LA FIESTA DE LA DEMOCRACIA

Un día de elecciones es un día de fiesta. Por lo menos yo, desde que sé que existe la democracia, los he vivido con una emoción especial. Y desde que tuve edad para votar, no he faltado nunca a la cita, aunque fuera para ejercer mi derecho al voto inútil.

Ayer era la primera vez que votaba en Madrid. Mi colegio era un caserón antiguo de los años cincuenta situado en la calle Olmo, más adecuado para el rodaje de la segunda parte de El Orfanato que para dar clases. Los pasillos eran un hervidero de gente buscando su distrito y su mesa, tratando de meter en el sobre la papeleta del Senado con el menor número de dobleces posibles, o buscando su opción favorita entre las decenas de papeletas repartidas por las mesas. Mucha gente, mucha participación. Digan lo que digan, quien se beneficia de esto es el sistema democrático.

Cuando bajaba las escaleras del colegio después de votar, me cruce con una señora anciana con su tacataca que subía las escaleras apoyada en el brazo de su hijo con bastante dificultad. Él le decía que no era necesario que subiera, que le podían bajar la urna. Pero la señora no quería esperar e insistía en ir hasta su mesa para ejercer su derecho al voto. Me quedé un rato pensando en los muchos años en los que ella no habría podido votar y entendí perfectamente su insistencia. Salí del colegio con una sonrisa.

VOTA CON TODAS TUS FUERZAS

Da igual que votes a La Casa Azul, que a Rodolfo Chikilikuatre, que a Coral, que a Arkaitz, que a Lorena C, que a Innata. Lo importante es que votes.

Y que lo hagas con alegria, votes a quien votes. Con cabeza y corazón, claro que sí. Ahora más que nunca.

PAZ.

VIVO

Cuando se acaben los dos carretes de Polaroid que tengo almacenados en casa, mi cámara de fotos se convertirá en un objeto inútil y lo único de Polaroid que me seguirá sirviendo serán mis gafas de sol. Sólo me quedan veinte disparos para el futuro y no me atrevo a cargar la máquina. Imagínate que sólo pudieras hacer veinte fotos para el resto de tu vida. Tendrían que ser veinte grandes momentos, veinte imágenes increíbles, veinte recuerdos que no se deberían olvidar jamás. Ante tanta responsabilidad me paralizo y los carretes siguen en el cajón, y siento un menosprecio por la fotografía digital y sus infinitas posibilidades, y me parece que sus imágenes son banales y acumulativas.

Así que prefiero hacer fotografías con la mente y almacenarlas en el cerebro. De estos últimos días me quedo con imágenes como la de dos muñequitos de papel que se daban la mano en el círculo de confianza, una oficina de Correos repleta de gente haciendo cola para enviar su voto, o dos señoras ancianas que se sentaron junto a mí en el banco de una parada de metro y que me parecieron dos abuelitas encantadoras, frágiles y venerables. Estuve un rato pensando en si serían hermanas o amigas y en cuantos años llevarían compartiendo sus vidas. Entonces recordé cómo mi abuela lleva décadas quedando a merendar todos los lunes en el Florida con sus amigas de siempre aunque el grupo sea cada vez más pequeño, y esto me hizo sonreír y me puso melancólico a partes iguales.

NO MÁS GERUNDIO

Este blog iba a llamarse viviendoenlaerapop.es, pero por hacer las cosas sin preguntar acabé albergando el domino en un servicio de host estadounidense que no reconocía los dominios acabados en Es de España (ahora que Bardem dedica premios a España ya todos podemos hablar de España sin parecer fachas, jajaja). Así que tuve que recomenzar el proceso de huida de Blogiaville desde cero con Galder. En el fondo fue una suerte, porque me he dado cuenta de me gusta más lo de Vivo en la Era Pop.

Me sirve para marcar una diferencia con la anterior etapa. Al fin y al cabo, éste es uno de esos miles de blogs humildes y sin pretensiones que llenan la red, y lo de “Vivo” reafirma más su carácter personal e intransferible. En este blog voy a ser más Yo que en el anterior. Las reseñas de cine las dejo para el Flixster de Facebook. Aunque también seguiré hablando de la Era Pop, claro.

Además, tanto en Flickr como en LastFM ya era vivoenlaerapop, así que tampoco me suena tan raro.

Y por último con este cambio de nombre evito que, cuando este blog me convierta en el nuevo PerezHilton o Diablo Cody y Mr Gates quiera comprarme el dominio, el cantante de los Flechazos se quiera quedar con una parte de mis millones por unos derechos de propiedad intelectual sin importancia. Oye, nunca se sabe, ¿no? Hombre prevenido vale por dos. Ah no, que este era un blog humilde y sin pretensiones…

MÁS COSAS QUE HAY EN MI MESA

El calendario del arte

Estas Navidades mi madre me regaló un calendario llamado “El mundo en 365 obras de arte”, así que cada día comienzo mi jornada laboral descubriendo un nuevo cuadro o escultura. Todas las fotografías proceden de museos franceses, por lo que muchos artistas me resultan desconocidos. Como el de ayer, por ejemplo, un tal Claude François Vignon que firma este terrorífico cuadro.

Francoise-Marie et Louise-Francoise de Bourbon

No sé que me produce más inquietud, si el hecho de que tanto el perro como el sirviente negro lleven el mismo tipo de collar, la cara de embrutecido de este último o la pinta de muñecas muertas de las dos princesas.

REGALO SORPRESA

Los mejores regalos son los que se hacen sin motivo aparente, fuera de los cumpleaños, los aniversarios, las bodas y las Navidades. Esta mañana, cuando he llegado a mi puesto de trabajo, me he encontrado un paquete en mi silla. Uno de mis compañeros del café de la mañana nos ha regalado un libro a cada uno de los sospechosos habituales. Cada uno con su dedicatoria personal y un agradecimiento. Así da gusto empezar el día.

Pase lo que pase en un mes, estoy contento de trabajar aquí.

FREED FROM DESIRE

Los avatares de mi vida actual hicieron que terminara yendo el sábado a una fiesta universitaria para recaudar dinero para el viaje de paso del ecuador a Cancún, ese destino tan cultural y tan “de estudios”.

El evento era en un local de Moncloa, un barrio que no piso desde que en 1998 me dijeron que estaba lleno de skins. En concreto, me dijeron eso de un lugar llamado “los bajos de Argüelles”, que no sé ni donde está, ni ganas. Tampoco me gustan los bares con porteros, porque no soporto a estos seres que sufren delirios de grandeza en cuanto les dan un poco de poder.

Pero en cuanto entré en el pub, sentí como si estuviera viajando en el tiempo.

Las fiestas y los bares universitarios siguen siendo iguales que hace una década. Las camareras son chicas feas disfrazadas de guapas. Dicen que el garrafón no existe, pero yo puedo atestiguar que el White Label no sabía como el White Label de otros locales. Las pandillas son enormes y se mueven como bancos de peces por la pista de baile. Los dramas emocionales tienen un tamaño proporcional al número de personas que lo contemplan. La inocencia y la despreocupación de los veinte años siguen siendo la mismas.

Pero lo que no ha cambiado nada, pero nada de nada, es la música. Sí, ahora hay ese engendro llamado reguetón y las canciones de Rihanna que se bailan en “Fama, ¡a bailar”, pero a lo largo de la noche sonaron también cosas como el “A mi manera” de Siempre Así, el “Samba di Janeiro” de Bellini o los dos temazos que conforman la carrera de Gala. Sí, en primavera de 1998 yo también bailé esto y también tenía la sensación de que me podría comer el mundo cuando quisiera.

El caso es que me lo pasé muchísimo mejor de lo que pensaba. Y el mundo me lo comeré cuando quiera, claro que sí.