Party 8. Al tenis no me atreví a jugar, lo confieso.

¿Encuentros familiares? Sí, porque últimamente cuando voy a Pamplona apenas veo a mis amigos de ahí y me dedico a estar con la familia. Fui un par de tardes a ver a mi abuela, que, a pesar de sus casi 90 años y de los sustos que nos ha dado en los últimos meses, sigue estando como una rosa, sigue siendo la más guapa de la familia y en su nevera sigue habiendo chocolate y cosas ricas.

De todas formas, el momentazo de las vacaciones fue cuando mi madre vino un rato a hacerme compañía al salón mientras yo veía “Fama, ¡a bailar!”, justo en el momento en que Paula daba entrada al video que nos desvelaba que Jandro y Juan Carlos están enrollados como cachorritos en celo. Y ya sé que no debería, pero me puse rojo como un tomate maduro…

AROUND THE WORLD

Hoy se acaban las vacaciones, hace un frío que pela y el spam ataca mi blog. Aun no tengo ganas de escribir, pero el artículo de Sti sobre Matt Harding me ha hecho acordarme del que, en mi opinión, es el videoclip más bonito de la historia: “Sweet Lullaby”, de Deep Forest, dirigido por un genio llamado Tarsem. Cada plano es una obra de arte. Y así, dulcemente, aterrizo en la rutina diaria.

Fue también el primer CD que me compré… qué tiempos aquellos.

EL TALENTO DE MR.MINGHELLA

Tres películas dirigidas por Anthony Minghella estarían entre mis favoritas. “El Paciente Inglés” la vi dos veces en el cine y unas cuantas más en mi casa. Lei el libro y me pareció mucho peor que la película. Me compré la banda sonora original de Gabriel Yared y aun sigue siendo uno de mis discos favoritos para escuchar un día de lluvia, con esos compases que deberían venir en el diccionario bajo el epígrafe de “romanticismo arrebatado”. Nadie fue tan dulce como Juliette Binoche como la enfermera Hana, ni tan hermosa como Kristin Scott Thomas intepretando a Katharine Clifton, ni tan inteligente como el zapador sij interpretado por Naveem Andrews, ni nadie sufrió tanto por amor como el Conde Laszlo de Almasy al que dio vida Ralph Fiennes. Tampoco nadie fue tan descaradamente sensual como Jude Law en “El talento de Mr.Ripley”, ni tan retorcido como el personaje que da título a la película y puso cuerpo Matt Damon, The Mysterious Yearning Secretive Sad Lonely Troubled Confused Loving Musical Gifted Intelligent Beautiful Tender Sensitive Haunted Passionate Talented Mr. Ripley, una historia de amor ciego a ritmo de jazz y otra intensa partitura a cargo de Gabriel Yared. La música también era una protagonista más en “Cold Mountain”, otra historia de amor épica y fatalista ambientada en la Guerra de Secesión, seguramente la última película interesante protagonizada por Nicole Kidman antes de caer presa del Botox. Con esta preciosa canción de Alisson Krauss, le decimos adiós en este blog a Anthony Minghella, fallecido hoy a los 54 años de edad.